domingo, 21 de mayo de 2017

Haciendo las paces con Roma (Roma Parte 3 de 3).

Loba Luperca amamantando a Rómulo y a Remo
            Pueden acceder a la segunda entrega de esta trilogía en esta liga.

            Después de haber entendido que Roma no iba a cumplir mis expectativas, por más que me esforzara, trate de adoptar una actitud más relajada en mi último día en la capital italiana, sin esperar nada y tratando de encontrar lo bueno de las cosas: actitud que funcionó, porque fue el día en que más disfruté en dicha ciudad.

            La Galleria Borghese

            Por más que quieras ser relajado, es difícil no hacerse expectativas con este sitio por tres razones: #1 Necesitas hacer reservación para entrar #2 Tu visita no puede durar más de dos horas y #3 no puedes pasar más de media hora en su Pinacoteca. Con todas estas restricciones es inevitable preguntarte “¿Pues qué chingados tienen ahí para ponerse tan mamones?”
La Galería Broghese

            Al ingresar te llevas un primer madrazo de arte, ya que la sala de recepción está tapizada de frescos, además de que tiene una buena cantidad de esculturas. Y es que como la sala es muy grande, mayor es el impacto que te causa (y eso iba a ser nada con lo que me iba a encontrar en Florencia o en Venecia).

            Más o menos es lo mismo con el resto de las salas, mismas que son más chicas pero no por ello menos espectaculares. La verdad esta Galería se siente más elegante, más exclusiva y, aunque son los mismos grupos que visitan el resto de lugares, como que la mística de este sitio los hace comportarse de manera más educada.
Ese Fresco ocupaba todo el techo

            Ventajas de entrar recién abierto el lugar es que me adelante a todos y tuve muchas salas para mí solito y sacar fotos tranquilo pero, conforme avanzaban los minutos, el sitio se empezaba a llenar y, cuando salí, ya había una buena cantidad de gente.

            El único tachecito que les podría poner es que no te dejan entrar a sus jardines mismos que, desde las ventanas, se ve que están muy bonitos y me hubiera encantado pasearme por ellos.
Los Jardínes que no me dejaron ver

            La Galería la terminé en menos de una hora y es que, aunque me gusta el arte, no soy de los que se queda embobado con las obras, si me gusta la contemplo un rato, le sacó foto y continuo, si no, simplemente sigo de largo. Incluso los del museo me vieron feo “¿Cómo se atreve este imbécil a salir antes de sus dos horas?” parece que decían con la mirada, pero tampoco me iba a quedar para tenerlos felices y no se ofendieran (si me hubieran dejado entrar a los jardines, igual y si me tomaba las dos horas).
Un lugar en extremo elegante y de muy buen gusto

            Pero no me iba a quedar con las ganas de la naturaleza, así que me fui de regreso por la vía larga y disfrutando el enorme parque que en el que está situada la Galleria (y que se llama Villa Borghese) que aunque no estaba tan bonito como sus jardines privados, disfrute de manera profunda para darme un respiro de días tan ajetreados. Así que veía con un gusto especial a la gente corriendo, caminando o paseando a sus perros, mientras me dirigía al metro que me llevaba a mi siguiente destino.
Llegando a los Museos Capitolinos

            Los Museos Capitolinos

            Al igual que la Galleria Borghese, aunque sin tanto mame, estos museos resultaron muy agradables y con una amplia colección que se comparte entre dos edificios.

            Aquí volvieron a hacerse presentes los escandalosos grupos guiados, mismos que daban mucha lata al alzar la voz, usar el flash o tocar esculturas. Por eso, cuando veía que una sala estaba invadida por estas multitudes, daba vuelta y regresaba unos minutos después (para evitarme corajes)
Muchas salas impresionantes dentro del Museo

            Este par de museos tienen una buena cantidad de pinturas y esculturas, algunas impresionantemente grandes. Además te da una vista privilegiada del Foro Romano, para que tomes algunas buenas fotos.

