jueves, 26 de mayo de 2016

Cerrando el Facebook (Here we go again)

            Ok, ok. Sé que mi relación con esta red social es inestable, pasional y totalmente bipolar pero algo es cierto: no acaba de cuajar. Así que aquí estoy, tras diez meses de haber regresado, cerrando nuevamente mi cuenta. Pero ahora voy a ser más mesurado: sólo diré un “Hasta luego” con la esperanza que se convierta en un “Hasta nunca”.

            Este escrito va a ser más breve que los tres anteriores dedicados a esta red social, ya que mucho de lo que pienso y de la forma de cómo funciona el Facebook (FB a partir de este momento) ya los expresé de forma detallada anteriormente.

            Hace un par de meses leí un estudio que indicaba que, de todos los contactos que tienes en FB, sólo a un 10% en realidad le importas, al resto los tienes de relleno o por “Status”, entendiendo la lógica del usuario que entre más “amigos” tienes, más popular y atractivo  resultas para tener una “amistad”. Por eso me es tan fácil dejar, nuevamente, dicha red social porque ese 10% los tengo contactados a través de otros medios o en vivo. Así que no necesito al FB para saber de la gente que me importa.

            En FB todos son, en teoría, tus “amigos”, por lo mismo hay cierta presión social “¿Viste lo que publiqué?” ó “¿Cómo no te enteraste que estaba embarazada? ¡Lo publiqué en FB!”. Al tenerse como amigos se espera cierta reciprocidad en que ambas partes vean lo que la otra publicó, sin importar que una de las partes publique puras pendejadas.

Esta dependencia me resulta incómodamente agobiante, y eso que en esta segunda etapa seguía a muy pocas personas. Pero, aunque no te guste, alguien con quien no tienes mucho contacto te pone un “Like” y te sientes obligado a darte una vueltecita por su muro a ver qué cosas ha compartido.

Justamente ese compromiso social es lo que no me acaba de acomodar del FB, algo que no pasa en mis otras redes. En Twitter y en Tumblr posteo y lo ve gente que ni conozco o no lo ve nadie en absoluto, no me importa si lo leen o no, de hecho la gran mayoría del tiempo, ni me entero si lo leen o no. Por lo mismo no tengo ninguna adicción a dichas redes, así que me sirven de medio de difusión sin tener que estar atento de ellas todo el tiempo.

También busco temas que me interesan, sin importar si conozco o no a los que los publican. En las mismas, de vez en cuando, te llegan a dar el equivalente a un “like” y lo agradeces, hasta llegas a ver quién es por curiosidad, pero no es algo que te quite el sueño o te creé el compromiso de darle un “like” de vuelta a alguna de sus publicaciones.

Como mencione antes en el mismo tema, las redes sociales son tan buenas o malas según el uso que les des. Mi personalidad es más acorde con el Twitter y el Tumblr, ya que ahí el asunto es más anónimo, ni siquiera uso mi nombre real y eres más libre, lees a quien quieras, sin compromisos. Si hay algo interesante, lo aplaudes y si hay basura, la ignoras, son redes que son tan productivas o nocivas como son tus intereses. En FB hay otra clase de sentimientos e intereses involucrados al tener a gente que conoces.

            Uno de los hechos que me llevo a tomar esta decisión fueron mis viajes recientes: Japón, Londres e Islandia, en donde sentía una especie de necesidad de publicar fotos y comentarios chistosos de dichos lugares, y si no lo hacía a tiempo me angustiaba “porque no me había reportado con el FB”

            Una actitud obsesionada por ver cuántos “Likes” conseguía, cuál era la foto más popular y qué comentarios generaba. Al final esa obsesión refleja anhelos inconscientes tipo “Quiéreme más” “Acéptame más” “¡Ve qué popular soy!” “¡Ámame!”. Aunque suene a chiste, no lo es.

            Tomé plena consciencia de esto en el tercer día en Londres, cuando me empezó a angustiar no subir las fotos diarias con los comentarios correspondientes, porque la gente no iba a ver lo bien que me lo pasé, ni los bellos lugares que conocí ni todo lo que aprendí “¡A la chingada!” pensé “Viajo para mí, para mi propio crecimiento y para mi disfrute, no para andar publicando fotos en el FB”, lo importante ya estaba conmigo: en mis recuerdos, experiencias, aprendizajes, en mis fotos y en mi ser, no era necesario que los demás se enteraran.
            

