domingo, 14 de agosto de 2016

El Otaku que regresa a casa (Parte Uno: Tokio)

   
Con el Mecha de Gundam
        Antes de este viaje, estaba convencido que ya no era tan freak pero, cuando regresé a México, al desempacar vi mi playera de Dragon Ball y otra de Slam Dunk, mis figurillas de Evangelion, mis posters de Rayearth y de Escaflowne y demás chucherías, tuve que admitir que seguía siéndolo. Y eso es nada, si hubiera ido hace 14 años, hubiera dejado toda la ropa y mis maletas hubieran venido repletas de madre y media relacionadas con Anime y manga.

Eso me dejo patente que una vez Otaku, por siempre Otaku. Tal vez no a la misma intensidad, pero el “gen” se queda en tu ser, es como la varicela, nunca te curas de ella, sólo se queda latente en tu ser hasta que, por un evento extraordinario, se reactiva.

            Parte del por qué sentía esta visita a Japón como un regreso a casa, es porque, entre tantas otras cosas, comparto esa esencia friki que tienen por una de sus exportaciones más vistosas y conocidas a nivel mundial: El Manganime. Y vaya que hay lugares en donde lo vives con todos tus sentidos. Empecemos por el más popular de ellos.
La Estación de Akihabara

Akihabara

“La vida no te da lo que quieres, sino lo que necesitas” una frase de Fritz Perls que no importa el tiempo, siempre me sorprende por su veracidad universal. En el 2002, cuando iba a venir originalmente a Japón, uno de los lugares por los que moría visitar era Akihabara y, cuando por fin llegué a él, me alegro no haberlo hecho en aquel año.
El Sueño de todo Freak

En verdad fue una bendición ¿Por qué? Sin duda hubiera perdido la cordura en este lugar, y hubiera hipotecado hasta lo que no tenía por comprar todo lo que me fuera posible, que es bastante. Es increíble la cantidad de tiendas, de todos colores y sabores, enfocadas a todos los giros, y es que son cuadras y cuadras de este tipo de negocios.

Y en esas tiendas encuentras una diversidad impresionante de mercancías, hasta las que no te imaginas que existen, las venden, y son tan bonitas o creativas que, aunque no conozcas la serie, casi es una obligación comprarlas.
Anuncios en verdad espectaculares

Para mi fortuna, ya no conozco nada de anime ni manga actuales, las series que me gustaron ya son tan “viejas” que nadie pregunta por ellas, sólo los Gaijin nostálgicos como yo, pero no somos un púbico tan representativo para las tiendas de este lugar, así que no vale la pena atacar ese nicho de mercado. Lo bueno que, para gente como yo, existe otro lugar maravilloso y menos llamativo, pero eso viene en el siguiente apartado.
Figurillas de la Princesa Mononoke

Y es que con el consumidor japonés basta y sobra para mantener activas a todas las tiendas de Akihabara, y que conste que no es el único lugar dedicado al sector Freak del Manganime, aunque sí el más grande y el más famoso. A pesar de ello, desde mi perspectiva, no fue el mejor, pero eso no lo sabía, hasta un par de días después iba a conocer un lugar al que no me pude resistir y que viene más abajo.

Hubo un punto, mientras estaba en Akihabara, en que me sentí muy feliz, y eso que no conocía ninguna de las series que ahí estaban en auge. Simplemente estaba muy agradecido, en especial esa parte freak, nerd, ñoña y Otaku que hay en mi interior. Ese Hebert que se gastaba sus ahorros en historietas, películas, revistas, CD, posters y demás, aquel que sentía una emoción especial y que gozaba de una inocencia diferente al disfrutar de sus series.

El estar ahí fue como tener un diálogo interno en donde el Hebert adulto le decía al Hebert Otaku “¿Ya viste? ¡Es real! ¿Ahora eres feliz?” y mi parte freak contestaba “¡Ssssíií! Sabía que existía el cielo ¡Gracias por traerme!”.
Más adelante hablaré de este maravilloso Museo

Tal vez en su momento me hubiera vuelto loco por la felicidad, pero no creo que hubiera sido lo más sano. El venir ahora me permite no enloquecer pero, al mismo tiempo, recordar lo que sentía con ese hobby tan valioso para mí. Fue una experiencia religiosa retroactiva y, el haber venido a la Meca de los Otaku, es algo que atesoraré el resto de mis días.

