domingo, 24 de julio de 2016

La Soledad de los Números Primos

“De camino a casa de su amigo, Alice puso la música alta pero, si al llegar, le hubieran preguntado qué escuchaba no habría sabido decirlo. De pronto estaba furiosa, sabía que iba a estropearlo todo, pero también que no había remedio. Al levantarse, hacía un rato, de la mesa había superado el invisible límite más allá del cual las cosas ocurren por sí solas”

            Producto de mis ensayos, hay personas que me escriben y me retroalimentan de lo que les dejan mis ideas. Dentro de esos mails, una chica chilena me dijo en una ocasión que mi manera de pensar le recordaba la esencia de “La Soledad de los Números Primos” de Paolo Giordano.

            Obviamente, para lo egocéntrico que soy, compré dicho libro para corroborar que tan cierta era aquella percepción y, mientras lo leía, entendí las similitudes que encontró esta mujer con mi manera de percibir el mundo.

            Antes de entrar en detalles de la historia, es mi compromiso moral poner el fastidioso SPOILER ALERT, ya que voy a platicar del argumento de forma abierta y despreocupada así que, si pretende leer este libro, no siga con este ensayo.

            El inicio me llamó mucho la atención, ya que te demuestran el suplicio de Alice por cumplir el sueño paterno. Ese anhelo que los progenitores tienen para que logres sus proyectos frustrados porque quieren triunfar a través de ti. El problema se presenta cuando no quieres seguir ese camino pero, como son tus papás, no quieres defraudarlos, así que sigues sus deseos lo cual, muchas veces trae consecuencias irremediables, como lo fue la cojera de Alice, aunque también pueden ser del índole moral, psicológico o sentimental.

            Algo así pasó con Mattia, cuyos padres le compartieron una responsabilidad que resulta pesada para un adulto y que, en un niño, es una loza que va más allá de tu capacidad. Cuando Mattia deja atrás a Michaela (literalmente) es un pasaje difícil de definir, me ocasionó tristeza, enojo, horror, indignación, miedo, ternura, empatía y demás. Es de esas acciones que no puedes justificar pero puedes entender, sobre todo desde la perspectiva de un niño.

“No pedía mucho, sólo la normalidad que siempre había merecido”

            Aunque es una época feliz, el desarrollo como niño no es fácil, y hacerlo con una carga a cuestas que limita tu desarrollo social, hace que percibas la vida como injusta. No lo puedo juzgar porque no sé si hubiera hecho lo mismo, sobre todo cuando ves la pena en la escuela, el prejuicio de tener una hermana retardada y la actitud de tus padres para que la protejas en todo momento. La frustración e impotencia de ser alguien tan chico e inmaduro y se te pide que lleves una responsabilidad tan grande y pesada como tu hermana retrasada, ¿alguien lo puede culpar por querer ser libre un rato?

            De niño quieres divertirte, ser libre, reír y despreocuparte de todo. El hecho que desde tan pequeño te endilguen responsabilidades tan grandes y agobiantes es antinatural para una infancia plena.

            Me estrujó el corazón cuando dejó a Michaela en el parque y ésta expresó el sentimiento en su mirada con una sensación enorme de miedo. De haber vivido una escena así, creo que ahí hubiera vuelto por ella y hubiera regresado a casa. Justo el sentimiento con que Mattia la dejó hizo más cruel el momento en que no la encontró de regreso. Sentí todo el pavor, la preocupación y lo aterrorizado que se debe sentir un escuincle de primaria que acaba de extraviar a su hermana retrasada. Sentí pena por él, obvio también me angustió el destino de Michaela, pero no quería estar en los zapatos de Mattia en esa situación.

            Y con ese bagaje traumatizante, los protagonistas aprenden a vivir con sus demonios y avanzan por la vida.


