domingo, 10 de enero de 2016

Enseñanzas desde la Alberca

            Correr ha sido mi ejercicio favorito por trece años, no en vano este blog se llama “Reflexiones de un Corredor Solitario”. Sin embargo tengo más tiempo nadando (23) que corriendo sólo que, por cuestiones logísticas, no lo hago tanto como me gustaría. Y es que para correr, te pones el pants, los tenis y lo haces por casi cualquier camino; para nadar necesitas una alberca.

            Desde que me mude a mi actual casa, estoy a 1500 metros de la USDTAC, en donde hay una alberca olímpica al aire libre, y ahí lo hago a pesar de los obstáculos: Que si hay mucha gente (en Verano parece Oaxtepec), que si hay mucho frío, que si la cierran por mantenimiento, que si no quitan las fundas temprano porque se enfría la alberca y demás situaciones con las que debo de lidiar para conseguir una buena nadada.

            A pesar de los circunstancias adversas, tanto fuera como dentro de la alberca, logro mi objetivo con relativa frecuencia: cuando más un par de veces por semana o, por lo menos, una vez al mes. La ventaja de nadar es que aunque me eche distancias largas (5100 metros por sesión es mi cuota actual), nunca siento un agotamiento como en la corrida, de hecho me siento lleno de energía al salir de la alberca, aunque es factible que este efecto se dé porque no lo hago tan seguido.

            He dedicado algunos escritos al correr, pero ya le debía uno a mi otro ejercicio favorito. Y es que ambos se complementan, ya que uno me libera las ideas en el camino y otro me libera los sentimientos en el agua.

            Este inicio de año me mandaron un par de días de vacaciones. Como el clima estaba bastante frío, aproveche para ir a nadar tres días seguidos a medio día, ya que la cantidad de gente iba a ser mínima. Durante esas visitas me llamaron la atención algunas situaciones.

Metete con decisión.

            Había un frente frío por lo que hacía mucho viento así que el agua, al ser una alberca abierta, estaba helada, por más que la cubran de noche y pongan las calderas. El sentido común dicta que si vas a nadar con esas condiciones, sepas a lo que vas.

            Antes, durante y después de mi nado veía a infinidad de personas que llegaban y metían la mano en el agua, otros ya iban con el traje puesto y metían los pies, pero ninguno terminaba por entrar.

            Si ya sabes que está fría, ¡no lo pienses! ¡Metete de Golpe!, créanme que no se va a poner caliente si te metes de a poquito. Si metiera las manos o los pies antes de entrar, seguramente me amilanaría y no entraría.

Por eso, cuando voy a la alberca, primero hago mis estiramientos, me preparo y caliento SIN tocar el agua. Así, cuando entro, lo hago de un clavado. Obviamente, al entrar tan intempestivamente, siento el madrazo térmico, porque está helada como la muerte. Así que de inmediato empiezo a nadar.

Y es que, a todos los que se desanimaron al meter las manos y los piecitos, por lo menos les reconozco congruencia, pero hay otros individuos que ni nadan, se mojan y sólo sufren.

Si ya viste que está demasiado fría, pues no te metas, ¿de qué te sirve prolongar tu sufrimiento? Hay gente que desde antes dice “¡Está fría!” y les cuesta mucho meterse así que, una vez dentro, se siguen quejando de la baja temperatura, encogiéndose y buscando un rinconcito en donde les pegue el sol o salga el agua caliente. Si ya tomaste la decisión de entrar ¡Nada! ¡Muévete! Si te quedas parado todo va a seguir igual, si nadas no se va a poner caliente, pero te aclimatas más rápido y se te olvida.

¿A qué viene todo este texto mamón de mi parte? Que lo mismo pasa en la vida.

En ocasiones hay muchas oportunidades o situaciones en las que podemos decidir entrar o no. Ahí ponderamos si la ganancia vale el riesgo, y es válido decir “no”, ya que cada cual tienen sus prioridades.

Hay otras ocasiones en las que no te preguntan y debes afrontar el cambio, normalmente nos cuesta mucho trabajo dejar nuestra zona de confort y entramos en un estado de negación. Pero si ya no tienes otro remedio y estás en el proceso de cambio (dentro de la alberca) pues deja de sufrir por la comodidad que dejaste y entrégate. El que te sigas resistiendo ya estando dentro es estúpido, porque ya pagaste el precio y no estás haciendo nada por obtener la ganancia, sólo te quejas de los inconvenientes que, de todas formas, ya sufriste.

Así como la gente cree que metiéndose de a poquito el agua se va a poner caliente, también han de creer que quejándose la situación va a volver a ser como antes y, por supuesto, en ambos casos están bien pendejos ¬_¬.