            Cuando el hecho de darle a conocer a los demás todo lo que viviste en lugar de estar agradecido y disfrutar lo que estás viviendo es que hay algo mal. Cuando te preocupas salir bien en una foto “Pa’l Face” en lugar de simplemente disfrutar tu momento, es que hay algo chueco, es que la importancia de los demás es mayor de lo que tú mismo sientes.

            Esa actitud de recopilar “Likes” de sentirte observado, aceptado, amado y bueno es embriagante, sentir tus 5 minutos de fama con tus contactos. Esa mugrosa, efímera e irrelevante aceptación externa que la buscamos con anhelo ante la falta de aceptación interna.

            Tenemos esa estúpida necesidad que los demás aprueben nuestra manera de pensar, de actuar, de ser y de expresarnos. FB con sus “Likes” y comentarios agudizan esa necesidad, porque los demás ven cómo otros nos “aceptan”, nos “aprecian” y nos “ven”.

            El ser visto fue la razón para reabrir mi cuenta hace unos meses: la promoción del blog. Hoy en día, es el mismo blog el que me ha liberado de dicha red social. Fue en Japón en donde me di cuenta que ya no me es tan vital que la gente lea mis escritos, por fin he aceptado que escribo por y para mí, por mi legado si lo quieren ver de manera más trascendental. Creo que me volví más egoísta, sí, increíblemente se puede ser más egoísta de lo que ya era.

            Sé que no soy famoso, ni me interesa serlo, solo quiero desahogar todo lo que tengo en la cabeza, para dejar huella de mi paso por este mundo. Ya si alguien me encuentra y resuena con mis ideas, será un gusto que también agradeceré.

            Obviamente mi ego exige que la mayor cantidad de personas conozcan mis escritos, sin importar que estén o no de acuerdo con mis ideas, sólo es esa necesidad de tener mayor proyección. Ahí entra mi lado misántropo “¿Y de qué me sirve que lo lean tantas personas que no me interesan?”.

            Sin embargo, no puedo anular del todo  mi ego (nadie puede vivir sin él), así que voy a seguir publicando en el blog porque si alguien gusta leerme. De hecho no sé si sea conveniente llamarlo blog, tal vez diario personal o registro de mi paso por este mundo sería más correcto.

            Con esa postura he dejado de necesitar el FB, porque ya tengo contacto por otros medios con los que me importan y están ahí, así que no me hace falta el mendigo FB para tener cerca a los que me interesan.

            Seguiré compartiendo mis escritos por medios más tranquilos, menos llamativos y menos eficientes (mail, Whatsapp, Twitter y Tumblr) pero no me importa que se reduzcan la cantidad de visitas.

            Si quiero ser relevante como escritor, debo escribir por y para mí, no para los demás, debo externar MIS ideas, no lo que los demás quieran leer o escuchar. Obviamente me gustaría publicar libros y alcanzar a millones de personas pero, para mí, trascender es alcanzar el alma de las personas (conocidas o desconocidas) y hacerlas enojar, reír, conmoverse y demás.

Mis escritos van a trascender si dan sentimientos y sensaciones auténticas a quienes que ni siquiera conozco, que agradezcan mis ideas o que me maldigan a la muerte, pero que les haga sentir algo, sin importar que sean millones o sólo un puñado.

Si sigo escribiendo para los demás, para ganar su aceptación, nunca voy a trascender, porque lo que ofrezca será igual que el resto de opciones, nunca seré diferente, original o creativo, y eso no lo lograré mientras dependa del resto.

            Por ese mismo motivo el FB tiene tanto éxito: el vicio por la validación social, algo que está muy extendido en nuestra cultura. Mientras siga con esa necesidad de aceptación externa, más lejos voy a estar de la interna y nunca voy a trascender como escritor.

