domingo, 27 de noviembre de 2016

La NFL, Gaslamp y USS Midway (San Diego: Parte 2/3)

Feliz en Qualcomm
            Continuamos con este viaje a la ciudad del sur de California. Si quieren leer el primer escrito de este viaje, lo pueden hacer en esta liga.

Gaslamp.

            Como no iba a correr y, de todas formas me levantaba temprano, me alisté y antes del partido fui a recorrer un poco del centro de San Diego así como su distrito más popular: Gaslamp.

            El lugar está bonito, con esas lámparas de gas, a las cuales debe su nombre. Con los edificios viejos, por momentos, te sientes transportado a otra época. Como fui muy temprano, tuve la oportunidad de ver el sitio sin tanto barullo y me sentí muy feliz y relajado.

            Ya en la noche, después del juego, volví a darme otra vuelta y aunque el lugar seguía bello, el escándalo de la multitud me hizo anhelar lo que sentí más temprano. No hay nada en particular que me haya encantado de Gaslamp, en realidad es el área en su conjunto lo que te llama. Tal vez no sea la zona más bella o clásica del mundo, pero amerita visitarla aunque sea una vez.
Parte de Gaslamp, de día y sin gente

USS Midway

Visité el USS Midway en la mañana de mi último día. Llegué tempranito para recorrer un poco los alrededores antes de ingresar el acorazado. De todo el mame clásico que tienen los gringos con sus fuerzas armadas, hubo dos homenajes al lado de la embarcación que me gustaron mucho, y es que traen un mensaje más importante y profundo que la guerra que representa dicho portaaviones.
La entrada a Gaslamp

Primero es la estatua del marinero que tomó desprevenida a una enfermera al regresar triunfante de la segunda guerra mundial, en una imagen icónica de aquella época, una representación de la cultura pop de aquellos años: a esa foto se le conoce como: V-J Day in Times Square.

Esta representación se llama “Rendición incondicional”, mide casi 8 metros y está muy bien hecha. Me gusta por el atrevimiento que representa, la astucia, el éxtasis, la felicidad, al gandayez y la alegría de estar vivos. Por eso me agrada esa imagen y cada representación que veo de ella.

Al ladito de esta estatua hay un homenaje a Bob Hope, actor que se hizo famoso por el apoyo que brindaba al ir a entretener a las fuerzas armadas durante los conflictos a los que asisten (que pareciera que son todos).

No puedo nombrar ni una película, programa o frase de Bob Hope, sólo puedo decir que ese hombre tuvo un carisma muy profundo y, las pocas veces que lo vi en la pantalla chica, de alguna manera me contagia su buena vibra. Sin duda su apellido fue el adecuado porque sin duda el “Hope” le queda a la perfección a una personalidad que te inyecta mucha confianza, alegría y, con ello, esperanza por la vida.

Ya en el acorazado, la verdad no me emocionaba mucho la visita pero al ser un “Must” de San Diego, me obligue a ir un poco a regañadientes, ya que esa fascinación gabacha por la guerra y sus fuerzas armadas no es algo que me interese.

Obviamente a los gabachos sí les interesaba mucho ya que, para ser la mañana de un Lunes, había fila para ingresar desde media hora antes de que abrieran. Y es que esto de la guerra es parte de su cultura, de su paradigma, de su status Quo, pero no del mío ni de mi cultura. Ese tema ya lo abordé en el escrito “Estados Unidos Bélico” de cuando visité Washington.

A pesar de todo fue una visita interesante, ya que no todos los días te puedes subir a un artefacto tan imponente, además de que te hace consciente la cantidad de recursos ridículos que se dedican a los conflictos armados y lo que se podría hacer con ese dinero por una mayor calidad de vida para el resto del mundo.
Con mi amigo Bob

Pero ésa es una utopía que nunca se realizará a pesar de los Lennon, Gandhis, Teresas de Calcuta y demás personajes pregonen. El destino del humano está atado a la guerra y ahí está la llave de su propio fin. Así que mejor ni me desgasto en ese tema.

Fue una visita entretenida por lo que vi pero, honestamente, al ser un tema que no me atrapa, sólo fui de pasadita. No me intereso conocer la historia del buque, sus batallas y demás, al final no iba a sentir empatía por ellos y no valía invertir mi tiempo en algo que iba a olvidar de todas formas. Así que sólo me quedé con las imágenes del artefacto, sus aviones y uno que otro detallito que llamaba mi atención por ahí.
Recreando una de sus presentaciones

            Así como desprecio su excesivo mame con las fuerzas armadas, hay un aspecto que en verdad amo de la cultura gringa. No se asuste, sí voy a hablar de NFL pero, si lee con atención, creo que trato más sentimientos, relaciones, alegrías y demás aspectos humanos que técnicos. Y, tal vez, eso amerite que le dé una oportunidad al resto del escrito.

