domingo, 8 de enero de 2017

Tulum, de menos a más (Mundo Maya: Parte 3 de 6)

Desde la cima de la gran Pirámide de Coba
            Como explique en el segundo escrito de esta serie, que pueden leer en esta liga, había llegado a Tulum con algo de tristeza y algunos arrepentimientos. Con ese mismo tono empezó el tercer día pero, a la mitad, tomé una decisión que cambió todo.

            Ventajas y desventajas de ir por tu cuenta

            Cuando visualicé este viaje por primera vez, se me vino a la mente repetir las actividades de la vez anterior con XCaret, Xel-Ha, Xnotes, X-Plor y demás tours de dicha empresa, hasta que Gaby (cuyo esposo es de Quintana Roo), me hizo ver que ésas eran atracciones diseñadas para los Gringos y que eso no era la verdadera Riviera Maya. Por lo que estaba bien visitarlos una vez pero, al regresar, era mejor ver otros lugares más reales.
 
Tulum
            Y conste que dicha empresa es excelente, de hecho me la pasé de lujo en sus actividades, porque el producto que ofrecen es impecable de “pe” a “pa”. Así que cuando coincidía con ellos en algún lugar, me acordé lo que era ir en sus Tours: simplemente te despreocupas y te dejas llevar, algo que resulta óptimo si tu objetivo es relajarte, sin estrés adicional, porque alguien más se ocupa de tu entretenimiento.
 
Llegando a Tulum
            Obviamente me hubiera gustado ir al Show del Cirque Du Soleil, regresar a los parques y tours más comerciales, porque pagas y te despreocupas de todo, no debes reclamar por si alguien te bloquea el estacionamiento, alguien te cuida la llave o negociar precios por los servicios, ver cómo llegas a cierto destino, lidiar con un hotel malo o buscar en dónde comer que no te quieran ver la cara . . . de turista (que lo eres, pero no quieres que te la vean de manera tan descarada).Todo eso me pasó en este viaje.
 
Una Pirámide de Cobá
            Ciertamente es cómodo ir con una empresa establecida, pero también resultó productivo ir por mi cuenta y ser el responsable de lo que viera, no con un guía, no con un itinerario decidido por alguien más, sino algo que me costara trabajo, que le invirtiera pero que, al final, me hiciera sentir más satisfecho porque iba a ser producto de mis decisiones. Todo ese proceso te hace crecer.

Por otro lado, es cierto que el viaje también resultó más barato que si hubiera contratado a dichas compañías, pero es unas por otras, ya que el profesionalismo y calidad se compensan con la diferencia de precio. Ya es cuestión de gustos: pagas de más para no estresarte por un producto ya diseñado o le inviertes más tiempo para conseguir una experiencia más a tu estilo y gusto.

            Así que fui a descubrir una Riviera maya igualmente turística pero menos comercial.

            Las Ruinas de Tulum
 
Tulum
            En mi visita anterior (Septiembre del 2013) estaba lloviendo mucho, así que los accesos a Tulum estaban inundados, por lo cual no pudimos visitar la zona arqueológica. Así que ese pendiente lo tenía que saldar en esta visita.

            Si les soy honesto, las ruinas de Tulum no son nada del otro mundo, con la salvedad que al estar junto a un mar tan hermoso como el del Caribe mexicano, te produce un sentimiento totalmente distinto del que podrías tener en cualquier otra zona arqueológica.
 
El "Castillo" de Tulum
            El lugar es pequeño pero lo disfrutas mucho con la brisa marina y el sonido del mar al lado. Las estructuras no son tan imponentes como en otros lugares, pero la ubicación junto a la playa les da un toque mágico.

            Personalmente creo que por lo menos se debe visitar una vez para que te quites de expectativas altas en la cabeza y disfrutar el lugar con sus bellas postales. Hay otros sitios que sí merecen ser visitados más de una ocasión, pero a Tulum no lo considero en dicha lista
 
Selfie obligada en Tulum
Desencanto en Akumal.

Después de Tulum ya tenía una mala actitud, puesto que hasta ese punto las cosas no habían salido como esperaba. A pesar de ello decidí continuar con el itinerario e ir a Akumal a ver tortugas.

Cuando llegué ahí, la playa me apreció bonita, pero me harte de ver tantos turistas y me desanimé. Y vino el último reclamo interno del viaje. Era la primera vez que viajaba en temporada alta a un sitio popular. Antes no viajaba en absoluto y, cuando empecé a hacerlo, he procurado que sea en temporada baja. Por desgracia, por requerimientos laborales tuve vacaciones forzadas, así que organicé este viaje con un mes de anticipación, tiempo muy escaso para mis estándares.

Así que decidí dar un “volantazo” y dar un cambio a este itinerario que no estaba resultando productivo. Dejé Akumal y me dirigí a otro sitio más acorde a mi esencia.
 
Terminando las Tirolesas en Aktun Chen
            Gozo en Aktun Chen

            Hace tres años, en nuestro camino a Tulum, vi un lugar llamado Aktun Chen, que me llamó la atención y se me quedó grabado. Cuando iba a Akumal, vi el letrero y me volvió a resonar. Así que decidí ir a dicho sitio en lugar de quedarme en la playa de las Tortuguitas.

            Aktun Chen es un parque de actividades de aventura, no al nivel de XPlor, pero sí más natural. Tienen una cueva, unos Cenotes y las Tirolesas, así que sólo me decanté por estas últimas ya que necesitaba una inyección de adrenalina.
 
