sábado, 11 de febrero de 2017

Los Millennials (Parte 1)

Diferencia de educación entre niños GenX y Millennials
            Algunos dicen que una generación abarca 20 años, otros dicen que son quince. Para términos de este escrito, vamos a delimitar a los Millennials como todos los que nacieron entre 1984 y el año 2000, después de ellos vienen los Centennials.

            Sin proponérmelo, ya había escrito sobre los Millennials aún antes de que fueran bautizados como tal, porque poco a poco empecé a descubrir sus características: cada vez eran más los individuos inconscientes, por no decir pendejos, que me encontraba en esos rangos de edad. En un inicio pensé que era la ignorancia y estupidez propias de la adolescencia pero, como cada vez eran más, tenía que ser de orden generacional.


            Cuando escribí “Valores light” los primeros Millennials estaban por entrar al mundo laboral, y su influencia aún no era mucha. En cinco años se ha incrementado su número en las empresas y, con ello, su relevancia social. Por eso ahora son más notorios y hasta se rebautizaron como generación, dejando atrás la etiqueta de Generación “Y” y adoptando su actual mote.

            La necesidad de identificarse

            El ser humano siempre ha tenido la necesidad de identificarse con algo: una ideología política, una orientación sexual, una creencia religiosa, un equipo de fútbol, un signo zodiacal, una nacionalidad, una raza y todo lo que se pueda etiquetar. Entre tantas clasificaciones, una de las más grandes que puedes encontrar son las generaciones.


            Un hecho innegable, según un estudio realizado por el Instituto Misántropo Hebertiano del Comportamiento Humano (que será inaugurado en algún punto en el futuro), indica que, por lo menos, el 90% de la humanidad está bien pendeja, esto producto de la sobrepoblación en donde la calidad se ha ido diluyendo considerablemente, además de que la gente ignorante e idiota tiende a reproducirse como si no hubiera un mañana, mientras que la gente consciente, si es que se atreve a engendrar, tendrán uno o, como máximo, dos vástagos.

            ¿Por qué menciono esto? Porque en todas las generaciones hay individuos que no valen la pena, que son la mayoría. De igual forma, sin importar lo deplorable que sea una cultura, generación o nación, también habrá especímenes valiosos de calidad alta que, aunque son los menos, siempre los hay.


            Por ejemplo, de la gente más pendeja que conozco, se encuentra en la Generación X y que, con mucho gusto, me desharía de ella pero que, por situaciones que están más allá de mi influencia, no puedo sacarlos de mi vida en estos momentos: ya sea por cuestiones laborales, familiares o sociales pero, a la primera oportunidad, me voy a deshacer de ellas con mucho gusto, para quedarme con poca gente de calidad.

Dentro de ese pequeño círculo de gente inteligente y valiosa que considero cercana, también tengo Millennials y, precisamente están ahí porque no se parecen a sus contemporáneos, y por ello los considero entre mis más allegados.

            Son justamente las excepciones las que suelen confirmar la regla, un ejemplo de ello es el pueblo japonés, que es uno de los más civilizados, educados, ordenados, honestos y limpios que pueden existir en el mundo (si no es el que más) y, a pesar de ello, existen japoneses gandayas, corruptos, desordenados y sucios, ciertamente los menos, pero los hay.


            De igual forma, en México una gran cantidad de la población es gandaya, corrupta, desordenada, dejada, irresponsable e inmadura, sin embargo, también hay gente responsable, honesta, respetuosa pero es tan poca que no se nota su influencia en el desmadre de país que tenemos.

            Sin importar que siempre haya una mayoría de gente basura, hasta para ser pendejo hay estilos, y cada generación tiene características que los diferencia de las otras. A pesar de haber tanta gente estúpida en la Generación X, y a pesar de nuestra amargura, les puedo decir que tenemos más sensatez y responsabilidad que los Millennials. Todo esto porque fuimos criados para ganarnos las cosas, no a esperar que nos las regalaran por nuestra linda carita. Los pocos Millennials que tengo en mi círculo social, reconocen que su generación está conformada por una inmensa mayoría de gente imbécil.


            En cada grupo social, cultural, étnico, ideático y demás, siempre van a haber excepciones, pero no por ello se pierde la identidad grupal, por eso me atrevo a generalizar a los Millennials, porque la mayoría de ellos comparten las características que voy a comentar.

