jueves, 11 de agosto de 2016

Andanzas por Tokio (Parte 1 de 3)


Al Lado del Buen Hachiko
            Este escrito sería la continuación del de mi vuelo desde México hasta Japón, para leer sobre ese pasaje pueden dar click en esta liga.

            Ya superado el estrés de llegar a la casa de Paco por mí cuenta e instalarme, estaba listo para conocer la capital japonesa a partir del día siguiente. Mi amigo me había dicho que me iba a tocar la “colita” del invierno. Si lo que me tocó el primer día fue la “colita”, no me quiero imaginar lo que es vivirlo de manera plena.

            El clima en tu calidad de vida.

            ¡Arrgghhh! ¡Pero qué gélido estuvo Tokio aquel Lunes! Todo el día estuvo lloviendo, con vientos brutales y un puto frío que calaba hasta los huesos, ese tipo de clima con el que no quieres salir de la cama, ya no digamos de la casa; pero estaba en Japón, y no había venido de tan lejos para quedarme encerrado, así hubiera nevado, tenía que salir a conocer.

            Jamás había tenido tanto frío, ni siquiera en Chicago, por lo que me sorprendía ver a las chicas “¿Cómo es posible que vayan en Minifalda? ¿Acaso no sienten?” aunque no me molestaba nada el espectáculo H_H.
A pesar del Clima estaba feliz

            Es por eso que los japoneses han adaptado la tecnología para ponerlos más cómodos en su lucha contra el frío, como tener calefacción en los asientos del metro (pensé que me iban a salir hemorroides), o inclusive tienen calefacción en el asiento del WC (una maravilla cuando vas a media noche).

Sin embargo, por masoquista que pueda sonar, era tal el frío que ya no quería sentirme calientito, esto al entrar a los sitios cerrados o al metro, porque me ponía cómodo y, cuando volvía a salir, la baja temperatura me calaba nuevamente hasta los huesos.
En el Cruce de Shibuya

Durante ese Lunes recordé mi visita a Berlín, en donde me comentaban cómo decrementa tu calidad de vida las nevadas, y no lo dudo. Aunque esto no era nieve, también te afecta la lluvia constante y el frío que sientes por la combinación con los vientos tipo huracán.

También comprendí un poco a las mujeres y sus pies helados ya que, es posible, no hiciera tanto frío pero, debido a la lluvia, creo que todo el tiempo tuve los pies húmedos y eso disparó la sensación gélida que experimenté.

Esos mismos vientos me obligaron a defender el paraguas de Paco a capa y espada, ya que cambiaban súbitamente de dirección y amenazaban con volteármela. Y en ese punto ya estás hasta la madre porque, además de empapado y congelado, todavía te tienes que estresar para que no se te rompa el paraguas :-/

Ahora más que nunca valoré el clima benévolo que vivimos en la zona centro de México, en donde la temperatura nunca baja tanto como para que no me bañe con agua fría ni el calor es tan extremo como para estar empapados de sudor a los cinco minutos.
En Shinjuku frente a mi tienda Favorita

Con el paso de los días, y verificando la temperatura de cada jornada (que fue muy similar), recordé que a todo se acostumbra uno, menos a no comer. Mi último día en Japón hizo igual o más frío que el primero, pero ya no lo resentí, porque estaba aclimatado. De hecho creo que la temperatura fue la más baja de mi estadía porque me quemó la piel de las manos, y ni cuenta me había dado.
El Cruce de Shibuya

Para cerrar el tema del clima, las dos semanas que estuve en Japón tuve que usar mi chamarra, porque nunca dejó de hacer frío, pero ya no volvió a llover, y eso fue una gran ventaja. El ver el cielo despejado fue bastante ganancia, sin importar lo bajo de la temperatura.

Cruce de Shibuya y Hachiko
Mi Selfie con Hachiko

Tokio es una zona urbana muy grande, misma que está compuesta por muchas “miniciudades”, así que no es extraño que cuando llegas a lo que consideras una delegación o municipio, ellos te digan que es una ciudad. Justamente eso me llamó la atención cuando llegue a la “Ciudad” de Shibuya, ya que ellos no se consideran tokiotas sino shibuyenses, lo cual me resultó algo chistoso.