“Las decisiones se toman en unos segundos y se pagan el resto de la vida”

            Cuando lees toda la historia de Viola, con toda su pretensión y ves cómo todos a su alrededor se la creen y buscan igual ser igual de “cool” que ella, recordé mi época escolar y me doy cuenta de lo pendejo que era por pretender ser más o algo diferente a lo que era, todo por una falsa aceptación por el medio. Pero es necesario pasar por esas experiencias y por dicha época para dejar de ser tan pendejos en la adultez. Aunque, honestamente, hay gente que no deja de ser tan pendeja durante toda su vida.

            Me encantó cuando Viola, con toda su seguridad y prepotencia llega a invitar a Mattia a su fiesta y éste la rechaza con un cortante “No voy” y ella, herida en su orgullo, “¿Acaso estás muy ocupado?” y Mattia responde con toda honestidad “No, no voy porque no me gustan las fiestas” y la otra terminó más frustrada.

            Tal vez Mattia rechazó la invitación por las razones equivocadas (por el trauma que acarrea de Michaela) pero el que rechazara la invitación de la pedante Viola fue un momento que disfrutas mucho. Tal vez resulte un poco improbable a esa edad, pero me sentí identificado con él porque desde los ocho años he rechazado muchas fiestas por sentirme incómodo. Por esos breves detallitos me sentí plenamente enganchado con el protagonista.

            Cuando ves las estupideces que tiene que realizar Alice para ser aceptada, entendible dado a que la cojera resulta más lamentable en una mujer que en un hombre, es cuando ves que Mattia tiene más dignidad en su accionar, aunque sea por el trauma de Michaela, o así lo percibo yo, porque no busca la aceptación externa y, sin embargo, la recibe aunque no la quiera. También se podría interpretar que, junto con Michaela, mucha de su alegría y/o ganas de vivir se quedaron en aquel parquecito de su infancia.

            Pobre Viola, creo que el autor incluyó a un personaje así (que todos tuvimos una en la escuela) para ensañarse con ella y que sirviera de burla, ya que en su tiempo no percibimos la humillación de aquellos personajes tan pedantes. ¿Por qué digo esto? Por el escarmiento que recibió, inconscientemente, de Alice.


            Viola quería que Alice experimentara el vacío que ella vivió en su tiempo, por eso la emparejó con Mattia en su fiesta, para que tuvieron sexo sin sentimientos, frío o vacuo. Al ver la forma tan natural y bella que la pareja se veía, al estar agarrados de la mano, Viola experimentó algo de justicia poética, ya que vio algo que anhelaba y que, irónicamente, había conseguido para alguien más. Viola fue la primera en darse cuenta que Alice y Mattia eran el uno para el otro, incluso años antes de que ellos mismos lo sospecharan.

“Pasaba tanto tiempo solo que, de haber sido una persona normal, se habría vuelto loco en un mes”


            El hecho de que los protagonistas tuvieran mi edad, al nacer en el mismo año, y que tuvieran sus vivencias en las mismas épocas que las mías, fue un motivo más para que me enganchara con este libro. De alguna manera, aunque los hechos fueran totalmente distintos, me fui acordando de lo que sentía en las distintas edades en que te van presentando de sus trayectos.

            Dentro de esas coincidencias estuvo “Pictures of you” de The Cure, y es que el sentimiento de esa canción lo capto tan íntimo, un recuerdo muy profundo de mi juventud, y al ver que para ellos también sonaba en un momento relevante, me conmovió y recordé todo lo que esa hermosa melodía significa para mí: Es tan bonita como triste.

            Alice lleva a Mattia al mismo parque en donde abandonó a Michaela, y éste se destroza, por lo cual le abre a Alice su corazón y le comparte el secreto más oscuro de su pasado. Resulta fascinante cómo el autor te va dosificando lo que le pasó a Michaela, porque no te lo entrega de un solo golpe, ya que capítulo a capítulo te vas enterando de un nuevo detalle. Lo mismo hizo, en menor medida, con el accidente de Alice.

Como soy un atascado en todos los aspectos de mi existencia, aprecié esa dosificación, porque pude apreciar con mayor calma, el efecto que tuvo la desaparición de su hermana en Mattia y sus padres. Por eso te va desgarrando el corazón de a poco. Obviamente Mattia tuvo gran parte de la responsabilidad, pero era un niño, mismo que es juzgado por sus acciones desde la perspectiva de un adulto (por sus padres y por él mismo). Sólo era un niño en busca de aceptación, queriendo felicidad, en busca de libertad, de una infancia normal, sin cargas o responsabilidades, pero sus padres nunca le dieron ese chance al enjaretarle todo el tiempo a la hermana.

            Me gustó mucho cómo el autor tiene la habilidad de ir reflejando los sentimientos de los protagonistas en cada edad que van experimentando. En la niñez pasan cosas que no te perdonas, y que vas cargando el resto de tus días. En la adolescencia queremos ser aceptados, queremos ser populares, queremos ser igual que el resto, que no nos señalen por nuestras diferencias o, en el espectro contrario, ser invisibles y que nadie nos moleste. O, cuando salimos de la escuela, y nos damos cuenta que lo único que hemos hecho es estudiar, nos damos cuenta que no sabemos nada práctico para valernos por nuestros propios medios.


“Despertaba con la cabeza llena de pensamientos incoherentes. No se levantaba hasta que no había más remedio y la confusión de su mente empezaba a disiparse, no sin dejarle una niebla lechosa, recuerdos de sus sueños interrumpidos, que se mezclaban con los reales y no parecían menos verdaderos. Entonces erraba en el departamento silencioso como fantasma de sí misma en lenta búsqueda de lucidez. Me estoy volviendo loca, pensaba a veces. Pero no le importaba, al contrario, sonreía satisfecha porque, por fin, lo elegía ella.”

            Comprendí plenamente la incapacidad social de Mattia porque, obviamente, sé lo que siente. Y es que hay tantas cosas que “debería” hacer a mi edad y que no sé cómo, cosas que hace la gente “normal” y que no me ha interesado aprender. ¿Por qué? Probablemente por esa decepción del mundo, la cadena de tristezas que desembocan en una adicción crónica a la soledad, misma que hace que esas cosas que “deberías” saber se vuelvan irrelevantes.

            El realismo con el cual el autor refleja las relaciones padre e hijos es notable. Por un lado el padre de Alice que la obligaba a tomar clases de ski que, eventualmente, la llevaron a quedar coja, aunque no fue propiamente culpa de nadie, pero queda esa sensación de reclamo de la hija hacia el padre por obligarla a algo que no quería. Es por ello que, cuando murió la mamá de Alice, el padre tenía miedo, ya que su esposa era el único vínculo con su hija.

            Por parte de Mattia, me resulta impensable que una madre pueda odiar a un hijo pero, cuando te cuesta la vida de la otra hija, has de tener sensaciones tan contradictorias que has de entrar en una especie de shock emocional, que marcó a la familia entera.

           Pero siempre será más fácil responsabilizar al actor material (Mattia) que reconocer la propia culpa por endilgarle a la hija retrasada a un niño, cuando la madre se deslindó de muchas de sus responsabilidades (y culpas) a través de sus engendros. Por eso, cuando Mattia recibió la propuesta del norte de Europa, la madre estaba tan empecinada en que aceptara, porque ya no lo quería ver, porque en él veía a un hijo, pero también al asesino indirecto de su hija retrasada, y ya no quería lidiar con dicho sentimiento.

Regresando a Alice, lo que hizo con la sesión de fotos de Viola podría parecer despreciable e incorrecto y, por mi personalidad, no lo hubiera hecho, aunque entiendo la necesidad de venganza de la coja. Todo por esos resentimientos escolares que no todos tenemos oportunidad de saldar.

“Y Alice sonrió, pensando que quizá aquella sería la primera media verdad de los esposos, la primera de las pequeñas grietas que se crean entre dos personas por las que, tarde o temprano, la vida introduce su ganzúa y hace palanca”

El sentimiento de “Todo se acabó, ya nada tiene remedio” que experimentaron Alice y Fabio no es del nada lindo, pero resulta necesario en relaciones que no debieron ser, y lo sé porque ya me tocó vivirlo. Al igual que Alice, sabía que no me debía casar porque no había amor de por medio. Hasta que pasas por ello es que entiendes que no debes ceder a las presiones sociales por emparejarte, porque el casarse por ese motivo ocasiona más sufrimientos que si te dejan estar solo el resto de tu vida.

