sábado, 24 de diciembre de 2016

Degustando Miami (Primera Parte)

Detrás de la Mansión Vizcaya
            Como todo el mundo, tengo carencias en la vida, pero no me quejo de mi existencia, ya que me considero muy afortunado de poder ver a mis Delfines en casa una vez al año desde hace cinco años (además de otro juego anual de visitante). Sin importar las veces que vaya a Miami, tengo la fortuna que las visitas, así como los partidos que me toca presenciar, tienen un sabor distinto cada año.
           
            Perspectivas del pasado

            Salí una hora más temprano de lo normal, ya que era el fin de semana previo al día de la Virgen de Guadalupe, el ícono más respetado y querido de la mayoría de los mexicanos. Obviamente, no estoy en ese grupo, pero debo de estar consciente de lo que es importante para mi país.
Una de las obras de arte en Wynwood

            Nuevamente me fui manejando a la Ciudad de México, así que en el trayecto  me encontré muchos peregrinos a lo largo de la autopista. Me sorprendía la fe que estas personas tienen, sobre todo para ponerse en riesgo al caminar junto al camino en medio de la oscuridad y la baja temperatura que hace en Río Frío a la 1 AM.

            La presencia de tanta gente me tenía algo nervioso, así que puse más atención a un trayecto que tiene su dificultad aunque, siendo honestos, con todo lo que lo han modernizado, ahora resulta muy fácil de manejar si la comparamos con lo que era hace tres décadas.
The Shops at the Midtown

Esta autopista la conozco muy bien porque la recorríamos, por lo menos, cada dos semanas durante los 80’s; mi papá Antonio la manejaba con maestría y me daba los tips necesarios para mi futura vida como conductor. Gracias a esos consejos es que manejo decentemente, un hecho notable en un país en donde lo común es manejar de manera ignorante y/o salvaje.

Cuando inicié el descenso de Río Frío hacia Chalco, vi un espectáculo que nunca me deja de sorprender: resulta monstruosa la insaciable mancha urbana de la Ciudad de México, no importa las veces que la vea desde el aire o desde tierra, la visión del DeFectuoso a la distancia no te deja indiferente.
Los Jardines de Vizcaya

Recuerdo de niño, cuando salíamos del DF, la ciudad no alcanzaba ni medio Zaragoza; ahora no sólo se ha tragado Chalco, incluso ha escalado un buen tramo hacía Río Frío, engullendo lo que solía ser una Cantera, que ahora está llena de casas.

            Volviendo al camino, con tanto peregrino era obvio que hubiera un accidente, siendo exactos, hubo unos cuatro choques entre Chalco y Zaragoza. Esto hizo que me atrasara media hora pero como (prudentemente) había salido con anticipación, no me estrese en lo absoluto.
En el Muelle trasero de la Mansión Vizcaya

Ya en Zaragoza, me es difícil recordar alguna época en la que no fuera la vía deplorable que ha sido desde siempre. Dicha avenida, una de las más transitadas de la urbe, es una auténtica porquería, con baches, desniveles, asentamientos, coladeras destapadas y demás. Cualquier camino rural está en condiciones más aceptables que esta vialidad tan importante.

Pero como no ha cambiado eso en años, simplemente te adaptas a manejarla con precaución, pericia y prudencia para que tu auto no salga (tan) dañado. Ya entrando a Puerto Aéreo me llegó el olor característico a cloaca que distingue a esta ciudad. Sin embargo, ese tufo no me recuerda a mi niñez (creo que la ciudad no era tan sucia en los 80’s), en realidad me acuerdo de los cuatro meses que viví en esta urbe antes de empezar a trabajar en VW (en el año 2000).
Wynwood Walls

En fin, el trayecto de mi casa al Aeropuerto siempre me representa muchos recuerdos que, aunque en su momento eran irrelevantes, ahora he aprendido a apreciar con el paso de los años.

La Gandayez gringa

            Es común que escriba de lo gandaya que es mi país, pero nuestros vecinos del norte, aunque no con nuestra alevosía, tampoco cantan mal las rancheras (como ya escribí sobre los Tiempos Compartidos).
The Shops at the Midtown

Parte de lo que me gusta de visitar ciudad con un buen sistema de transporte público es que no debo rentar auto, el problema es que en Florida, forzosamente necesitas uno.

            Y ahí viene la bronca al rentar auto, porque me caga tener que cuidarme de todos los cargos escondidos, en verdad me purga esa actitud de cobrarte algo, que no te informan de manera abierta, desde sus impuestos, seguros y cargos mágicos (porque aparecen de la nada).
Wynwood Doors

            A veces he logrado precios justos y en otras ocasiones, como ésta, me la dejan ircompletita, esto a pesar de que siempre intento asegurarme de pagar todos los cargos con anticipación, pero luego me salen con alguna mamada obligatoria por ley.

