sábado, 5 de marzo de 2016

Consecuencias previas del viaje a Japón (Parte 2)

            Para leer la primera parte de este tema, puede darle click a este enlace.

            Honestamente, no sé si amo u odio estos escritos que no estaban planeados. Los amo porque me sirven de desahogo importante para cosas que me están explotando internamente. Los odio porque siempre me ponen en un apuro con el tiempo (que no tengo) y me hacen posponer otras prioridades.

            Pero si un escritor no aprovecha estos ataques de inspiración, está jodido. Y mucha de mi motivación actual proviene del miedo y, entre tantos que me están abordando, hay uno que le agobia a mi parte escritora: este viaje a Japón antes de empezar ya me está generando muchas ideas y sentimientos, así que no me quiero imaginar lo que va a pasar cuando finalmente llegue ahí; seguramente voy a enloquecer (síp, aún más)

            Empecemos.

            Washington

            He estado trabajando a marchas forzadas para publicar la serie de escritos sobre mi viaje a Washington de hace seis meses, en verdad me resulta vital que estén en el blog antes de partir.

            ¿El motivo?

            Como ya mencioné en la introducción, no sé cuántos escritos vaya a ocasionar la estancia en el país de mis sueños (mínimo calculo unas ocho entregas) y, aunque llevo la lap, si quiero escribir, tendré que sacrificar tiempo de sueño (algo que es pecado).
 
El Obelisco de Washington a mis espaldas
            Además, de regreso, “sólo” voy a tener un mes para publicar porque después viene otro viaje largo que, de momento, no voy a mencionar. Necesito sacar los escritos de Washington para no tener tantos pendientes; de por sí tengo en espera las travesías por las Barrancas del Cobre y mi primera visita a la Huasteca Potosina como para que todavía tenga otro en espera.

            Y sí, sé que me encanta ahogarme en un vaso con agua, porque hay gente con verdaderos problemas y yo aquí sufriendo porque no puedo escribir al ritmo que me gustaría, todo por ser un maldito perfeccionista que intenta dejar los escritos lo mejor posible (ya si lo logro, o no, le corresponde a usted calificarlo).

            Debo enfocarme en dicho escrito, aunque la ansiedad del próximo viaje me dificulta la tarea.

            Viajero sofisticado

            Hace muchos años, cuando empecé a correr con mis ángeles peludos (Osa y Dori), no tenía tenis especializados ni pants ni ningún aditamento especial para correr, así que salía con ellas en mezclilla y tenis de Basketball. Con el paso de los años he ido evolucionando y ahora tengo equipo especial para cuando salgo a recorrer los caminos.

            ¿Por qué menciono esto? Recuerdo que mi primer viaje al extranjero (Alemania) lleve ropa como para mudarme de casa, incluyendo una toalla. Ahora veo la cantidad de aparatos eléctricos que voy a llevar a esta travesía y no sé si sentirme orgulloso o triste.

            Además de mi celular y su cargador, voy a llevar una pila portátil, mi lap top con sus aditamentos, la Go-Pro (como cámara de reserva) y un Pocket Wi-Fi que contraté en Narita. ¿Por qué tantas cosas? Porque viaje a viaje he ido comprobando su utilidad para sacarle provecho a mi tiempo de turista.

            De igual forma es la primera vez que contrato el seguro de viajero, mismo que nunca me hizo falta pero soy consciente de su utilidad. Los itinerarios, las zonas, las rutas y demás ya las he investigado, horarios y tips. Si vieran la cantidad de tiempo que le invierto a la preparación de mis viajes se sorprenderían; y no me arrepiento de la inversión porque rinde muchos frutos.

            Bien dicen que el que nada sabe, nada teme. Ahora que sé más de viajes me siento más en control pero, al mismo tiempo, me preocupo de más aspectos que antes ni sabía que existían.

            Miedos (Capa Superficial)

            No tengo miedo de viajar propiamente, eso sólo me da emoción. En realidad hay una serie de miedos adyacentes que me están machacando la cordura.


