domingo, 28 de mayo de 2017

Tívoli: el lugar de las pinturas.

Villa Del Este
            Hace tres años, cuando fui a la Alte National Gallerie en Berlín, hubo muchas pinturas que me fascinaron, entre ellas diversos paisajes. Había un sitio que empecé a reconocer porque se repetía en muchos de los cuadros: Tívoli, una ciudad a 30 kilómetros de Roma en donde los emperadores tenían sus villas de descanso.

            No sólo fue en esa ocasión, visitando más museos, reconocía cada vez más obras que tenían como inspiración dicha población y, en la gran mayoría de ellas, era plasmada como un lugar muy bello.

            Esas pinturas me encantaron tanto que me hice la promesa de conocer el sitio que las inspiraron así que, cuando surgió este viaje a Italia, de inmediato hice un hueco en la agenda para visitar ese lugar tan mágico y hermoso plasmado en las obras de arte que conocí desde Berlín.

            La llegada
 
Alguno de los frescos de Villa Del Este
            Tomé el tren local desde la estación Tiburtina y es que, aunque había un camión, ya había visto el tráfico de Roma y no me parecía una buena idea irme por carretera. Conforme salíamos de la capital, el paisaje se empezaba a tornar más verde y, al llegar a Tívoli, la naturaleza era abundante.

            Empecé a caminar al pueblo pero, conforme avanzaba, el panorama se ponía cada vez más feo, las casas estaban muy descuidadas así como las calles. Al ver el teléfono corroboré que había leído mal la dirección que me daba el Google maps y que había caminado en sentido contrario. Pero desde ahí me di cuenta que el sitio de las pinturas había cambiado demasiado (y no para bien).
 
Tívoli visto desde Villa Del Este
            Como la Villa Gregoriana aún no abría, me desvié a la Villa del Este y, durante las pocas cuadras que las separan, me di cuenta que la ciudad no era limpia ni mágica ni idílica, como el pueblo que conocí en los museos. Y supongo que es lo natural, porque el mundo te exige que produzcas y generes ingresos, no que tengas una villa bonita de ensueños para que los visitantes cumplamos nuestros anhelos (¡Maldito Capitalismo!). Así que sólo me concentre en mis tres visitas planeadas.
 
Las fuentes y jardines de Villa Del Este
            Villa del Este.

            De haber sabido lo que me iba a encontrar en este lugar, lo habría dejado para el final y no para el inicio. Villa del Este fue uno de los sitios de descanso para el emperador romano, y vaya que se nota.

            La primera sección consta de unos frescos maravillosos, muy bien logrados y conservados, algunos reproducían pasajes de la antigua Tívoli (justo como la vi en los cuadros en la cual la conocí). Son dos pisos de cuadros imperdibles y que ya sólo por verlos vale la pena la visita. Y eso que no eran lo mejor del lugar.
 
Fuentes bellas en cualquier lado
            Esta villa se caracteriza por sus jardines, sus fuentes y sus estatuas en ellas, lo cual te da un lugar de ensueño, lleno de elegancia, buen gusto y naturaleza. La verdad te sientes transportado a otro mundo cuando estás rodeado de jardines tan bien cuidados y con fuentes tan bellas.

            Justo en Villa del Este me di cuenta que hay algo peor que los grupos guiados, y me refiero a las excursiones escolares. El resto de visitantes tuvimos la mala fortuna de coincidir con cuatro grupos (Desde Kinder hasta preparatoria, una por cada nivel). Los preescolares eran los mejores portados y obedecían a sus maestras, pero los otros grupos eran escandalosos con ganas, lo cual disminuía el gozo del resto de visitantes.
 
Un lugar muy bello y elegante
Por eso mismo los evitábamos a más no poder y, como el jardín es muy grande, casi siempre lo lográbamos. Lo malo es que se plantaban en los sitios más populares y bellos, así que por ratos teníamos que aguantarlos. Definitivamente le estoy haciendo un favor al mundo al noreproducirme ¬_¬.

En fin, a pesar de ese molesto detalle, fue una visita que me gustó mucho y que me hizo sentir esa esencia de belleza, naturaleza, elegancia e intimidad que veía en los cuadros de Tívoli. Así que con una gran sonrisa, partí a mi siguiente destino.
Llegando a Villa Adriana

            Villa Adriana

            Según el Google maps estaba a un par de kilómetros y, como no pasaba el camión, decidí irme caminando, a pesar de tener los pies destrozados por los días previos.

Un acierto del gobierno de Tívoli fue el diseñar un camino rural para llegar de Villa del Este a Villa Adriana, el trayecto está muy tranquilo, sin ser espectacular es agradable de recorrer, el problema el que fueron 5 kilómetros, así que llegué rendido a Villa Adriana, lo cual no me ayudo a apreciarla mucho.
 
Las ruinas de una de las albercas del emperador
A diferencia de Villa del Este, que aún la mantienen funcional y en buen estado, Villa Adriana es una especie de sitio arqueológico en donde puedes ver las ruinas de las termas, piscinas y/o baños en los que el emperador se relajaba con sus allegados.

Ciertamente se ve que el lugar era espectacular, con construcciones imponentes, pero las ruinas están muy madreadas y, honestamente, después de haber estado en Pompeya, es difícil que algunas ruinas romanas me puedan deslumbrar.
 
