domingo, 31 de enero de 2016

Misantropía y soledad (Segunda Parte)

            Pueden leer la primera entrega de este tema en este enlace.

Mi misantropía ayuda mucho a mi soledad. En mi opinión, el ser misántropo es una muestra de evolución humana, y es que es tanto el daño que le hemos hecho al planeta que la naturaleza ha hecho evolucionar a ciertos individuos, así nace gente como yo, que decimos “Si no me reproduzco ¡chingón!”.

El Misántropo es alguien evolucionado por el simple hecho de su inteligencia, ya que el ser tonto en automático te descalifica para dicha característica, ya que si tienes un entendimiento corto no puedes odiar a la humanidad. Necesitas haber visto más allá del humano común para acceder a la misantropía, no es de esas mentes dogmatizadas que se conforma con lo que le dicta la sociedad: que el humano es lo más maravilloso que ha acontecido en la historia.

Gente que tendemos a ser ermitaños además que, la extendida estupidez humana, te invita a alejarte de los homínidos. Por eso uno se vuelve solitario y misántropo. Odio a la humanidad, no me empacha admitirlo pero, a diferencia de lo que exprese hace cinco años, ya no me importa cuándo se destruya porque, al final, eso va a pasar, sólo es cuestión de tiempo.

Sin embargo mi odio a la raza humana ya no es tan grande como para desear su pronta extinción ya que no todos sus elementos me desagradan, incluso hay algunas personas que amo con todo mi ser. Es por eso que puedo vivir y dosificar mi contacto con la humanidad, y no me molesta en lo absoluto.

Incluso con mis familiares soy un misántropo, un ingrato, un hijo de la chingada o un solitario. Porque los que comparten mi sangre les gustaría tener más contacto conmigo, pero he optado por tener una sana distancia, así valoran más cuando los llego a visitar. Estoy hablando de mi familia directa (padres y hermanos), porque primos, tíos, sobrinos y demás, prácticamente no existen para mí (con sus muy contadas excepciones).

Mi madre me dio la vida y nunca se la podré pagar, por eso es con la que más contacto tengo y, aun así, es poco para ella y los estándares sociales. Tal vez esa misma misantropía me dicta que entre menos relaciones, apegos, vínculos, lealtades y compromisos tenga con los demás, es mejor porque puedo ser más libre. Así mi felicidad no está en función en lo que haga (o deje de hacer) alguien más.

Qué irónico puede resultar el humano. En mis años de Secundaria y Prepa, necesitaba urgentemente la aceptación de mis compañeros. Ya acabando la Universidad me empezó a valer madre que los demás me aceptaran, lo curioso es que cuando adoptas dicha postura, es cuando más aceptación recibes.

Me caga escribir esto pero no deja de ser verdad: soy popular, mucha gente me busca, por un lado mujeres que me ven atractivo como amigo y potencial pareja, además de que las puedo escuchar con seriedad. Por otro lado hombres que, seguramente, en épocas escolares me hubieran hecho bullying, ahora me buscan y me admiran, al grado que me llegan a agobiar con sus atenciones.

Es chistoso que cuando te deja de importar ser popular, de inmediato lo eres y entre menos buscas el contacto con el resto, te buscan sin pedirlo. Incluso hay quien me sugiere que forme una religión, porque ya tengo acólitos que me siguen y les respondo “¡No!”.

De hecho ya tengo mi propia religión, pero consiste de una sola persona (o séase yo) porque, con lo estúpida y manipulable que es la humanidad, seguramente van a malinterpretar y corromper todas mis creencias, valores y principios, y no me interesa contribuir más a la ignorancia de este planeta.

Y es que, siguiendo con las ironías de la vida, cuando ésta te deja de interesar, es cuando más te atreves a vivirla, ya que no tienes nada que perder. Y no necesito tener la intención de suicidarme si digo que no me interesa la vida, aunque es verdad que cada vez menos cosas me interesan de la misma. Así que voy aprendiendo a no tomarla tan en serio porque, entre menos importancia le des, más jugo le sacas. De igual forma, entre menos te interesa, más gente atraes.

