jueves, 10 de marzo de 2016

Washington D.C. Parte V (Mis favoritos)

Con mi héroe en Philly :'-)
            Para leer la cuarta entrega de esta serie puede darle click a este enlace.

            Resulta curioso que de mis cuatro lugares favoritos de este viaje, sólo uno forme parte de Washington DC, eso sí, es una de las atracciones más famosas y representativas del lugar. Empecemos por ésa.

El Capitolio

            A pesar de que el Capitolio estaba en trabajos de mantenimiento, fue de las visitas que más disfrute: fácil de acceder, gente amable y abierta, guías disponibles, muchas obras de arte y un ambiente más relajado, incluso tenías la oportunidad de ver a los Representantes en sesión sin ningún permiso especial.

            Esto a diferencia de la Casa Blanca, que debes pedir permiso con meses de anticipación y sólo dejan entrar a gringos (aunque eso te lo dice tu embajada, porque en su página de Internet no te lo mencionan los malditos). Incluso desde afuera no es tan fácil verla, porque siempre te están vigilando. Además para lo que te imaginas que es, la mansión de Barack Obama es una auténtica mirruña a comparación de la Casa de Representantes.
El Capitolio estaba en Mantenimiento

            Volviendo al Capitolio, te reciben con una película tan bien producida que hasta yo, que no soy gabacho, me emocioné, por lo que me resultó increíble que todos los gringos alrededor no hayan aplaudido al terminar la presentación, por lo bien realizada que estaba, con un enfoque de profunda manipulación sentimental (¡y funciona! Que es lo peor).

            Dentro de las obras de arte que más me impactaron fue “El Bautizo de Pochahontas”, algo que no supe si me daba tristeza, asco, decepción o qué, por lo que dicha imagen significaba. También estaba la estatua del auténtico y original “Kame Hame Ha” (rey de Hawaii), una foto que no pude dejar pasar en honor al buen Son Gokú. Otra estatua que me llamó la atención fue la de Rosa Parks, aquella señora que se negó a cederle su lugar a un hombre blanco en el autobús y cuya “insignificante” acción fue un parteaguas en la lucha contra el racismo en Estados Unidos.
El original Kame Hame Ha

            Además del arte, lo que más me sorprendió fueron dos cosas: primero el costo de sus souvenirs, los más baratos que encontré en todo Washington y de buena calidad. Y la otra sorpresa muy agradable que me llevé fue su comedor.

Un lugar limpio, agradable, con buena comida y generosa, además de precios baratos (para el estándar gabacho). Adicionalmente no tenía que hablar inglés ahí porque TODOS lo del personal (cajeros, los de la cocina, intendencia y demás) eran latinos, lo cual me resulto muy chistoso, porque estando en uno de los edificios más influyentes y poderosos de Estados Unidos, hay una sección en la que se habla puro español. J

La Tranquilidad de Mount Vernon

Una de las visitas más tranquilas pero también más bellas fue Mount Vernon, la hacienda de George Washington, misma que se encuentra ubicada en Virginia. Después de una semana en un ambiente tan bélico, tan político y tan citadino, el recorrer este lugar junto al bello Río Potomac es un deleite para el alma.
Parte de los Jardines

Llegas en un camión que sale de la parada del metro, y desde ahí empiezas a disfrutar el trayecto, porque vas viendo cómo desaparece la ciudad para darle paso a la naturaleza. El trayecto dura unos 40 minutos pero se te pasa en un santiamén por lo bello del paisaje.

Hay mucho que ver: las pertenencias de George Washington, te pasan una breve película de su vida, te pasean por su casa y puedes ver su tumba. Además hay un museo muy completo y entretenido, con pinturas, exposiciones y proyecciones muy interesantes. Como ya estaba cansado de tanto museo y exposición, no le dedique tanto tiempo y sólo me paraba en lo más llamativo. De hecho, la mayor parte de mi tiempo en dicho lugar, me la pase afuera.
Vista trasera de la casa

Para mí, lo rico de este sitio fue recorrer sus caminitos, visitar el granero, las caballerizas, pasearte junto al río, las escaleritas, ver en donde sembraban, los puentecitos, atravesar el bosquecillo, caminar entre los jardines de Martha y demás. Pude imaginarme al buen George disfrutando de su existencia campirana en este rinconcito de paz y tranquilidad.

También afuera había actividades como montar a caballo, navegar por el Río, demostraciones de las actividades de la época, muestras 3D, vídeos en cada casucha y demás. En realidad lo que más me atrajo fue sentarme en el porche trasero de la casa, y mecerme un rato mientras contemplaba el río, todo esto mientras un señor (mexicano por cierto) tocaba la flauta muy al estilo de la época de Independencia.
Pintura que rememora la Construcción de la mansión

Después me acerqué a la pradera y me tumbe un rato en el pasto, para disfrutar el sonido del río, acompañado de las mismas notas musicales. Me sentí tan relajado que caí rendido por el cansancio acumulado de la semana, así que cerré los ojos y, sin pretenderlo, ¡me quedé dormido!

