jueves, 7 de enero de 2016

Micos, Minas Viejas y Cierre (Regresando a la Huasteca Potosina: Parte IV)

Pony, Borre, Amayrany y su servidor
            Para leer la tercera entrega de esta gran saga, puede pinchar este enlace.

            Llegó el último día de actividades, y no podía ser de la mejor manera porque, después del Rafting, este itinerario es mi favorito de los de Ruta Huasteca.

            Salto de Cascadas en Micos y Rappel en Minas Viejas

            Hace un año, mi primera actividad en la Huasteca Potosina fue justamente ésta y la disfrute bastante. El que ahora fuese mi actividad de cierre fue inmejorable. A pesar de ser el último día estaba muy feliz, hacer esto era como visitar a un viejo amigo tras una larga ausencia.

            El equipo también fue de lujo ya que Marco, Borre y Pony me volvían a acompañar, justo como hace un año, en esta actividad lo cual le ponía algo de nostalgia al asunto. Además estaban las chicas tan alivianadas del primer día: Amayrany y Kerene. Cerrando el equipo estaba JuanMa, un guía más tranquilo pero con toda la buena actitud de Ruta Huasteca.
La Familia Ruta Huasteca divirtiéndonos

            Aunque el año pasado lo disfrute horrores, ahora fue incluso mejor. En el 2014 estaba entre extasiado y asustado por tantas emociones; ahora me tomé mi tiempo, disfrutaba de los paisajes, brinqué mejor y degusté cada cascada. Y es que, aprovechando que el nivel del agua estaba bajo, nos llevaron por debajo de dos cascadas, algo nuevo que no había hecho el año pasado, y fue una experiencia muy padre.

            Detalles de Pertenencia

            En uno de los saltos, Amayrany me dijo “Si vienes el otro año, ahora ven en época de lluvias para que vayas a ‘El Salto’, vas a ver que es muy divertido”. Su comentario me puso feliz y triste porque no sé si voy a regresar el otro año, y así se lo exprese a la chiquilla que lo tomo con un gesto poco feliz.
Payaseando en el salto

            Otro detalle que tuvo el equipo conmigo fue en el Rappel ya que, en el momento de la foto, Pony, Amayrany, el Borre y yo nos la tomamos juntos, “Es que eres parte del Staff” dijo ella y me sentí muy bien con ese sentido de pertenencia.

            Incluso unos días después, ya en casa, al whatssappear con Kerene, me decía “Estamos en Xilitla, ya mejor te hubieras quedado a trabajar con nosotros” Un simple mensaje pero que me significaba mucho.

            Por eso trataba de pasar el mayor tiempo posible con los guías, ya sea en las comidas, platicando en las actividades o en los trayectos. Y si me dejaban ayudarlos en sus tareas (que casi nunca lograba convencerlos), me sentía muy bien de apoyarles.
Saltito de Ocho metros

            La gente de Ruta Huasteca es muy generosa, no se cierran con nadie y todo el tiempo se brindan contigo, y eso se agradece porque, aunque te sabes protegido por un equipo de profesionales, es como si estuvieras viviendo aventuras con un grupo de cuates.

            Debido a eso me pasa algo muy chistoso que no suele sucederme: Sin importar lo maravillosos que sean los lugares que visito, hay un punto en el que ya me quiero regresar a casa y a mi rutina. Con los de Ruta Huasteca NO me pasa así. Obvio sí quiero regresar a mi hogar eventualmente pero no es algo apremiante porque aquí también me siento arropado, lo cual es extraño, porque es como tener dos casas.
Reflexionando detrás de la Cascada

            ¿Acaso es Navidad?

            Cuando regresé esa última noche a la Aldea, y active el Internet del Teléfono, recordé que era 25 de Diciembre, por los mensajes alusivos que recibí durante el día. Eso es lo maravilloso de este lugar: se te olvida el tiempo.

            Y es que el buen ambiente se respira durante todo el año, así que no te importa si es 16 de Septiembre, Navidad, Martes, Verano, Semana Santa, Lunes y demás. Entras a una dimensión en donde las temporadas, fechas o días no importan en absoluto. Simplemente estás aquí para disfrutar y para hacer buenos amigos.
El Río Micos es un lugar muy bello y divertido

            Esa otra dimensión te ayuda a poner las cosas en perspectiva. Antes del viaje había algunas situaciones que me ocupaban la cabeza pero, después de salir de mi realidad por una semana, me doy cuenta que no se acaba el mundo si no las resuelvo como quiero. Obvio son problemas que debo de tratar de todas formas, pero su importancia ya no es tan vital como la percibía.