            Los museos están amplios pero no se me hizo una visita cansada, y eso que andas subiendo y bajando escaleras, así como pasando de cuarto a cuarto, pero eso me gusta porque me da la sensación de estar en alguna especie de laberinto.
Transportado al pasado dentro del propio Museo

            Tres iglesias diversas

            Roma es la ciudad ideal para el turismo mocho, ya que tiene una cantidad impresionante de Iglesias, de todos tamaños y sabores. La primera que visité este día fue la de Santa María en Aracoeli, justo junto a los Museos Capitolinos. Lo más vistoso de este lugar son las enormes e incontables escaleras que tienes que subir para llegar a ella.
Interior de Santa María Aracoeli

El diseño exterior es bastante sencillo y dentro la decoración es agradable. Tal vez nada del otro mundo, pero aquí resaltan las tumbas en el suelo con lápidas con las formas de sus difuntos, algo que no veía desde hace muchos años. Algunas de las tumbas son tan antiguas que ya no se ven los rasgos ni los nombres de quienes ahí yacen.

            La segunda la encontré cerca de la Fuente de las Tortugas, en plaza Matei. La encontré por casualidad: una Iglesia ENORME que no aparecía en los mapas como algo turístico y/o digno de visitar. Pero la fachada era tan grande que no pude evitar entrar.
La Fuente de las Tortugas

            No había nadie dentro de ella, supongo que los que ahí laboran están en las oficinas, acostumbrados a que nadie los visite. Ciertamente la Iglesia estaba muy bonita, además tenía un anuncio de un Jesús negro en la entrada, lo cual me llamó mucho la atención. La verdad me gustó esa breve visita que ni a cinco minutos llegó, pero el sitio me encantó por esa autenticidad y dignidad que muestran debido a que no es una iglesia famosa o promocionada.
Llegando a los Museos Capitolinos

            La tercera que visite ya fue más tarde y se conoce como la Basílica de San Clemente, cerca del Coliseo. La razón de esta visita era conocer unas excavaciones arqueológicas que tienen debajo de la Iglesia pero, para mi mala fortuna, aunque la el templo atiende hasta las 7pm, el acceso a las excavaciones se cierra a las 5:30pm, así que ya no pude visitarlas.

Pero algo que me llamó la atención de este tercer sitio: a pesar de tener el título de “Basílica” y ser famosa por sus excavaciones, es la Iglesia más fea y descuidada de las que estuve en Italia (y miren que fueron varias). Y lo más irónico del asunto es que no te dejaban tomar fotos ¡Qué desfachatez! Honestamente estaba tan cucho el lugar que, aunque hubieran dejado tomarlas, dudo que alguien hubiera tomado alguna imagen de un sitio tan triste. Ahí se agrandó más mi reconocimiento a la Iglesia anónima que visite horas antes.
Otro Fresco dentro de los Capitolinos

            Pero hubo una cuarta Iglesia que visité esta jornada, pero ésa la voy a  tocar en otro apartado.
           
            La Galería Pamphilj

La había puesto como una de mis últimas prioridades pero, como andaba por la zona y avance muy bien en mi lista, me permití conocer dicha galería, y vaya que fue una excelente elección.
Iniciando la Galería

            En primer lugar me encantó porque habíamos poquitos visitantes, y eso ya era una maravilla, porque podías disfrutar con calma las salas y las obras. En segundo lugar la producción y cuidado del lugar eran impecables (con excepción de una única sala), así que tenías la sensación de estar en un lugar de otra categoría. Incluso te daban las guías de audio ya incluidas en el precio de la entrada (que los $12 Euros me parecían justos).
Un lugar bello y elegante

            Las obras y las salas estaban excelentemente cuidadas, la decoración y los frescos del lugar eran soberbios, además el jardín de la entrada le da una vista tan agradable que te invita a pasar.

            Pero el detalle que más me encantó de este sitio fueron las pinturas: ¡Por fin! Un tipo de pinturas que no eran arte sacro, por fin algo de paisajes, de gente normal que no son santos ni muestran escenas bíblicas. Agradecí ese cambio de estilo después de contemplar cientos y cientos de obras dedicadas a la religión. Así que por eso amé brevemente a esta galería, ya que me dio un respiro artístico.
        
¡Por fin otro tipo de Arte!
   
Así que salí muy feliz y renovado de este sitio, recordando que cada cual debe hacerse su propio criterio ya que, dentro de las investigaciones previas que había hecho, se decía que esta visita era cara y la podías omitir para privilegiar otros lugares más importantes o valiosos. Por fortuna me animé a darle una oportunidad y fue una excelente apuesta.