Cuando desperté sólo habían pasado cinco minutos, pero sentí que hubiera dormido dos horas, porque me sentía muy repuesto. No lo sé, tal vez era la tranquilidad que respiras en este lugar, sobre todo si dejas las actividades extraordinarias de lado y te pones a disfrutar su esencia.
Otra parte de los Jardines en Mount Vernon

Por cierto, la tiendita de souvenirs muy bien surtida, muy acogedora y a buen precio, así como la cafetería del lugar, donde también estaba la comida a buena tarifa.

Alexandria

El momento de mayor frustración en este viaje fue cuando llegué a Alexandria ¿El Motivo? ¡Se me acabó la pila del cel! Y ya no pude seguir tomando fotos, y eso en verdad me enojó y entristeció.
Antiguos Campos de Siembra en Mount Vernon

Alexandria es un lugar MUY bello en Virginia, con un toque clásico pero nada estirado, más bien relajado, artístico y hasta hípster. El pueblecito está tan bien cuidado, con un estilo tan antiguo que a veces te sientes transportado en el tiempo.

Pero no sólo es la arquitectura, la gente, los negocios, los anuncios y el tipo de ambiente que ahí se respira sin duda te pone de buenas. Vas a su pequeño muelle y encuentras una buena cantidad de artistas: hay quien canta, hay quien dibuja, otros hacen malabares y demás.
En el Parque Love

Alexandria es un mundo aparte, un pequeño rincón utópico con negocios diferentes, pizza deliciosa y helados exquisitos. No es que haya muchos Highlights en sí (además del malecón, su Centro Masón me llamó mucho la atención), el lugar en su conjunto es la atracción principal. Si un día pueden ir a Alexandria no se van a arrepentir ¡Ah! Y lo mejor es que todas esas mercancías maravillosas, creativas, diferentes o ricas ¡están bien baratas!

Me alegro que Alexandria fuera mi cierre de Washington, aunque técnicamente está en Virginia, porque hasta lo cansado se me olvido y me sentí recargado por toda esa buena vibra que hay en este maravilloso lugar. Tal vez no sea uno de los más famosos de Estados Unidos, pero sí ha sido de los que más he disfrutado en todas estas visitas (me recordó las esencias sencillas de Sausalito y Haight-Ashbury en mi querido San Francisco).

¡Ah! Pero ahí no acabó el viaje, todavía iba a haber un bonus muy valioso que amablemente me dieron Arte y Rodrigo, un regalo inesperado y que fue la cereza en el pastel.
En el Centro de Philadelphia

Rocky’s Town a.k.a. Philadelphia

            En el camino de regreso de Alexandria, empezamos a platicar de lo que haríamos el Sábado. Rodrigo y Arte me daban opciones cercanas, casi todas en Virginia o Maryland. De pronto alguien dijo “¿Y si vamos a Filadelfia?” y ahí un pensamiento cruzo mi mente a la velocidad de la Luz: “¡Rocky!”.

            Filadelfia era una de las opciones para ir a ver a mis Delfines (de hecho ganaron ese partido semanas después), pero tomé Washington por todo lo que había por ver y los días de puente. Tampoco fui a Filadelfia porque su afición es de las más rudas de la NFL aunque, de manera irónica, es conocida como la ciudad del Amor Fraterno.

            Philly es una ciudad icónica para mí, ya que ahí se forjó la leyenda de uno de mis más grandes héroes: Rocky Balboa. Cuando Arte y Rodrigo dijeron Filadelfia, me visualicé sacándome fotos con la estatua y subir corriendo esos míticos escalones del Museo de Arte.
Las Huellas de Rocky

            El camino fue muy padre, tenía muchos años que no me tocaba experimentar ese ambiente familiar que se respira en los autos durante viajes largos. Claro, ahora hay DVD abordo para entretener a los niños porque, cuando tenía esa edad, nos teníamos que distraer con cualquier tontería del paisaje o con nuestra imaginación. Cada época tiene sus ventajas y debo reconocer que la opción del DVD es muy práctica para mitigar el aburrimiento de los infantes.

            También hicimos una parada técnica en un negocio en donde el ambiente de los Traileros estaba muy presente. Fueron escasos 15 minutos pero quede fascinado de toda la parafernalia que tiene esta subcultura gabacha, muy orgullosa pero, al mismo tiempo, muy agresiva, muy machos pues. Fue padre visitar este sitio pero no para quedarse mucho tiempo.

            Cuando llegamos a la ciudad me emocioné: primero por el enorme puente por el cual llegamos, mismo que pasa junto al Lincoln Financial Field (Estadio de las Águilas) mismas que, aunque no son mi equipo, me emociona ver cualquier cosa en vivo de la NFL (sí, soy un fanático enfermo de esa liga).
Parado en donde él estuvo parado

            Después de toda la perfección de Washington y Virginia, Philly resultaba una ciudad bastante sucia (y eso que el Papá iba a estar de visita), y la gente no se veía tan amable o refinada. Así que tuve que activar mi “Self Protection Mode” que normalmente uso en México, algo que no acostumbró en Estados Unidos.