El campo de juego de Pelota en Cobá
            Lo chido de Aktun Chen es que está en medio de la selva, así que sí debes manejar durante unos 20 minutos para llegar ahí, lo cual te da una buena dosis de aislamiento porque no escuchas al resto de la civilización mientras estás ahí.

            Sin duda fue una excelente decisión haber tomado el tour de las Tirolesas, que consistió en 8 tiros y dos puentes. Ciertamente eran tramos muy cortos (el más largo era como de 140 metros), pero no por ello dejaron de ser divertidos. De hecho, por lo mismo que eran relativamente fáciles, pude aventarme de cabeza por primera vez.
 
Uno de los senderos de Cobá
            Los guías tenían muy buena vibra, algo que necesitaba después de lo amargado que venía de Akumal. Platicaba con ellos más que con los otros clientes y ahí me enteré de Ek-Balam o de Dzitnup (que comenté en el escrito anterior), ya que eran gente local.

            Aprovechando esa comunicación, les pregunté sobre el Cenote de Dos Ojos, que en teoría era mi siguiente parada, pero me dijeron que era el Cenote más comercial de la Riviera Maya. Ahí recordé a Ik-Kil, así que desistí de Dos Ojos y preferí irme directamente a Cobá, lo cual fue una gran idea.

            Recargando energía en Cobá

            Como un día antes no había podido ir, ya no estaba seguro de mantener a Cobá en mis planes. Sin embargo, gracias a la información de los guías de Aktun Chen           , decidí reincluirlo.
 
Cobá no está tan bien conservado
            Al inicio entras y no ves la gran cosa: una pirámide estándar con unas construcciones bonitas pero no imponentes. Pero noté que la gente empezaba a tomar bicicletas para tomar un camino más largo, preferí caminarlo (porque no sé andar en bici) y ahí empecé a disfrutar Cobá.

            Resulta que la parte que había visto inicialmente es como el “recibidor” del lugar y lo más interesante está hacia el fondo. Son pocos kilómetros para llegar a una zona con Estelas que, aunque no están bien conservadas, ya te da una visión diferente del sitio, mismo que está adentrado en la jungla.

            Después regresas sobre tus pasos y llegas a otras pirámides más grandes y mejor conservadas, pero a las que no tienes acceso, al igual que al inicio. Y esa es una tendencia que entiendo pero que no me ha gustado en los últimos años: cerrar pirámides para su conservación.

            Cuando era niño, subía a cuanta pirámide se me pusiera en frente, y era un verdadero gusto hacerlo. Ahora, con el paso del tiempo y el aumento de visitantes, han tenido que cerrarlas para conservarlas y evitarles desgaste adicional. Pero, para mi sorpresa, aún me faltaba la pirámide más grande del lugar.
 
La gran Pirámide de Cobá al fondo

            Al llegar a dicha pirámide, me emocioné que a ésta si la podías escalar, cosa que hice con singular alegría y el mismo gusto infantil cuando lo hacía en mi niñez. Fue una subida relativamente empinada, lo cual me regaló un espectáculo cómico-trágico.

            Creo que el mexicano promedio tiene la oportunidad de subir pirámides desde muy temprana edad además (supongo) por genética, subimos y bajamos dichas estructuras con cierta facilidad. Los extranjeros no tienen ese chip.

            En medio de las escaleras había soga gruesa, de la cual se agarraban los turistas extranjeros para bajar o subir, lo hacían con mucho cuidado por no decir miedo, por lo mismo muchos subían “de cuatro patas” y bajaban “de nalgas” o sentados, por el terror a la caída. La verdad es comprensible porque estaba bastante empinada pero, como mexicano, no era algo que no hubieras visto antes.
 
Vista desde la cima de la Pirámide
            El caso es que los nacionales la bajábamos y subíamos parados, con agilidad y hasta gracia mientras que el resto sufría para hacerlo. Ya arriba la vista del paisaje resultaba bella, lo cual fue un final perfecto para la visita. Probablemente una postal que no vuelva a disfrutar porque, aunque visitaría otra vez este lugar con gusto, el desgaste es notorio, y estoy seguro que pronto se va a cerrar esta pirámide.

Me encantó Cobá, aunque no esté al nivel de un Calakmul, Palenque o Teotihuacán, pero personalmente lo disfruté bastante, y la razón es que resultó en una visita muy física, ya que caminé unos 10 kilómetros en las dos horas que estuve en el lugar, eso sin contar que la subida a la gran pirámide también era intensa. Por eso, aunque mi estilo es físico, comprendo a la gente que tomaba las bicicletas o los bicitaxis para trasladarse, porque puede resultar algo cansado.
 
Me despido con una bonita postal de Tulúm
Ya para cerrar el día, comí en el mismo pueblito de Cobá una rica cochinita pibil mientras se soltaba un pequeño pero sustancioso aguacero. Mientras contemplaba la lluvia y comía sin prisa, agradecí el cambio que hice de Akumal a Aktun Chen, porque eso modificó el tono del viaje.

Ahora estaba con los ánimos recargados para irme a Mahahual al otro día temprano, lo cual hacía con gustó al dejar mi pésimo hotel en Tulum. Ese escrito lo pueden leer en esta liga.


Hebert Gutiérrez Morales.

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