domingo, 21 de mayo de 2017

Sufriendo Roma (Roma: Parte 1 de 3)

El Coliseo Romano
            ¿Por qué Italia? Cuando regresé a México pude ver con claridad que era más una cuestión de presión social y de creencias culturales. A excepción de Asís, no había nada que en verdad me llamara de dicho país. A pesar de ello, Italia es de los países más visitados del mundo y, la teoría dicta, un destino que se debe visitar.

            Tenía claro que una semana iba a tomar como base Roma y la otra Florencia pero ¿cuál iba primero y cuál después? Al preguntar a mis amistades que ya habían estado ahí, la respuesta fue unánime: Cierra con la Toscana. Así que durante mi primera semana fui comprendiendo el por qué ese consejo fue sabio.
 
En el interior del Coliseo
            La previa

            No recuerdo la última vez que había tenido una rachita de trabajo tan intenso, tanto que el último día había quien me rogaba “llévame contigo” (los que ya estaban hasta la madre igual que yo) y los que me decían “Cancela tu viaje y no nos abandones” (Los que también ya estaban hasta la madre de trabajo Y además tenían que hacer el mío).

            Pero el viaje ya estaba pagado y, así me corrieran, no iba a dejar de ir a Italia. Eso sí, por el trabajo tan pesado, no tuve tiempo de sentir la emoción previa que me invade unos días antes. Lo que sí no varió fue la noche de insomnio del día anterior, en la cual sólo dormí tres horas (que es un logro).

            El vuelo
 
El Arco de Constantino
            Creo que hasta que abordé el avión me cayó el veinte que me iba a Italia. Estaba feliz porque volaba con KLM que era mi aerolínea favorita antes de conocer ANA, la cual está a otro nivel. Así que, aunque ya no esté en la cima, la holandesa está en un segundo lugar muy apreciado gracias a que da un servicio de primera.

            El sobrecargo que nos atendió fue en exceso amable y se mostró muy atento con los de su sección, la comida como siempre una delicia en KLM, y la sección de entretenimiento muy vasta.
 
El Foro Romano
            Lo único malo, como de costumbre, mis compatriotas. En esta ocasión la gran mayoría se portó bien (o no les puse atención), pero el sujeto al lado mío no sabía respetar espacios, así que constantemente estuve peleando por mi lugar y no dejarme que me agandayara el sujeto éste. Por eso, cuando vuelo internacional, desde o hacia México, ya ruego que no me toque un paisano, porque muchos suelen sacar el cobre.

            Hubo otro aspecto malo, pero no fue de la aerolínea, sino del aeropuerto, ya que el vuelo tardó más de una hora en despegar por problemas técnicos del lugar. Así que, una vez más, me tocaba correr en una conexión. Algo tiene Schipol que siempre tengo que pasarlo corriendo y, lo que veo de pasadita, se ve muy padre.
 
El Palatino
Supongo que tendré que esperar al día que visite exprofeso Holanda para conocer a detalle su aeropuerto. Por cierto, los holandeses muy amables, no sólo los de KLM, sino todos los del aeropuerto que, al saber que tenía justa la conexión, me dieron pases preferenciales para que no perdiera el vuelo.

            Llegando a Roma

            Ya en mi vuelo de conexión, antes de aterrizar en Roma, el piloto nos pasó encima del Vaticano y como dijo “Vatican City”, en automático se disparó la melodía del “Paradise City” de Guns n’ Roses, con la salvedad que la protagonista de la letra era la “Vatican City” y me reí bastante por dentro.
 
El Palatino
            Del Aeropuerto a Roma tome el tren y, en el trayecto de 30 minutos, pude ver parte de los suburbios romanos marginales mismos que, de primera impresión, se ven iguales que sus contrapartes en América, sin embargo, cuando ponía atención en pequeños detalles, aunque fuesen edificios viejos o casas de interés social, se veían diferentes, ya que tenían un toque clásico y elegante difícil de explicar.

