miércoles, 30 de diciembre de 2015

Por algo es pasado es pasado

           Vaya, y yo que ya no quería publicar este año, pero ya ven “Life happens” y hay cosas que no puedo dejar pasar.

            En Agosto pasado, en espera de mi presentación de “Erótica”, un chavo del grupo de Salsa de Candela se me acercó y me dijo “Yo te conozco”. Cuál fue mi sorpresa que era el buen Gustavo Komori, una de mis amistades de mis años mozos en la escuela de japonés.

Después de ponernos al corriente con nuestras vidas me dijo “En Diciembre viene Carlos, ¿te parece si nos reunimos entonces?” Y, como no hay plazo que no se cumpla, hoy nos reunimos los tres.

Fue una plática extraña pero nutritiva en la que me di cuenta que Gus sigue igual por fuera (parece Dorian Gray) pero cambio mucho por dentro. Mientras que Carlos cambió por fuera (la chela ha hecho su efecto) pero sigue igual por dentro. Más adelante les aclaro el motivo.

            ¿Por qué a la gente le gusta platicar del pasado? Tal vez para revivir otras épocas en las que recordamos ser más felices de lo que en realidad éramos o, al contrario, para ver lo felices que éramos y no nos dábamos cuenta. Al final todo tiene el toque tramposo de la nostalgia y eso hace disfrutable el platicar de aquellos tiempos, los conocidos en común y los recuerdos compartidos.

            Para mi sorpresa, ya sabían que estaba saliendo con Harumi, lo que me corrobora que no era tan secreto como pensaba (y es que suelo ser muy obvio con mis emociones). Pero me encantó que no indagaron del tema, así que sólo platicamos hasta donde yo quise, y eso fue padre, porque respetaron mis sentimientos pasados.

            Seguimos con la charla, en la que recordamos que,  cuando los conocí, ambos iban en Prepa (tenían 16 años) mientras que yo tenía 21 y estaba terminando la Universidad. Y así, en un abrir y cerrar de ojos pasaron 18 años, y nosotros ni en cuenta. Y es que, por momentos, parecía que estábamos en uno de los recesos de clase de japonés, en donde platicábamos de cualquier tontería y nos reíamos de manera despreocupada.

            Gus era el eje de la conversación ya que, a veces, Carlos y él comentaban de sus conocidos en los años de Prepa. En otras ocasiones, la plática se enfocaba en el mundo Salsero, al cual Gus y yo pertenecimos muchos años pero, curiosamente, nunca coincidimos en ningún evento.

            Y ahí vino el segundo sablazo de la reunión, aunque este no lo quería expresar abiertamente. Por la Salsa, Gus conoce a Nadia y convivió mucho con ella, aunque mi amigo no sabe de mi intentona de relación. Me mantuve natural dejé que la conversación fluyera hasta que el tema de mi exMusa quedara atrás, cosa que pasó rápido.

Fue extraño tener a Harumi y a Nadia en la misma plática, no lo sé, me sentí un tanto incómodo, como una especie de infidelidad, porque cada una tiene su lugar en mi corazón, pero no el mismo, aunque igual de importante. Así que la melancolía y la nostalgia me pegaron de manera doble sin pretenderlo.

Otro momento que disfrute mucho es poder compartir con ellos cómo ha cambiado la escuela, las cosas ridículas que encuentro hoy, el ambiente de nuestra época comparado con el actual y, sobre todo, que entendieran el por qué me siento tan fuera de lugar en aquel recinto en que tanto compartimos hace varios años.

Fue una comida llena de recuerdos variados, por instantes me sentía bien que esos tiempos hayan pasado pero, en otros, me hubiera encantado regresar y volver a degustar aquellos años.
A veces uno se siente así

Pero por algo el pasado es pasado, en donde conociste a las personas que te tocaba conocer y viviste las situaciones que te tocaba vivir, justo en el momento en que lo necesitabas, para que te hicieran lo que eres hoy.

Y es que ya no somos los mismos, lo sé porque con Carlos me llevaba más en la escuela, pero ahora me sentía más a gusto con la conversación de Gus, con el cual conviví poco en aquellos tiempos. De hecho quedé con Gus de ir a correr a la Malinche, e iré con mucho gusto porque siento que ahora entiende más mi forma de ver las cosas, comunión que ya no siento con Carlos.

Eso lo noté cuando Gus nos estaba compartiendo algo muy personal y Carlos todavía contestaba al estilo del chamaco que conocí en 1998. Ahí me hice consciente que él no ha evolucionado al mismo nivel que nosotros, y está bien, porque cada cual tiene su camino y el ritmo al cual lo debe transitar.
Meditando al costado del Tepozteco en Tepoztlán

Algo así viví ayer en Tepoztlán, a donde fui con mi mamá y hermanos. Al ir platicando, me resultó notorio la dirección tan diferente en la que he avanzado a comparación de mi familia, sobre todo en su forma de pensar. Pero bueno, ellos son mi sangre y no los puedo dejar atrás, con el resto no tengo empacho en avanzar sin ver atrás.

¿Por qué hago esta última afirmación?

Hace un par de semanas me agregaron a un grupo del WhatsApp en donde estaban mis excompañeros de Preparatoria. Fue una sorpresa un tanto agridulce, porque me daba gusto volver a saber de ellos pero, al mismo tiempo, no me interesaba volver a saber de ellos (ya ven que lo mío, lo mío, son las dicotomías ¬_¬U).

Y es que, resultaba obvio, querían reunirse, intención que no compartí en absoluto. No niego que, por ego, estaría chido volverlos a ver, ya que estoy seguro que saldría muy bien parado en varios aspectos contra la gran mayoría pero, a pesar de ser muy ególatra, en verdad no me nace volver a verlos.

Fui muy feliz en Prepa, me la pase muy bien con esa bolita de gente, pero ya fue su tiempo, ya los disfrute lo que me tocaba y ya no quiero volverlos a ver. Así que me salí del grupo y me disculpe con la creadora del mismo, mi amor platónico de aquel entonces. Pero ella me habló después con la intención que nos reuniéramos a platicar.

Para mi fortuna, sé cómo funciona la gente en Puebla y, como ya pasaron dos semanas de aquella llamada, sé que si no le hablo, la reunión no se va a dar. Y está bien así, porque hay personas, lugares, situaciones y épocas que se deben quedar atrás.

Eso lo he comprobado ahora que regresé a clase de japonés, en donde cada semana corroboro que fue mala idea el retornar, aunque voy a seguir en clase un par de meses más para ir con mejor nivel de japonés cuando visite la tierra del Sol naciente. Después la dejaré.

Ya no soy el Hebert que solía ser: ni el de casa de mi madre, ni el de la Prepa ni el de clase de japonés, es más, probablemente ya no soy el Hebert que dejó la Salsa hace poco más de un año. Al traer de vuelta los viejos tiempos con mis amigos de japonés recordaba lo que pensaba, lo que hacía y lo que eran mis prioridades, y me doy cuenta que aquel Hebert ya no existe más, para bien y para mal.

Más que reunirme con amistades pretéritas ahora me nace más invitarle un cafecín a alguna de mis amigas actuales y platicar del mundo presente. Tan sólo anoche chatee un rato con una de mis nuevas amigas de Ruta Huasteca, y me la pase tan bien que no necesito ver atrás, en busca de alegrías arcaicas.

Es padre visitar de vez en cuando el pasado, pero no mucho tiempo porque ya experimentaste lo que te tocaba. No es sano revivir viejas alegrías, sólo las desgastas y manchas un poco el buen recuerdo que tenías de ellas.


Hebert Gutiérrez Morales.

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