viernes, 1 de enero de 2016

Xilitla, Huahuas y Puente de Dios (Regresando a la Huasteca Potosina Parte II)

De adelante para atrás: Kerene, Amayrany, Iván y yo
            Para leer la primera parte de esta Saga, puede pinchar este enlace.

            Al llegar a Ciudad Valles, llegué directo a las oficinas de Ruta Huasteca a saldar mi reservación, y ahí encontré a las primeras caras conocidas: El Borre y Alice. Ambos me reconocieron y me sentí feliz de que así haya sido. También estaba “Pony” al que no ubiqué en ese momento (cambió mucho de un año para otro) y Kerene, a la que más tarde la iba a conocer.
El camino de los 7 pecados

            Mi primera actividad era Xilitla con el Sótano de las Huahuas, lo cual me decepcionó un poco, y no porque sean malos lugares. De hecho fue una de las razones para volver ya que, el año pasado, el clima no ayudó para ver el espectáculo de las aves regresar a casa.

            Mi decepción fue que es uno de los días tranquilos, sin tanta adrenalina, el cual me hubiera quedado bien en medio o al final, mas no al principio de mi itinerario. Pero decidí callarme y aceptar lo que el destino me deparara, seguramente había una razón para que el viaje fuera así.

            Ya en la Aldea me encontré con Peñatrón al cual salude afectuosamente y es que, aunque no se acordaba de mi nombre, también me reconoció. Igualmente una de las cocineras me recordó (supongo que por mi forma grosera de tragar). Y, por el primer día, hasta ahí llegaron las caras conocidas, aunque no las sonrisas y los saludos cálidos.
Manos dedicado a su amigo mexicano

            Me propuse conocer a mis guías del siguiente día: Amayrany, Kerene e Iván. Peña me había dado el dato esa tarde, así que fui a platicar con este divertido trío después de la cena. A pesar de que era la primera vez que nos veíamos, congeniamos muy bien, de hecho acordamos que me iba a uniformar igual que ellos para el tour (con la playera naranja). Eso me dio muchos ánimos, porque seguramente iba a ser un muy buen día. Así que me fui a dormir más tranquilo y ya menos decepcionado.
Construcciones tan originales como orgánicas

            El Jardín Surrealista de Edward James en Xilitla

            El Jardín Surrealista de Edward James me fascinó igual que la primera visita. Me gustó mucho su visión tan particular de captar el mundo y su profundo respeto a la naturaleza. Me agradó cómo la explicación de Chicú y Alice (el año pasado) y la de Amayrany e Iván fueron diferentes pero, al final, la información fue igual de completa e interesante. Es chido que cada cual le ponga su estilo.

El cauce de la cascada desemboca entre murallas
            Aprovechando que ya sabía la historia grosso modo, aproveché que ya conocía el tour, así que ahora me dediqué a buscar otros cuadros, otras tomas y ver otros lugares mientras les explicaban al resto los que yo ya había visto la ve anterior.

            Aunque siempre tienen una actitud muy chida todos los del personal de Ruta Huasteca, creo que nunca me había divertido más que con el Trío ya mencionado, la verdad el ambiente se puso de lujo, nos la pasamos riendo todo el tiempo y eso hizo el paseo más ameno de lo que de por sí ya es.
 
Edward James quería que la selva engullera sus construcciones
            Algo que ya me había pasado desde la visita anterior, pero que en ésta fue muy marcado, es que fui tratado como parte del Staff, tanto por el trío maravilla como por el resto de los turistas, lo que me resultó muy reconfortante (supongo que algo tuvo que ver la playera naranja). Es más, me la pase tan bien con mis nuevos amigos que hasta nos hicieron fotos en la carpintería como equipo, misma que subí como portada del Facebook y, para la de perfil, subí otra muy divertida que me tomó el buen Iván.
Perreando en la Cascada

            Nuevamente me la pasé genial en Xilitla pero, el día que regrese, voy a dedicarle un día completo al lugar, ya que aunque te muestran lo más importante, es una parte pequeña en comparación de lo que podrías explorar por ti mismo. Y no es desidia del Staff de Ruta Huasteca, es que en realidad el tiempo está contado para ver lo esencial (que aun así es mucho), comer e ir a una atracción natural impresionante y que tiene el horario muy marcado.

            El Sótano de la Huahuas.