Il Vittoriano
            Por cierto, desde Amsterdam vi a muchos japoneses, demasiado diría yo. Estoy acostumbrado a ver muchos chinos pero no tanto nipón, pero después recordé que era la “Golden Week” que son vacaciones generales para Japón y, por ende, el japo aprovecha para irse a conocer el mundo.

            Una vez en la estación Termini, caminé al hotel, mismo que estaba a unas cuadras de distancia. Aunque es de Trenes, esta enorme estación me recordó a la TAPO de la ciudad de México y, en menor medida, a la CAPU en Puebla. Y no porque se parecieran, sino por el ambiente tan feo que rodea a dichos sitios.
 
La Tumba del Soldado desconocido
            En mi país no me asusto por esos ambientes, pero al estar en un país extranjero, con las advertencias que me habían hecho sobre Italia, y con tanta gente sospechosa alrededor del sitio, pues no me sentía de todo tranquilo con mis maletas y la lap a la vista. Pero fue sólo un momento ya que, llegando al Hotel me sentí más tranquilo, y más porque el recepcionista (argentino) era muy amable.

            El hotel estaba en un edificio viejo pero cuidado y, honestamente, la relación calidad/precio/ubicación no pudo ser mejor, así que me di una estrellita por mi elección. Aunque también ayuda reservar seis meses antes, porque vi el precio normal del hospedaje y era como el triple de lo que pagué.
 
El Panteón de Agripa
El recepcionista me recomendó una pequeña Pizzería delante del hotel y ahí fui a cenar. Cuando me comí la Pizza, similar a lo que me pasó con suburbios marginales, no encontraba gran diferencia con la de los Chipileños cerca de mi casa pero, conforme comía rebanadas, iba captando un saborcito distinto, agradable, marcado y muy delicioso. Los ingredientes de la cocina italiana me acababan de dar el primer golpe de placer.
 
La Plaza Navona
            Regresé a bañarme y a preparar el primer día, mismo que tenía que ser intenso.

            El Coliseo

            Por fortuna mi hotel estaba ubicado cerca de la gran mayoría de atracciones de Roma, así que me fui muy temprano al Coliseo, lo cual fue una excelente decisión. Aunque sospechaba lo que podía pasar al visitar las atracciones de una de las ciudades más turísticas del mundo EN DOMINGO, jamás imaginé la magnitud de ello.
 
La Fuente de Trevi
            Creo que jamás había visto tanta gente en un solo día ¡Puta madre! Sin importar al lugar que fuera estaba todo ¡hasta la madre! En la cola del Coliseo ya había unas 100 personas y eso que apenas eran 8:15AM. Lo bueno es que sabía que en el Palatino también podía comprar la entrada y ahí sólo había unas 30.

            El Coliseo no se me hizo la gran cosa, honestamente creo que es más la fama que le han hecho, ese carisma que se le ha creado como emblema de Roma que lo que es. Ciertamente es una estructura imponente pero, pasado el impacto inicial, nada del otro mundo.
 
Aquí se ve el gentío en la Plaza España
            De hecho me gustaron más el propio Palatino y el Foro Romano, tal vez porque no esperaba nada de dichos sitios, mientras que el Coliseo te lo promocionan tanto que es imposible no hacerse altas expectativas. Primero ataqué lo fuerte, o sea el Coliseo, antes de que se llenara más, ya después recorrí con calma el Foro Romano y el Palatino, que son más entretenidos e interesantes sobre la antigua Roma que su vecino más famoso (desde MI perspectiva, aclaro).
 
La Plaza del Poppolo
            Conforme pasaba el tiempo, hasta el Palatino y el Foro se estaban atiborrando, lo cual acrecentaba mi angustia ya que, por algo me gusta viajar en temporada baja: para evitar muchedumbres. El problema es que resulta que la temporada baja en Roma es en Verano, por el intenso calor (Eso me lo informó Alfredo, el recepcionista del Hotel), así que no iba a tener mi acostumbrada tranquilidad en este viaje e iba a tener que convivir con las multitudes que tanto me agobian ¬_¬U.

