sábado, 13 de agosto de 2016

Los Tres Dólares (Parte 2)

            ¿Qué fue primero? ¿El huevo o la gallina? ¿El explotador que se aprovecha del pobre o el pobre que le arrebata algo al rico? En el primer escrito con este título (que pueden leer en esta liga) analice el trato tan injusto que recibe la gente de clase baja y que es explotada por la clase dominante.

Sin embargo, las víctimas no están exentas de crítica. Habrá quien diga que es un reflejo de defenderse otros argumentaran que por eso los tratan como los tratan.

            Los $50 pesos

            Dándole seguimiento a la historia que generó el primer escrito, volvamos con el señor de intendencia que me pidió aquellos $50 pesos, mismos que nunca me devolvió. Personalmente nunca tuve la intención de pedírselos de vuelta, de hecho se los iba a regalar.

Lo que me molestó que ni siquiera hiciera el intento de pagarlos o, por lo menos, dar una explicación de por qué no me los había devuelto. Me pareció una falta de respeto que no hiciera siquiera el amago de darme una excusa, porque una cosa es que estés jodido y otra muy distinta es que seas gandaya. Aunque para mí fue mejor así, porque él mismo se cerró una puerta y, si me hubiera vuelto a pedir, ya no le hubiese prestado.

            Pasados los días, y de manera casual, me llegué a enterar que dicho individuo no sólo me pidió a mí, sino a una decena de personas y que, al igual que a mí, nunca pagó sus pequeñas deudas, lo cual creó un mal precedente.

            Obviamente para ninguno de nosotros era una cantidad significativa pero para él era mucho dinero. Aun así no se justifica su accionar porque, recalco, una cosa es que tengas necesidad y otra que caigas en acciones incorrectas.

            Pasó el tiempo y ya no volví a verlo, desconozco si lo despidieron, renunció o se cambió de área. Si fue la primera, habrá sido triste pero merecido, porque seguramente alguien le acusó y, por una tontería, perdió su trabajo.


            ¿Para qué pedir prestado si no tienes la intención de pagar? Mejor hablarle al chile a la gente y pide el dinero como una donación voluntaria así, quien acceda a dártelo, de antemano sabe a qué atenerse, pero a nadie le gusta sentirse engañado, sin importar el monto involucrado.

            Las Damiselas en desgracia

            Iba corriendo un Domingo por la tarde hacia mi casa, cuando me abordaron unas señoras (más o menos de mi edad) con un acento bastante marcado que me dejó claro que su idioma primario era alguna lengua indígena.

            Las señoras me explicaron que habían perdido su bolso y que no tenían para pagar el regreso a su pueblo. De haber llevado dinero, con gusto se los hubiera dado, pero tengo la costumbre de sólo correr con mis llaves y no cargar nada más, así que no las pude ayudar y me pesó el no hacerlo.


            Pasaron un par de meses, nuevamente estaba corriendo, pero ahora era un día entre semana, más o menos a la misma hora, y en la misma ruta, que la ocasión anterior. Casualmente me volví a encontrar a dichas señoras, aunque se ve que ellas no me reconocieron a mí, lo cual es raro, porque estoy acostumbrado a ser inolvidable ;-)

            ¿Y cómo sé que no me reconocieron? Porque me echaron exactamente el mismo rollo, con las mismas entonaciones y descripción de los hechos, sin ninguna variación en el relato o en las expresiones. Es triste, pero ahí me di cuenta que las señoras ya tenían armado su número para ver qué obtenían de cualquier persona que tenga la buena voluntad de ayudarles.


            Me enojó y entristeció que haya personas que exploten su situación y, dando lástima, se aprovechen de los que están dispuestos a ayudarles. Y justamente por esos hechos es que uno ya se lo piensa antes de ayudar a la gente, porque ya no sabes qué es verdad y qué es mentira.

            La Coca Cola

            Salía en el coche a llevar mi Lap Top a reparar, cuando pasé por la caseta de vigilancia, el chico me preguntó “¿Vas a tardar mucho?” a lo que respondí negativamente. “¿Te puedo encargar una Coca de 1lt.?” y me extendió un billete de $500, el cual rechacé amablemente y le dije que regresando me pagara.


            Pasé al Súper, le compré su coca y se la di al regresar, nuevamente sacó el mismo billete pero, como no tenía cambio le dije que luego me pagara. Al igual que con el señor de intendencia del primer caso, no tenía la intención de cobrarle los $15 pesos que costó el refresco pero, de igual forma, tampoco tuvo el muchacho la intención de pagarme.

            No entiendo cómo la gente puede ser tan caradura para solicitar tu ayuda y no responder a sus deudas, esto sin importar que sean muchas o sean pocas. Desde pequeño se me enseñó que cuando adquieres un compromiso tienes la obligación de saldar cuentas. Lo malo es que en este país mi educación es la excepción y no la regla.

            Breves comentarios y/o conclusiones.


            ¿Por qué la gente no te pide dinero tal cual? Supongo que por un malentendido orgullo, para que no pienses mal de ellos ¿A qué me refiero? Que prefieren pedirte prestado y no pagarte a pedirte una limosna y verse humillados. Lo que encuentro ilógico es que cuiden su imagen al no pedirte dinero, pero sí tengan la desfachatez de no pagarte tal cual.

            Digo, en el caso de las señoras no tenía dinero, sino seguramente se los hubiera dado, pero en el caso del vigilante y el señor de intendencia, ya nos teníamos cierta confianza y yo era consciente de su situación, así que hubiera preferido que me pidieran el dinero sin más en lugar de mentirme.


            Los montos de dinero no importan, porque de por sí los hubiera regalado de corazón. Lo que me molesta es la actitud tan desleal de alguien a quien acabas de apoyar y que no tiene la decencia de hablarte claro. La gente no ayuda a su causa con estas acciones.

            ¡Ah! Y respecto a la pregunta con la que abrí este ensayo, la respuesta es “El huevo”. De igual forma, el que gente humilde acabe cayendo en actitudes desleales es en gran parte por tantas generaciones que la gente privilegiada los ha explotado y, aun así, no los justifico.


            Hebert Gutiérrez Morales.

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