El día del Juego

            Me gustan los viajes largos que hago a lugares que no conozco, especialmente los que están fuera de Estados Unidos. Sin embargo, los viajes que tienen como motivo principal la NFL resultan especiales. Y es que, por un lado trato de conocer una ciudad nueva y, por el otro, disfruto del gran amor que tengo por este deporte y por mis Delfines de Miami.
Metiéndome en su intimidad

            Como ya mencioné, salí muy temprano del Hotel, con mi jersey de Miami. Algunas personas me apoyaban, a pesar de ser locales, con un “Go Miami!” “Go Dolphins!” o simplemente un “Fins Up!”.

            También me encontraba con fans de los Cargadores, con su jersey de San Diego y, más que echarme mala vibra, se detenían un rato y sosteníamos una breve conversación amistosa “Va a ser un juego duro, va a ser divertido, qué envidia no puedo ir”. Nadie, en absoluto NADIE, fue agresivo ni violento conmigo, puro respeto y buena vibra.
Listo para el juego desde Gaslamp

Obviamente también me encontraba con fans de Miami y nos saludábamos y hasta uno que otro abrazo recibí, como si fuésemos conocidos de mucho tiempo y nos diera gusto volvernos a ver. Y es justamente por ese tipo de ambiente que me encanta asistir a partidos de mis Delfines.

Llegué en tranvía al estadio Qualcomm, lo cual resultó una maravilla por lo barato y eficiente, además me dio la oportunidad de ver más allá del centro de la ciudad, así que pude corroborar que San Diego es una urbe pequeña pero bonita y, con la gente tan amable que tiene, se torna aún más bella.
Hay lugar para más de 71000 aficionados

Ya en el juego, algo que me encanta es formar esas “pandillas virtuales” de forma esporádica: gente a tu alrededor que le va a tu equipo con la cual intercambias comentarios del juego y una buena cantidad de “Hi Five” cada vez que hay una buena jugada; esa complicidad padre e íntima que ignora de razas, creencias, preferencias, género y demás. En ese momento todos somos Dolphans, por tres horas somos una sola familia e incluso más allá porque, al caminar por Gaslamp, nos seguíamos cruzando y seguían los saludos con los puños, un High Five o una simple mirada de alegría.
A pesar de tanto calor, lo disfruté a cada momento

Dolphins 31 – Chargers 24

Resúmenes y comentarios del juego los pueden encontrar en Internet, así que voy a comentar aspectos más relevantes que tuvo para mí el partido. Esta sección sería la única en que habló con lenguaje técnico del juego, si esto le aburre, puede saltarse con toda confianza a la siguiente sección.

Primero, y sobre cualquier otra cosa, me da gusto que mis Delfines están dando vuelta a la hoja de tantos años de mediocridad y se nota un cambio de cultura, ya que se nota en la intensidad e inteligencia con la que están jugando.
Paracaidistas que fueron parte del Show antes del juego 

No sé cómo ni por qué, pero lo que siento por este equipo es auténtico amor porque, cada vez que juegan, me vale pepino el Fantasy, la quiniela, el resto de la liga y, para acabar pronto, el resto del mundo, porque en ese momento sólo quiero que ganen y jueguen bien.

Fue un juego muy entretenido, de toma y daca, en donde Miami cambió el tenor de juegos pasados que ganaron a base de juego terrestre y defensa. Como la defensiva por tierra de San Diego detuvo bien la corrida, ahora Tannehill tuvo que ganarlo y dio uno de sus mejores partidos.
La Patada inicial

Ahí recordé que empecé a irle a este equipo por el circo aéreo de Dan Marino pero ahora, con el paso del tiempo, me emociono más cuando mi equipo gana con juego duro y antiguo: defensa y juego terrestre. Pero nuestro mariscal de campo jugó tan bien en esta ocasión que no me puedo quejar.

Ahora, no me dejo cegar por la victoria, honestamente no jugaron excelente, porque hubo unos errores muy tontos. De hecho gran parte del triunfo se dio gracias a que Rivers lanzó cuatro intercepciones en el último cuarto, algo que dudo volver a ver. A pesar de ello no siento como nos lo hayan regalado, porque para compensar, los referís estuvieron muy cargados al local, además no se sintió como que el resultado haya sido injusto, porque Miami estuvo luchando todo el tiempo.
Una victoria muy reconfortante

Durante el partido comentaba, en el grupo de la NFL del Whatsapp, que no me importaba si ganaban o perdían mientras jugaran con tanta intensidad, entregando todo lo que tenían, no iba a tener motivo para reclamarles. Esa perspectiva también cambio de cuando era niño, que sólo me enfocaba en que si ganaban o perdían y no en la forma en que jugaban. Por eso  estaba furioso cuando ganaron contra Cleveland en la jornada 3 de esta temporada, porque fue un juego horrendo que merecíamos perder y que los Browns nos regalaron.
Hasta parece que trabajo en los despegues

Habíamos bastantes aficionados de Miami, entre un 35% y 40% del publico éramos Delfines, y nos hicimos escuchar con los “Let’s Go Dolphins”, con el “DeFense” o, cuando lanzaban el grito de guerra de San Diego (en el que dicen “Charge!”), nosotros gritábamos “Dolphins!”