No hay progreso sin obstáculos qué superar

El segundo día que fui a la alberca fue el más frío de todos, así que estuve prácticamente solo todo mi trayecto, lo cual disfrute horrores. Nade a mis anchas y, según yo, a un muy buen ritmo. Cuando llegué a los vestidores, vi el reloj y me había tardado ¡Dos horas y media!

Para nadar 5100 metros normalmente me llevo dos horas y cuarto ¿Cómo demonios me tarde 15 minutos más si no había nadie? No me lo explicaba pero, al día siguiente recibí mi respuesta.

Un día después la temperatura estuvo más benévola, así que tuve bastante compañía. Como se quedaban parados en mi carril, se cruzaban, intentaban echar “carreritas” a mi lado y demás, me acabé prendiendo, por lo que me vi obligado a nadar más agresivamente. Al llegar a la ducha vi el reloj y había hecho dos horas y diez minutos.

El aprendizaje, tanto para la alberca como para la vida, es que si no se te presentan obstáculos en el camino, igual y te la pasas bomba pero no tendrás mucho progreso. Al final, el superar las situaciones que se nos presentan nos hace mejores y crecemos. Más adelante tengo otro ejemplo con esta misma conclusión.

            Sin darte cuenta

            “Hoy quiero vivir sin darme cuenta” es una frase que dice Mafalda y que, cuando lo logro, disfruto la vida al máximo. Esto lo corroboro corriendo ya que cuando soy consciente de que lo hago, el camino se me hace tedioso y por ende largo, por lo que el desgaste físico y moral es brutal. Así que cuando corro sin ser consciente de ello, he logrado mis mejores rendimientos sin cansancio alguno.

            Obviamente al nadar debo llevar la cuenta de las vueltas, eso es algo que no puedo evitar. Sin embargo puedo llegar a un estado de total inmersión en la que una parte de mi cerebro está contando y la otra está disfrutando. Esos tramos (que pueden alcanzar los dos kilómetros continuos) me encantan porque me olvido de quien soy, simplemente nado con naturalidad, y es que no tienes nombre, estatus o problemas, sólo estás ahí para nadar, y lo haces tan naturalmente que te sientes una especie de pez.

            A veces no puedes evitar contar los kilómetros, las vueltas o los días. Sin embargo, cuando aprendes a gozar el camino, la alberca o el día a día, sin llevar cuentas, sin esperar al siguiente kilómetro o al siguiente Viernes o a la siguiente vuelta, tu sendero deja de ser una carga y hasta lo disfrutas más. Al hacer eso, sin que te des cuenta, llegas más rápido (y sin sufrimiento) a aquel anhelado kilómetro, vuelta o fecha que veías tan lejana en un inicio.

            Lo fácil es para cualquiera.

            De Marzo a Octubre, voy tempranito a la alberca (7AM) ¿Por qué? A partir de las 9AM, que hace más calorcito, la gente se deja caer en bola y es imposible nadar. Por más calor que haga, a las siete está fresco y no cualquiera se anima a esa hora. Así puedo desplazarme tranquilamente.

            De Noviembre a Febrero el frío está más cañón, por lo que es imposible ir tan temprano pero, debido al clima, la gente no va a la alberca, así que también puedo disfrutar de una buena sesión de natación un poco más tarde.

            Si fuera a horarios o fechas más accesibles, seguramente encontraría un ambiente más cómodo PERO no podría nadar a gusto porque habría mucha gente. Si el frío o dormir menos es el precio que debo pagar para tener una alberca tranquila y libre, lo pago con gusto.

            Adicionalmente, otra ventaja de ejercitarme con climas fríos es que el cuerpo quema más calorías, así que son sesiones más productivas que en calor.

            Conclusión: Si vas a donde todo es fácil, no te quejes si hay exceso de demanda. Si quieres beneficios más exclusivos, hay un precio que pagar. O, como decía un comercial de los 70’s “Si las cosas que valen la pena fueran fáciles, cualquiera las haría”.

El poder atrae

No es que sea un Michael Phelps, pero tengo una buena condición física, además no creo que la natación sea un deporte muy popular con la gente de VW, así que muy pocos lo practican a comparación, por ejemplo, del fútbol o el correr.

El caso es que, durante mi nadada, a veces hay gente que se me empareja e intenta llevarme el paso, cosa que no logran con éxito. Supongo que al ver a alguien que nada tanto y a buen ritmo les resulta retador. Pueden ir a mi paso, incluso más rápido pero, eventualmente, los rebaso y se quedan atrás. Pero bueno, ellos lo siguen intentando y me motivan cuando intentan competir conmigo, porque me hacen ir más rápido.