Hubo alguien en Facebook que, al ver mis fotos y el ánimo con que las comentaba, sugirió que quería regresar a dicho vicio pero eso ya no es posible. Para ser aficionado al Manganime se necesita cierta esencia, misma que veía en mis compañeros de clase de japonés por ejemplo: una ilusión en el alma que se refleja en un brillo especial en los ojos.

Creo que aún tengo algo de limpieza en mi ser pero con el paso de los años y, sobretodo, de los daños, uno se da cuenta que ya no puede volver a sentir lo que experimentó en esa época, lo cual es triste y reconfortante al mismo tiempo. Supongo que a eso se le llama madurar un poquito.
Así se ve Nakano Broadway al salir del metro

Nakano Broadway

Japón es la sociedad ideal para la gente friki, y en Nakano Broadway lo puedes comprobar. Saliendo de la estación de Nakano, hay un centro comercial que, a primera vista, se ve muy normal: con restaurantes, tiendas de ropa, de zapatos y negocios de lo más común. Pero, si sigues avanzando vas a encontrar la sección conocida como Broadway, en donde entras al Universo Otaku de lleno, ya que la totalidad de negocios está dedicada al Manganime, los videojuegos, cosplay y demás.
Hasta acá, todo normal

No son cuadras y cuadras como en Akihabara, “sólo” es una sección de cuatro plantas con pasillos y pasillos llenos de locales dedicados al medio. Sin embargo, a diferencia del otro lugar, éste sí tenía mucho material de las series a las que fui aficionado, y ahí sí sentí ese enganche que me faltó antes. Y es que aquí dominan las tiendas de “Mandrake”, cadena dedicada al Manganime viejo.

Me imagine de manera retroactiva y me dio miedo de ver lo que hubiera pasado si hubiera venido cuando originalmente iba a hacerlo: si hubiera visitado lugares como Nakano Broadway cuando era Otaku, literalmente hubiera perdido la cabeza, la noción del tiempo, del dinero, de los límites, y hasta del buen gusto. Y lo sé porque, ahora que estoy alejado del medio, de todas formas acabé comprando mamada y media (excelentes compras, por cierto)

El hecho de que exista un lugar así con pisos y pisos llenos de locales y locales dedicados al manganime es algo que en verdad te agobia y, por primera vez, entendí por qué el japonés estándar desprecia al Otaku: por esa adicción tan enfermiza.
Mi playera de Shohoku :-)

Pero, yo que lo fui, puedo afirmarles que, si la controlas, no es tan dañina . . . pero ahí está el detalle: si la controlas. Tiene años que dejé de ser fan, pero aún recuerdo la obsesión cuando estaba en mi apogeo. Recordé aquellas veces que iba a los tianguis (disfrazados de convenciones) en el DF, a comprar con el dinero que no tenía e incluso quedarme sin comer por comprar una historieta, una CD o una película más.

Una de mis mejores compras, y de mis mejores momentos, en dicho lugar fue en un pequeño negocio de Playeras. Vi todas las de Shohoku, obviamente tenía que comprarme la del número Diez del buen Hanamichi Sakuragi. Al mismo tiempo que veía la mercancía, porque había diseños muy chidos en verdad, estuve platicando muy agradablemente con el dependiente de la tienda sobre Slam Dunk.

Eso es lo que te da una afición como el Anime, porque te regala conversaciones con auténticos desconocidos y fluye en intensidad, emoción y confianza como si tuviéramos años de conocernos “Recuerdas esa canasta de Mitsui” “Pero qué tal aquella vez que Ryota se cargó al equipo” y demás. Esas pequeñas felicidades que tienes en un viaje como estos :’-). En el segundo escrito, en donde hablo del Museo del Manga, les compartiré otro momento especial que me regaló Slam Dunk. Mientras, continuemos por Nakano Broadway.
De tener subtitulos, esta maravilla hubiese sido mía

En un negocio especializado en películas, encontré una auténtica joya: la colección completas de Macross (en México se le conoció como Robotech) en Blu-Ray a 4500 pesos. Por un momento lo pensé seriamente, me carcomió la duda pero, al final opté por no llevarla, aceptando que esos tiempos ya pasaron . . . bueno . . . y he de admitir . . . también influyó que no la tuvieran subtitulada para no comprarla ¬_¬U.
Presumiéndola en el trabajo