Saliendo de la estación, justo del lado del cruce de Shibuya, está la estatua del fiel Hachiko, de hecho la salida se le conoce así “La Salida de Hachiko”. El histórico can que se hizo popular por esperar a su dueño (aún después de su muerte) fuera de dicha estación, y cuya historia fue inmortalizada en una película japonesa de los 80’s, y su respectivo remake gringo (con Richard Gere) unas décadas después.

Hachiko es extremadamente popular; para ser Lunes a las 10AM, tuve que esperar un buen rato para (finalmente) sacarme un par de fotos con él, ya que eran muchos lo que se retrataban, tocaban e incluso oraban a la escultura. Difícil pensar en otra imagen de un perro tan visitada en el mundo como la del buen Hachi.
En el Meiji Jinguu

Cerca de Hachi está el cruce de Shibuya, que es uno por el cual pasa más gente en el mundo (si no es el que más) y también de los más famosos. Resulta increíble como un simple cruce, un pedazo de asfalto, al aparecer en filmes, animaciones, documentales, historietas, libros y demás se vuelva especial.
La impresionante Torii a la entrada del Santuario

Tal vez sea ese carisma que se le ha provocado pero, cuando te mantienes al margen y ves a la gente cruzar, extrañamente, resulta un espectáculo antropológico digo de admirar: Cada lado avanzando en su propia dirección, gente cruzando sin chocar, esto al ritmo de la músiquita (para los invidentes) que te ponen en los semáforos, todo enmarcado con  los gigantescos anuncios electrónicos. Es tonto, pero lo crucé en todas sus direcciones ¿Por qué? Por si no vuelvo sé que lo habré conocido en cada rincón ;-)

Yoyogi Park y Meiji Jinguu

En la zona de Shibuya está el Parque Yoyogi, una especie de bosque dentro de la megaurbe que es Tokio, y te da un cambio refrescante, hablando de manera literal. Es Enorme, con árboles muy altos y, una vez dentro, se te dificulta imaginar que alrededor está la Megaurbe más poblada del mundo.
La Calle Takeshita

En dicho parque está el Meiji Jinguu, el primer templo que visité en tierras niponas, mismo que me pareció gigante, con llamativos detalles clásicos que me dejaron embelesado, y no sólo a mí ya que, a pesar de la lluvia, había bastantes visitantes. El clima lluvioso le dio un toque místico al lugar, al ver las puertas, los caminos, las lámparas y demás detalles, me dieron un sentido reconfortante y nostálgico, difícil de explicar.

Justo en ese templo aprendí que no le debes retratar a su deidad. Puedes tomar foto de todo lo que quieras, pero al Dios al que está dedicado el templo no te lo permiten. Me gustó mucho este Santuario, pero no sabía que no se compraba a las bellezas que estaba por conocer los días siguientes y otros lugares de Japón.

Omotesando y Takeshita
Santuario Sintoísta en Omotesando

Continuando en Shibuya, en la salida de la estación de Harajuku que da al Parque Yoyogi, se encuentra el inicio de Omotesando, una avenida comercial muy concurrida y muy atractiva, misma que no es tan fresa como Ginza, pero tampoco es tan caótica como Roppongi. No me compré nada ahí, pero me gustó recorrerlo, ya que el ambiente era muy agradable. Tal vez no me encantó a los niveles de Odaiba, pero es un lugar agradable para caminar un rato, ya sea que compres o no.
Shinjuku

Por cierto, dentro de tanto negocio Fancy, encontré un pequeño templo Sintoísta, debía medir unos 15 metros cuadrados, pero estaba muy bien montado y resultaba llamativo entre tanta modernidad.

