sábado, 23 de julio de 2016

El Recuerdo de Marnie (Omoide no Maanii)

            Y sigo poniéndome al corriente con Ghibli, que lo había tenido descuidado. En esta ocasión vi lo que técnicamente va a ser su último filme en algo de tiempo, ya que el futuro del Estudio aún no es claro.

            “Omoide no Maanii” que ahora sí fue traducida de forma literal al español (El Recuerdo de Marnie), no es del maestro Miyazaki, ni siquiera del maestro Takahata. Es de esas ocasiones en que le dan chance a los talentos que han ido desarrollando dentro del Estudio.

            Este es el segundo filme como director de Hiromasa Yonebayashi con el Estudio, su anterior obra había sido “El Mundo Secreto de Arriety”, que me gustó mucho pero no me encantó al grado de hacerle un escrito.

            Este filme está basado en la novela “When Marnie was there” (que así titularon al filme en inglés) de la fallecida novelista británica Joan G. Robinson, que espero que pronto esté disponible en español.


            Aunque no está al nivel de “Se levanta el Viento” o “La Princesa Kaguya”, ya ni mencionemos “El Castillo Vagabundo” o “El Viaje de Chihiro”, este filme me llegó muy profundo, me conmovió y cerró a tambor batiente una historia que al inicio me agradó pero no me apasionaba del todo.

            La película fue nominada en la última entrega de los Óscares pero, así como “Se Levanta el Viento” la tenía cañón contra “Frozen” o “La Princesa Kaguya” la tenía imposible contra “Big Hero 6”, la presente no tuvo oportunidad contra “Inside Out”. Y no porque hayan sido inferiores, en realidad son superiores a las que ganaron pero ya ven que, si es un madrazo comercial, los gringos no van a soltar esa estatuilla tan fácil.


Necesitas un verdadero Leviatán como “El Viaje de Chihiro” para que te lo cedan aunque a veces ni eso porque, tras diez años,  sigo indignado que no se lo hayan dado a “El Castillo Vagabundo” (¿Neta Señores Gringos? ¿Wallace & Groomit son mejores? ¡No mamen! ¬_¬).

            En fin, después de toda esta introducción, que se alargó de más, es hora del imperativo SPOILER ALERT: por favor, si no ha visto esta película, absténgase de seguir leyendo, no quiero que me culpe porque le destripé la historia. Gracias.


            De entrada me gustó que la protagonista viniera de Sapporo. Y es que, así como los gringos siempre usan Nueva York para la mayoría de sus protagonistas, los japos normalmente utilizan Tokio para los suyos.

            Me sentí tan identificado con Anna desde el inicio, sobre todo cuando explica que en el mundo hay un círculo invisible, y la gente se divide entre los que están dentro de él y fuera del mismo. Ella está afuera, y eso lo sabes cuándo te gusta pasar más tiempo contigo mismo que con el resto de humanos. Cuando admite que se odia a sí misma, lo dijo con tal sentimiento que me conmovió bastante.


            Toda la interacción con su madrastra, el doctor y sus compañeras te deja en claro que Anna es una solitaria, pero además del asma, hay algo más que la tiene sin ganas de vivir. Así que, por su enfermedad corporal, la mandan a un pueblito cerca de la costa en Kushiro. Por fortuna encontraría aire fresco no sólo para sus pulmones, también para su alma.

            Los Oiwa son los anfitriones de Anna, y te caen a todas margaritas, ciertamente no son vitales para la historia, pero son muy cotorros, el ejemplo más claro es su “atajo”, el cual me fascinó. Su papel es de facilitadores, no reprenden a Anna y la apapachan. Obviamente resulta irreal que dejes salir a la niña todas las noches, por más que vivas en un pueblito tranquilo japonés, pero esos detalles pasan a segundo término cuando ves el desenlace de la historia.


            Un hecho que se me olvidó con el paso del argumento, es que Anna encontraba familiar la mansión al fondo del Pantano; detalle que, justo al final, recordé y me acabó de conmover más . . . pero ya llegaremos a eso.

            Anna se queda dormida en el patio de aquella Mansión que tanto le llamó la atención y, cuando se ve en problemas para regresar (porque subió la marea), es salvada por el buen Touichi. ¿Cómo supo que estaba ahí? Nunca te lo explican, como te explican casi nada del viejo pescador.