            Ahora vamos con la contraparte.

            El Mercado Trajano (Museo del Foro Imperial)
El Mercado Trajano

            Dentro de esas investigaciones previas que había hecho, también me recomendaban este sitio por resultar en exceso interesante, ya que podías ver la vida en los antiguos Foros romanos.

            Para mí, el sitio resultó medianamente interesante, pero no un “must” en este viaje, a tal grado que no pasaba nada si me ahorraba la visita. Ciertamente te da algunas vistas interesantes, además de que algunas estructuras están bien cuidadas, pero al visitar el Foro Romano (que está justo enfrente) tienes suficiente y este lugar sale sobrando.
Llegando a San P. en Vincoli

            Esta entrada sí se me hizo cara para lo que es (13 Euros) y no vale la pena. Por eso es bueno hacer investigaciones previas pero no sólo basarse en ellas y también seguir tu instinto y ver qué es lo que tú quieres.

            Iglesia de San Pedro en Vincóli

            Esta fue la cuarta y última iglesia que visite este día y aunque fue una visita breve (porque no me gusta pasar mucho tiempo en las Iglesias), la verdad es de las que más disfruté, todo por tres detalles.

            Primero, para llegar a ella desde la calle Cavour, subes unas escaleras y pasas por un túnel que está cubierto de enredaderas que te regala una vista muy bella del lugar y eso ya te pone de buenas.

            En segundo lugar, la Iglesia es bastante relajada, para empezar su fachada parece un edificio normal, nunca te imaginas que hay un templo ahí dentro, o sea nada de ornamentos sin fin que presumir. Dentro te dejan tomar fotos sin que nadie te esté fregando, incluso te dejaban pasar a tomar fotos a la urna en donde estaban los restos del patrono del lugar y nadie la hacía de jamón, y eso que tenían misa en una capilla de al lado.
El "Moisés" de Miguel Ángel

            Y en tercer lugar por las obras dentro: Primero estaba el Moisés de Miguel Ángel, una escultura muy bonita y relativamente imponente, misma que se ilumina si le das una limosna. Lo chido es que la luz te dura un rato, así que con la limosna de uno, no beneficiamos muchos.

            Pero además dentro encontré dos obras con calaveras ¡EN LA IGESIA!  Es algo tan irreal que disfrute sacándoles fotos porque no es algo que encuentres todos los días. La verdad las imágenes podrán ser consideradas macabras para muchos, pero a mí me encantaron. Por eso me gustó mucho esta Iglesia y fue de mis favoritas en Roma.

            Cerrando Roma

            Y así regresé con una sonrisa al hotel, por fin había tenido un buen día de principio a fin en esta ciudad que no va con mi esencia pero, finalmente, logramos compaginar. Aún me quedaban dos días completos de la primera semana, pero ya no planeaba pasarlos dentro de Roma, así que oficialmente había acabado con mi itinerario en dicha ciudad. Y es que, sinceramente, ya no hubiera podido pasar otro día en la capital italiana.
Fui feliz al encontrar esto

            Después de mi tiempo en Roma, voy a decir una barbaridad, lo cual no les debe sorprender de un sujeto que menosprecia a los Beatles y la Capilla Sixtina pero, PARA MÍ, Roma está sobrevalorada. Es más lo que promete que lo que cumple, es más la fama que tiene que la esencia que en realidad es. Para mí es más marketing que hechos. Obviamente es mi opinión, tal vez sea mi esencia, pero Roma no me encantó.

            Más bien creo que es producto de este carisma prefabricado que se le da a ciertas ciudades tipo Londres, BerlínNueva York o Tokio que, dicho sea de paso, estas cuatro ciudades ya las conocí en un tiempo similar al de Roma y en cada cual, a su manera, me la pase muy bien, algo que no pasó en la capital Italiana.

            El mal sabor en la capital afectó algunas de mis percepciones futuras pero, al final, la Toscana acabó de limpiar toda esa energía negativa que me había generado Roma, pero ya vendrán dichos escritos.


            Hebert Gutiérrez Morales.

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