sábado, 27 de mayo de 2017

Asís: Cumpliendo Promesas de la infancia.

La Basílica de San Francisco de Asís
            Hay lugares que significan mucho para tu vida aún sin haberlos conocido. Es por ello que, cuando finalmente los visitas, son días que pasan a formar parte de tu historia personal. Por eso mismo, el 1º de Mayo del 2017 será una fecha que siempre recordaré hasta el final de mis días.

            Mucha gente tiene una conexión especial con Italia, algunos tienen raíces familiares, otros les gusta la cultura, algunos más se dejan embriagar por ese (exagerado) carisma que te venden y supongo que otros motivos más. Mi conexión con Italia es diferente, tal vez una razón ridícula pero importante para mí, porque es un tema de carácter íntimo, incluso familiar. Mi conexión con Italia es San Francisco de Asís.
 
San Francisco y el Lobo en Monterosso
            Importancia familiar

            Una semana antes de mi vuelo, celebrábamos de manera adelantada el 10 de Mayo, ya que no iba a estar a su lado (por quinto año consecutivo, ya que siempre salgo de viaje en esas fechas), y le comenté a mi madre sobre la posibilidad de visitar Asís, por lo que casi se le salen las lágrimas: su escuela más querida estaba dedicada a San Francisco, su primogénito nació el cuatro de Octubre, ella nació el día de Santa Clara y su papelería se nombró en honor al patrono de Asís.

            Esa fe materna fue la que me convirtió en un niño muy devoto, y lo era más del Santo de mi cumpleaños, leyendo su vida y dedicándole oraciones especiales a San Francisco. Debido a mi exagerada exposición al catolicismo, terminé dejando la religión e incluso me convertí en su acérrimo detractor. Podía tirarle a Jesús, la virgen y sobre todo a la corrupta Iglesia Católica, PERO nunca renegué de San Francisco, porque mi admiración por él era auténtica. Y es que más que su estatus de Santo, lo admiraba como un gran hombre.
 
Como un simple letrero de estación te puede hacer tan feliz
            El buen Francisco disfrutó de una posición económica acomodada y, por lo mismo, disfrutó de los placeres de la vida de forma generosa hasta que fue demasiado y tuvo una transformación interna, para después convertirse en un ejemplo de generosidad, misericordia, humildad y demás. De niño lo entendí de una forma, pero de grande lo comprendí aún mejor.
 
Llegando a la Basílica
Y es que Francisco tiene más mérito que la mayoría de los católicos, porque primero experimentó y después POR DECISIÓN PROPIA, se hizo asceta. Lo cual es más honorable que todos los que se obligan a privarse de las delicias del mundo por imposición, no por consciencia. Si la Iglesia permitiera que sus sacerdotes se casaran y formaran una familia, sería una institución más sana, pero ése no es el tema de este escrito.

            San Francisco también me cayó bien por su trato amoroso a la naturaleza (siempre recordaré la historia del Lobo), por su reconocimiento a la “hermana muerte”, además de formar una de las congregaciones más humildes y productivas dentro del mundo católico: Los franciscanos.
El convento por dentro

            Mi peregrinación personal

            Como ya comenté en los escritos de San Francisco, nací el cuatro de Octubre, día del santo antes mencionado por lo cual, desde pequeño, me hice una promesa: tenía que conocer la ciudad Californiana y el pueblo italiano en donde nació el buen Francisco.

            Aunque la ciudad gabacha me encantó, casi no hubo motivos franciscanos que influyeran en dicho gozo. En cambio, en la población italiana, la esencia era diferente, ya que dicho lugar gira en torno al santo que me dio mi nombre católico: sip, me bautizaron como Hebert Francisco pero, por fortuna, en el registro civil sólo me llamo Hebert. Y es que, aunque tengo un gran cariño por el Patrono de los Animales, no me veo teniendo otro nombre además del que llevo.
Coexistencia

            Antes del viaje, veía cómo acomodar a Asís en el itinerario pero, por más que hacía cuentas, iba a tener que dedicarle casi un día entero, lo cual no me convencía, porque sabía que necesitaba todo el tiempo disponible para el resto de lugares. Checaba tours y otros sitios cercanos para complementar el día, pero me parecían caros para lo que te ofrecían.