En una librería de Manga encontré, además de las historietas, libros respecto al tema, revistas especializadas, guías de dibujo, de cosplay, de anime y demás. Obviamente también tenía su sección Hentai y, al pasar por ahí, ¡qué bárbaro! la energía de los que ahí estaban en verdad se sentía densa de tanta perversión, y miren que no le he bajado a la mía, sólo he evolucionado, ya no con pornografía animada. Y es que nunca le bajaré a mis perversiones, simplemente cambiaré de estilo en las mismas H_H

Al ver esa intensidad en el pasillo Hentai me pregunté ¿Acaso no hay una diversión que no te absorba y ponga en riesgo tu integridad moral, psicológica, física y emocional? Síp, todas lo son, ya sólo depende de ti la medida que le pongas. Al final todos vamos cambiando, y con nosotros nuestros hobbies, no hay pasatiempo bueno ni malo, simplemente tenemos los que necesitamos en cierta época de nuestra vida.

Hubo un punto en que me asquee de Nakano Broadway, pero también lo disfrute a montones pero, sobre todo, me preocupe, porque al día siguiente me tocaba el Museo Ghibli, estudio que es el único remanente de mi obsesión con el Manganime, así que ahí sí corría grave peligro de perder la cordura.

Gundam Project en Odaiba
Aunque Odaiba fue uno de los lugares más vistosos que visité, debo de admitir que el hecho de que tuvieran un Mecha de tamaño natural de Gundam, definitivamente pesó para que fuera a dicha isla artificial.

Y es debía ver una estatua de tamaño real de lo que sería un Mecha, aunque no soy fan de Gundam, era algo que tenía que constatar con mis propios ojos. La estatua es impresionante, ya que mide 18 metros y pesa 35 Toneladas y atrae a unos cuatro millones de visitantes al año.

Aunque soy más fan de Evangelion, Macross, Patlabor, Mazzinger Z o Rayearth, el estar junto a un Mecha de tamaño natural es una sensación muy bonita, como que sientes que en cualquier momento se va a mover o que te puedes montar a él para pilotearlo.

En Japón Gundam es impresionantemente popular, llegando a hacer varias sagas del mismo universo. Personalmente conozco casi nada de la serie pero, por el hecho de brindarme esta maravillosa oportunidad de estar junto a un Mecha tamaño natural, ahora la recordaré con mucho cariño.

Museo Ghibli
Tuve que bajar esta foto para que vean el interior

De regreso a México, al revisar el listado original de atracciones, me hice consciente que mis principales Highlights del viaje tenían que ver con anime o manga; de hecho lo más importante de todo mi viaje era visitar el Museo Ghibli, para el que hay que reservar lugar con unos tres meses de anticipación, ya que la entrada está limitada a unas cuantas personas al día.
La entrada al Museo

Creo que fue en lo único que estuve chingue y chingue a Paco, para que encontrara un hueco en su agenda y fuera a comprar las entradas a Lawson, cadena de tiendas comerciales japonesa. Y mi acoso rindió frutos, porque finalmente los compró y fui muy feliz :-).

Por desgracia, como comenté en uno de los escritos previos al viaje, mandaron a mi amigo a Corea por motivos de trabajo, así que no pudo acompañarme a este maravilloso lugar, y fue un hecho triste para mí, ya que gracias a él conocí este maravilloso estudio y, el visitarlo con él era algo especial para mí.
El Mapa del Museo

Aun así me lleve su boleto para venderlo ahí, seguramente había alguien deseoso por entrar y que no sabía que había que comprar con anticipación, y mis suposiciones eran correctas.

En la entrada había un par de sujetos, como de mi edad, cuando les dije que tenía una entrada adicional, el que tenía la ilusión de entrar vio al que sólo estaba ahí de palero y el segundo le dijo “Mira John, tú entra, es tu sueño, yo te espero acá afuera”, al buen John se le iluminó la mirada y preguntó “¿En serio?” y su amigo asintió. Por su acento supe que eran británicos.
Tenkuu no Shiro Raaputa

Así que John se volteó conmigo y, mientras me pagaba los 1000 yenes, me decía con una expresión llena de ternura y con la lágrima a punto de brotar “Muchas gracias hombre, ¡no sabes cómo lo aprecio!”. Me sentí bien, porque la ausencia de Paco por lo menos le cumplió el sueño a alguien que tenía la ilusión de entrar a este mágico sitio.