Saliendo de la misma estación de metro, pero unos metros más alejada, se encuentra la Calle Tekashita, la cual encontré muy entretenida, con una esencia más ad hoc a mí, con cosas bonitas pero sin tanta “freses”. La diversidad de negocios es muy colorida, por ello disfrutas recorrerla aunque no compres nada.
La entrada a Don Quijote

Algo que me sorprendió en este lugar es que, en un pequeño pasaje, encontré que en Japón también existe la fayuca: lugares de menor calidad en cuanto a la presentación y la mercancía. Sin embargo, Japón tiene cosas tan bonitas a buen precio que ni se te antoja comprar las versiones genéricas. Y el siguiente lugar es el ejemplo perfecto de lo que digo.
Hachiko sin mí :'-(

Esencia japonesa a través de Don Quijote.

Don Quijote es una cadena de tiendas muy divertida de Japón, y su sucursal en Shinjuku es la más grande del país, con cinco pisos de puro entretenimiento. Es de esos lugares en la que te la pasas muy bien sin llevar nada aunque, siendo honestos, es muy difícil que salgas de ahí sin comprar algo.

Don Quijote es un paraíso del Shopping con una cantidad (y calidad) impresionante de mercancías a un excelente precio, además que la variedad y colorido es cautivador. Me reí bastante con tantos detalles freaks, perversos, tiernos, prácticos y hasta filosóficos que encontré en dicha tienda. Es una especie de fusión entre mis dos tiendas favoritas de Estados Unidos: Hot Topic y Ross pero, sin ser una copia fiel de ellos, ya que tiene una esencia totalmente diferente.

Creo que Don Quijote es una alegoría perfecta a la cultura japonesa: tiene demasiado en un espacio reducido, tienes tanto qué ver que quieres verlo todo y, sin importar tu personalidad, siempre va a tener algo con qué atraparte.
Barriles de Sake en ofrenda para el Meiji Jinguu

Y es que, además del exquisito gusto nipón, también puedes encontrarte con una perversión de lo más censurable: una dicotomía que se palpa en cada momento; porque cuando crees que no hay una cultura más fina, te salen con una barrabasada increíble, o cuando crees que no puede haber alguien más perverso, te salen con un detallito que te enternece o te sorprende por su buen gusto.
En el Hibiya Park

Uno de esos detalles en donde constatas su calidad son unos llaveros con espadas samurái y Shurinken (estrellas ninja) que no tienen madre. Pensé que el precio estaba mal, porque estaban tan deliciosamente hechas, con una dedicación notable, que hasta me parecía un robo lo que estaba pagando y, a un nivel, me partía el corazón pensar que los iba a regalar, así que también me compré algunos para mí.

Ginza y el Hibiya Park

Fui a Ginza porque es una visita obligada, sin embargo, no me capturó. Es un distrito comercial fresa tipo la quinta avenida en Nueva York, Union Square en San Francisco o The Magnificent Mile en Chicago. El ambiente excesivamente superficial no me atrae, así que pase en chinga y sin ver nada.

Lo único relevante que hice ahí fue comer un rico Ramen en Shippudo, y miren que no me encanta(ba) la comida japonesa, pero el ramen estuvo tan bien hecho, y servido, que me sentí plenamente satisfecho.
Koishikawa Korakuen

Hibiya Park es lo mejor que encontré en el área de Ginza, en verdad me encantó, no porque tuviera algo especialmente llamativo, sino porque pude ver mucha de la esencia local, su vida “intima” por llamarla de alguna manera: gente que viene a ejercitarse, a jugar tenis, los que vienen a mejorar su música, muchos empleados que salen de las oficinas y escapan a este rinconcito de tranquilidad a disfrutar su almuerzo,  otros que simplemente vienen a tener un momento agradable con los amigos o la novia. Me sentí afortunado de apreciar la esencia cotidiana tokiota en este lugar tranquilo y bello, no muy turístico pero que vale la pena visitar.

Koishikawa Korakuen

Este hermoso jardín se encuentra ubicado junto al Tokyo Dome, y es tan amplio como bello. Ahí entendí por qué Abril es cuando Japón tiene una temporada alta que encarece todo: por las flores. Este lugar, con los arboles floridos daría un espectáculo sin igual. Digo, aún sin tener tantas flores era hermoso, pero me lo imagino todo floreado y ha de ser increíble.