Incluso consideré dejar a Asís fuera del itinerario pero, aunque lo intentaba, no se me salía de la cabeza que tenía que ir a como diera lugar. Y es que, desde que tengo uso de razón, siempre había querido visitarlo, incluso antes de saber que existían otras ciudades italianas como Roma o Florencia.

            Veía los comentarios de los tours que te juntaban Asís con otros sitios y todos coincidían en una idea: Te daban muy poco tiempo para dicho sitio. Así que me deje de mamadas y me hable al chile: “A ver Hebert, no necesitas justificar tu visita a Asís. Es algo importante para ti y no importa si sacrificas algo que se supone ‘deberías’ ver”.
Vista de Asís desde la Basílica

            Eso lo corroboré tras el primer día en Roma, en donde fui a muchos de sus sitios más famosos y, honestamente, no me habían fascinado. Así que dije “¿Y por esto voy a sacrificar algo que quiero?” Visité lo que todo el mundo anhela y no me encantó, así que seguí a mi instinto y, aunado a la necesidad de huir un día de la capital, me encaminé a Asís en mi segunda jornada completa en Italia.

            La llegada
Otro ángulo de la Basílica
           
            Cuando arribamos a la estación de Asís y el 90% del tren se bajó, era claro que no era un pueblecito más y por algo está declarado como patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

            En el trayecto de la estación de trenes a la zona histórica, no podía evitar sonreír, la verdad estaba muy emocionado, incluso ansioso, pero ¿Y qué tal si no resultaba todo lo maravilloso que creía? ¿Y si me estaba haciendo altas expectativas?  Por otro lado ¿qué expectativas podía tener de un sitio que jamás había visitado? En fin, el traslado se hizo en un tris gracias a todas esas pachequeces que llevaba en la cabeza.
Amé esas subidas con escaleritas

            Llegamos a la parada de autobuses y la visión de la Basílica de San Francisco me dejó pasmado, y es que uno de mis sentimientos favoritos es cuando contemplas algo por primera vez personalmente, después de haber visto infinidad de fotos. Así que subí con singular alegría para saldar una cuenta pendiente con mi infancia.

            Mi encuentro con San Francisco

            Me resultaba extraño, tenía más de 26 años que no entraba con auténtica solemnidad a una Iglesia, incluso con humildad, pero fue algo automático, no algo que haya decidido de antemano.

            La atmosfera de la Basílica de San Francisco es diferente todo lo que jamás había sentido o, simplemente, se activaron todos mis anhelos infantiles. Entré y vi con atención los detalles del piso de abajo y es que ésta es la primera Basílica de dos pisos independientes que conozco (hay otras que tienen como tapancos o secciones elevadas, pero no había visto que fuera 2x1).
Camino a San Rufino

            Baje a la tumba de San Francisco y fue brutal el ataque de tristeza. Me costó trabajo contenerme, fue como si alguien muy cercano apenas hubiera muerto. Mi cerebro trataba de encontrar una razón pero no había nada que justificara este sentimiento tan potente. Así que me senté un rato y trate de aceptarlo, viví mi tristeza mezclada con agradecimiento, no sé cómo explicar que estaba inmensamente feliz e inmensamente triste de manera simultánea por el mismo motivo: visitar la tumba de San Francisco de Asís.

