sábado, 10 de septiembre de 2016

El Lobo Estepario

Éste es el que NO deben de comprar
            “Un lobo estepario perdido entre nosotros, dentro de las ciudades, en medio de los rebaños; más convincente no podría presentarlo otra metáfora, ni a su misántropo aislamiento, a su rudeza e inquietud, a su nostalgia por un hogar del cual carecía”

            Antes de cualquier otra cosa, una recomendación importante: si alguna vez adquiere este libro, NO compre la edición de Editorial Colofón, con traducción de Manuel Manzanares. La adaptación, redacción, estilo y hasta la ortografía dejan MUCHO que desear y no facilitan la lectura, de por sí el tono del libro es algo denso y con esta “ayudadita” se torna más difícil de leer. Búsquese cualquier otra edición, seguramente no va a ser tan mala como ésta. Ahora sí, empecemos propiamente el ensayo.

No me gustan los libros con finales pachecos . . . . ejem . . . corrijo: No me gustan los libros con finales incongruentes, y no me refiero a la realidad, me refiero a que mantengan cierta lógica con lo que se ha expresado en el argumento previo.
Hermann Hesse

Y es que un final pacheco no me es pretexto para no disfrutar de una obra, de hecho, uno de mis autores favoritos, Haruki Murakami no se caracteriza por cerrar bien sus obras, al contrario, siempre son finales abiertos e ilógicos pero como sus publicaciones no son precisamente un dechado de lógica, son los finales adecuados para sus argumentos. Incluso finales tan abiertos me han conmovido de sobremanera, así ha sucedido con “Tokyo Blues”, “Sputnik, mi amor” o “Baila, baila, baila”.

Por lo menos para este lector mamón, el final es importante para apreciar una obra.

           “La mirada era mucho más triste que irónica, era insondable y amargamente triste; su contenido era una desesperanza callada, en cierto modo, irremediable y definitiva y, en cierto modo, también convertida ya en forma y en hábito”

Por ejemplo, “El Psicoanalista” de John Katzenberg, fue una lectura que disfrute desde el inicio, escrita con una genialidad impresionante, me lleve muchas sorpresas y me deleitaba conforme avanzaba la historia sin embargo, al final, el autor salió con su mamá a dar la vuelta y lo cerró de una forma bastante mediocre por no decir barata o fácil. Ese simple final me hizo devaluar el resto del libro y me sentí defraudado por un argumento que prometía marcarme por el resto de mis días.

Caso contrario me ocurrió con “El Museo de la Inocencia” de Orhan Pamuk. El protagonista, Kemal, se parecía tanto a mí, sobre todo en las estupideces, que me la pasé molesto e indignado gran parte de la historia. De hecho me obligué a continuar con la lectura por esa prerrogativa que tengo de terminar los libros que comienzo (en verdad deben ser muy malos para que no cumpla con esta manda mía).


¿Qué pasó al final? Yo estaba feliz porque ya iba a terminar el martirio de dicha lectura pero, justo en la última página, en el párrafo de cierre, el autor me destrozó, me arrancó el corazón y me conmovió en lo más profundo de mi ser, resultando en un sentimiento de agradecimiento tan profundo que le guardo cierto cariño a esa obra.

            ¿Por qué esta introducción tan larga? ¿Acaso quiero hacerme el interesante? ¡Por supuesto! pero hay otra razón. Normalmente escribo de libros que me gustan y que, por lo general, tienen finales ad hoc al resto del argumento. “El Lobo Estepario” de Hermann Hesse, no cumple con este requisito.


          “En todos estos sacudimientos de mi vida salía al final ganando alguna cosa, eso no podía negarse, algo de espiritualidad, de profundidad, de liberación; pero también algo de soledad, de ser incomprendido, de desaliento”

De hecho la conclusión me pareció bastante barata, bastante fácil y, aunque suene extraño, falta de imaginación o, mejor dicho, imaginación mal aplicada, porque de que fue fumado el final, nadie se lo puede quitar. Pero en el cierre explicaré por qué escribí sobre este libro a pesar de su conclusión tan inferior respecto al resto del argumento.

            Pero empecemos por el fastidioso, pero siempre sano, SPOILER ALERT: no lea este ensayo si pretende leer el libro, no quiero que me culpe por contarle cosas relevantes del argumento.