            Cuando un lugar, unas actividades o una familia (como la de Ruta Huasteca) tienen un efecto tan relajante en tu alma, y te recuerdan lo que realmente es importante en tu existencia, entonces puedes volver a tu mundo con una serenidad muy reconfortante.
La Cascada de Minas Viejas

            Cansancio acumulado

            Esa última noche, antes de la cena, me di cuenta que estaba muy cansado. Tal vez fuera la falta de expectativa al no haber actividad el día siguiente. Fue como si me cayera el peso de la semana completa de golpe.

            Obviamente hubo unos días más tranquilos que otros, pero el cansancio se va acumulando silenciosamente; lo cual me corrobora la excelente decisión de este año al tomarme noches extras para llegar e irme, en lugar de hacerlo de un solo golpe y/o sin descanso, como lo hice en el 2014.
Maravillado de la belleza del lugar

            Pero esa noche adicional no sólo me va a permitir recuperarme de manera física sino moral todo por dejar atrás este nicho utópico de felicidad. Y es que una despedida en la mañana es más fácil de asimilar que en la noche.

Despedirse siempre es un momento triste, pero la luz de día te recarga con una actitud más positiva, con nueva energía, más oportunidades y es más fácil comprender que habrá un nuevo mañana en el cual podremos reencontrarnos. Cuando te despides ya tarde, el sentimiento de nostalgia es más profundo, te cala más hondo y te deprimes más (Lo recuerdo el año pasado cuando me despedí de Borre y Peña). Así la noche adicional me permite asimilar la partida. Además de ser más seguro, mejor de día que de noche.
Iniciando el Rappel

            Pachequeces sobre el miedo y la muerte

            Como ya comenté en el escrito anterior, la noche antes del Rafting tenía mucho miedo, pero no por los Rápidos, sino por el salto de 10 metros, el cual supere fácilmente como ya relaté. “¿Por qué tienes miedo?” me pregunté “Ya lo hiciste el año pasado y ahora tienes más experiencia, además de que ahora eres más fuerte”. Pero uno nunca deja de tener miedo a estas cosas, y está bien, porque el día que dejes de tenerlo puedes incurrir en riesgos estúpidos.

            Esto del brincar me representa una analogía muy interesante con la muerte ya que, cuando brinco de grandes alturas, me siento morir un poquito cuando voy cayendo, para luego “revivir” cuando me doy cuenta que ya estoy seguro tras el sufrimiento vivido. Seguramente ha de ser lo mismo con morirse: vas, te avientas, sientes mucho miedo del dolor que puedes sentir al impacto pero, al pasar por todo el proceso, experimentas una tranquilidad profunda y satisfactoria.
Geraldine y Yoko (su mamá) me cayeron de Perlas

El problema con fenecer es que no sabemos a dónde vamos a caer, sólo sabemos que lo vamos a hacer, y esa incertidumbre nos incrementa el sufrimiento de lo inevitable. Así que lo mejor es disfrutar lo que podamos, como mejor podamos, porque cuando llegue el “último salto” nadie te va a contar hasta tres ni te van a echar porras, simplemente te van a soltar, y esa será la última vez que sufras en este mundo.

            Personalidades
Impresionante Xilitla

            Siguiendo con ese miedo a saltar, me consuela un poco que, aún entre los más experimentados, es algo común temer a alguna de estas actividades o, por lo menos, tenerle un respeto especial.

Alfredo de Aventuras Denali me decía, en la cima de la Peña de Bernal, que puede escalar la pared que quieras pero que le tenía un respeto especial al agua. En Xilitla, Kerenne me decía que lo suyo eran las Tirolesas, por lo que tampoco el río era su máximo. Sin embargo, en el mismo Jardín Surrealista, Amayrany me decía que lo que más amaba el Río, lo cual me recordó a Michelle, la guía gringa del año pasado, que te podía navegar el Rápido más salvaje pero sufría si la hacías brincar más de tres metros. Justo lo contrario a Villalobos, que los puedes hacer subir o bajar cualquier altura (escalando o rapeleando), pero me confesó que el Río no es lo suyo. Un último ejemplo más extremo pasó con Stacy, la estadounidense con la que coincidí en la Aldea Huasteca, que puede echarse cascadas de 8 metros con el Kayak, pero no le pidas que lo haga brincando.

Feliz en Puente de Dios
            Al igual que Amayrany, Charlie, Marco, ChaaK, Femat y tantos otros, lo mío es el agua, me encanta hacer Rafting, amo el Río y también lo respeto mucho. No puedo decir que las alturas no me gusten, porque me encanta aventarme de la Tirolesa, pero por el resto de actividades de altura tengo un respeto especial.

