domingo, 27 de noviembre de 2016

Vivencias mexicanas agringadas (San Diego: Parte 3/3)

En el Teleférico del Zoológico de San Diego
            Vamos a cerrar este interesante y enriquecedor fin de semana en San Diego, con muchos de los aprendizajes personales que me traje en mi breve estancia. Para leer la segunda parte de este escrito, pueden pinchar esta liga.

Moralejas en Panera Bread.

            La tarde del sábado, después del parque Balboa, regresé al hotel para formalmente hacer el check-in, bañarme e ir por algo de comida. Llevaba siete horas desde que comí en el zoológico y estaba hambriento. Caminando hacia el centro me dije “Ya no quiero la comida gringa engordante, voy por algo más sano”. Así que puse el Google Maps y vi que había un Panera Bread unas cuadras adelante.
Junto a los Muelles

            Desde que lo conocí en Chicago, amé este sitio y, siempre que puedo, como ahí. “Sí, nada de hamburguesas, me voy a echar una sopita y un sándwich, así no engordo tanto” . . . . ¡Claro! ¬_¬U

            Todo se veía tan rico que pedí una sopa pequeña acompañada de un pan integral delicioso, un sándwich de pollo y aguacate acompañado de papas y una deliciosa limonada. Además, tenía una promoción y me dieron un postre a un dólar, oferta que no podía desperdiciar pero, como era pan de dulce, necesitaba una bebida caliente, así que me pedí un chocolatito espumoso.
En el Parque Balboa

            Moraleja #1: Para la otra vete a las hamburguesas.

            Al otro día, regresando del partido, lo volví a intentar, pero ahora sí me hice la promesa de sólo comer la sopa y el Sándwich, nada de postres por más baratos que estuvieran. Todo iba bien hasta que di mi número de cliente (que saqué desde Chicago) y, de pronto, tenía derecho a un postre gratis. Ahí me di cuenta que el Universo dictaba que no puedo comer poco en Estados Unidos, así que acepté mi destino y pedí un cappuccino (sin azúcar para sentirme menos gordo) para acompañar mi postre.
En el jardín japonés

            Moraleja #2: En Estados Unidos no te estreses por mantener la figura, así vayas a Panera Bread. Simplemente disfruta tu comida.

            El Shopping

            Regresando a la noche del Sábado, no estaba planeado que hiciera shopping en San Diego pero, cerca del Panera Bread, había un Hot Topic (una de mis tiendas favoritas en todo el mundo), así que no podía pasar de largo sin visitarlo.
En la zona deembarcaderos

            Antes de entrar a Hot Topic, siempre me invade una emoción infantil, porque sé que sigo siendo un niño por dentro, pero con la cartera de un adulto, así que mi emoción radica en que puedo comprarme todo lo que me enamore del lugar.

            Sin embargo, a pesar de pasármela de lujo en dicha tienda, en donde sonreí bastante con tantas cosas tan ocurrentes y creativas que tienen, por primera vez en mi vida, salí sin comprar nada, lo cual fue un verdadero shock.
Un momento de paz viendo la costa

            “Estás envejeciendo y/o estás madurando” me dije, mientras salía con un dejo de frustración por salir con las manos vacías, pero es que no hubo nada que me encantara. Ciertamente muchas cosas me gustaron, pero en Estados Unidos tengo la política de sólo comprar lo que en verdad me fascine. Igual y tuve mala suerte.

            Ya no tenía muchas ganas de ver Gaslamp esa noche, por lo que volvería al día siguiente. Inicie mi camino de regreso por la Cuarta Avenida cuando algo en mi interior dijo “voltea” y ahí estaba un Ross. Traducción: Otra oportunidad para comprar.
Postal a bordo del USS Midway

            Ciertamente en Ross sí compre, pero tampoco a los niveles industriales de otras visitas, y ahí me di cuenta lo que sucedió en Hot Topic: Con el paso de los años te vas volviendo más exquisito.

            Las primeras veces, al conocer tan maravillosas tiendas, compraba a lo bruto, por los artículos tan originales de una y por los precios de regalo en mercancías de calidad de la otra. Ahora en Ross adquirí cosas específicas, que me hacían falta, así como privilegiaba a las de mayor calidad, así que compré un poco menos que visitas anteriores pero con un estándar más alto.
¿Unas Carnitas? :-P

            Retomando mi camino de regreso, una de las cosas que puedes disfrutar en este tipo de ciudades gabachas es la seguridad que sientes al ir caminando en una avenida solitaria, de noche, llevando una maleta llena de compras y saber que estás seguro. Seguramente no es así en todas las poblaciones estadounidenses pero, por lo menos en las que he visitado, siempre me he sentido seguro.

            ¿Jet Lag en San Diego?

