domingo, 6 de marzo de 2016

Washington D.C. Parte I (Esencia Gabacha)

En el Obelisco de Washington
            Cuando regresé de Washington, pensé que este escrito iba a ser breve porque, desde mi percepción, el viaje no había sido muy provechoso, hasta triste me sentía de no haberle sacado tanto jugo como quería, a pesar de haber visitado lugares memorables.

Sin duda Washington D.C. (y los otros sitios alrededor) son lugares espectaculares con muchas cosas por conocer y sorprenderte. Pero entre tanta muestra de que “Somos los hijos de Dios” y mis viajes tan seguidos en los últimos tres años, descubrí que ya me harte de Estados Unidos. Así que empecé a redactar este escrito sin muchos ánimos.

Conforme avanzaba por las fotos, me fueron surgiendo muchas reflexiones, sentimientos o sensaciones que tuve en cada lugar así que, al plasmarlo en letras, poco a poco el texto empezó a crecer hasta convertirse en una serie de cinco entregas. Eso es lo bueno de sacar fotos: al ver la imagen se te activa el recuerdo ligado a la misma.

            Me ha quedado claro que ya no debo viajar tan seguido a Estados Unidos, así que para este 2016 tengo otras visitas en otros contenientes, por lo que voy a descansar un rato de Gringolandia y sólo lo visitaré para ver a mis Delfines jugar.
La Casa Blanca

            Y hablando de mis Dolphins, una costumbre que adquirí fue que, de acuerdo a su calendario, determiné algunos lugares de Estados Unidos que visité. En esta ocasión tuve la fortuna de que abrieran temporada contra los Pieles Rojas, así que alisté las maletas para conocer la Capital Gabacha y algunos de sus alrededores ya que, amablemente, Arte y su familia me dieron hospedaje en Virginia. Así que empecemos por el partido.

            Dolphins 17 – Redskins 10
Listo para el partido

            Lo admito, ya no es la misma emoción que uno experimenta la primera vez, pero sigo viviendo con intensidad cada juego en vivo de NFL que veo de mi equipo (y los que veo en TV también). Lo bueno de cada ocasión (éste fue mi sexto juego en vivo) me toca algo nuevo.

            Me enoja mucho de la afición de Miami que sea muy villamelona o convenenciera; siempre me había tocado el lado negativo de dicho fenómeno pero ahora, por primera vez, me tocó la parte positiva.
Llegando al FedEx Field

Como la pretemporada levantó muchas expectativas, fue impresionante la cantidad de aficionados de los Dolphins que fuimos al Fedex Field (casa de los Redskins). Calculo que el 35% del estadio era de Miami, tan solo TODA mi hilera era Delfín, y vaya que nos hicimos notar a la hora del encuentro. Nunca había sentido tanto apoyo al equipo, ni siquiera en los juegos de local que me ha tocado ver.

            El partido en sí fue mediocre, bastante malo de hecho, pero también lo disfrute porque (una de cal por las que van de arena) Miami no ganó el partido, sino que Washington lo perdió. Muchas veces me ha tocado ver a mi equipo regalar resultados y ver la situación al revés no es algo a lo que esté acostumbrado.
Excelente clima para el juego

Las victorias cuentan lo mismo con partidos buenos o malos, por palizas o marcadores cerrados, de local o visitante; a pesar de ello, no me sentí del todo satisfecho con  el accionar del equipo, sentimiento que se consolidó a lo largo de una mala temporada. Por lo menos en Washington me dieron una alegría y agradezco que no me hayan hecho viajar tan lejos en vano.

            A dónde fueres . . .

            Algo que me llamó poderosamente la atención fue la vida familiar de mis anfitriones, misma que llevaban a cabo de manera normal y en la que amablemente me adoptaron cuando llegaba en las noches a su casa. Ciertamente Arte y Rodrigo son mexicanos honestos y productivos, así que es obvio que sus hijos tengan esas características.
Bandera exhibida en el Museo de Historia Americana

Independientemente de ello, es increíble cómo el medio en el que habitas te va absorbiendo y, sin que te des cuenta, te vas mimetizando. Ellos me compartieron ejemplos de cómo se fueron adaptando forzosamente a su nueva sociedad. Sin embargo, había algunas actitudes, comentarios, dinámicas y demás detallitos imperceptibles, para ellos, y que me parecían más propios de una familia gringa que de una mexicana.