            Sin embargo, a pesar de ser poco comunicativo, tiene una esencia noble, es por eso que Anna está pensando en él como un Oso Polar, pero no para molestarlo, en realidad lo piensa con cariño. Es de esos personajes que te quedas prendado, aunque tengan escasa participación, por eso me encabronó cuando unos pinches chamacos lo estaban molestando, sólo por el hecho de ser callado.

            Me cagó que obligaran a Anna a ir al Tanabata, y es que este pinche mundo no comprende a los que quieren estar solos, no se respeta su espacio ni su tiempo. El hecho de que a la mayoría de humanos les encantan las reuniones grandes y las multitudes, no quiere decir que el 100% de los que habitamos en este planeta, queramos precisamente eso.


Es por ello que Anna reaccionó violentamente contra Nobuko, porque se sentía incómoda y presionada. Además, al no saber mucho de su familia biológica, le incomoda que le pregunten por sus ojos azules. Por un momento pensé que Marnie se estaba “posesionando” de Anna (por el detalle del color de las pupilas), pero después entendí que, indirectamente, sí eran los ojos de la güera de la Mansión.

La relación de Marnie y Anna es muy tierna y bella. Detalles como el Picnic nocturno, el enseñarle a bailar o a remar son muy bellos que, al final de la historia, adquieren un toque aún más relevante e íntimo. ¿Marnie sabía quién era Anna? Es la pregunta que me invadió al final aunque, sin importar la respuesta, el amor que se tenían ambas era real y limpio ¿El motivo? Se sentían solas, pero eso no era lo único que compartían.


La amistad de ambas chicas es hermosa, honesta y limpia, de esos vínculos puros en que no te importa quién es el otro, lo que tiene o lo que aparenta ser. De esas ocasiones en donde puedes verle el alma y eso es lo único que basta para que le entregues toda tu confianza. Y lo bello de todo es que no sabían el lazo que había entre ellas (por lo menos no conscientemente).

Un lindo detalle, después de la fiesta en la que Marnie bailó con Anna, es que al otro día le devolvió su zapato perdido. Momentos que no son vitales en el argumento pero que los agradeces como pequeños regalos de amor.


Tras una semana sin ver a Marnie, Anna conoce a dos mujeres que le van a ayudar a aclarar la relación con su rubia amiga: La primera es Hisako, una señora que, al igual que ella, dibuja la mansión y el pantano. Hisako será vital más adelante.

La segunda es Sayaka, quien se está mudando a la Mansión del pantano, y se está instalando en el cuarto de su güera amiga. Sayaka encuentra el diario de la habitante original de la casa.


Mediante el diario Anna se entera que Marnie fue castigada, y por eso no se han visto. Lo curioso de todo es que también va contando de sus escapadas nocturnas ¿eso ya lo había vivido Marnie? O ¿Es una conexión sentimental a través del tiempo? La historia se torna más pacheca a partir de ese punto pero es justamente cuando empieza a agarrar una esencia más profunda.

Marnie y Anna se reencuentran tras una semana sin verse y, cuando la rubia ve el retrato que le hizo su amiga, se emociona. Su reacción es tan alegre que te conmueve pero, tras conocer la conclusión de la historia, el valor de ese retrato es aún más fuerte de lo que ya era. Cuando vi esa imagen en la galería que viene en el Blu-Ray, no pude evitar ponerme a llorar por el significado tan especial.


La caminata en el bosque entre Marnie y Anna es un punto clave, ambas desnudan sus almas y se confiesan miedos o rencores terribles que vienen cargando desde hace tiempo. Anna con sus papas adoptivos que reciben dinero del gobierno por tenerla, en una escena soberbia, ya que cuando se entera de la ayuda se compagina con un regalo de magnificas pinturas que le dio su madre adoptiva. Un momento bellamente trágico.


Por otro lado, ante la ausencia de los padres de Marnie, ésta constantemente acosada por la Nana y las mucamas. Me sentí terriblemente afectado por el maltrato del que fue objeto la rubia chica, me dolía tanto abuso por parte de las otras tres arpías.

Ambas chicas lloran pero, al confesarse con otra alma en pena, se sienten un poco más aliviadas. Nuevamente me pregunto, cuando Marnie defiende a los papás adoptivos de su amiga, ¿sabe quién es Anna? O ¿Sólo lo hace porque es generosa? Lo cual será un misterio y, de alguna forma, está bien que así sea. En un mundo de tanta información, estamos malacostumbrados a conocer hasta el último detalle de todo.


