domingo, 2 de abril de 2017

Adriana

            Este texto lo escribí, originalmente, unos días después de haber conocido a Nadia (hace ya cuatro años). Aún no admitía que me había enamorado, aunque en el fondo ya lo sabía. Dentro de esa lucha interna que me tenía freakeado, surgió este breve homenaje a una chica que pudo haber significado mi todo pero, por decisiones (pendejas) que uno toma (y en las cuales soy experto), terminó siendo un simple recuerdo.

            Ese remolino de emociones que aún no reconocía en mi pecho, me hicieron escribir esto, tratando de engañar a mi inconsciente al reconocer un pasaje decepcionante y con ello creer, de forma ilusa, que mis impulsos de amor se iban a acallar.

            A excepción de unas pequeñas actualizaciones, dejo el texto tal cual fue publicado originalmente, y me lo he traído a este blog porque tiene mayor exposición y, al mismo tiempo, para ir reconociendo a mis errores disfrazados de demonios.


            Era una chica decente, inteligente, guapa, educada, tranquila, respetuosa, de origen humilde pero con una familia muy unida, un dechado de virtudes que a cualquier chico le hubiera gustado tener por novia, y cuidarla como proyecto de  relación a largo plazo. Creo que nunca en mi vida había conocido a una mujer con cualidades tan parecidas a las mías.

            Adriana y yo entramos al mismo grupo en la preparatoria, y admito que me gustó desde la primera vez que la vi y, estoy casi seguro, era correspondido en mi sentir, ya que también la cachaba constantemente viéndome. Pero si todo estaba dado para que se diera una gran relación sentimental, ¿qué fue lo que pasó? Porque de haberse dado este escrito no existiría (tal vez ni el mismo blog existiría).


            Cómo típico adolescente estúpido, uno está en busca de reconocimiento e identidad, por lo mismo se busca la popularidad a cualquier costo. A pesar de que me gustaba Adriana y me sabía correspondido, me encapriche con una de las chicas populares del salón, que todo el mundo pretendía, que tenía un novio mayor, la misma que se sentía princesa de la escuela y que nos consideraba a los demás una especie de lacayos a su servicio.

            Ahora que lo pienso con calma, la chica popular en realidad no me gustó desde la primera vez que la vi pero, como todos la pretendían, entró esa estúpida programación adolescente de que lo que quiere la mayoría es lo deseable, aún sobre tus propios intereses. A pesar de la edad, no tengo excusa para mi estupidez, para ignorar el gran tesoro que tenía a la mano por buscar algo que, además de que no era lo que quería, estaba fuera de mi alcance.


            Sin embargo, ése es un comportamiento muy humano, ya que en muchas ocasiones nos encontramos ante situaciones que claramente nos resultan favorables y las despreciamos en favor de lo que “deberíamos” anhelar, de acuerdo a las reglas de la estúpida Sociedad. Creo que si tuviéramos más personalidad, y amor propio, al momento de elegir lo que queremos, el sufrimiento personal en este mundo se reduciría considerablemente.

            El hubiera es el tiempo de los pendejos pero, como me gusta flagelarme, vamos a analizarlo. Adriana tenía un potencial impresionante que yo hubiera podido explotar. Estoy seguro que nos hubiéramos complementado perfectamente. Ella venía de familia humilde, no pobre pero sí con limitaciones, de hecho ella era lo máximo en su núcleo familiar, ya que fue la primera en terminar la preparatoria, pero ya no siguió con la Universidad, por las propias limitaciones económicas familiares.


            Si hubiéramos sido novios, de alguna manera, creo que la hubiera motivado y la hubiera jalado conmigo con lo que, hoy en día, estoy seguro que hubiera sido una profesionista exitosa. A primera vista, se podría decir que ella no me hubiera aportado tanto, ya que siempre estuve seguro que iba a tener un buen empleo, con un par de casas, idiomas y grados académicos (como lo son mi licenciatura y maestría), además de tener la posibilidad de viajar al extranjero y tener un nivel de vida acomodado para la sociedad en la cual vivo.


            Sin embargo, a nivel personal, estoy seguro que ella me hubiera proporcionado esa dosis de humanidad y humildad que buena falta me hace, seguramente no odiaría a los homínidos como lo hago en secreto y, sin duda alguna, sería mucho mejor persona de lo que puedo ser en la actualidad.

            Lo triste del asunto es que todo ese potencial que ahora identifico, no lo quería ver en aquellos años de escuela. Por más que intentaba acercarse a mí, y aunque no me desagradaba la idea, mi cobardía era mayor y siempre rehuía de ella. Así que, por más cualidades que uno tenga, va a acabar cansando a la persona que lo pretende.


            Acabó relacionándose con el hermano de una amiga, un buen chico sin duda pero, sin falsas modestias, no poseía mis cualidades (aunque sí fue más inteligente que yo al relacionarse con ella). Ambos acabaron la prepa y ahí terminó su formación académica, ella por falta de recursos económicos y el novio porque no tenía mucha ambición que digamos. Al salir de la escuela ya no volví a saber de ella pero espero, de todo corazón, que haya alcanzado la buena vida que merecía una mujer de su calidad humana y que sea feliz.
 
Los hombres siempre nos fijamos en el Corazón H_H
            Hoy en día, a pesar de ser tan huraño socialmente, increíblemente tengo algunas chicas que me pretenden, de hecho lo único que tendría que hacer es elegir una y darme la oportunidad de conocerla. Ahora identifico, con mayor claridad, cuáles son las cualidades personales que más me acomodan. Sin embargo, las que más me atraen son las que están más buenas, que también tienen sus cualidades personales, pero ciertamente no son las que más me convienen. En resumen, el hecho de que envejezcas no es un requisito para que se te quite lo pendejo. ¬_¬U

            Uno supondría que he aprendido de lo que pasó hace más de dos décadas, que  en teoría tengo la madurez suficiente para elegir correctamente lo que quiero y no lo que, se supone, debería querer. Pero bien lo decía Fritz Perls: “La vida no te da lo que quieres, sino lo que necesitas”, el problema es que a veces uno es tan necio en lo que quiere en lugar de lo que necesita (o le conviene) que acaba echando a perder todo.

            Lo más seguro es que no escoja ni a las sabrosas ni a las que no lo están tanto, así podré mantener mi Status Quo de “inexplicablemente” Soltero, así podré continuar con mis poses de “Nadie me merece” o la de víctima de que “Nadie se fija en mí”. Así mantendré vigente ese complejo de superioridad/inferioridad que me ha definido en los últimos años. Al mantenerme solo, puedo seguir cultivándome en varios aspecto lo cual, irónicamente, me sigue haciendo inaccesible para gran parte de la población femenina, porque así lo he decidido yo.

            Y bueno, este último párrafo lleno de honesta mamonería, fue escrito para mí mismo, en un mensaje desesperado que me decía “Ni se te ocurra ir tras la maestra de baile. Tú eres feliz solo” pero, por más razones que intenté darme, de todas formas fui a tirarme al vacío. Aunque, viendo lo que no pasó con Adriana, por lo menos m queda el consuelo de que con Nadia por lo menos lo intenté.


            Hebert Gutiérrez Morales.

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