            Aunque seguramente lo comentaré en el escrito de la primera visita, el Sótano de las Huahuas y el sótano de las Golondrinas están a unos cuantos kilómetros el uno del otro y, aunque el segundo es más famoso que el primero, el espectáculo es básicamente el mismo. Sin embargo, tengo entendido, el de las Huahuas (que así les dicen a las Guacamayas en la región) tiene una mayor cantidad de aves y una mejor visibilidad, además de estar mejor conservado.

            Al final no varía mucho el show porque no hay ni guacamayas ni golondrinas en ninguno de los lugares, en realidad la mayoría de pájaros son Vencejos (con V y c), pero el espectáculo es muy vistoso de cualquier manera.
El Cinematógrafo

            El año pasado amaneció nublado el día de mi visita, así que no pude ver el show porque las aves no salieron aquella ocasión. Pero desde tempranito sabía que ahora sí iba a verlo ya que había amanecido muy soleado.

            Ya me habían comentado de qué iba el fenómeno natural, incluso había visto uno que otro vídeo, pero estar ahí presente es una experiencia totalmente diferente. Contemplar cómo se van reuniendo los pájaros dando vueltas, y cantando, en lo que esperan a una ráfaga de aire de la cual se puedan “colgar” y clavarse a la enorme cavidad es algo impresionante, lo cual me conmovió por lo perfecta que es la naturaleza en su accionar.

            Grabe vídeo y saqué algunas fotos, pero una vez capturadas las imágenes en la cámara, la guardé y me dediqué a disfrutarlo en vivo. Es impresionante cómo un fenómeno tan sencillo pueda resultar tan cautivante, porque cada ráfaga de viento que llevaba consigo unas decenas de pájaros, y no me dejaba de emocionar. Aunque el momento más especial, por diferente, es cuando entraron unos loros huastecos a la cueva, ya que lo hicieron de manera más elegante, porque entraron coordinados, sin clavarse, acompañados de un canto más dulce y armonioso.
 
Siguiendo a Kerene
            Ese día tuve más contacto con caras conocidas del año pasado: en la mañana me encontré a Marco, en la noche saludé a Robertito, a medio día me comuniqué con Chicú (que vio nuestra foto en Facebook), además de que me agregó ChaaK, mismo al cual le pedí balsa suicida para el día del Rafting, junto con las chicas, ya vería si me cumplía el capricho o no en un par de días.

            Antes de continuar con las actividades del siguiente día, quiero hacer un reconocimiento a dos áreas vitales para que esta experiencia sea tan excelsa.

            Los Manjares

            Creo que el reto más fuerte en este viaje, el más peligroso de todos, sin duda fue la deliciosa comida que degustas a diario, en especial en la Aldea Huasteca; y es que el año pasado me atasqué como marrano, llevándome un par de kilitos extra de regreso a casa.

Viendo a los Vencejos volar en círculos
            De hecho, cuando hice la reservación, no había lugar en la Aldea y, sólo por un momento pensé “No insistas Hebert, así está bien, no comerás tanto”, pero recordé el ambiente tan ameno y fraterno que ahí se vive, por lo que hubiese sido una pena no quedarme en la Aldea Huasteca. Además, la comida es tan rica que no era justo privarme de tal delicia.

            El equipo de la Oficina me encontró lugar en la Aldea y fui feliz, pero también me hice la promesa de medirme a la hora de comer, compromiso que fue difícil de respetar pero que, en la gran mayoría de ocasiones, logré.
Volando en sincronía

            Pero no sólo es lo sabroso de los alimentos, sino la naturaleza de sus ingredientes, porque lo sentía a la hora de digerirlos. Nunca sentí una pesadez fuerte, aunque hayan sido cantidades generosas, ni tampoco tuve problema cuando iba al baño, de hecho mi digestión estuvo muy fluida toda la semana, y ahí es donde veo la calidad de la comida.

            En fin, muchas gracias a todo el personal de cocina, porque son una parte esencial del gozo en esta experiencia.
En una de las Cascadas de Puente de Dios

            La Oficina de Ruta Huasteca

            Y ya que he mencionado a la Oficina, también me toca reconocer su trabajo. Los que se llevan las palmas normalmente son los guías, pero sin el importante trabajo de Alice, Yohana y Jhonatan, la cantidad de clientes no sería tan generosa.