A pesar de ello quiero hacer parapente en el futuro y, si salé bien, TAL VEZ me anime a aventarme de paracaídas, y eso que dicen que el primero es más peligroso que el segundo. Eso de enfrentarme al vacío, ya sea brincando, escalando o rappeleando, aún me cuesta trabajo, y parece que nunca perderé del todo el miedo a dichas actividades.

            Supongo que de acuerdo a tu gusto podríamos clasificarlos como personas de Aire, de Agua o de Alturas. Y está bien que el mundo sea diferente, porque es rico como todas esas personalidades podemos convivir en los distintos tours y, aunque no sean nuestro fuerte, aun así pasárnosla bien.
Diversión sana e intensa para todos

            Los próximos escritos

            El día de mi partida, iba regresando muy tempranito del baño cuando, de repente, escuche una parvada de loritos huastecos cantando a la distancia, dándome unos buenos días muy agradables, así que pensé “¡Qué bueno que ahora traje la Lap para escribir todo esto en tiempo y forma!”

            Pueden leer el por qué escribí primero sobre el retorno a la Huasteca Potosina antes que la primera visita en la primera entrega de esta saga. Ahora, aunque sean las mismas actividades, con la misma empresa, en los mismos lugares y, en teoría, con el mismo protagonista, van a ser ensayos totalmente diferentes. Y no sólo por los guías, los turistas o la novedad de la primera vez.
Platicando con el buen Femat

Hace un año estaba en un momento de vida totalmente distinto, así que recuerdo el sentimiento que experimente en aquel entonces y, sin duda alguna, cuando transcriba las grabaciones del 2014, el tono del relato va a ser otro, aunque el gozo por estar en este precioso lugar seguirá presente.

Me parece que es bueno que escribiera primero sobre la continuación antes que el comienzo, ¿por qué? Porque creo que leer esto primero ayudará a captar el sentimiento que le voy a imprimir a aquella otra visita.
Charlie mostrándonos una Tortuga de regreso del Rafting

Sé que suena estúpido e ilógico pero, el día que salga a la luz, van a entender a lo que me refiero. Lo único que espero es que no acabe el 2016 y siga sin escribir sobre algo que pasó en el 2014 ¬_¬.

            ¿Y mi privacidad?

            Como ya comenté en el escrito anterior, la noche del 23 éramos pocos en la Aldea, nunca me había tocado tan vacía, pero estaba rico también, porque uno sentía aún más profunda la tranquilidad del lugar. Esa noche platique mucho con los tapatíos recién llegados y con la familia estadounidense con la que ya había congeniado.
Volteando la lancha como práctica

            La noche del 24 habíamos más turistas pero hasta la mitad de la Aldea, lo cual también estaba chévere. Pero la noche del 25 estaba la ocupación a reventar: “¡Ay Cabrón! ¿Qué hace toda esta gente en MI aldea?” fue lo que dije hacía mis adentros al ver a tal multitud.

            Sin embargo, recordé que el año pasado me había tocado la Aldea Huasteca a reventar desde el primer día; así que era la falta de costumbre y el haber disfrutado días a media ocupación la mayoría de los que estuve en esta ocasión.

            Entendí que era mejor que hubiera mucha gente, porque los guías iban a tener mucho trabajo en lugar de tener días libres. Además también me fue útil que hubiera tanta gente porque no me gustan las multitudes, así que eso ayudo a que no tuviera tanto empacho en irme a la mañana siguiente con el pensamiento de “¡Hay que huir de aquí!”
Terminando el Rafting en un Río Hermoso como pocos

            Descubriendo nuevos caminos

            Antes de la despedida en sí, me salto al tema del camino de vuelta. Mis amigos de Ruta Huasteca me dieron buenos tips respecto al trayecto de regreso: primero fui hacia Tampico, luego me dirigí a Poza Rica (cruzando por la también hermosa Huasteca Veracruzana) para después tomar el pasaje México – Tuxpan, una carretera muy bella, con muchos túneles y puentes, con una bola de paisajes imponentes. Aunque les recomiendo llevar el tanque lleno, porque no hay ni una gasolinera entre Poza Rica y Tulancingo.
Ser Feliz no tiene precio

            Al terminar el Arco Norte vi al Popocatépetl y al Iztaccíhuatl, y me sentí feliz de ver a “mis” Volcanes, mismos que me encuentro a diario pero, tras no verlos durante una semana, me di cuenta que ya los extrañaba. Cuando finalmente llegué a casa, alrededor de las 7pm y vi la Luna llena pensé “Bueno, por lo menos sé que mis amigos de la Huasteca Potosina están viendo esta misma luna” y me sentí más cerca de ellos, pero no sólo por la Luna.

