domingo, 14 de agosto de 2016

El Otaku que regresa a casa (Parte Dos: Kioto)

Mi versión Anime
Esas dos semanas en Japón las disfrute como nunca pero, a pesar de todo lo que viví y experimenté, mis vivencias vinculadas con el Manganime, serán mis recuerdos más indelebles. Después de lo que viví en Tokio, que pueden leer en esta liga, parecería que Kioto no lo podría superar, pero (felizmente) me equivoqué.

El Shinkansen de Evangelion

Me encontraba en Osaka, en espera de subir al Shinkansen, y todavía veía con ilusión cuando pasaban los trenes a toda velocidad. Vino el mío y lo aborde pero, al ver por la ventanilla, vi uno de color morado “¡Qué raro me dije!”. Ya no le dedique más tiempo porque mi tren partió.

Al llegar a la estación en Kioto, de pronto vi un anunció enorme de “Neon Genesis Evangelion” y, al leerlo con calma, me di cuenta que ese tren morado que vi era la versión especial de Evangelion del tren bala ¡Qué emoción! Todos los interiores estaban diseñados a la estética de la serie, así que era una experiencia que tenía que vivir.
Anuncio del Shinkansen versión Evangelion

Para mi desgracia, mi JR Pass no permitía que me subiera a ese tren en específico y, aunque hubiera querido subirme, esas rutas ya habían pasado en mi itinerario. Así que, aunque ya no lo volví a ver, me sentí feliz de saber que había un tren en honor a una de mis series favoritas de animación.

El Museo Internacional del Manga en Kioto

Esta visita fue tan extensa y provechosa que la tuve que dividir en incisos.
En la entrada del Museo

A)    El inicio

Sabía que la visita al Museo internacional del Manga en Kioto iba a ser especial, pero no sabía a qué grado, de hecho la disfruté al mismo nivel que al Museo Ghibli (incluso más). Además creo que fue el lugar individual en el que más tiempo pasé, ya que la isla de Miyajima (en Hiroshima) es muy amplia como considerarla como un solo lugar en particular.

Lo que me gustó de estas visitas freaks es que ninguna se pareció entre sí, cada una me dejo algo diferente y me llenó de manera distinta. La ilusión y sentimientos fueron saliendo en cada una de ellas.

Entrando está la tienda de souvenirs, pero decidí dejarla para el final, después está la sección de los Manga que han sido traducidos a diferentes idiomas. En la sección de español, me indigné bastante de ver que no estaban ninguno de todos los manga que publicó Editorial Vid en México (que fueron bastantes) y sólo reconocieron los que se publican en España.

Después de la recepción viene el Museo en sí, el cual está lleno de libreros/anaqueles en donde están acomodados los Manga por título, son miles de tomos disponibles para que los visitante los tomen y los lean. Esto me resultó curioso: no podías tomar ni una foto dentro del museo (por cuestiones de Copyright) pero te dejaban leer el tomo que quisieras. Al final mentalidad japonesa.

B)    La Primaria Tatsuike
Esa piedra rememora la escuela primaria

Creo que las primeras lágrimas que derramé, no fueron por ningún manga, sino por la historia del lugar en sí. El edificio solía albergar la primaria Tatsuike misma que funcionó desde 1869  hasta 1995 que cerró sus puertas de manera definitiva. En 2006 adaptaron las instalaciones escolares para fundar el Museo del Manga y, en uno de los salones, pusieron un homenaje a la antigua escuela (ese buen gusto japonés que siempre encuentra maneras de conmoverme).
Alumnos de hace más de un siglo

Fui viendo las fotos de todas esas generaciones de niños, de los maestros, las ceremonias y cada evento importante a lo largo de las décadas, y me partió el corazón verla vacía a finales de la Segunda Guerra Mundial. Sentí una nostalgia especial, como si estuviera viendo las imágenes de mi propia escuela. El ver esos rostros, tratar de sentir los sueños, las ilusiones y los planes de todas esas personas, todos esos sentimientos se dieron en este sitio y, aunque ellos partieron hace tiempo, sus esencias seguían en este lugar.

Pero, si hubiera sido alumno de esta escuela, me hubiera dado mucho gusto que se hubiera convertido en el Museo Internacional del Manga, porque sé que, de alguna forma, esos sueños e ilusiones van a seguir vigentes y, de alguna manera, algunos de los visitantes que se pasen por este salón, sabrían un poco de mi historia.
En ceremonia

Respecto a la línea anterior, como breve paréntesis, todo el tiempo que estuve en dicho salón (como 20 minutos), nadie más entró, supongo que a pocos les interesa la historia de una primaria que ya no funciona. Por mí estuvo mejor, porque pude disfrutar de esta exposición a solas. Volvamos a la historia de la escuela.