            Muchas de estas ideas las he ido acumulando con el tiempo pero la chispa que detonó este escrito fue un vídeo que una de mis amistades Millennials me compartió, es de un Señor llamado Simon Sinek llamado “Millennials in the Workplace” que encontré en exceso interesante, y del cual tomaré algunos puntos a profundizar durante estos dos escritos. El vídeo lo pueden ver en este enlace.

            El origen de todo: La educación


            Esta generación no nació así de idiota, en realidad los fueron haciendo así. El primer factor fue la educación que recibió, tanto en casa como en la escuela o, desde mi perspectiva, la educación de calidad que NO recibieron.

            En ese afán que tienen los padres de darle a sus hijos todo lo que ellos no tuvieron, en esa idea pendeja de que “a mi hij@ no le va a faltar nada”, en ese malentendido exceso de amor, en ese anhelo de que mi hij@ no me vaya a odiar, les cumplieron todos los caprichos a sus majestades, convirtiéndolos en pequeños tiranos.


            Así que se les consintió, se les dijo que eran especiales, que tenían derecho a todo sólo con desearlo, nadie tuvo el valor de hacerlos trabajar por ello, ponérselas difícil, presionarlos, nadie les enseñó a ganarse las cosas.

            Esa tendencia en la casa se traspasó a las escuelas, en donde los padres presionaban a los profesores para que sus hijos tuvieran buenas calificaciones, para que no los “traumatizaran” con reprobarlos, con regañarlos, con tareas excesivas. Se les empezó a premiar simplemente por participar, una tendencia que ha permeado más allá de la escuela, con medallas de participación que son una burla al espíritu de competencia. Espero no llegar a ver cuando empiecen a dar medallas por participación en los juegos olímpicos ¬_¬U.

            Así como los reconocimientos, las calificaciones pasaron a dejar de ser relevantes porque, sin importar que supieras mucho o no, con la presión de los padres, ya cualquiera obtenía un buen rendimiento escolar, sin que eso significara que habían aprendido algo.
 
Un aplauso para esta maestra
Por ello el sistema escolar se fue volviendo cada vez más blando, se les exige menos y cada vez es menos probable reprobar, de hecho tienen prohibido hacerlo. Tengo tres personas cercanas, de distintos niveles escolares que me confirman lo siguiente: “Yo los repruebo, pero la escuela encuentra manera de pasarlos”.

Y mi pregunta es ¿Acaso pasarlos a como dé lugar es bueno para ellos? ¿Evitándoles problemas los hacemos crecer? ¿Facilitándoles el camino los hacemos más aptos para sobrevivir? Obviamente la respuesta es “no” a las tres preguntas, pero parece que nadie se da cuenta de ello.

Incluso la RAE está entrándole al juego de solapar la estupidez ajena. ¿En qué me basó para decirlo? Recientemente se han adoptado términos como “pecsi” o “gentes” en el idioma español, lo cual es una triste muestra de cómo el mundo se está adaptando a esta generación hueca.

En vez de educarlos y ser estrictos con ellos para que se expresen de manera correcta, prefieren adoptar términos incorrectos, nacos, corrientes o ignorantes en un idioma tan rico como el nuestro. Pero pesa más lo flojera de gente indolente y pendeja que no tiene la disciplina o interés en expresarse con propiedad.


            Por esa misma tendencia al “apapacho”, el facilitarle las cosas a los Millennials, es que ahora se han prácticamente anulado las tesis, dándoles distintas opciones de titulación a los “chavos” (Examen, Promedio, Experiencia laboral, un año de maestría, etc.) ¿Esto por qué? Porque redactar una tesis era una monserga (si bien lo sabré ya que hice una para la licenciatura y otra para la maestría), y no queremos que los chicos se vayan a estresar, no se vayan a frustrar y les dé un ataque de pánico.

            Toda esta falta de reto, al darles todo peladito y a la boca, ha contribuido a esa frustración que viven al ingresar al mundo laboral, el mundo real, y se deben enfrentar a problemas adultos. Si se les educó en un mundo en donde no hay dificultades, en donde todo el fácil, en donde todos hacen lo que pueden para asegurar su éxito individual, ¿cómo queremos que sean unos adultos responsables y sensatos?


            Millennials en el mundo laboral.

Una vez que sus majestades salen de la escuela, y de que (muchos) se toman un año sabático para “aliviar” tanto estrés que sufrieron, es que se integran al mundo laboral. Entrada que se atrasa un poco porque, como fueron criados como realeza, es obvio que quieran ser jefes, y tener las condiciones que ellos desean, por eso se toman su tiempo para elegir.

Me enteraba de un caso de una Microempresaria que iba a contratar a un Millennial y que éste, al ver que trabajaban con PC’s y LapTops, se ofendió y rechazó el trabajo “Porque yo sólo puedo trabajar con Mac” argumentaba el señorito, esto ante la ofendida mujer que casi lo corre a patadas de su empresa.


Estas personas salen y se creen con derechos, creen que el mundo está para complacerlos y, como así fue gran parte de su vida, piensan que todos a su alrededor están para cumplir sus caprichos. Pero, cuando se dan cuenta que no es así, es cuando se empiezan a frustrar.

A nadie le debería sorprender que el ambiente empresarial esté enfocado a ganancias y no a la gente, cosa que está afectando más a estos “princesitos” y princesitas, porque es una selva. Ciertamente las empresas deberían ser más humanas, y creo que ya hay algunas así pero, afrontémoslo, la vida laboral suele ser una jungla, y nadie se va a preocupar por ti de buenas a primeras.


Con el tiempo vas formando tus nichos en donde refugiarte, pero hasta eso lo quieren fácil y rápido los “señoritos”. Si me tarde años en aprender el juego, en ganarme el reconocimiento con sangre, ¿por qué te debo tratar de manera privilegiada? Y si a eso le agregamos una actitud soberbia, menos me va a nacer ayudarte.

Ése es uno de los grandes problemas de los Millennials: el egoísmo.

            Estos malcriados son tan egoístas que, cuando empiezan a trabajar, su dinero suele ser para sus chicles, y no ven por nadie más. En la Generación X, era común que cuando empezábamos a trabajar, aportábamos a la casa, ya que entendíamos nuestra obligación con el hogar en el que habíamos vivido gratis por muchos años y había llegado el momento de retribuir.


            Obvio también influye en que fuimos criados como seguro de vejez para nuestros padres, práctica que me parece detestable pero, a pesar de ello, también fuimos educados como una generación agradecida y que sabe lo que es la reciprocidad. Porque una cosa es educarte libre y otra muy distinta que te eduquen ingrato.

            Pero éste no es el caso de los Millennials. Ellos entienden que fue un “privilegio” para sus padres criarlos, así que tenían el derecho de gastarse todo su dinero y, aun así, seguir viviendo gratis en casa de sus progenitores, porque son muy “lindos”

            Tengo dos casos que constate en persona, ambas colegas de trabajo y, naturalmente, eran amigas una de la otra.


            La primera llego enojada un día a la oficina, todo porque su papá le había dicho que, como ya trabajaba, debía pagar su propia gasolina “¿Puedes creerlo?” me decía con indignación “¿Cómo cree que voy a pagar mi gasolina? ¡Ésa es su obligación!”. No  podía creer lo que estaba escuchando y le pregunté “¿Aportas algo para tu casa?” la respuesta fue negativa, así que le terminé soltando un sermón, porque no sólo debía pagar por su gasolina, ya que percibía un (muy buen) sueldo mensual, sino que debía retribuir a sus padres por la ropa limpia y planchada, la casa barrida y trapeada, la comida, la calefacción, la TV por cable, el Internet, el teléfono y demás servicios que recibía gratis.


            Obviamente a ella no le pareció porque, desde su perspectiva, todas esas eran obligaciones de sus padres con ella, sin importar que ya fuera adulta y percibiera un sueldo mismo que, según ella, sólo eran para sus gustitos.

            El segundo caso fue parecido, sólo que la indignación de esta chica es que su padre le iba a quitar la tarjeta de crédito adicional que le había dado toda la Uni. Al igual que la primera, le di un sermón, al igual que la otra, no me entendió y, al igual que su amiga, consideraba que sus padres seguían teniendo una obligación con ella.

Obviamente si así las educas, es natural que crean que el mundo está para complacerlas.

            Hasta aquí esta primera entrega, en la segunda seguiré desmenuzando las razones por la cual esta generación es como es. Ese segundo escrito lo pueden leer en este enlace.


            Hebert Gutiérrez Morales.

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