            El año pasado tenía cerrado el Facebook así que este año, al reactivarlo, me “traje” a todos mis amigos de manera virtual. Casi siempre miento madres de dicha red social pero, en esta ocasión, me siento feliz que me sirva para mantener el contacto con ellos.

            La nostalgia de la despedida

            El día de puente de Dios, al despedir a la familia chilanga tan alegre, decía el hijo mayor (léase con acento algo golpeado) “Es que sientes como una tristeza bien fuerte de dejarlos, así que te nace abrazarlos a todos y no dejarlos ir”.
La Balsa de los Sinsajos

            No importa la forma de decirlo, es verdad: nadie se quiere ir de aquí, las dos ocasiones que he estado aquí me ha dolido irme o, mejor dicho, no quiero irme a un nivel. Si por mi fuera, me llevaría todo esto a casa (personas, actividades, ambiente, clima, naturaleza, paisajes, desmadre, etc.) pero eso es imposible. La energía de aquí se da por la combinación de todos los factores que sólo aquí encuentras: a la aldea, las actividades, la personalidad de los guías, la esencia de la empresa, la actitud con la que venimos los turistas, la convivencia, la comida y demás.

            Y está bien que así sea, está bien extrañar aún antes de irse, y está bien que a uno le pese regresar a casa, porque así uno puede regresar y experimentar toda esta maravilla de nuevo. Es como mi amada NFL, la cual extraño durante siete meses y disfruto durante los 5 restantes. Si hubiera temporada todo el año, sin duda alguna, terminaría odiando dicho deporte porque me sentiría agobiado (por lo mismo abandoné el Soccer).
La Huasteca Potosina es diversión para todos

            Es bueno que exista este nicho de alegría, diversión, camaradería y autenticidad al cual se puede regresar de manera periódica según las posibilidades de cada cual. Es una bendición que existan estos destinos a donde podemos escapar de nuestra realidad cotidiana, de nuestras máscaras, de nuestros roles y simplemente ser Alberto, Stephanie, Diego, Jessica, Juan, Amayrany o Hebert, y que a nadie le importe de dónde vienes ni los demonios que cargas a cuestas.

Mi visita de este año fue diferente a la del pasado, con algunas cosas mejores y otras menos buenas pero, al final, aunque fueron las mismas actividades, me volví a divertir como enano y me sentí inmensamente feliz todos y cada uno de los días que estuve fuera de casa.
"Con ustedes: ¡La Cascada de Minas Viejas!"

            ¡Hasta Pronto Ruta Huasteca!

            Escribiendo esto en la mesita de la recepción de la Aldea Huasteca estoy incluso más cómodo que en mi casa. Repaso los cuatro escritos de este maravilloso viaje y se me contrae el corazón. Oigo el ruido de las cigarras, de los grillos, el correr de ese rio que me ha arrullado la última semana, el sonido de las señoras preparando la cena, el viento nocturno que nos refresca el ambiente. Es increíble como uno puede ser feliz y triste al mismo tiempo por la misma razón.

Impactado con Xilitla
            A pesar de todo lo bien que me la he pasado en la Huasteca Potosina, no estoy seguro de mi regreso en el 2016. Es un destino especial e inigualable al cual amo con todo mi ser, sin duda les recomiendo ampliamente que lo visiten, pero quiero dejarlos descansar, por lo menos un año. Para el siguiente Diciembre también tengo el Norte del País a la vista, empezando por Zacatecas (al cual le traigo ganas desde hace un par de años).

Pero no me preocupa que pase algo de tiempo para mi tercera visita a este mágico lugar porque sé que aunque cambien las caras, los nombres y las personas, siempre voy a ser bien recibido, con una sonrisa y con esa actitud tan cálida y auténtica que te sientes en casa.

            Aunque uno nunca sabe, el plan original no es regresar el otro Diciembre, pero el destino tiene sus propios caminos. Puede que en una de esas regrese acompañado aunque, a decir verdad, me gusta venir aquí a solas, porque así conozco a mucha gente nueva, además de convivir más con los guías. Si viniera acompañado, creo que no sería igual.

            O tal vez sólo quiera regresar a este rinconcito especial, a ser apapachado y a divertirme con mi familia adoptiva, misma que siempre me recibe de manera muy cálida, convirtiéndose en mi segundo hogar.
Pony y Amayrany haciéndome sentir como en casa

            Por eso regresé esta segunda ocasión (y así será la tercera) ya que aunque ame el Rafting, el Rappel, el Salto de Cascadas o Puente de Dios, volví por las personas, por la convivencia, por el ambiente y por todos esos regalos que me dan, sin que se den cuenta que me los dan.

Gracias a todo el maravilloso equipo de Ruta Huasteca, nos volveremos a ver algún día, lo prometo. :’-)


Hebert Gutiérrez Morales.

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