jueves, 12 de enero de 2017

Comprendiendo en Mahahual (Mundo Maya: Parte 4 de 6)

En la Playa de Mahahual
Después de cambiar el tono del viaje en Tulum, del cual pueden leer en esta liga, salí con mucho gusto de Macario Gómez (por el terrible Hotel) hacia Mahahual. A pesar de ser un pequeño pueblo, en Mahahual encontré muchas respuestas a preguntas que no sabía que me estaba formulando.

Bautizo de Buceo

Conocí a Chano, quien iba a ser mi guía y casero por este día en Mahahual. Mi intención era ir al Atolón del Chinchorro a hacer snorkel pero el clima no lo permitía, así que tendría que esperar otra oportunidad para conocer dicho tesoro natural de México.
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Mi anfitrión tenía un grupo de suecos y españoles que se habían ido a hacer buceo a Xcalak, pero él se había quedado para recibirme y guiarme en una nueva experiencia: mis pininos de Buceo.

Para sacar tu licencia de buzo, necesitas un curso de tres o cuatro días, de acuerdo a la capacidad de cada persona. Sin embargo, puedes tomar un “Bautizo” para, literalmente, sumergirte a este fascinante mundo.

Así que nos adentramos, en el barco de Chano, hacia el mar unos cuantos kilómetros. Llegamos a un punto en donde la profundidad rondaba entre 10 y 12 metros. Ya me había dado un entrenamiento previo en la playa sobre respiraciones y señales allá abajo, así que nos aventamos al agua.


Fue un proceso que se me dificultó, sobre todo el “compensar” la presión en los tímpanos. Y es que, conforme bajas, la fuerza del océano empuja hacia dentro de tu cuerpo, siendo el interior del oído la parte más sensible y que fácilmente se puede dañar.

Chano fue muy paciente conmigo y, gracias a ello, logramos bajar a los 10 metros pactados. Bajo del mar es un mundo totalmente diferente, la velocidad es relajantemente, más lenta, porque esos 45 minutos en el agua me parecieron un tris y, al mismo tiempo, una eternidad en la cual tuve varios pensamientos, los cuales a continuación comparto.


A)    La Vida es sencilla

            Algo que no puedes dejar de percibir es la tranquilidad con la que se nadan los peces, que simplemente se dejaban llevar por la corriente y no oponían con ella, me permitió relajarme y disfrutar de la experiencia.

            Ahí me di cuenta que si hubiera sido un pez, sin duda estaría peleando cuando la corriente estuviera en contra y, cuando estuviera a favor, me preocuparía de cuánto tiempo iba a mantenerse así.
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            Pero los peces son sabios en su instinto, nadan sin preocupaciones, así que la corriente los jala 40 centímetros para atrás y luego los empuja 50 adelante, así que en realidad están avanzando, pero sin desgaste, porque saben que la corriente es constante en su fluir y, al final, todo va a estar bien.

            La analogía con la vida era inevitable, ya que siempre hay tiempos buenos y malos, pero nos angustiamos por los malos y nos encariñamos con los buenos y, sin importar cuántas veces se repita este ciclo, seguimos peleando contra el flujo natural de las cosas, en lugar de aprender a ir con él.
 
El Faro de Mahahual
            Por eso la naturaleza es sabia, y el humano también solía serlo, sólo que se le metió en la cabeza el concepto de que puede ser “feliz” para siempre y, en esa búsqueda constante e inútil, va perdiendo la paz necesaria para aprender a fluir con el entorno.

B)    Pensamientos suicidas (sección no apta para gente cuerda)

Dentro de mi complicada psique, tengo un ser inferior al cual le encanta jugar con mi bienestar a través de Thanatos, mi pulsión de muerte, es por ello que luego me boicoteo bien cabrón en muchas cuestiones que me representan felicidad.

            El caso es que dentro del mar me surgió un pensamiento suicida, en el que me imaginaba que se acababa el aire y moría ahogado. Normalmente no me engancho a esos pensamientos y los dejo pasar, pero en esta ocasión en verdad me indigne conmigo mismo, no sólo porque estaba viviendo algo diferente, sino por algo más profundo.

Me enoje por la constancia de pensamientos sobre las cosas que me pueden salir mal, así que me reclamé con furia, logrando que mi otro yo dejara de boicotearme, si no ayuda que no estorbe, porque hay una parte de mí que sí quiere disfrutar, que quiere bienestar y tener una existencia plena, feliz y productiva en lo que me resta de tiempo en este planeta. Sé que esa tendencia va a continuar (porque mi Thanatos es fuerte) pero, por lo menos, el resto de ese día me dejó en paz.
 
Empezaba a caer la tarde
Pero ese pensamiento nació de otra certeza que me surgió casi al mismo tiempo, algo que no pude refutar.