            Fuimos al Centro, en donde vimos la Campana de Independencia Gabacha misma a la que, honestamente, no le puse mucha atención, digamos que ya había sobrepasado mi cuota de historia gringa. Pasamos por China Town, que resultó igual de sucio y caótico que los otros China Town que he visitado.

Seguimos viendo edificios muy padres a lo largo del centro, así como distintas muestras de arte callejero. De manera cognitiva les puedo decir que los lugares que vimos fueron muy bonitos, pero mi corazón estaba enfocado en los “Rocky Steps” y en la estatua del buen Stallone.

            Antes del momento cumbre hubo dos notables.
El Museo de Arte de Arte al Fondo

Primero fuimos al parque JFK, que nadie lo conoce así, sino es conocido como el Parque Love, ya que hay una escultura con esa palabra. Me emocionó que la fuente estuviera teñida de un verde brillante ¿Por qué? En Apoyo a sus Águilas que jugaban al día siguiente contra esos p%t8$ Vaqueros de m¡3rd@ (¿Se nota que odio a Dallas?). En fin, como mencioné líneas arriba, me gusta cuando veo algo relacionado con la NFL.

            La otra sorpresa inesperada fueron los Sándwiches que comimos en un mercado céntrico. Obviamente el concepto de mercado en Estados Unidos es distinto al de México, porque está más limpio, más ordenado y la organización es evidente. La comida estuvo abundante y deliciosa, así que estábamos listos para ir al Museo de Arte.
The Champion

            Aunque desde siempre he anhelado conocer los escalones de Rocky y tomarme una foto con su estatua, nunca tenía la certeza de que lo fuera a lograr. Este maravilloso regalo que me dieron Arte y Rodrigo fue algo que me conmovió bastante.

            ¿Cómo explicarlo? Es como visitar otro mundo, como acudir a un lugar mítico. Sé que “sólo” es una película pero, en mi historia personal, es como si la leyenda de Rocky fuera cierta porque, para mi niño interno, Rocky es un héroe real.

            Había mucha gente para tomarse fotos con la Estatua, pero todos bien organizados, haciendo fila y esperando su turno. Ese tiempo de espera me permitió admirarla con tranquilidad. La había visto en películas, en fotos y uno que otro vídeo, pero jamás creí estar frente a ella. Ese sentimiento de incredulidad es lo bonito cuando los sueños se cumplen :’-)

            Después fuimos a los escalones, la verdad son muchos menos de lo que me imagine, pero aun así debía subirlos corriendo (¿Acaso había otra forma?) Y tanto Dánae como el pequeño Rodrigo me acompañaron en este gusto que me di.
Más de Philly

            Arriba está el lugar exacto, señalado con una placa, en donde Rocky estuvo parado la primera vez que subió triunfante dichos escalones. Me paré sobre sus huellas y vi la ciudad, tratando de imaginar lo que le pasaba a Stallone por la cabeza en aquel 1976: el año de mi nacimiento, preguntándome qué pensaban mis padres en aquella época y cómo era el mundo. Rocky siempre será para mí un personaje muy importante por lo que, conocer un sitio tan vital de su leyenda, fue algo en verdad especial para mí.

El cierre

Como mencioné en el primer escrito de esta serie, no había acomodado bien el sentimiento que traía de vuelta de conocer esa zona de Estados Unidos. En un inicio creí que no había sido tan buen viaje como los anteriores, todo por ese hartazgo gabacho que sufrí entre el tercero y quinto días.

Ahora que he terminado de redactar esta serie de escritos, me doy cuenta que la semana fue muy provechosa al ver otra faceta de los gringos, otro tipo de ciudad y otra cultura dentro de todas las que conforman dicho país.
Gracias por todo Washington D.C.

Cada uno de los lugares que he conocido de Gabacholandia me han dado algo: Miami, Orlando, Las Vegas, San Francisco, Philadelphia, Nueva York, Chicago, Anaheim y Buffalo.

Mientras sea posible, y continúe con este amor incondicional, seguiré viajando a Estados Unidos para ver partidos de mis Dolphins, aunque ya no hay muchas ciudades que me interese conocer (tal vez Boston o Nueva Orleans). Sé que voy a seguir visitando Miami pero ya no sé cuál otro lugar vaya a ser el próximo que quiera conocer de dicho país. Por lo mientras va a pasar un año entre viajes al gabacho, y eso me va a hacer muy bien para volverlos a visitar con gusto y no con fastidio.


Hebert Gutiérrez Morales

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola Hebert

Ya leí los 5, cada uno te va describiendo elementos importantes del viaje, pero el primero y el cierre son los que más me gustaron.

Cuando estuve allá no pude disfrutar mucho, pero tus escritos me ayudaron a conocer más de la ciudad.

Luego te comparto las fotos de cuando estuve allá, me tocó mucha mucha nieve y eso le dió un matiz diferente.

Atentos saludos

Manuel Pardo