            Es una utopía, sobre todo en este mundo que cada vez se vuelve más superficial, pero no deberíamos vivir sobre la base de la aceptación externa en vez de procurar la interna. Curiosamente, cuando logramos estar en paz con nuestro ser y somos felices con lo logrado, sin buscarlo, es cuando conseguimos mayor aceptación externa. Porque, entre más buscamos que los demás nos avalen, justamente logramos lo contrario. Llega a ser enfermiza dicha actitud de aceptación.

            En la era de tanto Reality, de tantas comunicaciones y pantallas, la necesidad humana por la atención se ha incrementado, lo cual nos hace querer llamar la atención por lo que sea. El FB es una herramienta ideal para satisfacer esa necesidad narcisista del humano moderno (siempre aclarando que “moderno” no es igual a “evolucionado” o “consciente”).

            El FB es una fuente de aceptación externa, por lo cual te encanta y te haces adicto a ella. Es probable que ahora que me asquea sea una etapa y vaya a encontrar argumentos futuros para regresar, mismos que disfrazaré de manera elegante para no admitir la codicia, ambición, necesidad de “Likes” aplausos, atención de otros porque no tendré suficiente con la propia.

            La vida sin FB es posible, tengo varias amistades que nunca han tenido una cuenta ni les interesa tenerla. De hecho, dicha red social no sirve para vivir, en realidad su función es reportar que vivimos: qué comemos, a dónde vamos, con quién estamos, qué sentimos y, sobre cualquier otra cosa, lo bien que nos la pasamos, para demostrarle a los demás lo felices que somos.

            El problema en este mundo de apariencias es que, más que serlo, importa más que los demás crean que eres feliz; es por ello que lo que reportes pesa más que lo que experimentas en sí.

¿Pero es tanta la necesidad de que nuestra existencia sea validada a través de los demás? ¿Qué nos espejeen y confirmen que existimos?

Recuerdo un episodio de “Dimensión Desconocida” (¡Ah! ¡Pero qué buen programa!), en el cual un tipo había cometido un delito y su condena era ser ignorado durante un año por toda la sociedad. Él podía hacer lo que quisiera dentro de la ley: alimentarse, bañarse, transportarse y demás; mantenía sus pertenencias y su puesto lo iba a tener de vuelta al término del año. Uno pensaría “Pues eso es preferible a que te priven de tu libertad” pero la angustia que sintió al ser ignorado por toda la Sociedad casi le hacen perder la cordura.

El humano siempre tiene esa necesidad de ser reconocido por sus congéneres, por quienes los rodean. Puedo darme el lujo de cerrar el FB porque tengo mucha atención en el mundo real, más de la que me gustaría, por eso no me es tan vital, sin embargo, para algunos sería la muerte dejarlo.

Al final no soy tan diferente que el resto, porque mantengo el Twitter, el Whatsapp y el Tumblr en el mundo virtual, además de la exposición que me da el blog que, a fin de cuentas, también me atrae atención. Entonces ¿Por qué sólo cerrar el FB? Por sus características. El FB incrementa esa necesidad de aceptación externa, eres visto y miras de vuelta por gente que (me gustaría suponer) conoces, así que es importante para ti demostrarles que existes y que llevas una vida interesante.

            Por hoy, ya no me sirve el FB, no puedo hablar por el mañana, porque es factible que mi retorcido inconsciente encuentre la manera de justificar una tercer etapa (ojala que no). Además esta red social es tan importante en la realidad actual que ya es el cuarto escrito que le dedico, me imagino que si cerrara Twitter o Tumblr, ni siquiera lo mencionaría, ya no digamos dedicarle siquiera un ensayo (mucho menos cuatro).


Tal vez, algún día, cuando controle mi ego, pueda regresar a FB y tener una relación más sana (como la que tengo con Twitter y Tumblr). Aunque, pensándolo bien, al tener este tipo de personalidad, en que me agobio rápidamente con las personas, tanto en la realidad como en el mundo virtual, no creo que sea buena idea. Lo veo porque luego hay gente que quiere chatear conmigo en el Whatsapp pero (casi) nunca tengo tiempo o interés en llevar esa conversación.

Viéndolo desde esa perspectiva, es muy factible que no regrese y espero, de todo corazón, así sea.

Hebert Gutiérrez Morales.


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