            Primero, tengo miedo de las altas expectativas que hay en mi ser “¿Y si Japón no es tan maravilloso como me imagino?” “¿Y si me decepciona?”. Estos son miedos muy tontos porque me he inmerso, de distintas formas, en dicha cultura a lo largo de mi existencia. De hecho deben ser pocos los primerizos han de ir tan preparados (de manera interna) como yo al llegar a Japón.

            Aun así, intento mentalizarme y no crearme tantas expectativas pero ¿saben algo? ¡No puedo! Literalmente he esperado este viaje toda mi vida, incluso desde la época en que no tenía ninguna posibilidad real de hacerlo. Así que lo más que puedo hacer es tratar de calmarme.

            Otro miedo que mi ego tiene es que el mundo avance sin mí. Veo el ritmo del trabajo, hay muchos temas que van a seguir desarrollándose en mi ausencia. Hay algunos que me gustaría resolver antes de mi partida, pero no está en mí acelerar el proceso.


            Soy responsable, y no me gusta dejar temas pendientes detrás mío pero, por fortuna, voy a tener que aprender a confiar en los demás y desarraigarme de la oficina unos días. Igual en clase de baile, siento que van a avanzar en las coreografías sin mí y, aunque en realidad no es algo importante, no me gusta.

            Y así hay varios temas pequeños que me molesta que sigan aunque no esté aquí, pero eso es algo que debo de superar, porque va a llegar el día en que así sea en realidad y, entonces sí, el mundo va a seguir funcionando sin mí. Ahora sólo me queda disfrutar de este tiempo que hay para mí solito. Ahondaré más sobre este tema en el último punto.

            Corea del Sur (Miedo, alegría y tristeza)

            El Jueves en la noche hable con Paco a través del Messenger del Facebook (esto de la tecnología me sigue sorprendiendo). Además de ver los últimos detalles del viaje, me dijo que, por cuestiones de trabajo, lo van a mandar a Corea del Sur días antes de que llegue, por lo que la primera semana me la voy a pasar a solas en Tokio.


            La noticia fue una sorpresa y me provocó una reacción simultánea de alegría, miedo y tristeza.

            ¿Por qué alegría? Porque mi aventura japonesa va a resultar más intensa, voy a estar solito en una megaurbe llena de lugares mágicos, mismos que tendré que ir descubriendo sin ningún apoyo. No es nuevo para mí, de hecho lo he disfrutado las ocasiones anteriores. Así que sentí mucha emoción porque mis jornadas se van a poner más emocionantes.

            ¿Por qué miedo? Bien que mal ya me había mentalizado que Paco me iba a “encanchar” en Tokio, que me iba a dar tips, iba a ayudar a ubicarme, a orientarme cada día sobre las zonas que iba a visitar. De golpe y porrazo ya no tengo ese apoyo y, aunque me va a guiar a la distancia, básicamente me debo rascar con mis propias uñas.


            ¿Por qué tristeza? Lo que me duele de la ausencia de Paco no es el apoyo que no voy a tener, sino que me iba a acompañar al Museo de Ghibli, y ésa era una visita que sí quería compartir con él, justamente por los viejos tiempos en que ambos éramos Otaku. Obvio voy a ir y la voy a disfrutar, pero sí va a tener un toque de nostalgia por no compartirlo con mi amigo. :’-(

            Al final voy a salir avante estando solo, y voy a sentirme orgulloso por haberlo logrado. Si alguien está capacitado para hacerlo soy yo y, a pesar de ello, esa mezcla de emoción y angustia me sigue carcomiendo.

            Mi Rigidez


            Me veo en la actualidad y me da miedo recordar el pasado: “¿En verdad se puede ser más rígido que esto?” me cuestiono de manera honesta y preocupada.

            En realidad, gran parte de mi tiempo en el país Nipón me la iba a pasar solo de todas formas, porque Paco y su familia van a seguir con su rutina normal y sólo iba a compartir con ellos tiempo al inicio y al término de cada día. ¿Entonces? ¿Por qué me siento así?

No soy alguien flexible, y no me apena admitirlo, me gusta planear las cosas y, cuando salen conforme a lo presupuestado, siento una especie de orgasmo energético bien cabrón: Me siento feliz, me siento perfecto, me siento grande y muy capaz. De hecho, siendo objetivos, GRAN parte de mis planes a lo largo de los años han salido conforme a lo que diseñé. Si quieren pueden llamarme “Don Perfeccionista” y no me voy a ofender.