            Cuando termine de visitar los otros dos sitios y pase por fuera del Coliseo, la vista era aterradora: una fila de miles de personas en espera de entrar al monumento, y no exagero con el número, en verdad era un gentío incontable.
 
El Foro Romano
            Otros lugares emblemáticos

            Después de comer otra pizza entera (aquí no hay tamaños pequeños), fui a la Plaza Venecia, en específico al Monumento a Víctor Manuel, una construcción impresionante que no te deja indiferente, de hecho me impactó más que el propio Coliseo. Obvio es una construcción más moderna, pero no por ello pierde majestuosidad. Puedes subir e incluso tiene un mirador en la cima, pero la cola era de una hora y no iba a desperdiciar mi tiempo.

            Por cierto, en dicho monumento, se le monta guardia al Soldado desconocido, mismo que no me encantó, sobre todo después de ver la tumba de Arlington en Washington DC, en donde toda la solemnidad, disciplina y elegancia, te dejan sin aliento.
 
El Palatino
            Mis siguientes visitas fueron a la Plaza Navona, El Panteón de Agripa, la Fuente de Trevi y la Plaza España. Todos y, recalco, TODOS y cada uno de esos lugares estaban a reventar, en algo ridículo. Por ejemplo en la Fuente de Trevi, la gente no se podía ni mover, no se podía avanzar de lo atiborrada que estaba, era inaudito. En la Plaza España, no se podía subir por los escalones españoles ya que la muchedumbre los tenía invadidos, la cola para el Panteón de Agripa era muy larga pero, por fortuna, avanzó muy rápido.
 
Ya se me olvidó el nombre de esta fuente -_-
            Más que el cansancio físico, el lidiar con tanta multitud me agotó moralmente, tal vez por eso ya no disfrute el resto de lugares como la Plaza del Poppolo, el Campo de Flores, la Iglesia de San Ignacio de Loyola o la Iglesia de Luigi dei Francesco. Honestamente estaba harto y, por lo mismo, Roma no me había impresionado positivamente el primer día.

            Agobio del gentío
Y como estos frescos vi gran cantidad

            Compadecí a los Romanos que deben transitar por la zona centro, tarea que es imposible, y es son tantos turistas los que invaden la calle, por lo que los autos no pueden circular, y no me refiero a las calles que de por sí cierran en Domingo adrede, sino al resto de vías en donde la gente debería respetar los sitios y no los hacen.

            Este sentimiento adverso se incrementó con lo escandalosos y gandayas que son los italianos porque, efectivamente, son los mexicanos de Europa, ya que se meten en las filas, no te ofrecen disculpas y hasta se ofenden si les mencionas el hecho.
 
Mi cara de hartazgo al haber tanta puta gente
            ¡Ah! ¡Cómo extrañé Japón! Y es que en mi amada isla, sin importar si estaba en una Megaurbe o en un pueblito, la gente es mesurada, educada y silenciosa, porque la elegancia y/o de buen gusto que tienen. Pero ésa es justamente una de las funciones de viajar: conocer distintas realidades a la tuya y sacar tus conclusiones del mundo.

            Llegué temprano al hotel (7pm) porque ya no quería saber nada de nadie, sólo quería disfrutar de la tranquilidad de mi cuarto. Lo bueno que en el camino me compré el helado más delicioso que había probado en mi vida, así que ya llegué más feliz a mi base.
 
Arriba de los escalones españoles
            A pesar del dulce final, tenía una idea clara: iba a tener que adelantar uno de mis viajes a lejanos para el Lunes, ya que era festivo (Primero de Mayo) y no estaba dispuesto a otra dosis de gentío por segundo día consecutivo. Necesitaba descansar de Roma aunque sea un día.

            Para un día tan pesado, necesitaba premiarme, así que adelante uno de mis destinos Premium: Asís. Pero eso vendrá en otro escrito. Por lo mientras, para la segunda entrega de esta trilogía, pueden acceder a esta liga.


            Hebert Gutiérrez Morales.

No hay comentarios: