sábado, 20 de agosto de 2016

El Pelón Cuarentón (¡Está Pelón! – Parte 2)

Mi nuevo look
            Para leer toda la explicación sobre creencias samurái, el cortar raíces con el pasado, superar obstáculos, cerrar círculos y demás motivos por la que me rapé las cuatro ocasiones anteriores, pueden leer “¡Está pelón!” que escribí hace cuatro años, justo en esta liga.

            No importa cuántas veces lo hagas, raparte es algo que siempre te pone nervioso. Es como cuando voy a la Huasteca Potosina y salto de 10 metros, sin importar las veces previas que lo hayas hecho, siempre te sientes mariposas en el estómago.

            Pero saltar al agua es diferente, ya que es un momento de adrenalina que, después de emerger del agua, disfrutas horrores. El raparte es algo con lo que vas a lidiar cada vez que te topes con alguien conocido, en la que vas a encontrar siempre sorpresa, seguida por cuestionamientos, burlas, y más cuestionamientos, miradas de extrañeza, y aún más cuestionamientos, sentimientos de empatía no solicitados y demás reacciones. El raparte nunca va a pasar desapercibido, sobre todo si vienes de tener la mata larga.

            ¿Por qué me rapo en esta ocasión? No lo sé, sólo hay una certeza en mi interior que me indicaba que ya era tiempo. La idea inicial era hacerlo en mi cumpleaños 40, pero esa idea pasó a segundo término cuando me enfermé hace un par de meses: el Herpes Zóster aceleró mi decisión. De hecho, sí por mí hubiese sido, me hubiera rapado en el punto más álgido de la enfermedad porque, de pronto, la cabellera me molestaba y sentía mucho calor al momento de dormir.

            El agobio de estar enfermo tuvo sus efectos psicológicos, entre ellos ponerme más sensible por lo que, de pronto, el cabello me pesaba y quería deshacerme de él, pero dos factores me lo impidieron: la enfermedad en sí y la Visa gringa. Cuando las costras estaban en su máximo esplendor, sabía que en el cráneo también tenía franjas encostradas, así que el haber estado pelón hubiera dado un espectáculo más feo del que ya daba. De hecho, ya rapado, efectivamente vi las líneas de lo que hubieran sido las costras.

            Por otro lado, por la misma enfermedad, había pospuesto mi cita para la foto de la visa en la embajada gabacha, y no quería salir pelón y con cicatrices en la misma (que va a durar diez años), así que me esperé hasta después de tomarme la foto. Y ese día fue hoy en la mañana así que, en cuanto regresé de la Ciudad de México, me fui directamente a la estética.

            A diferencia de los dos días previos, en donde estaba algo nervioso, hoy que me raparon estaba muy sereno, de hecho llegue a la estética y se lo dije con toda tranquilidad a la chica, cuya reacción ya esperaba, porque es la misma que he visto las cuatro ocasiones anteriores, aunque con diferentes personas.


            Resulta curioso, nunca me he rapado con la misma persona, siempre voy con alguien diferente, pero no es adrede. Soy alguien de costumbres y, cuando me siento a gusto en un lugar, no tengo por qué cambiarlo. Sin embargo, por alguna razón que desconozco, nunca me mantengo con la misma estilista, de hecho no creo haber durado con alguna más de cuatro años.

            “¿Pero por qué te vas acortar tus hermosos chinitos?” es lo que la chica en turno cuestiona, con un dolor tan auténtico que hasta parece que ellas son las que se van a rapar. Y sí, mi cabello siempre es popular con las mujeres ya que, como me lo han dicho en infinidad de ocasiones, les encantaría tenerlo como yo.

            Lo bueno que he aprendido a ser frío, así que no me dejo llevar por sus sentimentalismos y me mantengo firme en la decisión. Mientras me rapan siempre es la misma observación “¡Pero qué tranquilo te mantienes! Yo ya estaría llorando” es lo que, palabras más palabras menos, me dicen. Pero ya he pasado por este proceso además, cuando tomas este tipo de decisiones, debes estar plenamente convencido, de lo contrario, es mejor no hacerlo (justo como saltar de 10 metros al agua).

            Por cierto, esta vez me curé de la frustración de hace cuatro años, en donde quise donar el cabello y, a base de pretextos y burocracias, nadie me lo aceptó. Ahora sí encontré un lugar: una plaza cerca de Fresópolis, en donde sí me lo aceptaban.