            Sé que suena ridículo, pero así es: nunca me ha afectado un Jet Lag, ni las 15 horas de diferencia con Japón ni las 7 horas con Europa. Normalmente mi táctica en dichos viajes es no dormir en el vuelo de ida y llegar rendido a la primera noche, así que ya estoy al tiro a la mañana siguiente.

            A pesar de ya haber estado en California hace un par de años, no me adapté al horario de San Diego, aunque sólo eran dos horas de diferencia, por fortuna, sólo fueron tres días. No ayudaba que el sol empezara a ponerse antes de las 5pm, o que amaneciera antes de las 6am. Tal vez era la falta de sueño que arrastraba de los días anteriores, o tal vez fuera el calor que hacía e incomodaba el sueño.
El Museo de Arte de San Diego

El caso es que mi cuerpo no se terminaba de adaptar a las horas de sueño ni a las de comida, así que comía muy temprano o muy tarde, así como me dormía tarde y me levantaba temprano. En fin, un caso raro y ridículo de Jet lag que se resolvió al regresar a tierras mexicanas.

            Dándole su lugar a México

            Para nadie es un secreto que el gabacho suele ser muy egocentrista, al grado que muchos de ellos sólo se concentran en lo que pasa en su tierra e ignoran lo que acontece en el resto del mundo. Obviamente, como en todos lados, también hay gente muy informada de la realidad alrededor del orbe pero, en mi limitada experiencia yendo a Estados Unidos, a los gringos no les interesa que pasa fuera de sus fronteras si no les afecta.

            Aun sabiendo eso, el siguiente pasaje en verdad me sorprendió.
Asientos personalizados en el USS Midway

            Estaba comprando algunos souvenirs en una de las tiendas de Gaslamp, dentro de los cuales había muchos con toques marcadamente mexicanos. Le pregunte a la señorita si no tenía otro estilo de mercancía ya que, aunque estaban muy bonitos, pues yo venía de México y no iba a comprar algo en el extranjero que fácilmente encuentro en mi país.

            La chica que tenía obvias raíces mexicanas me dijo (en inglés): “Sí, a muchos les gusta pero no a los mexicanos, por lo mismo que usted menciona. Los que no son mexicanos nos preguntan la razón de dicha estética, a lo que les contestamos que porque somos vecinos muy cercanos”.
Esto de cruzar la frontera da un sentimiento raro

No pude quedarme callado ante tal barbaridad y le aclaré a la chica que, en realidad, todos esos souvenirs tenían un toque mexicano porque casi todo el sur de Estados Unidos, incluido California, originalmente le pertenecía a México. “¿Ah sí?” me contestó un poco extrañada “Alguna vez escuché algo de eso, pero no sabía si era verdad”, lo cual me ocasionó un indignación interna, pero ya no quise seguir con la plática, no tenía ningún caso.
Postal desde la pista de despegues del USS Midway

Me sorprendió la falta de cultura, no del gringo promedio (que ya la conocía), sino de la chica que, a pesar de sus claras raíces latinas (muy probable mexicanas), no sabía esa parte de la historia. Sin duda para México (el afectado) es más importante la pérdida de California, Texas, Arizona, Colorado y demás estados  que para los Gringos (beneficiados), pero historia es historia y, me parece, es importante conocer los hechos más relevantes.
Parque Balboa

No le pido a la chava que conozca los motivos, el año y demás, simplemente que sepa el hecho en general. Si tienes souvenirs en la tienda de la República de California y detalles alusivos al día de muertos mexicano, por lo menos entérate del por qué vendes eso.

Y para cerrar esta sección, un tema adyacente al mismo tópico.
Jardín Japonés

Había unos imanes muy padres con la bandera de la República de California pero, por tonto que suene, por lealtad a México, no los iba a comprar ¿Por qué? Aunque ya he dejado de culpar a los Gringos por “robarnos” más de la mitad del país y de todas nuestras desgracias (Como lo hace una gran parte de los mexicanos), eso no quiere decir que de pronto voy a celebrar cuando California o Texas se declararon independientes.
Entre Gaslamp y el Centro de Convenciones

Comprendo sus razones y, como alguna vez comenté en la visita a Las Vegas, me alegro por ellos porque con nosotros no hubieran avanzado lo que han desarrollado. Pero una cosa es aceptar el pasado y otra muy distinta celebrarlo y, aunque sea una estupidez, por amor a mi país, nunca voy a alegrarme que nos hayan dejado para que, eventualmente, se volvieran gringos, eso es algo que simplemente no va a pasar.
Vista de la ciudad desde los Muelles