Era la mañana de un día laborable, por lo que habíamos pocas personas en el mismo, así que pude recorrerlo con relativa calma y casi todo el tiempo tenía los lugares para mí solito. La composición está muy bien pensada, tanto que olvidas que estás en medio de la ciudad.

Los caminitos, los montecitos, los puentes, los estanques, los riachuelos y hasta los pequeños islotes en medio del lago hacen de tu visita algo relajante. Se vive un ambiente tan pacifico que ni las palomas ni los patos te rehúyen, porque saben que no corren peligro.

            También había unas piedras con unas runas que no eran propiamente japonesas, me imagino que eran de los Ainu o algo por el estilo. Por otro lado, encontré colgadas en las ramas pequeñas placas con nombres en Kanji indicando el tipo de árbol.

            Este solía ser un parque imperial, así que tiene construcciones antiguas y su diseño tuvo muchas influencias chinas. De hecho aún se mantienen bien conservadas muchas de las edificaciones de la época pero, por cuestiones de mantenimiento, no te dejan entrar en ellas. Por su estética tan bella, no es raro que las personas vengan a hacerse sesiones de fotos para algún evento.
Entrada al Santuario

            Yasukuni Jinja

            Para lo pacíficos y respetuosos que son los japoneses, encontrar un lugar religioso polémico, es algo único y que debía visitar. El Santuario Sintoísta Yasukuni es donde se veneran a los combatientes japoneses caídos en batalla. Lo cual está muy cool, qué chido que veneren a sus muertos. El problema es que debido a la encarnizada rivalidad con los Coreanos y los Chinos, es un lugar incómodo en cuanto a relaciones internacionales.

            Resulta que, dentro de tanta gente que se rememora en el templo, hay 14 “criminales” de la segunda guerra mundial (y lo entrecomillo porque eso de que criminales juzguen a otros criminales se me hace muy cínico). Debido a eso, los gobiernos de China y Corea se han quejado amargamente con sus contrapartes niponas, logrando que el Emperador deje de visitar el Santuario para no caldear más los ánimos, hecho que me parece lamentable porque como Monarca de tu país no debes visitar o dejar de visitar lugares de tu nación sólo porque tus vecinos se incomodan. Ya quiero ver que los Coreanos o Chinos tengan esas atenciones de vuelta.

            Sin embargo el resto de la clase política (gobernadores, primeros ministros y demás) sí lo visitan y hasta lo defienden. Incluso ha llegado a haber conflictos de grupos “afectados” que quieren visitar el templo, por lo que ultranacionalistas japoneses que se los han impedido.

            Con todo ese antecedente fui de visita a dicho lugar. Llegue caminando desde el Koishikawa Korakuen y, ciertamente, el ambiente que se respira ahí dentro es más espeso, como que no sientes toda esa buena vibra del resto de templos, aquí la cosa se siente más gruesa, incluso agresiva.
De los Pocos Cerezos que encontré (Hibiya Park)

            Las puertas de entrada al Santuario son enormes, como el edificio en sí y, a diferencia de los otros templos, la afluencia de creyentes es mucho menor, creo que éramos más los turistas que estábamos ahí para satisfacer nuestra curiosidad.

            Sin duda, lo que más me gusto del Santuario es el pequeño, pero bonito, jardín que hay detrás de él. Un jardín Zen muy bello, con muchas Carpas japonesas (Koi) en el estanque. En ese jardincito se respira una tranquilidad que agradeces después de experimentar un ambiente tan “hostil” en el Santuario, y no por la gente, sino que es la esencia del lugar en sí.
Saludos desde Koishikawa Korakuen

Frente al Santuario hay algunos monumentos con motivos militares que van a la perfección con la esencia del sitio y que resultan curiosas porque casi no vi de ésas en el resto de mi estancia en el país del sol naciente.

Hasta aquí esta entrega, en la siguiente, hablaré de algunas de las atracciones más populares de la capital japonesa. Esa segunda entrega la pueden leer en esta liga.


Hebert Gutiérrez Morales.

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