 “Me recuerdas al Lobo Estepario de Hermann Hesse” es lo que alguna lectora me dijo hace tres años, cuando estaba en mi delirio amoroso y sacaba muchos escritos al respecto. Cuando alguien me dice que le recuerdo a un libro es una invitación directa a mi ego y tengo que leer esa publicación o ver esa película para corroborar si es cierto o no.

Siendo honestos, la historia es relativamente sencilla, sin grandes cambios de trama o misterios intrincados en la línea argumental. Lo que lo hace una lectura “algo” densa es la forma en que el autor tiene en estructurar el relato, por lo que no es una lectura comercial o fácil. Por lo mismo sólo me voy a enfocar en distintos momentos que me llamaron la atención.

            “Y en efecto, si el mundo tiene razón, si esta música de los cafés, estas diversiones en masa, estos hombres americanos tan contentos con tan poco tienen razón, entonces soy yo el que no la tiene, entonces es verdad que estoy loco, entonces soy efectivamente el lobo estepario que tantas veces me he llamado, la bestia descarriada en un mundo que le es extraño e incomprensible, que ya no encuentra ni su hogar, ni su ambiente ni su alimento”

De entrada era fácil ver por qué el buen Harry era una referencia clara de mi manera de ver la vida. Al leer su visión cínica, mordaz, misántropa y deprimente de percibir al mundo irremediablemente me recordó a mí mismo y encontré sus pensamientos brillantes, congruentes y llenos de sentido. Ya sólo por ese hecho había valido la pena comprar el libro.


Otros momentos que no son relevantes en la historia, pero que me gustaron mucho, fueron esos de candor y/o cariño que la casera le extendió al buen Harry. Eso se reflejaba en las charlas que sostenían, la comprensión que mostró al recibirlo tras una noche de juerga, el respeto al no inmiscuirse en su vida o con el simple hecho de tener una casa tan limpia que le rememoraban otras épocas. Esos detalles que tienes al vivir en el hogar materno y que no valoras hasta muchos años después de haberlo dejado. El autor supo reflejar muy bien el sentimiento de Harry con todos estos detalles recibidos de la casera.

Aunque suene estúpido, comprendí perfectamente la indignación de Harry con el supuesto retrato de Goethe, y es que hay cosas en la vida que deben ser respetadas, el problema es que cada cual tiene sus propias ideas de lo que es sagrado y de lo que no lo es, así que es imposible andar por el mundo sin ofender a la gente (como lo hizo con la esposa del profesor).


Así que he aprendido a valorar la intención de las personas y a cuidar las mías propias, porque muchas veces habrá desacuerdos o alguien se puede ver afectado con tus acciones, pero el hecho de que haya sido premeditado o meramente un accidente, le da un toque distinto a una misma acción.

          “Cuando mi tía hablaba alguna vez con él, o le llamaba la atención acerca de la necesidad de alguna reparación en su ropa o de algún botón que se le caía a su abrigo, entonces escuchaba con una atenta y extraña consideración, como si se afanara indecible y desesperadamente por penetrar, por una rendija cualquiera, en este pequeño mundo pacífico y aclimatarse a él, aunque no fuera más que por una hora”

Cuando Harry estaba totalmente derrotado, a punto de dejar esta vida y encuentra a “Armanda”, fue un momento que me llenó de alegría porque esa sensación de encontrar un rayo de esperanza, cuando todo está perdido, es algo inigualable. Es padre cuando tu existencia recupera el sentido, vuelves a tomarle amor a la vida. A pesar del gusto que me dio que retomara el amor por su existencia, también me preocupé, porque eso de vivir en función a alguien más puede resultar en una auténtica monserga.

Volviendo a Goethe, cuando “Armanda” le da un ejemplo propio sobre la misma indignación que sintió Harry, me sentí muy reconfortado por el protagonista, ya que para un bicho extraño como Harry (y yo) encontrar a alguien que comprenda tu manera de ver el mundo es algo invaluable.

Me pareció soberbia la manera en que Harry describe el funeral que presenció, su manera cruda y real de ver las cosas, el comportamiento de cada uno de los presentes y el simbolismo de sus actos tan premeditados. Una genialidad como hay tantas a lo largo de la historia.