Antes había una media de 800 alumnos en la matricula pero, con la disminución de niños en Japón, a finales del Siglo XX, ya sólo había unos 110 por escuela en promedio, así que tuvieron que unificar instituciones para completar la plantilla y aprovechar instalaciones, por lo que algunas tuvieron que cerrar. Ahí comprendí por qué veía tanto niño a solas en el metro (sin importar a qué ciudad fuera), porque se supone que deberían ir a primarias cercanas a su casa, no a cinco estaciones de la misma.
Empecemos con el Cosplay

¡Gracias Primaria Tatsuike por donarnos tu edificio para este maravilloso museo! Siempre veneraré tu sacrificio y recordaré tu historia, no sabía de tu existencia, pero ahora tendrás un lugar en mi corazón. :’-)

C)    Cosplay y Modelismo

Siempre fui un Otaku Estándar, o sea no era “tan” Freak, nunca fui desinhibido como para hacer Cosplay ni tan detallista como para hacer modelismo. Tuve amigos que sí practicaban ambas, y los admiraba por tener tanta confianza y/o paciencia.
Imágenes de la revista de Cosplay que compre

En el Museo hay una sección de modelismo bastante padre y de buen tamaño, en donde principalmente resaltaban las figuras de “Gundam” (eso siempre me frustró de Japón, porque Macross no es ni la quinta parte de popular que Gundam). Las figuras estaban muy bien hechas y con un detalle de lo más notable por lo que, aunque nunca fui mi máximo, me sentí muy feliz de ver algo tan bien hecho.
Estos sí son Profesionales

Pero eso no era nada a comparación de la exposición fotográfica de Cosplay que había en otro salón. En verdad quedé muy sorprendido de la calidad de las fotos, toda la producción que le pusieron a la ambientación y el cuidado que le pusieron a la interpretación de cada personaje.

Esta fue la revista
La verdad no me esperaba ver algo así, y comprendí que el Cosplay que había visto en México era de muy baja calidad a comparación de lo que se hace en Japón. Fue tan cuidada la calidad del montaje que para mí eso era arte. De por sí el Manganime es una forma de expresión artística, pero ver como los aficionados pueden hacer Arte de su afición es algo remarcable. Quedé tan gratamente impresionado que compré las fotos en una recopilación impresa que vendían en la tienda, por lo bien que estaban hechas.

D)    El Museo en sí

El ambiente que privaba dentro del Museo era muy chido, por ejemplo, cuando llegas lo primero que ves es el patio, mismo que está repleto de gente, tirada en el suelo, leyendo de la manera más natural o despreocupada posible.

Pero también podías leer dentro porque las sillas estaban cómodas, la música ambiental era de muy buen gusto (instrumental y relajante), había una sección para niños llena de cojines, había otra en donde podías dibujar libremente (te daban todos los materiales), también había instructores que te enseñaban las técnicas de dibujo básicas del manga y, como comentaré más adelante, había una sección en donde podían retratarte al estilo Anime. Todo esto además del pabellón principal.
Como no me dejaron sacar fotos bajé ésta

¡Qué padre que exista un museo así! En donde puedes tocar y degustar el arte que está en exposición, al final el manga se hizo para eso: Para ser leído, no para ser expuesto en una urna y que sólo lo veas por encimita. Obviamente sí había documentos históricos que no podías tocar y, lo único que no me gusto, ¡No te dejan tomar fotos!

Fue la visita a un museo que más he disfrutado en mi vida, claro, porque iba enfocada a mi lado freak. Y habrá quien piense “Es un Museo de Freaks” y sí, no lo puedo negar, pero es uno de muy buen gusto (Como no podía ser de otra manera en Japón). Y es que está muy bien montado, está muy pulcro, incluso elegante,  y la producción alrededor te deja muy satisfecho, por el ambiente tan agradable que se vive dentro.
La exposición principal

E)    La exposición principal

En el que solía ser el auditorio de la escuela, se encuentra la atracción principal del Museo, propiamente la historia del Manga. Una exposición bastante agradable que te va llevando por la historia de dicho arte, sus adaptaciones, sus tendencias, su importancia social y cultural a lo largo de la historia japonesa.