Y no fue el único. El entrar a ese lugar de ensueño significó uno de los días más felices de mi paso por este planeta, tan sólo la visita a dicho Museo valió todo lo que pague por el viaje. Siendo objetivo, el Museo en sí no será la gran maravilla pero, está lleno de detalles muy sutiles que hace emerger toda la ilusión y alegría que sientes con cada una de las filmaciones de este estudio (Es más, estoy escribiendo esto y me surgen las lagrimitas).

Es una auténtica lástima que no dejen sacar fotos dentro de él pero, siendo honestos, los comprendo, porque la gente se la pasaría fotografiando todo en lugar de disfrutar toda la hermosa esencia que respiras en este sitio.
El Museo a la hora de cierre (el Robot está allá arriba)

Y es que, mientras subía las escaleras de caracol en una especie de tronco, esto acompañado con una hermosa música de fondo, me hizo sentirme estúpidamente feliz, como cuando eres niño en donde lo eres sólo porque sí. Esa alegría cálida que te surge en el pecho y te sube por los lagrimales. El bello sentimiento que sientes en este sencillo lugar es de las máximas delicias que he experimentado, y casi todo lo hizo la ilusión previa que disfrutaste antes, con la magia que te regalan en cada filmación.
Los anuncios externos del Museo

En la parte en que te enseñan cómo trabajan los dibujantes, hay bocetos de cada una de las películas. Al ir viendo cada imagen, fui recordando en qué época vi cada filmación, lo que sentía, las ilusiones y sueños que estaban vigentes en cada momento. Me conmoví mucho, fue como ver mi camino a través de Ghibli, el cual ha estado presente en mi existencia los últimos 17 años, desde que Paco me prestó “Hotaru no Haka” (La Tumba de las Luciérnagas) Ghibli ha sido parte vital de mi esencia y ha hecho mi vida mejor, por lo que estaré eternamente agradecido con ellos el resto de mis días.
Mi vida es mejor gracias a Ghibli :'-)

Hay una parte, en donde te explican sus técnicas de filmación, en donde tienen una casita con imágenes de cada película, y me pareció un detalle tan lindo y conmovedor, que rogaba porque me dejaran solo un momento y poder llorar a gusto por toda la gratitud que sentía, de esas ocasiones que te sientes afortunado por estar vivo y por haber conocido tan maravilloso estudio. El sentimiento se potenció al ver una pequeña muestra de cómo animaron “Tonari no Totoro”, y sólo sonreía estúpidamente al ver un truco tan sencillo pero muy ingenioso.
Tanta alegría a través de tantas historias

Otro momento que agradeces horrores, es el pequeño corto que te ponen dentro del Museo. Me tocó ver “Yadosagashi” (En Busca de un hogar), una obra a las que nos tiene acostumbrado el estudio: un argumento de lo más sencillo, sin gran complicación, pero que te tiene entretenido a cada instante, sin necesidad de diálogos, sin efectos modernos ni complejos, con una técnica de animación clásica.
Despidiéndome junto a Totoro

De lo más notorio de este corto es que todos los efectos de sonido fueron hechos por una voz humana, dando un resultado excepcional. Son 12 minutos que estás hipnotizado, en la que te la estás pasando muy bien y, al mismo tiempo, estás recibiendo un mensaje de convivencia con la naturaleza.

Los que trabajan en el museo son muy afortunados y, al mismo tiempo, no lo son. Por un lado, el vivir la magia del lugar y el ver la reacción que produce en las personas pero, por el otro, desensibilizarse y acostumbrarse a ello.
Y ahí ya me había ido a casa feliz :-)

Ese día, estuve en el museo hasta que cerró (6pm) y decidí acabar temprano e irme a casa, había sido un gran jornada (Odaiba y Ghibli en el mismo día) y ameritaba terminarla con ese buen sabor de boca. Así que me fui directo a casa, estaba algo cansado, pero de sentimientos tan intensos de alegría que había experimentado durante el día.

En la segunda parte les compartiré más momentos felices entre la cultura que más amo (la japonesa) y el hobby al que más cariño le guardo (el Manganime), pero ahora en la zona de Kansai. Esa segunda entrega la pueden leer en esta liga.


Hebert Gutiérrez Morales.

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