Ruinas que te dan una idea de lo majestuoso del lugar
Además admito que estaba cansado y con hambre, así que tampoco tenía un buen ánimo para el lugar, que tiene algunos detallitos muy rescatables, como estatuas y piscinas que solían tener agua cristalina pero ahora está verde.

Históricamente Villa Adriana (bautizada así en honor al emperador Adriano) puede resultar más importante que Villa del Este pero, para términos del visitante, no hay comparación entre el gozo que recibes de una y lo que recibes de la otra. Personalmente prefiero recrear la paz y tranquilidad que sentía el emperador en sus jardines al mantenerlos vivos que visitar una ruinas madreadas para imaginarme qué tan majestuosos eran sus baños.
 
La foto del delito
Creo que lo más valioso que me llevé del lugar fue una pequeña travesura que hice, ya que quería sacar foto de una de las piscinas del emperador con algunas columnas bien mantenidas, sin embargo el acceso estaba prohibido por remodelación, lo cual me parecía injusto, ya que sólo quería mi foto y no le iba a hacer daño a nadie.

A pesar de que soy súper ñoño, por lo cual soy un chico bien portado que respeta las reglas, era más mi indignación por no conseguir mi foto. Así que me cercioré que no hubiera nadie, me salte las cadenas, saqué mi foto en friega y salí de la escena del crimen ileso.
 
Detalles que derrochan la mamonería del emperador
Sé que debería darme vergüenza compartir esto pero, extrañamente, me sentía orgulloso y emocionado. Obviamente no hubiera pasado gran cosa si me cachaban (un simple regaño), pero para mis estándares, eso fue un movimiento temerario poco frecuente en mí.

Dejé Villa Adriana en camión (ya no iba a caminar los 5 kilómetros de regreso). Estaba algo decepcionado, tal vez de manera injusta por el cansancio y el hambre pero, de todas formas, no volvería a visitarla. En dado caso, si van a Tívoli, les recomiendo Villa del Este y Villa Gregoriana, que fue mi tercer destino.
Cascada Bernini

Villa Gregoriana.

            Primero llegue a comer, no estaba dispuesto que el hambre me echara a perder un lugar que prometía ser bueno, además de intenso físicamente. Entre al primer restaurante que se me atravesó, el cual resultó ser uno fresa, los cuales evito a toda costa pero ya me había sentado. Los meseros medio mamones me atendieron muy a su pesar, así que les pedí lo que prepararan más rápido, y que no fue pizza ni pasta porque eran tan exclusivos que sólo te los servían en la cena (¡Pinches mamones!). Así que me comí mis Nuggets de pollo con prisa y con gusto para empezar mi tercera visita.

            No al nivel de Villa del Este, pero Villa Gregoriana resulto ser un lugar muy disfrutable. Es una especie de pequeña reserva natural que por mandato de un Papá Gregorio (de ahí su nombre) se adaptó como parque alrededor del río Aniene.

Tívoli visto desde la Villa Gregoriana

            El parque tiene un recorrido definido, con sus leves desviaciones para disfrutar de algunas pequeñas atracciones. Hay algunas vistas hacia el valle, grutas, el río y las dos cascadas que contiene que valen mucho la pena.

            Para muchos el lugar podrá resultar sencillo pero para otros, como yo, es una visita que disfrutas mucho más que Villa Adriana. El Parque no es muy grande y el trayecto no es tan largo, aunque sí puede resultar algo intenso porque primero vas hasta el fondo del mismo y luego viene la subida que está buena para hacer cardio.
 
La Gran Cascada de Villa Gregoriana
            La cascada más grande mide 100 metros (La Gran Cascada), pero de la que mejores fotos puedes sacar es la pequeña (Cascada Bernini). Es una visita sencilla que recomiendo más que Villa Adriana, aunque no al nivel de Villa del Este.

            Regresando a Roma

            Una de mis más grandes críticas a los italianos es que son escandalosos, ya que no saben lo que es manejar un tono de voz discreto ni tener la elegancia de callarse. En el tren de regreso a la capital me di cuenta que estaba parcialmente equivocado.

Sostengo que los italianos son bulliciosos y no saben guardar silencio, pero en mi mismo vagón iban una gringuitas gritonas y superficiales, ahí me di cuenta que mi molestia no era en específico hacia los italianos, sino en contra de la gente escandalosa sin importar raza, religión o sexo ¿O será que simplemente odio a los humanos?
 
Saliendo de Villa Gregoriana
            Para este último día en la región del Lazio, había planeado visitar las catacumbas. Sin embargo ya era tarde y las habían cerrado, además ver un montón de cuevas no era algo que me atrajera después de ver lugares tan bonitos y llenos de naturaleza. Por otro lado estaba cansado y al otro día me iba a Florencia, así que preferí llegar temprano al hotel Marcantonio y descansar.

            Es extraño, me quejé mucho de Roma, pero esa última noche sentía algo de tristeza, incluso cené en el mismo lugar de cuando llegué, en una especie de homenaje a la semana que había pasado en la capital italiana (bueno, no estuve ahí todos los días, pero sí todas las noches). Al final Roma no fue lo esperado pero creo que tampoco había sido tan malo.
 
Frescos de Villa Del Este
            De igual forma Tívoli no fue lo esperado, pero aun así lo disfrute mucho. Ahora dejaba el centro para trasladarme a la Toscana, semana que podrán leer en otros escritos.


            Hebert Gutiérrez Morales.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Pompeya es un destino que teniamos en el itinerario, sin embargo con lo que acabo de leer, me intriga aun mas! No puedo esperar!!! ... Tamara