Resulta increíble cómo unos dibujitos tan “cutres” o simples hayan llegado a tener tanto impacto alrededor del mundo. Y, también comprendí, que aunque somos muchos aficionados a su historieta, para el japonés tiene un significado más orgánico el leer manga, algo que hacen desde que aprenden a leer hasta ya etapas muy avanzadas de su madurez.
Exposición que es enorme

Alrededor de la exposición sobre la historia del manga, hay muchos anaqueles con los manga más relevantes de cada año, a partir de los años 50’s cuando empezó a evolucionar en un arte que empezó a traspasar fronteras.

Al ir viendo personajes que formaron parte de mi vida, me fueron recordando otras épocas, en donde era alguien diferente (no mejor ni peor, simplemente diferente), me conmovió de manera profunda. Sentí una calidez especial en el pecho. Para no hacerla larga, les compartiré sólo dos de dichos momentos en mi paseo por la historia.
Kamui, el Ninja desertor

F)     Kamui, el Ninja Desertor

Mi corazón se estrujó cuando vi los dibujos originales de “Ninpuu Kamui Gaiden” (o Kamui, el ninja desertor), por un momento me hice chiquito, volví a ser aquel chamaco que conoció el Anime japonés a los seis años, y sentí una ilusión tremenda, y emoción impresionante, como si hubiera encontrado una parte de mi pasado.

Kamui fue siempre de mis Anime favoritos, a pesar de la censura que le ponían en México al recortarle escenas y modificar los diálogos. De niño no entendía muy bien de qué demonios hablaban, pero sabía que era algo importante. Después volví a verlo en la adolescencia y me volvió a enamorar, porque el argumento de este Anime era muy profundo, muy filosófico, muy humano.
Y su fiel compañero

El argumento trágico de Kamui no será de los más populares (de hecho pocos japoneses se acuerdan de él) pero, en mi historia personal, siempre será un personaje de relevancia vital para lo que soy ahora.

G)   Slam Dunk

Cuando encontré Slam Dunk, tomé el primer manga y disfrute como cuando conocí dicha historia. Después tomé el último tomo e hice una pausa de mis vacaciones, me senté cómodamente en uno de los lugares de la sala y me puse a leerlo, aún con mi japonés parchado porque: A) ya sabía de qué iba la historia y B) ya sabía el final, pero nunca lo leí tal cual, sólo en resúmenes. Así que vi página a página cómo Shohoku, de la mano de un heroico, y agotado, Sakuragi Hanamichi, se coronaba campeón nacional. Aunque ya sabía el final, me emocioné como si fuera nuevo para mí.

No lo voy a negar: lloré, y no me dio ninguna pena hacerlo en ese lugar, porque estaba rodeado de gente que entendía mi sentir. Pero no sólo llore por Slam Dunk, sino por todos y cada uno de los momentos que disfrute mi querida afición que ahora la practico de manera esporádica.

En verdad estaba muy agradecido por todos los años que viví de Otaku, por todo el tiempo que le invertí y todo el dinero que me costó, pero todo valió la pena ¿Por qué? Por todas esas emociones que me regalaron, por toda esa alegría que le dieron a mi ser, por toda esa ilusión con la que viví esos años en que creía en que el mundo podía ser mejor gracias a esta hermosa afición.

Pero mis lágrimas también fueron porque comprendí que ya no voy a regresar a esa época, la cual disfrute bastante pero ya no va a volver, y no porque ya no quiera, es que ya no se puede.

Ahora me he vuelto más cínico, ya no gozó de la misma ilusión ni limpieza de alma pero, en un rinconcito de mi corazón, seguiré siendo aquel ñoñazo blandengue que disfrutaba leyendo sus historietas y viendo sus anime, creyendo que la humanidad era así en la realidad.

Esa época en la que creía que un mundo mejor puede existir pero, con el paso del tiempo, te das cuenta que sólo tenemos lo que hay. Y por eso tendré en un lugar especial al Manganime: por haber dado la ilusión que un mejor lugar podía existir.

H)    Al que no habla Dios no lo oye.

Cuando llegué al Museo vi que había gente haciendo retrato estilo Anime, iba a preguntar pero había un anuncio que decía que ya estaban llenos los lugares para dicho día, lo cual me rompió brevemente el corazón, porque quería mi retrato al estilo Anime.
Orgulloso con mi retrato

Horas después, tras una jornada tan llena de emociones me disponía a retirarme pero, al pasar por el área de retratos, vi que uno de los Mangakas estaba jugando con su celular, lo cual me extraño, porque tenían las citas llenas. Así que fui a preguntar (al fin que el “No” ya lo tenía seguro).