Comprendí cómo se sintió Harry cuando “Armanda” lo llevó a sitios en dónde no encajaba (Salones de baile, cabarets, bares, barrios de artistas alternativos, etc.). Más de una vez me sentí así con mi exMusa a la cual le gustaba salir a bailar hasta tarde en los Antros, mundo en el cual no encajaba pero, por estar junto a ella, anulaba mi desagrado, ignoraba mis ganas de dormir y me enfocaba en ella, lo cual me llenaba de felicidad.

           “Piensa en la noche en que maltrecho y desesperado, saliendo de tu tormento y tu soledad, te interpusiste en mi camino y te hiciste mi compañero ¿Por qué crees que pude entonces comprenderte y conocerte? Porque soy como tú, esto precisamente tan sola como tú y, justo como tú, no puedo amar ni tomar en serio a la vida ni a las personas ni a mí misma. Siempre hay alguna de esas personas que pide a la vida lo más elevado y a quien no puede satisfacer la insulsez y la rudeza del ambiente”

Otro momento en el que me identifique plenamente con Harry fue cuando, después de aprender a bailar, “Armanda” lo obligaba a sacar a bailar a mujeres extrañas. Eso me recordó cuando aprendí a bailar Salsa y en los distintos eventos, mis maestros y compañeros me obligaban a sacar a bailar a desconocidas, hecho que en verdad me estresaba mucho.

Cada vez me veía más identificado con el protagonista, porque resonaba con su manera brillante de ver el mundo y su forma tan torpe de interactuar con él, me hice consciente de que mucha de esa esencia la comparto con él, y por fin reconocí que una cosa es saber cómo funciona el mundo y otra muy distinta es aprender a vivir en él. Por podremos darnos cuenta de muchas cosas, pero aterrizar ese conocimiento a hechos prácticos es más difícil de lo que parece.

Por eso me conmovió todo el tiempo, interés y dedicación que “Armanda” le invirtió a Harry, al mostrarle cómo funcionaba el mundo de verdad, al mezclarlo con gente común y corriente, enseñarle que también tenían valor y su propia sabiduría. “Armanda” se dedicó a recordarle a su amigo que también era humano y que tenía derecho a serlo, que estaba bien entregarse a apetitos carnales y no ser tan espiritual, que estaba bien mezclarse con gente ignorante y que, al final, seguían siendo vidas con el mismo valor, tanto la suya como la de los humanos que despreciaba.

 Por cierto, hasta este momento siempre he entrecomillado a “Armanda”, ¿por qué lo hago? Porque aunque no se aclaró de manera explícita, era obvio que ése no era el nombre de la chica. Y es que hay gente muy acomedida (o cruel) que aprende a complacer nuestros caprichos, ella adoptó ese nombre porque el anhelo de Harry es que ella se llamara así.

            “De pronto un ser humano, una persona viva que rompe la turbia campana de cristal de mi aislamiento y me alarga la mano, una mano cálida, buena y hermosa. De repente, otra vez cosas que me importaban algo, en las que podía pensar con alegría, con preocupación, con interés. Pronto una puerta abierta, por la cual la vida entraba hacia mí. ¿Acaso pudiera vivir de nuevo? ¿Acaso pudiera volver a ser un hombre? Mi alma, adormecida de frío y casi yerta, volvía a respirar, aleteaba soñolienta con débiles alas minúsculas”

Eso me resonó porque recientemente tuve una experiencia similar, ya que una mujer me quería percibir de una manera en particular, lo que ella creía que yo debería ser y, para complacer su fantasía, me convertí en el personaje que ella anhelaba y necesitaba para darle el regalo que estaba buscando.

Y por eso digo que puede ser muy dulce complacer los deseos o puedes ser muy cruel, ya que cuando les cumples las fantasías sólo queda una de dos sopas: seguir con la mentira tanto como te sea posible o desaparecer para que te mantengas vigente en su memoria con esa imagen, con la certeza de lo que buscaban existe, aunque no se haya quedado en su vida.

Cuando leí eso, me cayó el veinte que, entre otras muchas razones, mi exMusa no se quedó para no presenciar el momento en que la hubiera desmitificado, cosa que iba a pasar eventualmente. A veces alguien te tiene tan idealizad@ que optas por huir antes que esa maravillosa imagen de ti caiga por los suelos y veas la realidad. En fin, ése fue otro regalo que me hizo este libro.