Ni siquiera tengo un apego especial a mis amistades. Mi mejor amiga, Lesly, es un buen ejemplo de ello: podemos tener comunicación a diario o podemos ignorarnos por días. A veces se ha ausentado del trabajo por meses y sólo nos comunicamos si nos nace o se necesita. Tenemos una muy buena amistad, que no está basada en un contacto constante, porque podemos subsistir sin la otra parte.

Y eso no quiere decir que no la apoye incondicionalmente (sólo un puñado de personas que tiene esa prestación de mi parte), porque estoy dispuesto a ayudarle cuando sea necesario, pero ella es tan madura e independiente que casi no me pide nada. Y por eso somos amigos: porque sé que es tan autónoma como yo y no se va a aprovechar de la relación.

Si con mi mejor amiga mantengo una distancia saludable, imagínense con el resto. He llegado incluso a “cortar” a personas que en su momento pude considerar mis amigos íntimos, ¿Por qué? Exigían más de lo que les quería dar e intentaron aprovecharse de la amistad. Los apoyé en su momento pero no dude en terminar dichas relaciones o, por lo menos, bajarle a la flama a lo mínimo.

Porque ahí radica mucha de la tranquilidad en mi existencia, ya que hay gente con la que me gusta estar, pero no necesito estar forzosamente a su lado. Eso me caga del enamoramiento en donde estás tan apendejado que necesitas estar con “ella” todo el tiempo, de una u otra forma. Y eso te quita mucha dignidad e independencia.


De a poco he aprendido a no necesitar a nadie o, por lo menos, necesitarlos lo menos posible ¿por qué? Debido a que no puedo confiarme a que van a estar ahí todo el tiempo, debo aprender a ver por mí sin dar molestias al resto, aunque el resto sí le guste darme molestias.

De hecho los tengo bien identificados, porque hay quienes me ignoran durante mucho tiempo pero, cuando necesitan algo, ahí están buscándome. Ya los conozco, pero ni me enojo, si tengo tiempo disponible (o me conviene), los atiendo y si no, pues los corto amablemente.

Por ello hay quien se me ha puesto al brinco, e intenta hacerme una escena, ahí se me termina la civilidad y los mando a chingar a su madre directamente. Esta gente se sorprende, me llega a tachar de culero, traidor, egoísta y demás pero ¿saben qué? Como no me importa su opinión, acaban volviendo incluso ofreciendo disculpas, pero ya es muy tarde para ellos: han dejado de ser mis amigos. Creen que porque me necesitan los necesito, y se dan cuenta de lo equivocados que están.

Me gusta convivir con gente inteligente, no me importa su moral, me importa lo claro de sus ideas, gente que me nutra intelectualmente, que me haga pensar, que me contradiga y me dé buenos argumentos, además de gente elegante, que aun sin tener la razón, te la pone difícil con sus planteamientos tan sofisticados.

Casi siempre esa gente brillante con la cual convivo ha tenido una buena base moral, pero no se dejan cegar por ideas anticuadas. Con ellos puedo expresar las ideas más locas, bizarras, amorales e incluso crueles sin que se ofendan o me señalen. Y es que son lo suficientemente desarrollados para no tomarse como personal conceptos generales que atentarían contra sus esencias. Es gente que entiende que sus creencias son relativas y nunca absolutas.

Cuando tengo contacto con ellos, comprendo el tamaño de la estupidez humana, ya que los especímenes que valen la pena son escasos, mismos que son la excepción que confirma la regla de la ignorancia homínida. Así que cuando los encuentro, los cuido. Para mi desgracia no puedo convivir solamente con gente brillante ya que, por distintas convenciones sociales, familiares o laborales, debo tratar con un montón de gente pendeja, pero limito mi contacto a lo básico con ellos.

Podrá sonar elitista, porque lo es, pero a muy pocos considero mis iguales, no quiere decir que me sienta lo máximo del Universo, pero sé que estoy arriba de la mayoría (alguien me dijo una vez que en mi vida pasada fui un nazi, sólo que nací moreno, con pelo chino y en tercer mundo para evitar que proliferaran estas tendencias en mi).

Aclaro, no me baso en nivel socioeconómico, físico, raza, nacionalidad, género, edad, creencias o demás para descalificar a alguien. Sólo me baso en la inteligencia, el sentido común, la apertura, la flexibilidad, en resumen, su forma de percibir la vida y el mundo, esa comprensión desarrollada que les permite ver más allá que el homínido promedio.