Obviamente, también han habido muchas situaciones que se han salido de lo presupuestado y, a base de tantos madrazos, he aprendido a adaptarme a las situaciones, flexibilizar mis posturas y encontrar soluciones alternas.

Sí, lo admito, de a poco he aprendido a ser flexible, pero el hecho de haberlo asimilado no quiere decir que lo haya disfrutado, pero es una herramienta que uso de vez en cuando.

A pesar de los años, a pesar de los fracasos, a pesar de las cicatrices, mi Ego no aprende, sigo teniéndome en un concepto muy alto y, sinceramente, temo errar, temo no ser perfecto y que mis planes tampoco lo sean. Temo equivocarme.

En fin, ya tengo en mente mis cambios de itinerario y sé que todo saldrá bien.


Hipersensibilidad

            “Estás más Grinch que de costumbre” es lo que Gabriela me dijo ayer en la oficina, y no me quedó más que darle la razón. Es más, de una forma amistosa le advertí que los días siguientes me iba a poner peor, así que era mejor que no se acercara mucho.

            Conforme avanzan los días mi estado de ánimo empieza a tornarse extremista (normal en mi esencia), porque tengo momentos de pletórica emoción, seguidos por una sensibilidad tremenda (“Alguien abráceme ¡Por favor!”) para después volverme en un demonio que quiere acabar con la humanidad . . . . ejem . . . . bueno . . . siendo honestos ese Demonio está presente todos los días ¬_¬U.

            Por eso he optado por aislarme, estoy procurando interactuar lo menos posible con mi entorno para no afectar a nadie. Sólo me paro un par de veces al día, voy a lugar de Lesly y le doy minireportes de mis neurosis provocadas por el viaje (cómo valoro la paciencia de mi comadre).

            Definitivamente en mi vida anterior fui mujer, no es natural para un  hombre tener estos cambios de humor tan frecuentes como los que experimento antes de cada viaje.

            Miedos (Capa Profunda)

            He identificado un patrón que se ha repetido en los últimos viajes: me está invadiendo un miedo tremendo a morir. Sé que suena estúpido, pero así es, el viajar activa algo dentro que hace temer por mi vida.

            No es un miedo específico, como que se va a estrellar el avión o me vayan a asesinar los Yakuza, es un simple terror de morirme. Analizándolo con calma, entiendo de dónde viene este miedo.


            Primero es la edad, conforme uno va envejeciendo los miedos empiezan a pesar más, la zona de confort se vuelve aún más cómoda y los retos nos asustan más que antes. Por otro lado, ese miedo a morir es real ¿Por qué? Porque el Hebert que regresa no es el mismo que se fue. Sin duda puedo asegurar que cada viaje me hace crecer, voy dejando capas viejas en cada lugar y regreso con nuevos ojos.

            El Hebert que deja su casa ya no regresa, ése deja de existir en cuanto sube al avión.

            Pero este viaje es especial, es MUY especial. Dentro de todas las expectativas anidadas en mi interior hay una que no puedo explicar pero que, simplemente, es la que más clara tengo: este viaje me va a cambiar de manera radical.


            ¿En qué forma? No lo sé, no sabría explicarles de dónde viene esa certeza, sólo sé que voy a cambiar, sin saber cómo. En mi existencia este viaje va a ser un parteaguas y, ante un cambio tan titánico, el instinto de conservación arcaico dicta tener un temor impresionante.
            
           Y, a pesar de todo esto, estoy muy feliz de entregarme a este cambio, estoy muy feliz de que este viaje por fin se realicé, estoy muy feliz de corroborar que los sueños se hacen realidad. En verdad soy un ser humano muy afortunado y, lo que venga, lo aceptaré con los brazos abiertos.

            En fin, gracias por servirme de mis terapeutas invisibles, ahora a enfocarme en esos escritos de Washington.

            Minnasan, Mata Ne!


            Hebert Gutiérrez Morales.

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