Hubo un punto en donde Anna estaba empecinada en saber quién era Marnie pero, después de darse cuenta de lo importante que era para ella, y después de haberse abierto el alma, Anna se dice “No me importa quién sea, sólo la quiero ayudar”. Qué bonito sentimiento aceptar a alguien sin precauciones, solamente basándote en lo que tu corazón te dicta, porque sientes esa conexión sentimental tan auténtica que no tienes por qué mentir.


La escena del Silo resulta algo angustiante, sobre todo cuando Marnie se va poseída por su historia, y Anna va en ayuda a su rubia amiga pero, en un pestañeo, ésta la abandona por irse con Kazuhiko

Anna se siente traicionada, y sale corriendo furiosa y decepcionada en la lluvia, sin importarle nada. Su alma está lastimada, pero no es una herida reciente. Se visualiza a la pequeña Anna en un entierro: el de su abuela. Al final comprendes que el reclamo de Anna hacia Marnie, “¡Me abandonaste!”, tiene tintes mucho más profundos que el pasaje en el Silo.


Anna cae en cama, ardiendo en fiebre, y en sus sueños va a la mansión, a reclamarle a su amiga: “¡Me dejaste! ¡Me abandonaste! ¡Me traicionaste!”, reclamos que eran mucho más arcaicos de lo que Anna sabía. Marnie se muestra en verdad arrepentida, ya que nunca fue su intención abandonarla. La rubia le ofrece sentidas disculpas y pide el perdón de Anna, sobre todo porque ya no van a poder verse.

Es cuando Anna da un paso de grandeza, cuando hace a un lado el dolor y el orgullo y, generosamente, disculpa a su amiga, admitiendo que la quiere mucho. En una escena hermosa, sobre todo con la sonrisa de Marnie, que se va desvaneciendo conforme va difuminando el sueño.


Al despertar Anna de su fiebre, se encuentra con Sayaka, misma que le enseña las páginas pérdidas del Diario de Marnie y una pintura que le había hecho Hisako. Justo cuando ves ese nombre, recuerdas que la pintora le había dicho a Anna que reconocía a la chica en sus pinturas, es cuando dices “¡No mames! ¡Ahora sí vamos a saber qué pedo con Marnie!” . . . .  ejem . . . . .quise decir . . . . . “¡Wow! ¡Ahora sí vamos a resolver el misterio de Marnie!” ;-) 

Así que van con la artista que había conocido Anna en el pantano y ahí se enteran de la trágica vida de Marnie.

Pobre Marnie, ella sólo quería una familia a la cual destinar todo su amor, en la cual pudiera sentirse arropada y ella protegerlos al mismo tiempo. Pero el destino es cruel con ciertas personas que, en teoría, lo tienen todo, como es el caso de la güera.

No fue su culpa la muerte de Kazuhiko y no estaba en condiciones para cuidar a Emily. Así que resulta algo injusto (desde la perspectiva de Marnie) la reacción de su hija aunque, desde la postura de la chamaca, es humanamente comprensible. Después de eso Emily tiene una hija, a la que deja huérfana, junto con su esposo, en un accidente. Así que Marnie cuida de su nieta hasta donde le alcanzan las fuerzas, llegando al día en que por fin descansa, después de tanto maltrato emocional que sufrió a lo largo de su vida.

Todo esto lo ve Anna, tan claro como si le estuviera aconteciendo a ella, la desdicha de Marnie le parte más el corazón: sus papás casi no la ven, el esposo se le muere y la hija la desconoce. Cuando tiene una nieta, se le muere la hija y, es tanto el dolor que carga en su corazón, que no soporta y deja este mundo con la angustia de abandonar a un pequeño ser frágil sin nadie más en el mundo.

Al terminar la historia Sayaka está deshecha en lágrimas (y no es la única); Anna, aunque destrozada, está en shock, por saber todo lo que sufrió su amiga, esa chica tan dulce que le decía que agradeciera esos padres amorosos que la aceptaron en su casa.

Platicando con Sayaka sobre Marnie, en el bote de Touichi, el pescador dice sus únicas líneas en el filme, recordando a la bella Marnie, una chica triste y solitaria pero con un corazón noble, tanto tiempo encerrada en su cuarto. Ambas se quedan perplejas y conmovidas con las breves palabras del pescador que también conoció a la desdichada.

Llega la madre adoptiva de Anna con la intención de contarle del subsidio gubernamental, pero eso ya no es necesario. Todo el pasaje de Marnie, desde su amistad hasta su trágico fin, ha sanado el dolor y rencor dentro del corazón de la chica. Comprendí su humillación, pero también me alegró de que haya perdonado a sus papás (y a ella misma).