Cada anotación la celebré hasta desgañitarme, pero la intercepción de Kiko Alonso fue la locura: en la tribuna nos pusimos a gritar, a abrazarnos, a brincar e incluso hasta las lágrimas salieron (no sólo las mías), fue una jugada impresionante y uno de los momentos más intensos, memorables y felices que voy a atesorar el resto de mi vida.
Vista de la pista desde la Torre

San Diego, una gran ciudad, digna de la NFL

Durante el juego extrañé el sol, y no porque no hubiera, de hecho hacía un calor impresionante pero, por los cuidados que aún debo de tener por el Herpes Zóster, tuve que ir de gorrita, lentes oscuros y con bloqueador solar. Ahí recordé que me encanta asolearme y no me había dado cuenta de ello hasta ahora que lo tengo restringido.
En la Torre de Control

¿Por qué menciono esto? Porque justamente una de las quejas de la afición de Miami era el intenso sol que hace a la hora de los partidos. Y ésa fue una de las razones por las que el Sr. Ross (dueño del equipo) invirtió 500 Millones de USD en modernizar el Hard Rock Stadium y, entre las mejoras, hay un techo parcial que da sombra a gran parte del público. Ya pronto visitaré el estadio remodelado :-)

¿Y por qué mencionó el Hard Rock Stadium? Porque el estadio Qualcomm es bonito, pero ya está viejo para lo que requiere la liga. Y no es un detalle, de hecho son bastantes: las pantallas son las más diminutas que he visto en todos los estadios que he visitado; dentro de estos, es el primero que visito y no tiene WiFi (por fortuna tenía mi paquete de Datos); en cuanto a amenidades, no hay tantas fuera del inmueble ni mucho espacio para montarlas.
"Go!"

Por tal motivo ya han pasado 13 años desde la última vez que ahí se celebró un Súper Tazón y, sin duda alguna, ya no va a haber algún otro en dicho inmueble. Esto a pesar de que es un estadio clásico e ideal para el fútbol americano, pero llega un punto en este mundo material en que la modernidad empieza a pesar más que lo clásico, que los valores. No estoy de acuerdo con ello, pero el que esté o no a favor de esa tendencia,  no le va a impedir al mundo que vaya en esa dirección. Y es que en estas épocas importa más lo que vendes que las tradiciones.

Lo más seguro es que en el 2019 los Cargadores se muden al nuevo estadio de los Carneros en Los Ángeles, esto porque la ciudad rechazó gravar más impuestos para pagar un nuevo hogar para sus Chargers. Y en verdad es una lástima que San Diego corra el riesgo de quedarse sin su equipo.

¿Por qué menciono esto? Al finalizar el partido, las muestras de alegría y saludos continuaron entre los Dolphans sin embargo, curiosamente, platique más con los fanáticos de San Diego mientras hacíamos fila para el tranvía de regreso.
Viendo los homenajes desde la pista de despegues

La conversación fue para felicitarme por el triunfo de mi equipo pero yo reconocía que su equipo era más fuerte y que uno nunca ve cuatro intercepciones de Rivers. Creo que eso es caballerosidad en el deporte y se siente muy bien.

Criticaré a los gringos cada vez que me sea posible (admito que es parte de mis hobbies), PERO debo reconocer que, por lo menos en el deporte, suelen ser personas muy educadas, civilizadas, atentas y hasta amigables, sin importar el resultado, sin importar si eres local o visitante.

Y debo reconocer a la gente de San Diego que antes, durante y después del partido todos fueron muy amables conmigo, a pesar de traer mi jersey de Miami y que mi equipo venció al suyo. Siempre me abordaron con una sonrisa y con una educación que hace que me duela que la mudanza de su equipo.

            Hasta aquí esta segunda parte. En la tercera voy a hablar de esos momentos en los que te adaptas a la cultura gabacha con tus valores mexicanos, a veces por las buenas, a veces por las malas y a veces alcanzas una tregua. Ese tercer escrito lo pueden leer en esta liga.


            Hebert Gutiérrez Morales.

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