Antes de abordar la parte final, quiero hacer un breve paréntesis. Algo que no me gustó en lo absoluto de esta publicación fue la ausencia de “capítulos”, una falta clara de delimitaciones. Si bien te iba, de vez en cuando, te ponían tres puntitos para marcarte una división en el argumento, pero en verdad hubiera agradecido capítulos marcados para poder detenerme con tranquilidad, sin la incertidumbre del qué va a pasar o el miedo a perder la idea cuando retomara la lectura.

           “Vi mi propia imagen y, dentro de ella, al lobo estepario. Un lobo hermoso y farruco, pero con una mirada descarriada y temerosa, con los ojos brillantes, a ratos fieros y a ratos tristes. Esta figura de lobo fluía en incesante movimiento por mi interior, lo mismo que en un río un afluente de otro color enturbia y remueve, en lucha penosa, infiltrándose el uno en el otro, llenos de afán incumplido de concreción. Triste, triste me miraba el lobo deshecho, a medio conformar, con sus tímidos ojos hermosos”

            La recta final del libro es el pasaje conocido como el “Teatro Mágico”. El concepto  se le agradece al autor, ya que viví con el protagonista algunas de las tantas posibilidades que tenemos a lo largo de nuestra existencia, y también le permitió salirse un poco del hilo de la historia. Te comparten una especie de mundo apocalíptico, un pasaje de filosofía sobre la trascendencia de la existencia, pasajes amorosos y sexuales de la juventud y otras pachequeces dignas de Jodorowsky y su forma tan fumada de percibir al mundo.

Dentro de esta parte final me indignó profundamente cómo sobajaron al Lobo Estepario, que habita dentro de Harry, de manera tan sumisa y moralmente violenta y total. Sin embargo, no me indignó en lo absoluto cuando los papeles se revirtieron y el Lobo sometió al hombre, de hecho hasta me agradó esa escena. Aunque no acabaron de aterrizar por completo la analogía de estos sometimientos, me resultó una parte muy relevante en el argumento.


Siguiendo con la lucha interna entre Harry y el Lobo Estepario, comprendí fehacientemente por qué mis escritos y mis ideas fueron relacionados con este libro por la persona que me lo dijo. Esa lucha la he experimentado constantemente con mi propio Lobo Estepario. Por esa misma razón, cuando vi cómo domaban al Lobo, me afectó profundamente, porque muchas veces he intentado domarlo para ser un poco más civilizado, esfuerzo que acaba por reventarme en la cara; así que la reacción natural es que intento que mi parte humana sea un poco más salvaje, lo cual tampoco termina por ser una buena idea. Esa lucha de Harry es la misma que experimento en carne propia, al no aceptar las características de mi personalidad tal cual son.

Un momento que me cimbró profundamente es cuando mencionan que mataron al Lobo Estepario y me deprimí por ello, y es que algo tan violento no puede ser aprobado. No se trata de matar a la bestia que llevamos dentro, se trata de aceptarla e integrarla, no de destruirla. Por alguna razón está ahí dentro, es parte de nuestra esencia, y no podemos extirparla así como así, sin esperar que no haya consecuencias de un acto tan brutal contra nuestro ser e integridad.

           “No hay duda que su intención había sido buena y cordial, de que era una maravilla de criatura, pero hubiera sido preferible que aquel primer día me hubiese dejado sucumbir, en lugar de atraerme hacia el interior y profundidad de este mundo de la broma, confuso, raro y agitado, en el cual de todos modos habría de ser siempre un extraño, y donde lo mejor de mi ser se derrumbaba y sufría horriblemente”

Todo lo bueno y lo malo de nuestra personalidad no deben ser negado, destruido o anulado, porque acabará regresando con más violencia y fuerza, reclamando su lugar. Ese es el problema de intentar ser perfectos y no tener defectos, cuando lo único que podemos hacer es aceptarnos e intentar ser reales, no las caricaturas en las que nos pretende convertir la enferma sociedad moderna que hemos diseñado.

            No me convenció el cierre de “El Lobo Estepario” porque resultó muy fácil su conversión. Independientemente de todo el trabajo que haya hecho “Armanda” de manera previa, mismo que lo había encarrilado al camino del cambio, el que lo hiciera de manera tan sencilla al visitar el teatro mágico, me pareció algo absurdo e infantil.

