sábado, 4 de junio de 2016

Muhammad Ali: El más grande

            Este va a ser un breve homenaje a uno de los hombres más admirables de los tiempos recientes que, si pudiera hablarme, sin duda me diría “¿Eso es todo lo que tienes Hebert? ¡Yo merezco más!” Y efectivamente Señor Ali, usted merece mucho, muchísimo más, pero tampoco voy a insultarlo y decir que seguí paso a paso toda su vida, porque le mentiría.

            Aun así ¿Cómo puedes llorar por alguien que no conociste? Es más, ¿por alguien a quien nunca viste en su apogeo? Alguien que, en teoría está alejado de tu cultura. Así de imponente era su carisma, el alcance de una personalidad más grande que cualquiera pudiera soportar, así de grande fue la aportación de Muhammad Ali al mundo actual.
 
Junto a Malcom X y sus respectivas hijas
            Muchos podrían tomar este escrito como oportunista, como subirse al tren de moda y hablar de lo que todos hablan, y de alguna manera eso podría ser cierto, sin embargo, las lágrimas que derrame esta mañana exigían que redactara este homenaje al más grande campeón de todos los tiempos.

            Es tan grande su legado que me enteré de su muerte por medio de las alertas de la NFL que me llegan al celular. Cuando empecé a leer la nota, sin pretenderlo, me empezaron a brotar las lágrimas, y no paraban ¿por qué? Porque en verdad admiraba a ese hombre, me parecía alguien excepcional, ciertamente era un bocón pero, como el mismo decía “No es arrogancia si puedes sostenerlo” y vaya que supo respaldar sus palabras la mayoría de las ocasiones.
 
Tumbando a Sonny Liston
            No les voy a mentir porque, aunque ya no sea tan joven, la edad no me alcanza para decirles que vi sus hazañas en vivo porque, días antes que naciera tal vez tuvo su última gran victoria ante Ken Norton y cuando conocí su nombre, en 1984, fue porque se le confirmó el Parkinson. Así que todo lo que conocí de él fue por viejas filmaciones y por lo que me contaban los adultos, al ver la emoción en sus rostros me nacía una envidia por no haberlo visto en su época.

            Ver las grabaciones de sus peleas era algo brutal, era como el box se supone que tenía que ser: una batalla cuerpo a cuerpo, sin cuartel, ir y partirse la madre, pero de manera inteligente. Y no como el boxeo de ahora, lleno de marrullerías, de precauciones y de corredores (disfrazados de peleadores) que huyen todo el tiempo en busca del momento para soltar algún madrazo cuando el oponente se descuida.
 
Los dos más grandes en sus respectivo deportes
Hasta en eso, Ali era único, porque su manera de desplazarse en el ring tenía una elegancia difícil de igualar, lo cual me trae otra de sus famosas frases “Floto como una mariposa, pico como una abeja”.

            En aquella época no era como ahora con el Internet, aun así investigue más sobre él, y empecé a encontrar sus poemas, sus frases, sus pensamientos y analogías ¡Pero qué tipo! Por fortuna vi primero cómo peleaba porque era un fanfarrón de primera pero, como podía sostenerlo con hechos, no me quedaba más que aplaudirle y darle la razón.


            El señor no se callaba nada, ya que también hablaba de política, religión, racismo y cualquier tema que se le tocara o considerara relevante. Por eso se negó a ir a la guerra o tomó la decisión valiente de cambiar de nombre y religión, sin importar que eso significara un estigma más del cual ya cargaba por ser negro. Es increíble los huevos que tenía, para enfrenar a monstruos dentro del Ring y a la Sociedad fuera de él.


            Nombres como Martin Luther King o Malcom X siempre serán recordados como íconos de la igualdad racial en los Estados Unidos pero, para mí, la manera en la que Muhammad Ali se llevó en la vida, tuvo una aportación igual de valiosa que los otros dos personajes.

            Y no sólo demostró su fortaleza en plenitud, porque también peleó contra el mal de Parkinson durante sus últimos 32 años de existencia, y eso no le impidió seguir apoyando tantos eventos como le fue posible.

Uno de los momentos que sí me tocó presenciar de él, y que recuerdo con cariño, fue cuando lo dejaron ser el último relevo para prender el Pebetero de los Juegos Olímpicos en Atlanta (hace ya dos décadas), un momento muy bonito y un homenaje en vida muy merecido para el Campeón.
 
Entrenando bajo el agua
Desde que tengo uso de razón, el Señor Ali era una leyenda viviente y su repercusión cultural era evidente. En una ocasión, en el sorteo para el servicio militar, conocí a un chico que se llamaba “Casius Clay Hernández”, cuando dijeron su nombre en público TODOS en el auditorio se rieron, menos yo, de hecho me le acerqué al chico y le dije “Oye, tienes un nombre bien chido” y él, que se veía acostumbrado a las burlas, me contesto con una sonrisa sincera “Lo sé”, y es que sus padres le habían dicho de dónde provenía ese nombre. Siendo honestos, no deja de ser un nombre naco para la cultura latina, pero preferiría llamarme así que “Brayan”, “Deivid” ”Lady” y demás nombres sajones adaptados al español (por lo menos Hebert se disfraza bien).


También recuerdo, en mi visita a Washington, en el Museo de Historia Americana, la emoción que sentí al ver los guantes con los que Ali venció a Foreman en Africa, en aquel 1974. Para mí fue como contemplar un pedazo de historia, el ver que había sido real y que tenía la fortuna de verlos de cerca.
 
En la entrega del Óscar por "Rocky"

            Ciertamente no tomó siempre las mejores decisiones (¿Y quién sí?), como lo fue retirarse demasiado tarde. A veces la vida fue injusta con él (¿Y con quién no?), como que lo suspendieran en los (potencialmente) tres mejores años de su carrera pugilística pero, a pesar de todos esos hándicaps, él supo hacer lo mejor que pudo (y aún más), por eso siempre será el mejor de todos los tiempos, el único y original Campeón.

           "Odié cada minuto de entrenamiento, pero dije: 'No renuncies. Sufre ahora y vive el resto de tu vida como un campeón’ "- Muhammad Ali
Su agilidad era sobrehumana

            Discúlpeme Señor Ali, me hubiera encantado vivir en su época para haberlo visto en con mis propios ojos y estar eternamente embelesado por sus hazañas ya que, aunque las vi en vídeo, no es lo mismo que sentirlas al momento, que ponderar las decisiones importantes y valientes que hizo en su momento, de comprender que su arrogancia fue un parteaguas en una era difícil para los de su raza.

            Y también me hubiera encantado estar en aquellos años porque cada vez es más difícil encontrar personas coherentes y admirables como usted, cada vez hay menos héroes y más mercenarios, menos gente interesante y más gente interesada, cada vez más “Mirreyes” y Princesitas pero menos Guerreros. Usted proviene de una época que cada vez me parece más irreal, sobre todo en este mundo que cada vez se vuelve más vacuo.
           
Adiós Campeón :'-(
            Y tal vez por eso también lloré su partida porque, con ella, ese tiempo queda cada vez más atrás, y eso facilita que la humanidad se siga yendo al carajo. Créame que si muero con el 20% del valor y coraje que usted tuvo para llevar su vida, me daré por bien servido.

            Muchas gracias por todo Campeón. No seré su más grande admirador, pero sí me dolió su muerte.

            Adiós al más grande.

            :’-(


            Hebert Gutiérrez Morales.

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