C)    Todo tiene su final

            Por alguna causa, mientras buceaba entre plantas y peces, me di cuenta de algo que he venido sospechando desde hace tiempo: mis días de actividades de aventura están contados (rafting, rappel, salto de cascadas, escalada y demás)

¿Cuándo? No lo sé, podría ser tan pronto como la siguiente ocasión o tan tarde como en diez años (si es que aún sigo en este mundo), aunque dudo que me eche otra década haciendo este tipo de actividades.
 
El malecón estaba semidesierto al atardecer
            El caso es que, eventualmente, lo voy a dejar de hacer ¿El motivo? Tal vez porque el cuerpo empieza a dar de sí, tal vez porque el miedo (disfrazado de prudencia) está retomando terreno, o posiblemente una combinación de ambas (miedo y edad) le está ganándole espacio al interés e ímpetu de hacer estas actividades extremas.

            Así que, mientras me queden energías e intención de hacerlo, debo aprovechar para hacer cuánto me sea posible, porque esta tendencia mía se va a acabar eventualmente. Y no me siento triste o indignado porque lo que ha durado (y lo que vaya a durar) lo habré disfrutado mucho.
 
Al otro extremo del malecón
            Aunque es factible que este pensamiento se haya producido debido a mi reacción a este primer contacto con el buceo.

D)    El buceo no es para mí.

            Ciertamente fue muy bonito lo que vi allá abajo, es una sensación diferente y una experiencia que ojalá todos pudieran intentar alguna vez. Sin embargo, esto del buceo está muy cabrón, requieres de mucha fortaleza física y mental, así como una paz interna grande. Fue una vivencia única e intensa que me gustó intentar pero, honestamente, no creo volverme a atrever.
 
No tardaba en caer la noche sobre el tranquilo pueblo
            Recuerdo en uno de los escritos de la Huasteca Potosina, en que reflexionaba que hay gente a la que le gustan las alturas y a otros que les gusta el agua. Supongo que con el buceo es lo mismo: debes nacer para ello, debes traerlo en la sangre y, aunque nacíjunto al mar, me he dado cuenta que esto no es lo mío.

Y es que cuando salí del agua estaba agotado, además de que me maree bien cabrón, lo bueno es que tuve la suficiente calma para relajarme con respiraciones, de lo contrario, fácilmente hubiera vomitado. Por la compensación, mis oídos estaban tapados, lo cual es normal en los novatos y, en el transcurso del día, se me fueron destapando. Creo que toda la presión del mar me dejó muy afectado en el bautismo de buceo.
 
Unas bancas junto al Faro
            No dudo que sea un mundo maravilloso ya que, a la hora de la comida, escuchaba como otros buzos se entusiasmaban por todo lo que habían presenciado ese día en Xcalak.  De hecho estaban muy emocionados por mi bautizo de buceo, previendo mucho éxito y gozo para mí en este mundo. Ya no les contesté para no romper sus proyecciones hacia mi persona pero, en el fondo les contestaba, “¡Ni loco que lo vuelvo a intentar!”.

            Simple cuestión de gustos o de personalidades.

Platicando con Chano
Una playa salvajemente bella

Chano Montelongo es un periodista español retirado que, tras haber viajado por todo el mundo, hizo de su hobby su actividad de retiro. Así que, a los 53 años, vive entre Mahahual y Playa del Carmen.

Probó las mieles de la fama con artículos y libros que fueron exitosos, dentro de esas vivencias también fue secuestrado e incluso fue reportero de guerra. Después de un trajín tan intenso, decidió que era suficiente.

Charlar con alguien así resulta en una delicia, porque tiene tantas experiencias que puedes aprenderle mucho. La plática inicio cuando regresamos a su negocio. En un inicio fue para que recuperara mi estabilidad del mareo en su barco, pero después se tornó en una conversación muy nutritiva, sobre la vida en sí, tanto las versiones citadinas o las de un pueblo pequeño como Mahahual.
 
Hermosa oportunidad de ver una playa al natural
Estos encuentros son riquezas que te da viajar solo, porque al ir en grupo te das menos oportunidad de hacerlo. No sé en qué otro lugar hubiera conocido a alguien como Chano, con tanto bagaje que compartir sobre el mundo. En esos pequeños detalles en los que me doy cuenta que cada vez me vuelvo más un viajero y cada vez menos un turista.

No es la primera vez que quedo fascinado por la libertad y sabiduría de un guía de aventuras extremas, pero la visión de Chano ha sido la más inteligente de todos los que he conocido. Y es que él primero se hizo de un patrimonio y después se retiró para invertir en su hobby y convertirlo en su pensión.
 