Y no es que fueran actitudes malas, simplemente eran diferentes a lo que normalmente se acostumbra en mi país. Y no los puedo culpar, en el trabajo mismo recibimos a muchos alemanes (para prácticas o para trabajar) y, con el paso del tiempo, vemos cómo se van “mexicanizando”, a veces para bien y a veces para mal. Podrás mantener tu personalidad tanto como te permita tu individualidad pero, al desenvolverte en una sociedad, es imposible que no cambies y te adaptes a ella.
El Memorial a Lincoln

Tuve la fortuna de conocer las escuelas de Danae y Rodrigo Junior, con Campus que envidiarían la mayoría de las Universidades en México. En los trayectos también tenía la oportunidad de ver las mansiones de la zona, lo cual me parecía una realidad totalmente distinta. La civilidad se respiraba en cada rincón, sé que va a sonar tonto pero, para mi idiosincrasia mexicana, era bonito para visitar pero hubiera encontrado insoportable vivir ahí.

Iniciando el día en el National Mall
El problema se presenta cuando regresas a tu lugar de origen y ahora debes adaptar estas nuevas enseñanzas a otro medio. Para Diciembre Arte y su familia regresaron a México y, como era de esperarse tras cinco años de ausencia, empezaron a experimentar algunas vivencias propias del ambiente mexicano que no hay en Estados Unidos (apatía, burocracia, inseguridad, desorganización, poco respeto, etc.). Como ya se habían desacostumbrado a esta realidad, ahora encuentran chocantes situaciones que no deberían ser pero que, tristemente, la mayoría de los mexicanos ya las tomamos como algo natural.

A continuación un ejemplo de esto que menciono.

Solidaridad Gabacha
           
            Arte me contó dos situaciones que le impactaron sobre la solidaridad que encontró en Virginia a diferencia del egoísmo endémico que se vive en Puebla.

            Ella y su familia iban en una de las escaleras eléctricas en Fresópolis (o Angelópolis como muchos le llaman), de pronto su hijo, Rodrigo, se quedó atorado en las mismas. Intentaron destrabarlo, pero no podían, así que empezaron a gritar por ayuda, pero su solicitud era ignorada por los indolentes mirones. Al final lograron destrabar al niño, justo antes de llegar a la orilla lugar en donde, claramente, había un botón de emergencia para detener el aparato.
Un Tótem en el Museo de Historia Natural

            El otro lado de la moneda. La mamá de Arte iba de visita, así que la llevaron al Cementerio de Arlington. En uno de los empinados caminos, la señora resbaló y cayó. No pasó ni un solo instante cuando muchas personas (empleados y visitantes) se acercaron para ver si no necesitaban algo, si la señora estaba bien y si podían ayudar en lo que se les ofreciera. Por fortuna, más allá del golpe, la caída no tuvo grandes consecuencias.

            Muchos dicen que los mexicanos somos mejores que los estadounidenses, yo mismo comparto esa opinión pero, aunque dicha afirmación fuese cierta, ellos han avanzado mucho más que nosotros por esa solidaridad que se prodigan unos a otros. Los gabachos saben trabajar, convivir y crecer en comunidad, mientras que nuestro individualismo o egoísmo nos tiene atorados como país.
Pasaje subterráneo en la Galería de Arte

            Ciertamente, a nivel individual, podremos ser muy inteligentes y nos sentiremos muy bien de ser independientes pero, como país, ese egoísmo nos ha partido la madre la mayor parte del tiempo.

            ¿Ni de aquí ni de allá?

            Hace años tenía la idea de que los Pochos o Chicanos (mexicanos nacidos en Estados Unidos) eran “ni de aquí ni de allá” porque los Gabachos los seguían viendo como mexicanos y nosotros ya no los veíamos como 100% paisanos, es por eso que tienen una identidad muy fuerte como minoría gringa.
Testimonio de una mexicana que se negó a la ciudadanía gabacha

            Con el paso de mis visitas a dicho país me doy cuenta que eso fue cierto hace muchos años, pero ahora es diferente. Ya son tantas las políticas de igualdad, que ha permeado en la actitud de la población anglosajona. Honestamente no te dejan mucha opción, ya que la presión política y social cada vez dan menos margen a actitudes racistas o discriminatorias.

            Obviamente el racismo o discriminación es inherente a la naturaleza humana actual, y se mantienen en nuestro interior. Así que, aunque no a todos les nazca del corazón, es innegable que las políticas de integración están funcionando (por lo menos) en el Este de Estados Unidos.
Venta de Esclavos

La embajada de México

En México el ser patriota normalmente se confunde con ser patriotero, actitud que evito a más no poder. Regresando de la Catedral Nacional, vi que cerca estaba la embajada de mi país y, sin motivo alguno, me nació irla a ver.

Por la hora ya estaba cerrada, y estaba bien, porque sólo quería verla, no me nacía entrar, ¿qué les iba a decir? “Hola Soy Mexicano y vine a conocerlos”. Al final fui feliz de ver mi bandera hondear en suelo gabacho, ¿Por qué? No lo sabría decir, supongo que por ese hartazgo que experimenté algunos días por visitar tantas veces Estados Unidos. Creo que el ver una imagen de casa te reconforta de una manera natural.