Me pedían mínimo 25 centímetros, lo cual era fácil porque ya pasaba de los 30, sin embargo, mi chino es tan cerrado que no les servía para las pelucas para niños con cáncer así que, para mi tipo de cabello requerían 35 o incluso 40 centímetros para poder usarlo. Como ya no quería esperar otro medio año para raparme, pues ya no pude donar así que, como hice hace cuatro años, se lo regale a la estilista para que hiciera extensiones para sus clientas.
            

La misma voz interna que me indicó que ya me debía rapar fue la que me dice que va a ser la última vez, ¿por qué? Tal vez porque vaya a encontrar otra forma de cerrar ciclos o pasar de etapas en mi existencia. Y también hay otro factor que pesa mucho: la edad.

No es lo mismo que te rapes en tu adolescencia a cuando eres un adulto (en teoría) maduro, porque la sociedad está programada a pasarle todo a un chamaco que está medio pendejo (aunque normalmente están pendejos y medio) que a un adulto “hecho y derecho” que no debería estar dando esto cambios tan radicales en una edad en la que se debería comportar bien (o sea de manera previsible y aburrida).

            Y ésa fue la razón original por la que estoy pelón en esta quinta (¿y última?) ocasión, porque ya estoy en la antesala de mi cumpleaños 40. Cuando cumplí 20 me sentía muy feliz de (¡Por fin!) ser “adulto”, y lo entrecomillo porque no sé si algún día lo seré más allá de lo fisiológico. Cuando cumplí 30 me la pase haciendo panchos y dramas por dejar mi juventud atrás, aunque en realidad la década de los 30’s ha sido la que más he aprovechado de lo que llevo al momento.


            Aunque todavía falta mes y medio para mi cumpleaños ¿Cómo me encuentro al entrar a la cuarta década? ¿La verdad? Extrañamente tranquilo, no puedo decir que a mi parte vanidosa le agrade la edad, porque cada vez soy menos joven, pero he aprendido que hay cosas inevitables, por más que te resistas. A diferencia de los cambios de décadas anteriores, no tengo expectativa alguna.

He aprendido a no ver más allá de mi próximo viaje, porque no sé qué tanto más vaya a vivir, así que me pongo metas a corto plazo. Obviamente también tengo por ahí mis inversiones por si llego a la vejez, por lo que tampoco soy tan desobligado.


Cada vez que me rapó hay algo detrás de ello, ¿cuál es mi pretexto en esta ocasión? ¿Simplemente mi cambio de década? ¿Mi enfermedad? Temo decirles que así es, no tengo argumentos más importantes que ofrecer. Simplemente ya era tiempo.

Según yo, después de ésta, ya no lo voy a volver a hacer ¿La razón? Quería experimentar una última vez esta adrenalina que significa cambiar de look de forma tan radical en una sociedad que basa mucho su trato hacia ti en la imagen que les proyectas. Ahora que estoy pelón, al igual que me pasaba con el Herpes Zóster, no soy consciente de que algo en mí haya cambiado, hasta que veo la cara de alguien que se sorprende con mi nuevo look, como si ya no fuera yo, como si hubiera cometido un pecado imperdonable, y ahí recuerdo la importancia que la sociedad le da a las apariencias.

Pretendo volverme a dejar la mata larga pero, cuando me canse de la misma, ya sólo me cortaré el pelo al estilo militar, ya no me interesa raparme por completo ¿El motivo? Creo que ya han sido suficientes y no creo tener nada más que demostrar en este rubro y, pensándolo bien, ¿Acaso tenía que demostrar algo?

El no tener cabellera siempre trae un cambio a mi estilo de vida: ahorro montones de tiempo al no desenredar el cabello y peinarme, me baño más rápido, la casa se ensucia menos (hay menos pelos regados), no me despeino, no debo esperar a que se seque el cabello antes de dormir, nadie me manosea la melena como perrito, no te confunden con mujer cuando corres y bajan la velocidad del auto para verte las nalgas (hecho real).

También se disminuye la posibilidad de encontrar un pelo en la ensalada aunque, por lo menos sé que es mío porque vivo solo, o no tengo que destapar tan seguido la coladera la ducha por el cabello acumulado. Con este look no se me ven las canas que, aunque pocas, ya empiezan a notarse. Y, cuando me dejen volver a la alberca, ya no pelearé por meter toda la mata al gorro o cuando la saco.

Otra ventaja es que ya voy a dejar de soportar alusiones pendejas de la gente (tanto conocidos como extraños) que me dicen que soy David Bisbal, Memo Ochoa o cualquier personaje de pelo rizado largo que esté de moda al momento (¬_¬). Ojalá me confundieran con Slash, pero no :’-(.