            Mi caso lo trataré en el primer escrito, pero la visita pasada y la anterior me encontré con muchos que eligieron Ruta Huasteca por la flexibilidad, la amabilidad y esa actitud de satisfacer al cliente con que te tratan los de Oficina, por lo que se hace difícil no elegirlos.
Con el buen Moy (a.k.a. El Güero) en Puente de Dios

            Este año me tocó convivir más con dicho trío ya que, el anterior, sólo pase una vez por ahí. Incluso me fui a despedir de ellos el día de mi regreso, porque manejan la misma actitud excelente que el resto del equipo. La verdad su trabajo es vital para el éxito de esta gran empresa.

            Ahora sí, continuemos con lo que pasó en Tamasopo.

            Lecciones sobre el miedo

            Aunque sólo conviví el día de Puente de Dios con ellos, creo que los turistas que más me marcaron fue una familia chilanga algo “ruda” que se fueron al final de ese día. Eran tan generosos, tan auténticos y tan alegres que me dejaron un gran sabor de boca. De hecho la hija, Rubí, me dio una lección brutal sobre el miedo.
Saltando de 6 metros

            En el desayuno había escuchado cómo la chica expresaba su miedo al salto que hizo en el Rafting un día anterior. Más tarde, en Puente de Dios, me sorprendí cuando saltó ¡cuatro veces! de seis metros (yo me doy por bien servido por haberlo hecho una vez).

            Mi sorpresa fue mayúscula al enterarme que Rubí ¡no sabía nadar! Era algo impresionante. Se aventó todos esos saltos, cayendo al agua y sin saber nadar, confiando plenamente en el chaleco salvavidas e indicaciones de Ruta Huasteca, así que se sentía segura y se dejaba ir alegremente. De hecho, de su familia, sólo su hermano sabía nadar, pero eso no impidió que el papá, la mamá y ella se echaran todos los saltos.

            No sé si fue ignorancia, imprudencia o exceso de confianza, pero los admiré profundamente. A mí me ha costado muchos años ir resolviendo miedos, y ellos viven con un desparpajo, autenticidad, confianza y hasta cinismo muy refrescante. Me impresionaron tanto que los envidie profundamente en la misma escala que los admire.
Soberbio lugar es Puente de Dios

            Admiración que creció más unos minutos después cuando, en el mismo Puente de Dios, me encontré a una pareja (que no venían con nosotros) y que iban aferrados a la cuerda que cruzaba la poza, así que los ayudé a llegar a la orilla. “Es que no sabemos nadar” me dijeron en son de disculpa, y es que era notorio el miedo en sus ojos, a pesar de que llevaban muy buenos chalecos salvavidas. Y eso que sólo era meterse al agua, ya no hablemos de aventarse de seis metros para llegar a ella.

            Ahí recibí una lección de actitud hacia la vida. Aunque sea una familia algo “tosca”, su actitud de “Aviéntate con confianza” resulta muy sabía para aprovechar el tiempo que tenemos en este planeta, obviamente te vas a acabar dando algunos golpes (como de hecho se llevaron en su estancia) pero al final te llevarás más ganancias que pérdidas.
Haciendo un mantra dentro del Puente

            Puente de Dios y Tamasopo

            Este día fue especial, como todos los que he pasado aquí desde el año pasado, para empezar tuve la oportunidad de volver a ser copiloto del buen Villalobos, experiencia que disfrute ambas veces. Y es que platicamos tan bien durante el camino que pareciera que llevamos años conociéndonos, cuando sólo he sido su copiloto dos ocasiones.

            Algo tiene la expedición de Puente de Dios que uno siempre acaba haciendo amigos entrañables, hecho que se ve incrementado porque es la actividad cierre para algunos que toman el camión a casa ese mismo día, ya que eso me pasó ambos años.
Jugando a Tarzán en Tamasopo

            El año pasado hice migas con una pareja regia, fanática de la NFL, así como un grupo de cuatro chicas chilangas, todos ellos se fueron a la terminal de autobuses al terminar Tamasopo y fue una despedida un tanto melancólica, todo por la buena química que se había hecho ese día. Algo así paso con la familia arriba mencionada que, aunque no eran los más elegantes, su naturalidad, ingenio y buen humor te hacían reír bastante.

            Supongo que Puente de Dios y Tamasopo tienen una magia especial, algo que te hace entablar una amistad de manera más fácil. Tal vez sea la belleza del lugar, posiblemente sea el ambiente tan chido que manejan los de Ruta Huasteca o, es probable, sea esa actitud de relajación total que traemos todos y que nos hace acercarnos más.
Maravillado con puente de Dios

            Esa energía es la que me gusta de las actividades de aventura, la misma que me hizo omitir Tamtoc este año (que es un lugar muy recomendable, pero ya lo visité una vez). Cuando vas a una actividad tranquila, es difícil que nos despojemos de nuestras máscaras. En cambio, cuando tienes algo de adrenalina, cuando enfrentas tus miedos y compartes esa vivencia con alguien más, por desconocido que sea, la comunión es casi automática.