            Por más que me quejé y me opuse, era pagar los seguros o quedarme sin auto, algo que me iba a fastidiar todo el viaje, así que a regañadientes pagué y salí con un mal sabor de boca de Fox Rent a Car (les pongo el nombre para que tengan cuidado al momento de contratar).
Entrada lateral a los Jardines

            Como se tardaron mucho en entregarme la unidad, ya estaba muy molesto, así que decidí omitir mi visita a la pequeña Habana (que visitaré sin falta el otro año) y me fui directamente a los jardines de Vizcaya.

Los Jardines de Vizcaya

Este viaje a Miami era especial, no sólo por el partido de mis Fins (que siempre me emociona verlos en vivo), sino porque era mi primera vez a solas. Ya había venido a un partido de local por mi cuenta, la victoria contra Seattle en el 2012, pero había manejado desde Orlando y me regresé al terminar el juego.
´No te dejan sacar fotos dentro de esa Mansión

Las otras ocasiones había venido con grupos de amigos, mismos que siempre querían el mismo itinerario: Miami Beach, Ocean Drive y tanto Shopping como les fuera posible. Ahora, al venir solo, pude diseñar un itinerario más a mi estilo, porque Miami no será la capital cultural del mundo, pero algo debe de tener además del Shopping, los deportes y Miami Beach, que siempre serán atractivos pero, en mi caso, también se antoja conocer otras cosas.
Construcción con un toque de Nostalgia

            Así llegue al Museo y Jardines de Vizcaya, uno de los lugares más recomendados para visitar en la ciudad. Al entrar a la mansión, me dijeron que no podía sacar fotos, lo cual se aunó a mi molestia del auto e influyó para que no me encantara el lugar.

Tal vez de manera injusta, pero me sentía defraudado por la construcción. Sacando mi parte mamona, si he entrado a castillos y mansiones mucho más importantes que ésta, ¿por qué no me dejan sacar fotos de un sitio inferior? Lo que vi dentro estaba bonito PERO no era lo más bello en cuanto a mansiones que he visto. La decoración y mobiliario era una combinación entre castillo europeo y las antiguas haciendas españolas que había en México en la época de la Colonia. O sea, nada que me robara el aliento. Así que la recorrí relativamente rápido para pasar a los jardines.
Al estar lloviendo no había mucha gente en los jardines

Ya afuera de la mansión la historia fue diferente, no sólo porque ahí sí podías sacar fotos, sino porque el espectáculo ya era de otra calidad.

La llovizna no paraba, pero ya no quería pasar más tiempo dentro de una construcción tan sobrevalorada, además la lluvia nunca ha sido mi enemiga. Así que, a pesar de la precipitación o, corrigiendo, justamente por ella, los jardines me encantaron.
Jardines excelentemente cuidados

Y es que la lluvia le daba un toque diferente a los jardines, no sé cómo explicarlo, era un sentimiento más clásico, más nostálgico, más íntimo. Empecemos por el muelle y las construcciones detrás de la mansión ya que, aunque no están relacionadas de manera directa, me recordaron al fuerte de San Juan de Ulúa, en mi hermoso puerto de Veracruz, sensación que se potenció gracias a la llovizna con brisa pero que no te daba frío, sino que resultaba extrañamente agradable, aunque te estuvieras empapando.
Rincones bellos por doquier

A partir de ahí todo fue miel sobre hojuelas, porque vi los jardines y sus construcciones con otros ojos, con el amor que me había invadido al recordar mi lugar de origen. Ciertamente he visto jardines más bellos pero, la lluvia me hizo disfrutarlo más porque, en mi corazón, el aire que respiraba era el mismo que respiraba durante las visitas infantiles a mi querido Puerto.
Postales que inspiran tranquilidad

Así que, conforme recorría los jardines, mi enojo por el auto se fue disipando, me fui tranquilizando y enfoque mis energías en todo lo bueno que iba a pasar, para no arruinar mi fin de semana para una sola cosa que había salido mal.

Ya con ese humor más positivo, me dirigí a Wynwood.