Porque habrá gente muy inteligente a nivel cognitivo, pero que es muy pendeja y dogmatizada a otros niveles, que se dejan llevar por lo que les dijeron, en lugar de utilizar ese intelecto para razonar por ellos mismos. Y es que es más cómodo comprar una verdad que te endilgaron desde pequeño que atreverte a buscar una que te acomode, aunque ofenda al resto de la sociedad.

Lo importante es la inteligencia integral y aplicada (se nota que soy ingeniero).

Y no, no soy un Hitler. Para empezar no tengo el poder que alguna vez tuvo el Führer, además que la logística para exterminar a la carroña humana (Aproximadamente el 90% de la población mundial) es monumental. Es prácticamente imposible acabar con la basura humana de un solo golpe aunque, no lo niego, si de mí dependiera, acabaría con ella sin dudar.

Volviendo al tema, el hecho de que considere a alguien mi igual, no quiere decir que esa persona me considere su igual porque, es factible, que para ellos también resulte ser carroña. En fin, me parece que cada humano tiene esa tendencia a creerse integrante de un grupo superior mientras descalifica al resto como inferiores. Seguramente este hecho me hace más humano de lo que me gustaría admitir.


Para mí sólo existen dos tipos de personas: los que son brillantes y los que son estúpidos; los conscientes y los inconscientes; los que valen la pena y los que son sacrificables; los que están desarrollados y los que no les interesa estarlo. Esto sin importar religión, creencias, tendencias e incluso lazos sanguíneos porque, aún dentro de mis familias de origen, hay mucha basura. Tristemente, la gente que vale la pena, es un porcentaje muy pequeño en comparación de la gran mayoría que es desechable.

Y precisamente hemos llegado al punto en el que uno se vuelve misántropo porque, considerando que la mayoría de la humanidad es detestable, resulta muy fácil odiarla en su totalidad, como una masa ignorante y monstruosa, a pesar de los pocos seres que valen la pena dentro de la misma. De hecho son tan escasos que su existencia no justifica la supervivencia de la totalidad.

Adicionalmente, dichos seres entienden con su visión, que va más allá de la moralidad, de esa limitada manera de ver el “bien” o el “mal”, ya que estos individuos comprenden que son simples interpretaciones prejuiciosas. Cuando aprendes a ver más allá de esos límites, entiendes lo estúpido, retrograda o primitivo que resulta el humano y su mal llamada “civilización” que ha establecido a lo largo de los siglos.

Sin esos prejuicios, seguramente ya habríamos avanzado más en nuestro desarrollo personal y social, pero los intereses del poder nos han llevado a dogmatizarnos unos a otros, a truncar nuestro desarrollo y entendimiento. Todo porque elpoder de unos pocos siempre ha sido más importante que la plenitud de la mayoría. Y desde que instituimos esa dinámica, empezó la debacle humana.

No sólo carezco de apego a la vida del resto de homínidos, de hecho el que tengo por mi propia existencia debe ser el mínimo indispensable para no suicidarme. Como no me considero el ser más maravilloso de la existencia, como se cree el humano, estoy consciente que mi paso por este planeta es efímero e irrelevante. Al humano estándar, su vida le parece lo más grande que ha pasado en la historia del universo (¡Qué no mamen!).

Es por eso que estoy consciente de lo inevitable que resulta mi muerte, de hecho estoy más consciente de su necesidad y utilidad, por eso no me estresa esa posibilidad de fenecer en cualquier momento, incluso, a veces pareciera que lo anhelo.

A veces me pongo a ver el Facebook y me dan ataques de consciencia “¿Quién es esta gente?” me pregunto, obviamente algunas son personas que sí quiero. El resto son rostros que conozco, con los que tuve alguna vez contacto (o que sigo teniéndolo) aunque, a decir verdad, son seres que no me importan.

En ocasiones de similar consciencia he clausurado mi cuenta de dicha red social, y han ido de períodos tan breves como unas cuantas horas hasta un año y medio que fue la vez pasada. Nuevamente estoy tentado a cerrarlo pero, para mi fortuna, tengo seres que me importan mucho y que es mi único medio de contacto con ellos, así que vale la pena tener abierta esta cosa. Ahí llego a la conclusión que debería borrar a todos los que no me importan, que resulta ser lo más honesto.