Basura Gabacha

Dentro de todas las cosas que me traje de Japón, hay un aprendizaje que se me quedó muy marcado: generar la menor cantidad de basura posible. Sé que, por el ámbito en el cual vivo, va a ser difícil que llegue al nivel nipón de eficiencia con los residuos, pero intento ser mejor gracias a su ejemplo, al ver lo civilizados que pueden ser.
Gaslamp de noche

Es difícil lograrlo, y no pretendo que todos me imiten, porque en mi país se genera una cantidad impresionante de basura, aunque no tanto como en Estados Unidos. Es por ello que cada vez que compraba algo, evitaba una bolsa adicional o, en el caso de la comida, les devolvía lo que no había usado y que estaba limpio (Servilletas, cubiertos, platos, etc.) pero la gente me veía extraño y, no lo dudo, seguramente tiraban lo que les devolvía limpio en lugar de volverlo a usar “Este mexicano loco” han de haber pensado “¿Cómo cree que vamos a usar esto? ¿Qué tal si está sucio?”
USS Midway

De todas formas seguiré haciendo mi luchita. Supongo que es más fácil esa actitud de limpieza y ahorro en Japón, en donde la austeridad es una forma de vida, por tal motivo, cuando compras algo, te dan lo indispensable; obviamente si requieres más no te lo niegan pero, de entrada te dan lo que saben que es lo estrictamente necesario, nada de desperdicios. Qué diferente sería el mundo si fuésemos tan limpios y ordenados como los nipones.
Parque Balboa

Regresando a Tijuana

El camino de regreso por tranvía resultó ampliamente interesante. Contrario a lo que pasa cuando llegas, conforme te alejas de San Diego, el paisaje se tornaba más deprimente, porque las poblaciones fronterizas no tienen tanta producción y belleza como la ciudad que había dejado atrás.

Bajé para trasbordar en autobús pero por atento (o sea, por caliente) me subí en el camión equivocado porque una chica de Tijuana con unos enormes  . . . ojazos y unas enormes  . . . intenciones de ayudarme me dijo que también iba a cruzar, pero ella iba por el cruce “normal”, el democrático, en el cual se ponen más duros lo de aduana. Así que el sentido común se impuso a mi calentura (hecho raro en un hombre) y me regresé al puente internacional.

Tuve que caminar tres kilómetros, porque ahí me dejó la ruta más cercana ya que por ahí no pasan taxis al ser una zona industrial. De hechos los automovilistas se me quedaban viendo extrañados, creo que hace mucho que nadie apretaba los botones de cruce peatonal.

Cuando pase por el CBX comprobé que los 16 USD que pagas por cruzar el puente hacen maravillas porque, por primera vez en mi vida, me toco el rojo en aduana y, aunque llevaba la ropa que había comprado con otros souvenirs, no me la hicieron de jamón.

De acuerdo a la chica de Tijuana, cuando pasas por la frontera “democrática”, los de aduana se ponen perros con tus compras y si rebasas los 200 USD, te cobran impuestos. México lindo y querido.
Centro de Convenciones

Ahí me acordé algo que leí en la revista de Interjet, con Susana Zabaleta, una mujer que me encanta, no sólo de manera física sino por su forma de ser tan descarada y cito textualmente: “Me gusta ir a Estados Unidos para acordarme cuanto me gusta mi país. Es en la aduana cuando digo: ‘Bendito sea México, ¡Qué asco de país es este!’”

Y sí, la verdad a veces es difícil defender a mi patria cuando uno ve que, a pesar de que la gente tiene la posibilidad de pasar al otro lado y conocer otras cosas, se siguen comportando sin educación, lo cual demuestran al momento de abordar el vuelo, porque parece un guajolotero cualquiera.
En la zona de los muelles

Pero, como ya estoy tratando de no estresarme por pendejadas, lo acepto porque sé que no los voy a cambiar. Lo único que puedo hacer es evitar reproducirme para que mis pobres hijos no sufran con esta gente tan . . . .¿Cómo decirlo con elegancia? . . . . burda.

San Diego es bonito pero . . .

No sería justo comparar San Diego con San Francisco por dos razones: En San Pancho estuve una semana y todo el tiempo enfocado al turismo. En San Diego estuve de facto poco más de 50 horas y el objetivo principal era la NFL, así que no pude ver mucho.
Fui feliz en San Diego

A pesar de ello, hay algo que no se puede negar, aunque San Diego sea bonito, está en una liga diferente en donde están San Francisco, Chicago o Nueva York. Pero bueno, son pocas las ciudades que están en ese rango: Londres, Tokio, Berlín, Roma, etc.

En fin, a pesar de estar en otra liga, la ciudad me pareció  bonita y la gente en extremo amable, así que regresaría con gusto para conocerla más a fondo y no sólo las atracciones más populares.


Hebert Gutiérrez Morales.

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