sábado, 13 de agosto de 2016

Desprogramación

            El humano ha requerido de la aceptación externa desde que se implementó el concepto de Sociedad. Las redes sociales sólo vinieron a potenciar esa necesidad. Habemos algunos a los que no nos gusta aceptar el poder que tiene el Internet en nuestras vidas pero, aunque no lo admitíamos, no dejar de ser cierto.

En la vida del humano moderno (que no es lo mismo que evolucionado), el estar conectados virtualmente se ha vuelto algo vital, sólo que pocas veces nos hacemos conscientes de ello.

            Recientemente tuve la fortuna de retomar algo de consciencia, misma que perdí desde que compré mi “bendito” Smartphone. Fueron sucesos pequeños que se dividieron en dos actos grandes.
            
            Primer acto: La bendición del Spam


            No recuerdo desde hace cuánto tiempo, pero ya tengo unos años enviando “La Frase del día”. Todos los días mando un par (una en la mañana y otra en la tarde) a mi lista de contactos que, con el tiempo, había crecido hasta superar la centena de direcciones.

            Un día Hotmail se actualizó a Outlook y, sin explicación alguna, ya no pude enviar mis mensajes. Investigando un poco el tema (por mi cuenta porque los de Outlook no te contestan nada) supe que una de sus nuevas políticas consistía en considerar Spam a largas listas de distribución puestas en copia oculta.

            Me molestó un poco, pero más que quejarme, simplemente mude mis contactos al Gmail, en donde todo fue bien durante un par de semanas, hasta que, también me aplicaron las reglas antispam. Y mis mensajes dejaron de ser enviados.

            En ese punto me desesperé y tomé la decisión de dejar de enviar las frases. Al avisar esto a mis contactos, casi nadie reaccionó, a excepción de un puñado de personas que se mostraron tristes por ya no recibirlas.

            Esa reacción me abrió los ojos a una realidad: a casi nadie le interesaban mis frases. Eso lo entendería si hubiera mandado las frases de manera arbitraria PERO no incluía a nadie en la distribución a menos que me dieran su visto bueno.

            Algo que me pudo molestar inicialmente, resultó ser una bendición y, con ella vino la libertad. ¿Por qué? Porque mis frases y escritos no eran tan importantes como creía, y eso me dio tranquilidad.


Con esa nueva perspectiva, seguí mandando las frases (en copia abierta) sólo a las personas que les importó. También me dejó de angustiar si pasa un día sin que las publique o las mande porque, al final, no pasa nada si se envían o no.

            Esto me sirvió para recordar que las frases las publicó y las envío por mi gusto, no por los demás. Y no me importa si un centenar de personas las reciben, porque prefiero que esas nueve personas estén felices de recibirlas que los otros 92 que no tuvieron la decencia de decirme que los sacara de mi lista de distribución.

            Segundo acto: La Reparación de la Lap.

            Estaba publicando en el blog, cuando me apeteció cambiar de lugar, así que tomé la Lap de manera relajada (por la esquina con un par de dedos) y, fiel a Murphy, justo en ese momento se me cayó y se dañó el disco duro.


            No me desesperé, contacté a mi amigo George y le llevé la máquina para que la reparara (él luego me confirmaría que estaba dañado el disco duro). Intentó repararla durante unos tres días, pero no fue posible: había que cambiar el disco. Compré uno por Amazon, que se tomó cuatro días en llegar. Y George se tomó algunos días en rescatar la información, así como otros tantos en reinstalar el sistema y el resto de programas.

            Durante ese tiempo experimenté una transformación o, mejor dicho, una purificación de mi dependencia con el Internet. Originalmente iba a quedarme una semana sin computadora, lo cual no es mucho pero, al final, me eché un mes entero sin mi máquina, esto debido a todo el proceso que requirió.

            Al inicio me angustiaba no poder publicar ni escribir. Puse anuncios en mis distintas redes avisando de mi ausencia. En realidad mi preocupación duró poco porque, voltee a ver mi pila de libros y empecé a leer. Y ahí empezó mi felicidad.


            Durante mi tiempo sin computadora leí cinco libros de manera tranquila, mismos que disfrute en cada página. Tenía meses que no leía todo por la angustia de avanzar en mis escritos. A la tercera semana me la entregaron pero había un detallito  que no quedaba así que la devolví y seguí disfrutando de mi ayuno del internet.

            Otra ventaja que encontré en dicho período es que dormí como angelito. Se recomienda que una hora antes de meterte a la cama, no tengas contacto con ninguna pantalla (PC, TV, Lap, Smartphone, etc.), ya que éstas excitan tus pupilas y el cerebro. Eso lo comprobé de primera mano.