Arte urbano en Wynwood
Dentro de Wynwood Walls

            Cuando llegué a Wynwood reconocí mi “freses”, ya que el barrio se veía relativamente peligroso, por lo mismo no me latía estacionar el auto ahí cerca. Así que, para satisfacer a mi parte burguesa wannabe y a mi parte alternativa, decidí estacionar el auto en The Shops at the Midtown y caminar un par de kilómetros de regreso a Wynwood, para disfrutar del arte urbano sin la preocupación del coche.
No sólo había murales

Mientras caminaba de regreso hacia Wynwood, pasaba por calles nada turísticas, viendo un Miami más real, y ahí mi sentimiento a Veracruz se potenció, justamente por esas viviendas descuidadas pero, de una extraña manera, bonitas. Lo mismo pasaba con la gente que, aunque desaliñada o poco elegante, tenía una actitud relativamente bonachona, con el olor a humedad marina en el ambiente que hace especial a estos barrios, y no porque resulte desagradable sino porque, extrañamente me sentí en casa.
Las entradas a las galerías eran llamativas

            Ya en mi destino, he tenido la fortuna de visitar barrios alternativos como Kreuzberg (Berlín), Haight Ashbury (San Francisco), Camden (Londres), Harajuku (Tokio), SoHo (New York) o el Centro de  Reikiavik, así que no me son extraños este tipo de lugares, sin embargo el ambiente en Wynwood no era tan hípster como en los otros, porque aquí sí se sentía algo peligroso en el ambiente. Y es que este sitio, a diferencia de los que mencione antes, es una zona fea de Miami, un lugar auténticamente urbano, en donde la freses no ha incursionado por completo para hacerlo más comercial.
Caminar por estas calles es diferente

            Prueba de ello fue un negro que me detuvo en la zona menos concurrida del barrio, me explicó que era veterano de guerra (cosa que no le creí) pero que no tenía dinero para comer así que, amablemente, me pidió unos billetes. Le di un par de dólares argumentando que no traía más. Esto lo hice por mi bien ya que, como no había tanta gente en ese tramo, evite hacer enojar al tipo que estaba bastante mamado.

            A excepción de ese pequeño e inofensivo pasaje, la visita fue ampliamente interesante, con una serie de grafitis sin pierde, tanto en los negocios como en The Wynwood Walls, que es la sección estrella del barrio, con los murales más cuidados y producidos del lugar.
Con estilos de los más originales

            Los únicos que me faltaron, y que no pude encontrar, porque este lugar es relativamente grande, fueron dos murales: el primero dedicado a Don Shula, el entrenador mítico de mis Delfines, y el otro dedicado a la intolerancia de Donald Trump, mismo que vi al pasar en auto pero después ya no me pude ubicar para verlo a pie.

            Algo de lo que me gustó de Wynwood era la gente que lo visitaba y el ambiente que había en sus negocios, algo totalmente diferente a la frivolidad que se respira en lugares como Miami Beach, Ocean Drive, Coconut Drove, Sawgrass y demás sitios más llamativos, comerciales y populares, mismo que me permitió ver una cara más real de la ciudad, más auténtica y, de alguna manera, más atractiva por ser terrenal.
Tendencias y estilos diferentes y de buen gusto

            A pesar de ello, no tiene nada de malo disfrutar de los dos mundos.

El Shopping.

            Cuando empecé a visitar Estados Unidos me sorprendía el nivel de consumo de los gringos, de igual forma me asqueaba que yo cayera en lo mismo y enloqueciera con sus precios tan bajos. Con el paso de los viajes, he aprendido a no enloquecer o, probablemente, he comprado tanto que ya no me hacen falta tantas cosas.
Un rinconcito para degustar un Café en Vizcaya

            El caso es que compre en Miami pero, para mi sorpresa, ha de haber sido la visita a Florida en la que menos cosas he de haber adquirido. Con tal de decirles que entré al Ross de The Shops at the Midtown y no compre nada, algo impensable en mí, pero es que en verdad no encontré algo que me encantara.

            Es más, ahora llevé más cosas en Marshall’s (que no es mi tienda favorita) que en otra visita que hice a Ross (ahora al de Sawgrass Mills), y me alegra que cada vez estoy comprando menos en Estados Unidos, o tal vez se deba a que ya sé que voy a visitarlos un par de veces por año, por eso ya me mido.
Wynwood

Hablando de Sawgrass, pase a comprarme unos perfumes, y me resultó curioso que, a pesar de mis rasgos latinos, me ofrecieran el de Trump. Ciertamente fue la esencia más rica que me dieron a oler, sin embargo, por ridículo que se escuche, mis principios impidieron que comprara algo de un señor que ha insultado mucho a mi país (justificada o injustificadamente). Ahí recordé que Trump ganó Florida, lo cual me sigue sorprendiendo para la cantidad de latinos que hay por acá.
Un adelanto del siguiente escrito (Hard Rock Stadium)

            Volviendo al Shopping, aunque mi favorito es Sawgrass Mills, debo reconocer que The Shops at the Midtown tiene un surtido respetable de tiendas, un estacionamiento con tarifas muy amigables (8USD por cuatro horas es una ganga en Estados Unidos), además de que está diseñado para dar empleo a gente de una zona poco afortunada de la ciudad, lo cual tiene su mérito.

            Pero hubo otra razón para volver a The Shops at the Midtown, misma con la que empezaré el segundo escrito, mismo que pueden leer en esta liga.


            Hebert Gutiérrez Morales.

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