Obvio también trae sus desventajas: eres motivo constante de chistes y albures, no puedes hacer “Head banging”, no te sientes en comercial de shampoo cuando el viento mece tu melena o cuando sales de la alberca, sientes una pequeña tristeza cuando pasas la mano por detrás de la nuca ¡y no hay nada! Y tienes un pretexto menos para atraer chicas que te vienen a chulear la cabellera.

No debería, pero algo me intriga de esta rapada: ¿Qué vendrá? Cada vez que me rapó, en menos de seis meses, hay un cambio radical en mi camino. ¿Qué será en esta ocasión? Ya expliqué mis creencias al respecto en el escrito de la vez pasada que me rapé (y vaya que vino un cambio tres meses después de esa rapada), así que ahora voy a dar una explicación de orden más energético.

Se dice que para que entren cosas nuevas en tu vida, debes sacar las viejas; no sé qué tipo de energía emita mi esencia después de cada rape, pero ciertamente una puerta nueva se abre y, de manera inesperada, siempre vienen cambios. Cambios que a veces son buenos, a veces no lo son tanto pero todos, absolutamente TODOS, al final han traído valiosos tesoros en forma de aprendizajes, sentimientos, vivencias, relaciones y un poquito de madurez y comprensión. Con todo esto mi visión se abre un poco más y me siento un poco menos ignorante.

No puedo depender, esperanzarme o mentalizarme que cada rapada va a traer algo bueno aunque, tampoco puedo negar, estos cuatro años que pasaron entre rapadas han sido mis más felices y productivos, sin duda los mejores. Pero, con cabello o sin él, la vida se transforma, queramos o no. Ya depende de cada cual qué tan dispuesto está a abrazar los cambios que, de todas formas, van a venir. Y esa misma es la actitud que se necesita para raparse: no temer y dejarse llevar.


Esta última vez también me doy cuenta que me he rapado por un sentimiento de libertad porque antes de hacerlo ciertamente te da miedo pero, una vez que lo haces, experimentas una sensación de alivio. Es como ir en contra de la sociedad porque, se supone, que todos deberíamos tener pelo (los que podemos, obvio).

El estar pelón es una muestra de rebeldía. Por eso es más fácil que los chavos se rapen ya que, conforme vas creciendo, es más difícil que te arriesgues a hacer algo tan extremo y, tal vez por ello, digo que va a ser la última vez que lo hago pero, ojalá, no sea así.

Conforme avanzas en la edad tus libertades van disminuyendo aunque, en realidad, uno mismo las va restringiendo ¿la razón? Cargas con más cosas: status, posesiones, apariencias, roles, obligaciones y demás compromisos que “debes” cumplir con la sociedad.


En fin, en lo que reflexiono al respecto, ya estoy mentalizado para lidiar con bromas pendejas como que me dio un ataque de piojos, perdí una apuesta o lo que se les vaya a ocurrir, también voy a ser receptor de albures, el más común es decir que mis suelas son de hule, y ahí extrañaré un poco mi mata pero, en lo que vuelve a crecer (unos 18 meses para que pueda hacerme coleta), disfrutaré esta etapa con el cabello corto.

Al final es simple cabello, es apariencia, sigo siendo el mismo por dentro, además, vuelve a crecer. Algo que me quedó muy marcado (literalmente hablando) con la enfermedad que tuve, es que en esta vida hay cosas por las cuales vale realmente la pena preocuparte (Salud, plenitud, libertad, tranquilidad, etc.) y otras por las cuales no (sobre todo cuando vuelven a regenerarse).


Seguramente no es el mismo valor que le doy a mi cabellera al que alguien con alopecia le daría (quien sin duda tacharía mi acción de tonta e ingrata). En fin, por lo menos para mí, no se acaba el mundo por estar pelón por un corto tiempo, porque hay otras cosas que realmente son valiosas.


Hebert Gutiérrez Morales.

5 comentarios:

Adrian Caballero dijo...

Bueno, el motivo de evitar el riesgo de encontrar un cabello en la ensalada no es válido porque el señor simplemente NO come ensaladas.

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

En el Buffet de Doña Ale no como ensalada (sería un desperdicio con tanta carne deliciosa), pero en casa sí llego a hacerme ensaladas . . . . cuando tengo mis ataques de mustiedad ;-)

Adrian Caballero dijo...

Tendrás todo nuestro respeto y reconocimiento, serás "El Pelón de las Ovaciones"

Hebert Gutiérrez Morales dijo...

¬_¬U

Jose Antonio Hernandez Morales dijo...

Nice