            Después de unos momentos en silencio (sobretodo mental), pude rehacerme y estuve a punto de retirarme, no sin antes ver que uno de los franciscanos ofrecía unas estampitas bendecidas en la tumba. Como hablaba español, le platique de mi madre y de que yo había nacido el 4 de Octubre y casi me pongo a llorar. Supongo que decir eso cerca de la tumba de San Francisco fue algo que necesitaba hacer. Él me regaló incluso más estampitas “Una para tu madre, para ti y para quien tú quieras bendecir” me dijo. Así que, aunque suene raro viniendo de mí, con gusto le di una limosna de 10 Euros, sin ningún remordimiento (nunca pensé que iba a volver a dar limosnas a la Iglesia).
Arte dentro y fuera de la Roca Mayor

            Salí de ahí con el corazón rebosante, justo en el momento que iniciaba la misa en italiano. Aunque no hablaba el idioma, no necesito hacerlo porque me sé las líneas de memoria tras tantos años de adiestramiento. Sin embargo, no me nacía quedarme, ya que me descubrí franciscano, pero nunca más católico. Y, en mi status quo, puedo ser franciscano sin tener que ser católico. Sin sospecharlo, esa visión que suena tan ridícula, la corroboré un piso arriba, al ver que no era el único que la compartía.
Asís visto desde la Rocca Maggiore

            Los Franciscanos que no somos católicos

            Subí a la segunda planta que está menos llamativa que la primera pero, ante mis ojos, todo el sitio era una belleza. Creo que ni en mis años de mayor fanatismo había disfrutado (sí, leyeron bien) DISFRUTADO estar en una Iglesia. En verdad amé cada momento que me la pasé ahí. De hecho no me importó que no te dejaran tomar fotos, restricción que respeté con gusto, porque lo que sentí y vi, va a estar en mí para siempre.
La emoción que sentí al ver las ciudades hermanas :'-)

De manera objetiva, les puedo decir que los frescos del segundo piso no son nada del otro mundo pero, de manera sentimental, yo los veía muy bellos. De ahí pasé a la parte de atrás, en donde hay acceso al convento interior, así como la tienda de regalos y una exposición del sentimiento Franciscano a través de los años.

            Me encantó dicha exposición fotográfica, que te mostraba visitas y sucesos importantes de la Basílica los últimos 30 años. Pero, lo que me acabó de enamorar, fue que no era una exposición netamente católica, ya que mostraban símbolos del resto de religiones que engloban a la población del mundo.
Callecitas entrañables

Ya que el mensaje de San Francisco no se centra únicamente en los católicos, sino en la humanidad en sí. De ahí que personalidades musulmanas, judías, sintoístas, budistas y demás, hayan ido a la Basílica de San Francisco a presentar su cariño y ellos fueron tratados con el mismo respeto que recibe el propio Papa. Creo que San Francisco se hubiera sentido muy orgulloso de ver esa convivencia hermana con otras ideologías o, por lo menos, así me sentí :’-)

De lo que sí creo que no se iba a sentir muy orgulloso es del capitalismo que invadió su Iglesia pero ¿qué le vamos a hacer? Es un mundo consumista y de algo debe de vivir, así que también entré a la tienda y me eché más de 40 Euros en chucherías. Así que en un día le di más dinero a la Iglesia que en los pasados 25 años pero ¿saben algo? No me arrepiento porque, por un lado, todo lo que compré estaba muy bonito y, por el otro, si le debo dar dinero a la Iglesia, prefiero que sea a los Franciscanos.

Para cerrar esta parte me gusta que, al igual que San Francisco, puedo desear el bien de mi prójimo sin tener que privarme de la carne, y es que dentro vi cada nalguita O_ó que me hacía darle gracias a San Pancho (o sea, ver la mercancía no hace daño H_H). En fin, que esta visita ya había valido por todo el viaje a Italia y, lo mejor, que aún me quedaban muchos días, así que me retire de la Basílica con mucho agradecimiento en mi alma y proseguí a conocer el resto del lugar.
La Catedral de Santa Clara

Pueblito estilo medieval

Independientemente del gusto que fue visitar la Basílica de San Francisco, visitar el histórico Asís fue una maravilla. Era la primera vez que estaba en un auténtico pueblo medieval y fue como un sueño.