El chico me dijo “Sí, puedes pasar, la cita de las 3:00 no llego por su retrato” y ahí se me alegró aún más el corazón: ¡Iba a tener mi retrato versión Anime! Yatta! De alguna manera estoy convencido que esta cancelación oportuna fue mi “pago” por cederle la entrada a John (el inglés) al Museo Ghibli. Alguien había cancelado y ése fue un regalo inesperado para mí.

El dibujante fue muy eficiente, muy atento y se concentró a tope, como buen japonés, quería hacer el mejor retrato posible. Cuando lo término y me lo enseñó, no pude ocultar mi sonrisa, estaba muy feliz: ¡Por fin conocía mi versión Anime! ¡Y me la iba a llevar a casa!
Gente leyendo en el patio del Museo

Luego me puse a platicar con ambos (la dibujante de al lado había terminado su retrato) y les dije toda la influencia que el Manganime tiene para muchos jóvenes en México, tanto que hasta aprenden japonés y su máximo sueño era conocer Japón (como su servidor). Para ellos fue algo muy bonito que les compartirá eso, y se sentían orgullosos que el manga tuviera tanto impacto en el extranjero.

Como llego la cita de las 3:30, tuvimos que terminar nuestra conversación. Y así me fui muy feliz de un Museo que me regaló muchas emociones. Sin duda alguna el dinero mejor invertido de mi vida (y no sólo me refiero al Museo, sino a la afición en general).

Una vez Otaku, por siempre Otaku

De las veces que Paco y yo platicábamos, tuvimos algunas charlas muy chidas de nuestros tiempos de Otaku, cómo veíamos la vida en aquel entonces. Lo que creíamos, lo que nos desengañamos al crecer e incluso nos permitimos a discernir un poco sobre el final original de Evangelion. De hecho me recomendó el “reebot” de Evangelion, mismo que me había abstenido de comprar porque no lo sentía “correcto”.

Esas platicas que hace 15 años manteníamos y que, matizadas con el tiempo, fue un placer volver a tener, sobre todo con alguien que compartió tu pasión en la misma época (y casi en la misma edad), por lo que entiende tu lenguaje y el sentimiento experimentado.
 (Macross) Ai, Oboete imasu ka?

Dos semanas después de haber dejado Japón me encontraba en el Mix-Up comprando una par de películas que me faltaban de Ghibli, las nuevas películas de Evangelion, la segunda parte de Ghost in the Shell entre otras animaciones. ¡Ah! Y la Sociedad de los Poetas Muertos “Oh Capitan! My Capitan!” :’-)

Ahí confirmé que, aunque ya no es el mismo nivel de fanatismo, nunca dejé del todo la animación japonesa, sólo ha ido cambiando la intensidad con la cual la vivo. Y es que, en todos estos años sigo viendo mis Anime de vez en cuando, cuando encuentro alguna animación en BluRay o en el Cine, trato de verlas, eso sin contar que escucho mi música de Anime con bastante frecuencia.
Gatchaman (o "G-Force" o "Fuerza G")

Justo por eso es que no he olvidado el japonés, a pesar de haberlo abandonado muchos años, porque tengo contacto frecuente con él, lo cual resulta curioso, ya que empecé a estudiar dicho idioma por mi afición y ahora esa misma, aunque en una versión más ligera, me ayuda a mantener vivo el idioma (eso es lo que llamo un circulo virtuoso).
Shin Seiki Evangelion

El Manganime es tan maravilloso que una vez que te atrapa es difícil dejarlo atrás, obvio tu vida avanza y tienes otros intereses, pero nunca lo dejas por completo. Es por eso que en Japón lee Manga sin distinción de género, edad o clase social.

Este viaje me dio un gran regalo, el darme cuenta que voy a lograr una meta que me propuse hace muchos años: ser Otaku hasta el final de mis días. Ciertamente no lo voy a hacer al 100%, ya que tengo otras cosas en las cuales ocuparme pero, en los ratitos que me queden libres, disfrutaré con la ilusión de siempre alguna animación nueva o volver a emocionarme con mis películas viejas.
Death Note

Y por eso, sin importar lo que pase, siempre amaré a Japón: por regalar tanta ilusión a mi vida. :’-)


Hebert Gutiérrez Morales.

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