Uno de los tantos momentos en que me veía reflejado con Mattia fue cuando se sentía agobiado, después de tener relaciones con Nadia, ese sentir de falta de libertad, de espacio, de aire, se sentía atrapado y apretado por la presencia de esta mujer. Y comprendí perfectamente la necesidad de su espacio de su “nada” como muy bien lo define, y es que puede dormir tranquilo, a solas, sin que nadie invadiera su espacio.

Sé que para la mayoría de gente común y corriente, el dormir abrazados de alguien, de “cucharita” como normalmente dicen, es lo deseable, lo anhelado, pero habemos otros que en verdad disfrutamos dormir a nuestras anchas. Sólo los que tenemos tanto tiempo viviendo a solas entendemos esa necesidad imperante de estar solos, sin nadie que interfiera en nuestra existencia.

Hacia el final de la historia, en donde la gente anhela un reencuentro con final feliz nos topamos con un comportamiento netamente humano que, a pesar de ser estúpido, lo seguimos haciendo.

Cuántas cosas suponemos, pero no expresamos, sólo tomamos decisiones en lo que creemos que siente o piensa la otra persona pero no preguntamos ¿Por qué? Por una malentendida “pena” o un inútil pudor de lo que puedan pensar de nosotros, de nuestros sentimientos, así que preferimos callarnos para mantener una imagen de nosotros, que podrá resultar digna pero que no nos hace felices.

Ese “¿Qué va a pensar de mí si le digo esto?” ha matado tantas relaciones aún antes que nacieran, eso no quiere decir que iban a ser perfectas, pero sí anulas la posibilidad de intentarlo siquiera y ver que pudieron ser productivas. Lo sé porque yo soy experto en ello.

“Recordaba, sí, aquel momento, pero había olvidado muchos otros, porque el recuerdo de las personas que no amamos es superficial y se evapora pronto”

            El libro me gustó por su realismo, por las cosas que no decimos por diversas razones: por ser muy tarde, por parecer ridículos o porque creer que son tonterías; tanto Mattia como Alice cayeron en eso y, a veces, las situaciones nos parecen imposibles, así que nos autocensuramos porque “no tiene caso decirlo”. Algo que he aprendido, a punta de madrazos y de manera parcial, es que el “no” ya lo tenemos, y que no pierdes nada por preguntar, por buscar un “Sí”.


Alice tuvo la oportunidad de expresar su amor abierto a Mattia, sin importar que siguiera casada y con sólo tres semanas de separarse de Fabio pero no lo hizo por la forma en que se veía y lo que pudiera pensar Mattia de ella. Éste tampoco lo hizo porque sabía que ella estaba casada, y no se arriesgó a proponerle dejar su matrimonio por él, pero se contuvo por lo que pudiera pensar Alice de él.

Mucha gente se pudo haber enojado por el accionar de ambos, sin embargo no deja de ser verdad: la gran mayoría se deja llevar por las reglas sociales, tanto para relacionarse como para NO relacionarse; por lo que “deberíamos” hacer, lo políticamente correcto, llevarse con recato y buen gusto, aunque eso signifique sacrificar nuestra felicidad.

SIN EMBARGO, aunque sea tonto, comprendo plenamente por qué Alice no le confesó a Mattia que lo amaba y que ya se iba a divorciar de Fabio. Ciertamente llevaba tres semanas de separación, y su carta parecía muy repentina y desesperada. Es esa sensación de hacer lo justo porque, aunque nos convenga hacer algo, y sabemos que lo correcto es algo que no nos conviene. No se puede decir que sea una congruencia de sentimientos, pero sí una de ideas o valores.