Tras sus murallas, recorrer esas calles angostas, sinuosas y empinadas era como estar en un cuento o una película, sin importar que los negocios ahora sean modernos por dentro, por fuera siguen pareciendo de la edad media. Para hacer más memorable la visita, la gente era muy amable y servicial, o por lo menos así lo sentía cuando preguntaba por alguna indicación o compraba algo.
San Francisco

Lo que sí ha de ser un pain in the ass para los que viven ahí, por la cantidad de turistas que caminan por las angostas calles, así que deben transitar con mucho cuidado de no atropellar a nadie.

Ciertamente la Basílica de San Francisco es la atracción principal de Asís, pero este pueblo legendario tienen otros lugares de interés.

La Rocca Maggiore

Iba muy feliz subiendo a las alturas del pueblo, al punto más elevado, justo en donde se encuentra el Castillo conocido como La Rocca Maggiore. El penúltimo trayecto de dicho camino es una escalera tipo callejón que de niño anhelaba subir (en especial por animaciones tipo “Ruy, el Cid campeador”). Estaba tan feliz dándome ese pequeño gusto que hasta salude a una pareja germana en alemán de lo pletórico que estaba.
Un pueblecito muy bello

Ya arriba me puse más feliz.

Rocca Maggiore es justamente lo que un castillo debe de ser, con torres, murallas, grandes puertas, escaleras de caracol, cuartos conectados unos a otros, pequeños pasadizos y demás. Así que recorrer esta construcción fue un sueño hecho realidad. Obvio ya había visitado otros castillos en Alemania o Inglaterra, pero siempre con restricciones. La Rocca Maggiore te da más libertad de recorrerla a tu antojo.
Torres que dan acceso al pueblo

Dentro y fuera del Castillo tenían una exposición con obras de arte moderno, pero que sí tenían una idea o un sentido (y no los palitos, bolitas y rayitas que te ponen en las galerías de arte moderno). Algunas de las obras eran muy buenas y otras regulares. Aunque debo de admitir que estaba tan feliz en mi visita que es factible que mi percepción de ellas se haya visto subjetivamente favorecida.

También había fotos de los festivales medievales que hacen en la zona, con muestras de trajes, instrumentos y demás objetos que utilizan para recrear los eventos de aquellas épocas, mismos que han de ser muy divertidos de presenciar en vivo.

Allá arriba la vista de la ciudad y del valle era magnífica, además se respiraba un aire fresco y limpio, así como una tranquilidad impresionante. Es una lástima y, al mismo tiempo, una bendición que la mayoría de la gente se quedara abajo, ya que la visita vale mucho la pena. Muchos se la pierden por la flojera de subir o porque el tour no les da tiempo suficiente, pero la recompensa del esfuerzo sin duda vale la pena.
La Fachada de Santa María de los Ángeles

La Basílica de Santa Clara

San Francisco no es el único santo de Asís, ya que su influencia y/o ejemplo arrastró a su más devota discípula misma que, al igual que él, dejó la vida cómoda para servir a los demás: Santa Clara de Asís.

La Basílica de Santa Clara no tan llamativa o espectacular como la de San Francisco y, tal vez, por ello la gente no respetaba tanto al momento de contenerse con las fotos o guardar silencio.
Pequeña Iglesia restaurada por San Fco.

Aunque sí debo de reconocer que su tumba, a comparación de la de San Francisco, era más bonita, más producida, más mamalona y decorada con pasajes de su vida que estaban hermosamente ilustrados y relatados. Y tras conocer brevemente su historia, Santa Clara me cayó muy bien porque su esencia era muy afín a la de su mentor.

Saliendo de la basílica, montaron un pequeño show musical al estilo del medievo, con instrumentos antiguos y vestimentas a la usanza de la época, lo cual resultó ser un pequeño concierto muy entretenido.

Otras Iglesias

Aunque el viejo Asís es un pueblo muy pequeñito, abundan las Iglesias, como en toda Italia, así que comentaré un par de ellas.
Arte inspirado en San Francisco

Cerca de Santa Clara está la Iglesia de San Rufino que, igualmente es muy austera, con la peculiaridad de tener pinturas de artistas locales, las cuales son modernas y de buen gusto.