Pero recuerdo que el Facebook me resulta útil como medio de difusión, es como twitter o tumblr, en donde sólo posteo sin seguir a nadie y, a pesar de ello, tengo decenas de seguidores. Cuando le compartí esta estrategia a mi comadre Les, me dijo que mi postura era narcisista, prepotente o mamadora, ya que era como decir que nadie podía aportarme nada. Y no le rebatí porque, a un nivel, tiene razón: no me importa lo que los demás tengan que aportarme. Y sí, también resulta que soy muy ególatra, y quien me quiera seguir, que lo haga por decisión propia.

Si fuera congruente con dicha postura, no debería publicitar ninguno de mis escritos pero, tristemente, en este prostituto mundo, sin publicidad nadie sabe que existes y, en consecuencia, nadie te lee. Y me encabrona ser igual de prostituto y barato que el resto de la humanidad. En teoría escribo para mí pero, mal haría en negarlo, también lo hago para que me lean. Y luego me pierdo en ese círculo vicioso entre hacer lo correcto (Escribir sin publicitar) o hacer lo más provechoso (escribir y promocionarme).

Entonces recuerdo que nada de lo que hagamos tiene sentido, lo bueno o lo malo, lo productivo o improductivo, lo grotesco y lo sublime, todo será olvidado con el paso del tiempo. Así que todas estas estupideces que estoy plasmando en este texto en realidad son una pérdida de tiempo: hay quien dilapida sus años en drogas, en juegos, en compras o en mujeres, y habemos algunos tontos que desperdiciamos nuestra vida escribiendo, con la estúpida ilusión de que estamos cambiando algo.

El problema es que al otro día te despiertas con una esperanza renovada, de pronto vuelves a encontrarle lógica al levantarte, ir a trabajar, correr, bañarte y toda esa rutina que uno utiliza para darle sentido a una existencia que carece del mismo.

Me guste o no, de hecho me caga, soy humano y por más consciencia que tenga de todos estos hechos pues, siempre encuentro la manera, de ser igual que el resto, y acabo dándole la misma importancia a esta irrelevante y efímera existencia como lo hacen los otros homínidos. Así que entro en la misma dinámica de darle demasiada importancia a lo que carece de ella.

Aunque no nos guste, todos acabamos engañándonos al darle sentido a la existencia, en darle más importancia de la que merece. Si la tomáramos para experimentar y no tan en serio, otra cosa seria.

Sin importar lo que hagamos, digamos, pensemos, sintamos, ganemos o perdamos, no va a tener valor en lo absoluto, porque todo será cubierto por el olvido que te inyecta el paso del tiempo después de tu muerte (e incluso antes).

A pesar de todo esto, supongo que por algo estoy aquí, desconozco si para alguna especie de misión, así que sólo me queda experimentar lo más posible en esta vida, tratando que sea un viaje divertido y nutritivo, por lo menos que me resulte algo importante.

Si han tenido la suficiente paciencia para llegar a este punto ¡lo felicito! Ahora, ¿recuerda que al inicio del primer escrito mencioné que tenía la misantropía y la soledad en mi ser desde el momento de nacer? ¿Pues qué cree? ¡Usted también! (No en vano llego al final del segundo ensayo)

Para mí, los solitarios auténticos son misántropos, por ello se alejan de la sociedad. Y es que es distinto cuando uno está solo por decisión propia que cuando los demás deciden alejarse de ti, porque has de ser un pendejo o alguien sin gracia. Y es que el verdadero misántropo, a pesar de sus expresiones de desprecio a los homínidos, es tal su carisma o personalidad, que al final atrae a gente que comulga con sus ideas, aunque le asusten en un inicio. Sin inteligencia o personalidad no puede haber misántropos, los habrá neuróticos, violentos, groseros y demás pero ¿aburridos? ¡Jamás! Esos serían unos simples “Posers”.