Por eso habemos tantas personas solas ya que, por un lado, está el miedo pero, por el otro, esta esa necesidad de serle fiel a las ideas, a los valores o lo que creemos. Poniendo siempre en segundo plano lo que sentimos, nuestros deseos, por una falsa sensación de hacer lo “correcto” en lugar de ese egoísmo de hacer lo que realmente deseamos. Por eso Alicie, Mattia y yo somos unos tontos, mi desventaja contra ellos es que ellos son ficticios y su historia acabó con el libro, la mía continúa.

La posibilidad de que Michaela esté viva es un regalo que tomas como lector porque, además, parece ser feliz. Igual y es un detalle que no aporta mucho al argumento, porque iba a ser el mismo final, pero lo agradeces. Incluso entiendo la decisión de Alice de no comunicarlo, porque no tenía caso reabrir una herida ya cicatrizada, porque su amado ya había aprendido a vivir con ello y, si le decía, sólo iba a incrementar su sufrimiento, no sólo de Mattia, sino de los padres y de la propia Michaela.

“Se levantó con toda naturalidad, sin preguntarse si estaba bien o no, si tenía o no derecho. Era sólo que el tiempo volaba, llevándose consigo más tiempo; eran sólo actos evidentes que nada sabían del futuro ni del pasado”


La analogía del autor sobre la soledad de los números primos no puede ser más adecuada al argumento, porque habemos personas que somos solitarias, tal vez no nacimos así, pero hubo hechos que dispararon esa característica. Creo que ninguno de los tres (Alice, Mattia y yo) nacimos para ser solitarios, pero la vida nos llevó por esa senda.

            Sin ser el mejor libro que he leído, sin duda me significó mucho, por distintos aspectos de mi esencia, hechos y sentimientos paralelos que los protagonistas (aunque ficticios) y yo compartimos. La manera de ver el mundo de ambos, la época que les tocó vivir y la manera de percibir su existencia. Todo eso hizo que este texto se me clavara en el corazón y se anidara ahí. Una historia de amor que no terminó como todos quieren, sino como normalmente concluyen, por lo menos para almas solitarias como las de Alice, Mattia y la mía.

            No voy a mentir, no es un libro que TODOS deban leer, tampoco va a ganar el Nobel de Literatura Paolo Giordano, ni creo que sea una publicación que cambie la vida de la humanidad. Pero sí es un texto que refleja plenamente el modus vivendi del ser solitario y lo complejo que resulta relacionarnos.

            Y es que habemos muchos solitarios viviendo ENTRE la sociedad, no viviendo EN sociedad. Debido a las dificultades que tenemos para adaptarnos al resto, optamos por aislarnos para tratar de estar en paz, de soportar el acoso del resto para que nos integremos, que compartamos su manera de ver el mundo. Me parece que a alguien sociable le sacaría de quicio el accionar de los protagonistas, porque normalmente el mundo no comprende nuestra manera de ver la vida.

            Es un buen libro pero no excelente, esto debido a que no está magistralmente escrito. La historia es muy buena pero el desarrollo pudo haber sido mejor. Sé que soy injusto cuando lo comparo con Murakami o Ruiz Zafón, porque ellos cuando escriben de escenas íntimas, de terror, de enojo, conmovedoras, de angustia y demás, en verdad lo sientes a flor de piel. El autor sí me cimbró por momentos, pero no logró afectarme tan profundamente y es que la historia daba para eso, pero el desarrollo estaba un poco verde, totalmente entendible si consideramos que fue su ópera prima.

“Pero tampoco se decidía a marcharse, porque a esas alturas dependía de aquel mundo, se había atado a él con la obstinación con que uno se ata a las cosas que lo perjudican”

            No sé si me gusta o lo aborrezco pero, cuando un libro me recuerda tanto a mí, es algo que definitivamente me deja pensando, porque tengo la posibilidad de verme a través de la historia de alguien más. Habrá veces en que pienso que la voy regando y otras ocasiones en la que confirmo que voy bien. En este libro en particular, al ver la existencia tan ordenada de Mattia, pues me quedó claro que cada vez estoy más cómodo con mi estilo de vida.


            Hebert Gutiérrez Morales.

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