            Y empiezo por mi caso, ya que en Puebla manejo una máscara de indiferencia, crueldad y “Grinchez” extrema. En cambio, en la Huasteca Potosina, me siento más yo, soy libre y puedo expresar toda mi alegría sin pudor alguno. Cuando subí mi foto de Xilitla al Facebook y al Whatssapp con el equipo de Ruta Huasteca, alguien me escribió “Mira, hasta que tienes amigos ¡y sonríes!”. Ni siquiera me moleste en contestar porque, aunque sea por ese breve periodo de tiempo, todos aquí son mis amigos, nadie me exige que lo seamos para siempre, simplemente que compartamos el momento actual y lo atesoremos para el restos de nuestros días.
La naturaleza nos regala los mejores momentos

            ¿De dónde viene esa libertad? Del Equipo de Ruta Huasteca. Al ver las caras  que vienen y van (Staff, guías, practicantes y turistas) de manera constante, comprendí que la fraternidad que aquí se expresa es libre, nada de exclusividades. Quien está aquí es por gusto, se pueden ir en el momento que quieran y regresar cuando haya oportunidad. Hay quienes vuelven, hay quien busca otros horizontes, pero todos llevan este lugar y esta empresa en sus corazones por toda la felicidad que te brinda.

Soy afortunado de conocer estos lugares
La oportunidad de ser tú, sin limitaciones, sin reglas absurdas, por lo que se da un ambiente de empatía impresionante, a pesar de tan diversas personalidades (tanto de guías como de invitados). Y por eso regreso con gusto, porque me reciben con alegría, nadie me exige volver, así que lo hago libremente (y con mucha felicidad).

Saliendo de la cueva, atrás mío Moi y J.J.
            Por eso se crea un ambiente muy fraterno, inclusive amoroso, en donde todos reímos, nos echamos flores y no encuentras rastro de negatividad en la plática. Los halagos que me tocaron son los que he recibido en cada uno de los días desde el año pasado: primero la gente no me cree mi edad (siempre me calculan menos y eso hace que mi ego crezca) y en segundo lugar, siguen creyendo que soy parte del equipo, siguen considerándome guía, y eso para mí es un halago inmerecido, pero que me hace inexplicablemente feliz.

            Si volviera a nacer no sé si me atrevería a ser guía, pero ya con el hecho de congeniar tan bien con ellos, tener conocidos y lugares en común, me hace sentirme parte de su grupo o, por lo menos, ser un poco diferente al resto de turistas.

            ¡Ah! Y de los bellos lugares que visitamos, seguramente hablaré a más detalle en el escrito de mi primera visita ya que, me he dado cuenta, que ahora estoy muy enfocado en la gente; los lugares ya los conozco, sé los saltos y las actividades a realizar, pero eso no es lo más valioso, de haber sido así no hubiera regresado tan pronto.

Todos como una sola familia divirtiéndonos
Claro que vienes por los hermosos lugares en cada visita pero, eventualmente te das cuenta, lo más importante que te llevaste son los amigos, con los cuales compartes esos lugares en común. Sin duda les recomiendo visitar Puente de Dios y Tamasopo, sitios excepcionales y muy divertidos, PERO háganlo con el equipo de Ruta Huasteca, ellos les harán la experiencia más integral y memorable.

Al final del día tuve una plática muy interesante con Stacy, una kayakista estadounidense que vive en Guadalajara y vino a la Huasteca Potosina con su esposo y dos pequeños. Eso me gusta de la Aldea Huasteca: puedes entablar conversaciones trascendentales o profundas con gente totalmente desconocida pero que, gracias al ambiente de confianza de este lugar, puedes hacerlo con toda tranquilidad.
Tamasopo

Después de la cena eche el chisme con el buen Peña durante un rato, y me dijo tenía que llevarme a la Oficina antes que al resto del grupo que iba a hacer Rafting. Esto me hizo muy feliz porque, quería pensar, ChaaK cumpliría mi capricho de Balsa Suicida ¡Qué emoción! :’-).

Para leer la tercer entrega de esta serie, en donde hice Rafting, visité Tamul y celebré Navidad (Sí, leyó usted bien), puede darle click a este enlace.


Hebert Gutiérrez Morales

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