Como le hubiera gustado a San Francisco, iglesias como Santa María la Maggiore o San Pietro, también se mostraban austeras, pero aun así no te quita nada darles un par de minutos ya que llegan a tener uno que otro detallito que capta tu atención, como pinturas de autores locales hechas con tiza que son creativas y bellas. Pero toda esa austeridad se iba a compensar con la última Iglesia que visite en el día.

La Basílica de Santa María de los Ángeles

En teoría había terminado mi visita, así que tome el camión que me llevaba a la estación de trenes, misma que está en el “otro” Asís, el que no es nada medieval, el que tiene tiendas, calles y semáforos, el que parece una pequeña ciudad que puedes encontrar en cualquier parte de Europa. Ese otro Asís que no será tan pintoresco, pero que es más práctico de habitar. Tal vez no sea tan adorable como su contraparte medieval, pero aun así es agradable.
San Francisco y su amor por los animales

Cuando el camión iba llegando a la estación de trenes, algo me hizo voltear y vi una cúpula enorme como la chingada y ahí se me prendió el foco: Me faltaba algo que me habían dicho en el hotel en Roma y, por fortuna, lo intuí al ver la cúpula de La Basílica de Santa María de los Ángeles.

La verdad era una mamada de Basílica, en el sentido que era enorme como su puta madre (perdón por las groserías pero son necesarias para dejar en claro que el tamaño era brutal).
Santa Clara

La peculiaridad de esta Basílica es que fue construida alrededor de una pequeña Iglesia que San Francisco y su congregación reconstruyeron tras encontrarla en estado deplorable. Así que construyeron este Leviatán sobre la pequeña capilla, lo cual resulta muy curioso. Dentro de este sitio no te dejan sacar fotos con la única excepción de esta pequeña Iglesia.

Algo de lo que me gustó de este lugar es que (¡por fin!) vi representado a San Francisco con el cráneo que normalmente lleva en la mano, recordándoos que la “hermana” Muerte también es parte de la vida.
La hermana muerte vino por San Francisco

La Basílica resultó ser un lugar muy interesante ya que dentro tiene exposiciones de arte dedicadas a San Francisco, un jardín de rosas, algunas estatuas, pinturas, librería, y demás que hacen de la visita amena.

Cerrando un gran día.

Cuando iba caminando de regreso a la estación, me felicité por haber ido por mi cuenta a Asís ya que, lo que había leído en las reseñas de los tours era verdad: dos o tres horas es muy poco para este maravilloso pueblo, mismo que tienen suficientes cosas para llenarte el día.
Pequeños adornos que te alegraban (aun más) la visita

Después de un día desgastante en Roma, en Asís comprendí que la mente domina al cuerpo. Proporcionalmente, Asís también estaba hasta la madre de gente como Roma, pero el hecho de que goces estar en un lugar, hace que te canses menos y que disfrutes más, como me pasó en el pequeño pueblo comparándolo contra la jornada anterior en la capital.

Ya en la estación, y probablemente en un reflejo de mi estado de ánimo, veía a la gente cansada pero feliz, se les notaba una alegría y/o una paz en el semblante, al igual que yo. Me sentía profundamente agradecido por haber tenido la oportunidad de, finalmente, haber conocido Asís.
Algún día volveré

Así que en ese estado pletórico, el tren se volvió a llenar en esta pequeña estación que tiene un movimiento mayor al que indica su tamaño, pero es que es un destino mucho más importante del que indica su tamaño.

Hasta luego Asís, espero volver algún día y, si no vuelvo, me hiciste inmensamente feliz, por lo que nunca te olvidaré. :’-)


Hebert Gutiérrez Morales.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Tus escritos nos han motivado a visitar lugares. En este caso, hemos decidido ir a Asís, está a dos horas de Florencia así que es un viaje de un día. Gracias por compartir Hebert! .. Tamara