El Crucero al fondo con destino a otro lugar
Casi todos los guías que conozco creen que el futuro (o Dios) proveerá, para luego darse cuenta (en la mayoría de los casos) que el mundo capitalista es voraz y al final tienen que recuperar el terreno cedido por perseguir sus sueños. Tal vez sea cínico de mi parte, pero creo que es mejor seguir el camino capitalista un rato con el objetivo de retirarte en tu sueño (así como hizo mi anfitrión español).

            Una recomendación que me hizo el buen Chano es que debería poner un Hotel Boutique en un lugar como Mahahual, idea que jamás había considerado pero, ahora, la ha plantado en mi cabeza, ya veremos si la hago florecer o no.
 
El Faro visto desde la playa
Enriqueciendo mi visión de los viajes

            Mientras me deleitaba un rico ceviche, conocí a otras personas que se dedican a esto del buceo, y noté que compartían con Chano esa personalidad sensata y no tan comercial. Y es que sus viajes por la Riviera Maya no se enfocaban en Chichén Itzá, X-Caret ó Cancún, sino en Ek-Balam, Uxmal o Holbox.

En esa charla me di cuenta que soy más fresa y superficial de lo que me hubiera gustado admitir, y que aún me falta mucho para llegar a dónde quiero estar. Aunque, siendo honestos, este viaje me ayudo a alejarme un poco de ese Status Quo de turista fresa, sobre todo al conocer puntos de vista tan interesantes.

            En esa comida entendí el porqué de esta travesía y es que, si no la hacía en este momento exacto, jamás iba a volver la oportunidad de hacerlo ¿En qué me basó? En meros presentimientos, no tengo una base sólida para afirmarlo pero, muy dentro de mí, esa certeza surgió y en ese preciso momento me sentí agradecido por haberme decidido a hacerlo, a pesar de todos mis miedos.
 
De los pocos detalles ajenos
            Estos viajes son los que te convierten en un viajero para dejar de ser un turista, para dejar de ir a los sitios comerciales o promocionados para empezar a ir a lugares valiosos y menos conocidos.

            Y, a pesar de esto, me llegó otra certeza mientras caminaba por el maleconcito de Mahahual que se contrapone a la visión del viajero.

            El desengaño del ermitaño.

            Recuerdo que en el escrito de Chiapas, en la parte en que estaba en la selva lacandona, mencioné que ya había perdido la habilidad de habitar en un sitio tan tranquilo y tan alejado de la “civilización”. Ya en tiempos más recientes, escribí que con mucho gusto viviría algún tiempo en la hermosa isla de Miyajima, sin embargo, en Mahahual me volvió a entrar la duda si en verdad sería capaz de residir en un sitio tan tranquilo y alejado del bullicio de las grandes ciudades.
 
Unas horas antes esos negocios estaban rebosantes de vida
            No tengo un argumento matón porque, es un hecho, me cagan las multitudes de gente y disfruto mucho mi espacio, soledad y cuando no hay ni un alma a mi alrededor (Muchos dicen que sería feliz en una situación como la de Will Smith en “Soy leyenda” y, de no ser por los Zombies, ciertamente no me desagradaría).

            No me gusta estar en medio de una multitud enorme, pero sí me gustan las ventajas de una ciudad grande y, con esas comodidades viene una población considerable. Aunque supongo que tenerlos cerca también es conveniente para mí, porque tengo a quien criticar ¬_¬U.
 
La tranquilidad que inspira el mar
Por ello vivo en los suburbios de Puebla (mismos que ya fueron engullidos por la ciudad) y no en el centro. Esa certeza me entristeció un poco, porque eso significaba que otra parte de mí se ha terminado de “vender” a este maldito mundo moderno.

            ¿El próximo Cancún?

            Después de comer, caminando de regreso a su negocio, le preguntaba a Chano ¿qué era lo que impedía a las grandes empresas invadir este lugar y transformarlo en el nuevo Cancún? Y su respuesta me alegró y entristeció al mismo tiempo.
 
Pequeña balsa de algún pescador local
            Me dijo que ya estaban informados y que estaban unidos para que eso no pasara, que tenían las leyes de su lado y las iban a hacer respetar para que se cuidara a la naturaleza en lugar de privilegiar al negocio y, al escucharlo quede convencido de sus palabras.

            Entonces ¿por qué me entristecí? Cuando Chano se refiere a “nosotros” lo hace a los europeos que residen en Mahahual y que, básicamente, son los dueños de los comercios más importantes: españoles, italianos, alemanes, franceses y demás, ellos son los que van a defender el lugar, porque a ellos les interesa tener este hermoso sitio tal y como está.
 
Un mar limpio y casi virgen
            Aquí la pregunta obligada es ¿y los mexicanos? ¿Acaso no les interesa su tierra?

            Tristemente al mexicano promedio le das dos pesos por su país y te los va a tomar, sin importarle lo que hagas con “su” tierra. Unos podrán argumentar que en un país en donde la mayoría de la población es pobre, es entendible que vean primero por sus necesidades básicas, otros dirán que es esa falta de respeto característica mexicana en que todo está a la venta.
 