Un ataque de ingenuidad, o de hueva, del autor al cerrar la historia de manera tan simple, sencilla o fácil “Uy Sí, ya me di cuenta de tantos años de error y a partir de ahora entiendo todo, sin mayor resistencia”. Si la conversión se hubiera dado, pasado un tiempo prudente, por la labor de “Armanda” no tendría dudas respecto al final, pero hacerlo tan instantánea y mágicamente le quitó (a mis ojos) mérito a la historia.

Aunque, tal vez, no lo pueda aceptar porque mi propia transformación ha tomado años y, como el león piensa que todos son de su condición, pues se me dificulta aceptar una evolución tan fácil.

            “Ella era la pequeña ventanita, el minúsculo agujero luminoso en mi sombría cueva de angustia. Era la redención, el camino de la liberación. Ella tenía que enseñarme a vivir o enseñarme a morir; ella, con su mano segura y bonita, tenía que tocar mi corazón entumecido, para que al contacto de la vida floreciera o se deshiciese en cenizas. De dónde ella sacaba estas fuerzas, de dónde le venía la magia, por qué razones misteriosas había adquirido para mí esta profunda significación, sobre esto no me era posible reflexionar, además daba igual; yo no tenía el menor interés en saberlo.”

No sé si este libro me hizo feliz o triste, pero estoy muy agradecido que me hayan hecho anhelar su lectura. Tampoco sé si lo leí en la época que debía hacerlo pero, ya haya sido tarde o temprano, también me siento satisfecho por haberlo leído.

Al leer introducción tan sentida, tan íntima y tan honesta que hace el Sobrino de la casera, te va abriendo el apetito por iniciar con la obra. Cuando terminas con la lectura, comprendes que empezaste por el final pero el autor, con maestría hay que reconocerle, te lo escondió muy bien como introducción.

            Aunque hubo detalles importantes que no me gustaron, como la falta de capítulos que dividieran o el final tan fácil, en general valió la pena su lectura, obvio desde mi perspectiva y realidad. Por eso mismo es que escribo sobre él porque, de no ser tan diferente, simplemente lo hubiera ignorado y no le hubiera dedicado parte de mis recursos al reseñarlo.

            “A todos los suicidas les es familiar la lucha con la tentación del suicidio. Todos saben muy bien, en alguno de los rincones de su alma, que el suicidio es, en efecto, una salida, pero muy vergonzante e ilegal, que en el fondo es más noble y más bello dejarse vencer y sucumbir por la vida misma que por la propia mano”

            Algo que me sorprendió es que casi nueve décadas después de ser escrito, las ideas de Hermann Hesse se mantienen muy vigentes, lo cual no me queda claro si es que la humanidad no ha avanzado nada en esencia o el autor estaba adelantado a su tiempo, lo cual debió ser un tormento para un genio de tal magnitud, mismo sufrimiento que compartieron algunos de mis ídolos intelectuales como Nietzsche, Schopenhauer o Wilde.

            No conozco mucho de la historia de Hermann Hesse pero, supongo, mucha de su esencia se encuentra en este libro, es por ello que el cierre del mismo me desconcierta. Supongo que el Sr. Hesse debió tener una personalidad parecida a Harry (el protagonista), y pareciera que alguien más le escribió el cierre, o que era el final que debía escribir, en una alegoría para dejar de tener miedo a la vida, dejar de culparse, dejar de juzgar y permitirse ser feliz.

No digo que ese final esté propiamente mal pero, para la personalidad que se maneja en el libro, fue uno fácil e incluso “comercial” por ser una especie de “Final Feliz”, pero no era fue uno real o, tal vez, sí fue demasiado real porque, a fin de cuentas, no pasó nada relevante. Tal vez ya estoy muy programado a esperar finales o acontecimientos grandes, como el resto de la sociedad, y es por ello que descartamos o menospreciamos los finales pequeños o desapercibidos pero que no por ello dejan de ser una especie de conclusión.


           “Soledad era independencia, yo me la había deseado y la había conseguido al cabo de largos años. Era fría, es cierto, pero también era tranquila, maravillosamente tranquila y grande, como el tranquilo espacio frío en que se mueven las estrellas”


Hebert Gutiérrez Morales.

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