Eso es respecto a los hombres, la reacción femenina es distinta. Cuando termino, de vez en cuando se me acerca alguna chica y me dice “¡Qué Bárbaro! ¿Cuánto nadaste?” y así iniciamos la plática.

Nadar 5.1 kilómetros no es cualquier cosa, se requiere fuerza física y mental. Aunque no lo hago por ello pero, cuando se ponen a competir conmigo o me reconocen el esfuerzo, es un extra que me llevo conmigo ya que es una muestra de poder y al humano le atrae el poder de cualquier índole.

El menos común de los sentidos.

A veces México me resulta tan incomprensible, sobre todo con cuestiones de sentido común, que es el menos común de los sentidos.

Para entrar a la Unidad Deportiva hay un único acceso, en el que debes mostrar tu credencial de VW o, si eres un invitado de un empleado, pagas un boletito. Resumen, no hay cómo escabullirte, sólo puedes entrar siendo socio o pagando.

A pesar de ese control en la entrada, al ingresar a la alberca, nuevamente, debes dejar tu credencial o mostrar tu boleto. Mi pregunta es, si no hay otra manera de entrar, ¿para que poner el mismo control en la Alberca? ¿Acaso no es algo inútil? ¿Un desperdicio de alguien controlando la entrada a la alberca?

Detalles así me dejan claro por qué seguimos siendo de Tercer Mundo.

            La Adversidad te fortalece

            Me baño con agua fría desde que tenía 15 de edad, pero eso no quiere decir que no sienta frío ocasionalmente. Como ya mencioné arriba, la temperatura de la alberca estaba MUY baja, y sólo dejé de sentirla cuando agarré ritmo y calor corporal.

            ¿Cuándo recordé la temperatura del agua? Cuando me duché. La alberca estaba tan helada que, ya en las regaderas, al abrir la fría, ¡la sentía caliente!

Por un momento pensé que me había equivocado así que, sólo por comprobar, abrí la otra lleve y ¡estaba hirviendo! Así que si pasas por momentos duros en tu vida, agradécelos porque, cuando los superes, estarás fortalecido y lo que antes te acongojaba después será pan comido.

Soledad


Ya saliendo de bañarme, en lo que me vestía, entró un grupo de unos 10 adolescentes escandalosos a las regaderas. Escuchaba todo su desmadre tan brusco, tan hueco y tan confrontante que recordé que eso nunca me gustó, a ninguna edad.

Hay algunas circunstancias que contribuyeron a mi soledad, y esa dinámica masculina tan tosca, tan poco elegante o tan corriente fue una de ellas. Podré tener un humor sarcástico, negro o cruel, pero lo mío es algo más refinado, no tan salvaje, más inteligente me atrevería a decir.

Puedo ser muy sociable, pero en ambientes más civilizados en los que también se me dé mi espacio. Es por eso que esas multitudes de gente escandalosa y corriente simplemente me agobian y enferman.

Así que recogí mis cosas y agradecí que ya no estoy en esos tiempos en que necesitaba soportar a dichos mandriles para lograr algo de aceptación. Ahora simplemente me vale madre si me aceptan o no.

Vida sencilla

Una vez ejercitado y bañadito, inicié el camino de regreso casa, mientras disfrutaba mis manzanas, el viento mecía mis cabellos, el sol me daba de frente, veía todos los coches apresurados en la Recta, y me alegré de no ser uno de ellos. Me gusta manejar, pero también me gusta caminar, y con lo relajado que estaba tras la nadada, lo agradecí aún más.

En ese momento me di cuenta que tengo una vida sencilla, y eso es un lujo en estos días. Y es que evito, en la medida de lo posible, compromisos sociales a los que no quiero asistir, cuido mucho mi tiempo para hacer lo que quiera (como irme a nadar sin prisas), mis hobbies son sencillos (como ver un partido de NFL o leer) y sólo debo preocuparme por mi bienestar para un potencial futuro.

Mucha gente se siente vacía al no tener pareja o familia propia, incluso a mí me pasó. Sólo aprendí a valorar el ser soltero cuando estuve casado y, después del divorcio, no me he vuelto a quejar de mi soltería o soledad, ya que ambas tienen muchas ventajas

Pequeña conclusión personal

            Me gusta mucho nadar, de hecho tengo la intención de hacerlo más seguido y bajarle un poco a la corrida (debo proteger más la columna y articulaciones). Como mencioné al inicio, nadar me da mucho a nivel interno, además de que me recarga de energía. El correr también me hace muy feliz, pero el dolor corporal que siento es cada vez mayor al terminar distancias muy largas (37kms), lo que me confirma que los años y los kilómetros se van acumulando, así que debo ver por mi bienestar.


            Hebert Gutiérrez Morales.

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