Sí, lo sé, soy un vanidoso ¬_¬U
De los europeos que defienden este lugar se puede decir que son gente con dinero que han vivido bien y, en agradecimiento, quieren cuidar el lugar de su tranquilo retiro, o que no quieren que los grandes emporios no les quiten el negocio. Siempre habrá distintas lecturas para una misma situación.

            Personalmente creo que, sin contar sus recursos, esos extranjeros que están en Mahahual son personas más desarrolladas y con otra visión del mundo, que han aprendido que lo valioso no tiene precio y tienen una percepción más amplia de lo realmente importante. Y eso es un reflejo del nivel educativo y del desarrollo de una nación, su cultura y su gente.
 
El malecón casi silenciado
            El primer mundo no sólo lo es por tener dinero, empresas y por emplear al tercer mundo, también lo es debido a sus niveles de educación y por ello, normalmente, su gente es más consciente.

            Al final, sean extranjeros o no, espero que Mahahual en verdad se mantenga así por mucho tiempo aunque, viendo la fuerza del voraz capitalismo, creo que la tendencia será que los grandes emporios turísticos se impondrán al final.

            Espero, de todo corazón, equivocarme en esto último.
 
Sólo se oía el rumor del mar
            La caminata vespertina

            Como me la pasé platicando todo el día, cuando me di cuenta, no había ido a conocer el pequeño pueblito, en especial su malecón. Así que me despedí un momento de todas estas interesantes personas y me fui a recorrer un poco el sitio al atardecer.

            Ya estaba cayendo la noche, así que todo ese movimiento que se veía al medio día ya había muerto, los visitantes de los cruceros ya se habían regresado a su embarcación y la mayoría de turistas ya estaban en sus hospedajes o en uno que otro bar.
 
Postal de una playa tranquila
            Ciertamente aún había transeúntes a lo largo del malecón, así como negocios ávidos de atenderlos, pero el porcentaje era mínimo a comparación de la hora más congestionada.

            Tal vez las imágenes que les comparto no muestren toda la gallardía y belleza de este lugar, porque no tuve el resplandor del sol para plasmar su increíble mar. Sin embargo, no me arrepiento de haber recorrido el lugar a esta hora porque, esa tranquilidad con poca gente le acomodó perfectamente a mi esencia.
 
El malecón no es muy extenso: un par de kilometros
            Al recorrer el malecón de Mahahual tuve un Dejavú de cuando recorríamos la costa de mi hermoso puerto de Veracruz. Según mis recuerdos, así de tranquilo, bonito y limpio era mi lugar de nacimiento y, aunque sé que lo estoy idealizando, me gusta que habite así en mis recuerdos porque, como leí alguna vez, la realidad no es la que es, sino la que uno recuerda. :’-)

            Un inesperado cambio de planes.
 
Regresando al Faro de noche
            Mis planes para el siguiente día era manejar hasta Bacalar, contratar alguna balsa que me paseara por la laguna y después irme a Palenque, plan que le compartí a Chano y, sospechosamente, se quedó callado.

            Una máxima de Bert Hellinger que me encanta, porque siempre se cumple, reza que “La vida no te da lo que quieres sino lo que necesitas”. A la hora de la comida conocí a Spayro, un abogado chilango que también estaba de tour en la península de Yucatán. Él nos compartió que también iba a Bacalar y a Palenque al día siguiente, con la salvedad que, en medio de ambos lugares, iba a Calakmul. Ya había oído mencionar dicho sitio desde hace muchos años pero, honestamente, sólo recordaba el nombre, nunca me puse a averiguar más sobre él.

            A Chano se le iluminó la vista y, por fin, supe por qué se había quedado callado con mi itinerario del día siguiente: “Eso del bote en Bacalar es muy turístico, deberías pegarte a Spayro y acompañarlo a Calakmul”
 
Fui muy feliz en Mahahual
            Casualmente, mis dos interlocutores conocían Calakmul y Tikal, ciudad maya ubicada en Guatemala que (tenía entendido) tiene la fama de ser la más esplendorosa y sorprendente de todas las ruinas importantes de dicha cultura. Pero ambos también corrigieron mi pensamiento: “Calakmul está a la altura de Tikal y, posiblemente, la supere”

            Con esa opinión consensada, mi plan se modificó para bien. De no haber venido a Mahahual y conocido a estas personas, no hubiera cambiado mi tour. Así que sólo íbamos a pasar a Bacalar sólo para ver el amanecer, después conocer la joya maya poco promocionada de Calakmul antes de llegar a Palenque. Así que me fui a dormir sin saber lo impresionante que iba a presenciar al siguiente día.  Pueden leer lo que pasó al día siguiente en este enlace.


            Hebert Gutiérrez Morales.

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