Claro, la historia hubiera acabado ahí y todos nos vamos felices a casa ¡Pero no! Viene el detalle que hace que este filme pase de bueno a (casi) excelente. La mamá le entrega una foto que Anna venía apretando contra su pecho cuando la dieron en adopción. La imagen es de la mansión (¡Por eso se le hacía conocida!) y atrás trae una dedicatoria de Marnie a su nieta: ¡Anna!
La abuela Marnie con su nieta Anna

Y ahí viene la escena que me acabó  de destrozar.

La abuela Marnie le cuenta a una pequeña Anna su aventura en el Silo con Kazuhiko, diciéndole a la pequeña iba a ser más valiente que su abuela, todo esto mientras le coloca el prendedor de cabello que sigue usando la chica hasta la actualidad. Justo en ese momento solté las lágrimas que me quedaban y hasta me endeude con las que no tenía.
Anna en el entierro de su abuela

Anna por fin sabe de dónde viene y, lo que es mejor, tuvo la oportunidad de acompañar a su abuela en parte de su soledad. Vivió mucho con ella que no tuvo oportunidad en el pasado y, la promesa que se hicieron de no olvidarse jamás, ahora tomaba un significado más bello y profundo.

Anna regresa con su mamá (por fin le nace decirle así) y, en el camino, se va despidiendo de Hisako, disculpándose con Nobuko (a quien insultó en el Tanabata), diciéndole adiós a Touichi y Sayaka. Todos muy felices y, de pronto, desde su ventana en el Mansión, una sonriente Marnie se despide de su futura nieta a la distancia, y Anna se queda perpleja y, al mismo tiempo, tranquila por ver a su amiga (y abuela) con una sonrisa en su rostro.

Y con escenas como esas te das cuenta que Ghibli no tiene piedad por nosotros: las almas sensibles de este mundo. Porque, para echarle más sal a la herida, cierran con una canción tan bella, tan profunda, tan honesta y tan triste que sólo te da más cuerda para seguir llorando: “Fine in the Outside” de Priscilla Ahn.

La cantante es fanática de Ghibli y, cuando leyó esta historia sobre la que el Estudio iba a hacer una película, se sintió tan identificada con Anna, que envió su canción para que la consideraran. Una obra de su propia inspiración, y que se había negado a sacar durante años, porque la mayoría de la gente no la hubiera entendido del todo. Esta película fue el escaparate ideal para sacarla a la luz. Una canción tan hermosa como triste, tan esperanzadora como cruel. Una delicia en verdad.
¡Pero qué guapa es Priscilla Ahn!

Podemos sacar muchas conclusiones sobre esta película: sobre las relaciones de padres a hijos, sobre la soledad, sobre la incomprensión de las almas solitarias, sobre las culpas, sobre las amistades verdaderas, sobre la intolerancia, y sobre tantas cosas que podría escribir el doble de cuartillas que ya llevo, pero ése no es el caso.

Creo que cada cual sacará de esta obra lo que más le ayude. Personalmente debo aprender a perdonar como Anna, ser más generoso como Marnie y más alivianado como los Oiwa.

De manera íntima les puedo compartir que el recuerdo de Anna cuando tenía un año junto a Marnie me afectó mucho ¿Por qué? En un trabajo terapéutico que tuve una regresión de cuando tenía un año: estaba en mi cuna y vino mi padre biológico a explicarme las razones por las que se divorciaba de mi madre.

Años después hablé con él al respecto y, con los ojos de un adulto, comprendí muchas cosas pero, en aquel entonces, sólo sentía una profunda tristeza de que mi papá se iba. Así que, de alguna manera, comprendí todo el dolor de Anna desde el inicio, independientemente de mi esencia solitaria.

La película es MUY buena, pero no me voy a dejar llevar por el momento, porque le falta un poquito para alcanzar al maestro Takahata, ya ni mencionemos los niveles celestiales del maestro Miyazaki. Sin embargo, estos artistas que han trabajado bajo la tutela de ambos, como Yonebayashi, tienen buenas bases y, aunque veo difícil que logren los niveles de excelencia a los que nos tiene acostumbrados Ghibli, creo que nos van a dar buenos productos en el futuro.

Sólo nos queda esperar qué nos depara el Porvenir.


Hebert Gutiérrez Morales.

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