            De hecho, la primera vez que me regresaron la Lap, a la tercera semana, tuve un ataque de insomnio, ¿por qué? Porque mi ser ya estaba acostumbrado a relajarse leyendo antes de dormir. Por eso, cuando se la regresé a George, sentí más alegría que pesar, porque podía seguir leyendo y durmiendo horrores. Obviamente quería mi Lap de vuelta pero estaba tan pleno que ya no me molestaba que se tardaran un par de días más en entregármela, y si era más mejor.


            Recordé una vez que Nadia se quedó sin Internet y sin Smartphone por varias semanas y me decía que era tan feliz, ya que se sentía libre, sin compromiso de leer o contestar mensajes y que sentía la libertad y plenitud al estar desconectada del mundo. Sin embargo, hubo un día en que recuperó su celular y perdió esa libertad.

            Ciertamente, sin Lap fui muy feliz pero, por desgracia, la necesito para publicar todas mis ideas, que son bastantes, así que la terminé recuperando al 100% justo un mes después que se me cayó (un mes muy productivo y pleno, cabe mencionar).


            El cambio resultante

            Ese mes mi perspectiva sobre las redes sociales, el internet, mis escritos y demás cambió para bien. Y es que la vida no te da lo que quieres, sino lo que necesitas.

            Por un lado, con el nuevo disco duro y nuevos sistema operativo, mi Lap nunca había trabajado tan rápido, además tengo nuevas herramientas que me ayudan a la edición de mis publicaciones, y nada de esto hubiera pasado si no se me hubiera caído.


            También me quedó claro que nunca voy a terminar de publicar TODOS mis escritos ya que, felizmente, siempre tengo temas sobre los cuales opinar (ya si son buenos o malos es harina de otro costal).

Tenía la tonta postura de que iba a leer a plenitud el día que terminará con los escritos pendientes, y eso nunca iba a pasar, así que me estaba encaminando a no volver a leer y, como disfruto mucho hacerlo, no podía permitir eso. Así que recordé que esos libros no se iban a leer solos, ni nadie iba a hacerlo por mí, así que esta experiencia me ayudó a redefinir mis prioridades

            Ciertamente quiero que el mundo conozca mis ideas, pero no puedo vaciarme del todo (por tiempo, voluntad o inspiración). Además no debo sólo dar, también debo de recibir alimento para el alma, y ese recurso me lo da la lectura.


            Aunado a esto, disfrute mucho de mi sueño de calidad.  Así que maté dos pájaros de un tiro al tomar la decisión de leer la última hora antes de irme a dormir, iba a dejar la PC de lado y dedicarme simplemente a mis libros. Entre la enfermedad que sufrí y la Lap descompuesta leí bastante, incluidas publicaciones bastante gruesas, así que me decidí a recuperar esa faceta que tanto me da.

            Cuando regrese de pleno al Blogger, Twitter y Tumblr, ninguno de mis seguidores se habían ido, hasta dudo que se hayan dado cuenta que no estaba, en realidad no hubo gran diferencia con mi ausencia, de hecho creo que nadie la resintió.


            Ésa es una analogía de la vida, porque nos ponemos a vivirla para los demás, creyendo que les vamos a dejar un gran hueco con nuestra partida pero, en realidad, ese hueco va a quedar tapado a la brevedad (si es que se abre). Ese espejismo se incrementa con la supuesta aceptación virtual que tenemos en las redes sociales, en donde creemos que tenemos una verdadera importancia para el resto, cuando no es así.

Por eso hay que dedicarnos a lo que nos haga felices a nosotros, porque cuando nos vayamos nadie lo hará en nuestro lugar. En mi caso eso es leer y ahora voy a darle su religioso tiempo para nutrir mi alma.

            Algo que en un momento me resultó una desgracia, como no difundir mis frases, escritos o acceder al Internet, resultó ser un golpe de suerte, porque obtuve más libertad: Hubo un tiempo en que pretendía ser comercial con mis escritos y que mucha gente me leyera, ahora ya no me es vital que me lean muchas personas, sólo que me sienta satisfecho con mis publicaciones.


           Me di cuenta que, a pesar de lo que digan las estadísticas de blogger, es muy poca gente que en realidad me lee. Así que me ha dejado de importar la cantidad, sino la calidad de lectores, así como la de mis escritos.

Ya no me importa tanto la cantidad de visitas ni mandar mis escritos a la mayor cantidad de gente posible. Ahora me es más importante escribir con calma sin importar que miles me “lean” y ni siquiera capten la esencia de la idea.

Es por eso cuando alguien me deja un comentario, a favor o en contra, pero que entendió mi concepto, me siento satisfecho, ésa es mi paga por escribir: transmitir mis ideas.


Hebert Gutiérrez Morales.

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