            Union Station

            Desde mis investigaciones previas al viaje, así como en Washington mismo, uno de los lugares a visitar era la Union Station. Eventualmente iba a pasar por ahí en metro, así que dejé que ella me encontrará.
 
En mi Embajada
            Cuando finalmente llegue ahí, me lleve una sorpresa, porque pensé que me iba a encontrar algo parecido a Grand Central en Nueva York ¡pero no! Ciertamente la Union Station no es tan grande ni majestuosa como la terminal newyorkina, además la sensación es más parecida a estar a un Mall que a una estación de metro.

            En este viaje, estratégicamente, evite cualquier centro comercial para anular cualquier posibilidad de Shopping, fenómeno que te arrastra en este país; pero cuando llegué a la Union Station ya era demasiado tarde, así que me relaje y compre moderadamente, además ya era de mis últimos días y ya había visto lo más importante, así que no me dolía estar un par de horas ahí.

            Al encontrar tantas porquerías creativas e irresistibles, sólo me quedo exclamar hacia mis adentros “¡Maldita sea! ¿Por qué siempre acabo comprando porquería y media en este país?” seguido por un sincero “¡Malditos Gringos! ¡Los odio! Pero también ¡Los amo!”. Lo cual refleja esa dicotomía cultural que tenemos entre ambos países, en donde nos criticamos, nos repudiamos y hasta nos odiamos pero, al mismo tiempo, nos ayudamos, nos necesitamos y hasta nos queremos.
 
Las Estaciones de metro son espaciosas
Corredores

A excepción de Orlando, en donde tienes suficiente ejercicio con los parques, en todos los lugares que he visitado en Estados Unidos, siempre me he encontrado gente corriendo, y Washington no fue la excepción. En especial el National Mall es un buen lugar para ver a la gente trotando, y los veías de todos tipos: muy profesionales, novatos, los exhibicionistas, quien lo hacía con ganas, quien lo hacía mal, con niños, con perros y demás.
Desde temprano mucha gente visitando los monumentos

Para aprovechar los horarios del itinerario tan extenso, no pude correr tanto como me hubiera gustado, además de que todos los días camine bastante. Así que sólo me quedaba ver a todos estos corredores con algo de envidia pero sabiendo que en unos días iba a volver a mi vida de corredor, así que disfrutaba también mi etapa de turista.

            Libertad

            Mientras recorría el Cementerio de Arlington me cruzaba con otros visitantes por su cuenta, algunos tours guiados y otras visitas escolares. Mientras estaba en el anfiteatro, cerca de la tumba del Soldado desconocido, un niño de un tour como de Secundaria le dijo a su grupo “¡Miren! Él sí va por dónde quiere” mientras me señalaba, a lo cual sólo me quedó sonreír mientras avanzaba.
En el Cementerio de Arlington

            Inmediatamente recordé mis años escolares en los que, cuando teníamos un tour, tenía que adaptarme al itinerario del grupo, aunque me quisiera ir por otro lado. Así que, internamente, le agradecí a ese muchachito que me trajo ese recuerdo de vuelta, ya que a veces no recordamos las restricciones pasadas al momento de disfrutar la libertad actual.

            Tal vez, cuando esté viejito, sin las fuerzas para desplazarme por mí mismo, vaya a ir nuevamente en esos tours que me llevaran por un trayecto establecido a ver lugares en específico y volverme a subir al camión para la siguiente parada. Sin embargo, mientras aún tenga las facultades necesarias para valerme por mi mismo mientras viajo, lo haré tanto como me sea posible.
Esa madrecita del Fondo es la Casa Blanca

Y bueno, esta fue la primera entrega, la más “light” de las 5. Intentaré acomodarlas para que vayan subiendo de intensidad y cerrar fuerte esta travesía por la capital de la nación más poderosa del planeta.

Pueden leer la segunda entrega en este enlace.


Hebert Gutiérrez Morales.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Ebert

Tuve la fortuna de conocer DC hace un año, fue un viaje de trabajo. Hubo experiencias inesperadas (profunda revisión de aduana y perder el avión por nieve) pero muy divertido. Aunque sólo estuve tres días, se siente el poder de la ciudad, creo que no por nada es la capital de ese país. Apenas y tuve tiempo de visitar un par de museos y caminar por la zona turística, sin embargo, fue suficiente para reconocer la calidad de todo. No soy el más fan de la cultura gringa, pero reconozco que son muy bien hechos y su estado de derecho es sorprendente.

¡saludos!

Manuel Pardo