A la mayoría de la Sociedad le vale madre lo que pase con seres más allá de nuestro círculo cercano, sólo que no todos tenemos el valor o cinismo de expresarlo abiertamente, inclusive habrá quien no se dé cuenta de ello, o no se quiera dar cuenta de eso. El Misántropo es consciente de ello, y sufre por todas las convenciones sociales, culturales, religiosas y demás que le inculcaron desde pequeño, mismas que se ve en necesidad de descalificar con frecuencia.

Todos somos solitarios porque llegamos y nos vamos a solas de este mundo, un viaje en el que nadie más nos va a acompañar. Sólo que nos gusta crearnos la ilusión de compañía al rodearnos de gente que se siente igual de sola, para olvidarnos de nuestra soledad. Pero, tarde o temprano, todos nos acabaremos de dar cuenta que estamos solos.

Si usted ha reaccionado con este escrito, me alegro, porque algo en su interior se movió al encontrar algo de verdad en mis palabras. Pero ahora tengo un regalo para usted, para que vea que no hay nadie 100% misántropo, ni siquiera yo.


Siempre había tenido ganas de ver “Soy Leyenda” con Will Smith; recientemente la vi y, cuando presencié la escena en la que invita a salir al maniquí, me hizo llorar bastante. Ahí entendí que, por más misántropo que sea, necesito del resto de los homínidos para existir. Sin humanos no hay misantropía. Ciertamente deseo que la humanidad se destruya y yo irme con ellos (porque soy igual de nocivo) aunque sí me gustaría sobrevivir para verlo casi hasta al final, para disfrutar el momento ;-)

Sin humanos que detestar, mi misantropía no tendría razón de ser. Soy un misántropo sociable, que necesita tener interacción con la gente, pero en mucho menor proporción que un homínido ordinario.


            Hebert Gutiérrez Morales.

7 comentarios:

NDPC dijo...

Probablemente este comentario no signifique nada, y no importa. Me gusto tu escrito, es interesante leer a otras personas con pensamientos en comun.

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Al contrario, muchas gracias por el tiempo de leerme y comentarme.

dmacsi dijo...

Siempre he sido tímido y retraído, siempre me han identificado con asesinos, locos y cosas así. Llegue a ese punto no soporto a las personas, tanto así que hace muchos años. Abandoné hábitos como mirar tv,aún así siempre estoy informado de todo.Desde hace muy poco estoy trabajando en casa para evitar a la gente. Cuando mucho los oigo o veo desde el monitor del PC.

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Creo firmemente que el alejarse de una sociedad tan ruidosa, nociva e ignorante es un acto de sensatez y/o sentido común. Lo verdaderamente deplorable es adaptarse a una Sociedad enferma y actuar como si todo estuviera en orden. Comprendo tu sentir, aunque tal vez no con tu misma potencia: para mí, mis tiempos a solas son lo más valioso que tengo. Un abrazo.

Cleric beast dijo...

Desde una edad muy temprana en mi vida he sido un tipo solitario, y no entiendo por qué todavía hay gente que me llama para reuniones (de amigos a los que no veo hace 15 años) y muy tranquilamente me demandan que asista, que para recordar los "buenos tiempos" y no se que tanta ridiculez.

Yo no me considero un misántropo, ya que no odio a nadie, y tampoco deseo la desaparición de la especie humana, mas bien es indiferencia lo que me inspira la mayor parte de la gente (amigos, vecinos, familiares),no obstante también me he enamorado y he sentido real afecto por unas cuantas personas, pero a estas alturas de mi vida (ahora mismo tengo 35 años) me doy cuenta que estoy solo y que seguramente lo estaré toda mi vida, y la verdad ese hecho no me causa ningún pesar. Saludos

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

Muchas gracias por leerme y comentar tu sentir. No sé si leíste la primera parte de este escrito, en donde me enfoco más al sentimiento de soledad, a esa necesidad de alejarse de la gente, sobre esa incomprensión de por qué la gente quiere reunirse todo el tiempo, cuando uno no lo desea. Si no lo leiste, te la recomiendo, ya que esta segunda parte me enfoqué más a mi desagrado por la humanidad.
Al final comprendo perfectamente tu sentir y, leas o no la primera parte, m alegra que hayas encontrado algo de eco a tu sentir en este blog. Un abrazo.

Andres dijo...
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