sábado, 3 de junio de 2017

Florencia (Primera Parte)

La Catedral de Florencia vista desde el Palacio Vecchio
            Tomé tempranito el tren desde Roma, así que a las 10AM ya estaba en mi hotel en Florencia, en donde me guardaron las maletas mientras me iba a pasear (el Check-in era hasta las 2pm). Así que me fui caminando junto al río Arno mientras disfrutaba estar en un ambiente distinto al romano.

            Este primer día me di cuenta que Florencia no es tan grande como imaginaba, a comparación de Roma claro está, y me reí de mí mismo al considerar que iba a necesitar cuatro días para echármelo cuando con dos iba a tener suficiente, lo cual me alegró, porque iba a tener más chance de conocer otros lugares en la Toscana y más al norte.
 
Entrada al Palazzo Vecchio
            Palazzo Vecchio

            Después de ver que la Galería Uffizi estaba reventar, preferí dejarla para otro día y me fui a la Piazza della Signoria en donde, para mi sorpresa, el Palazzo Vecchio no tenía cola, así que sin dudarlo entré.

            Empecé por la Torre ya que, como el día estaba nublado, corría el riesgo que me la cerraran. Las vistas de Florencia estaban muy padres, sobre todo con sus techos con tejas tan característicos y sus calles estrechas. Ahí fue cuando comprobé que la ciudad era relativamente grande pero no como la capital.
 
La Basílica de la Santa Cruz vista desde el Palacio Vecchio
            Después empecé propiamente con el Museo, en donde había una serie de estatuas y pinturas muy padres. Pero no me refiero a las pinturas de tamaño convencional, sino de esas que abarcan toda la pared y que ya por su sola dimensión te impresionan.

            Ya con las pinturas en los techos y en las paredes había valido la pena el boleto, pero aún faltaba lo más impresionante de toda la visita: El Salone dei Cinquecento. Una gran sala de 52 metros de largo por 23 de ancho misma que esta tapizada de pinturas hermosas en el techo y enormes en las paredes, así como estatuas que flanquean los lados.
 
El Salone del Cinquecento
            Cada vez que veía un sitio así de hermoso me volvía a acordar de la Capilla Sixtina y me volvía a encabronar porque es considerada más importante que este tipo de lugares. Y que conste que no tengo nada contra el artista porque, justamente en este lugar había obras tanto de Miguel Ángel como de Leonardo DaVinci.

            Después de ver ese Salón me dije que el Museo de la Academia y la Galería Uffizi deberían ser una auténtica chingonería para ser más concurridas y populares que este sitio. ¿Pero saben qué? Días después las visité, y me siguió gustando más el Palacio Vecchio. Supongo que fue una cuestión de gusto personal.
 
Salone del Cinquecento es tan grande que no cabe en una foto
            Concluí mi visita al Palazzo Vecchio con una zona arqueológica que están trabajando debajo del museo, pero la verdad no vale la pena ir allá abajo, porque no hay nada en claro y sólo vez piedras y una que otra estructura que aún no está del todo visible.

            Ya afuera del Palacio vi con tristeza que la Fuente de Neptuno, también conocida como “Il Diancone” estaba en trabajos de mantenimiento. Así que fui ahí al ladito a una exposición pública de grandes estatuas conocidas como “Loggia dei Lanzi”. En dicho lugar destacan “Perseo con la cabeza de Medusa” de Cellini y “El Rapto de las Sabinas” de Juan de Bolonia.
 
Loggia dei Lanzi, al lado del Palazzo Vecchio
            La Plaza del Duomo.

            “¡No putas mames!” fue lo que dije al ver la Catedral de Florencia, no sólo por su enorme tamaño, sino por la fachada tan espectacular. Está tan llena de detalles sin llegar a ser agobiante que quedé embelesado. El único “pero” fue que, debido al Baptistero que está enfrente, no está fácil sacarle fotos a una fachada tan imponente.
 
La Catedral de Florencia y su Campanario
            Lo curioso del asunto es que el interior del lugar es de lo más austero, sólo el interior del Domo está decorado de manera bella, pero el resto del templo está muy “pelón”. Debajo de la Iglesia hay una pequeña exposición de reliquias de la misma, que es medianamente interesante.

            Lo que sí vale mucho la pena es el museo detrás de la Catedral: el Museo dell’Opera del Duomo. Otro museo bastante bueno con obras excelentes, sobre todo las esculturas, como “La Piedad” de Miguel Ángel (que me gustó más que la de Leonardo en el Vaticano, además de que es más grande).
 
El Domo dentro de la Catedral
            Pero las otras atracciones estrellas son las puertas originales del Baptistero: la primera era la puerta norte, pero la más impresionante “la puerta del Paraíso” de Lorezo Ghiberti. Una puerta dorada llena de pasajes bíblicos muy bien logrados.

            Aunque soy más de pinturas, debo de admitir que la colección de esculturas de este sitio es de reconocerse, así como ciertos relieves en piedra hechos con mucho talento. También había algunos tesoros de la Iglesia que estaban muy llamativos y bien hechos, y eso que el arte sacro no es mi favorito.
 
La Puerta del Paraíso
            Fue padre que no sólo hubiera esculturas de los históricos, como Donatello y muchos de sus contemporáneos, también había de artistas de este milenio, que nada tenían que pedirle a los clásicos.

            Comí bien antes de ir a mi siguiente punto: El Campanario del Giotto. La columna de casi 90 metros de la Catedral, misma que está igual de bella que la nave principal. Subirla fue muy divertido, sobretodo porque la escalera es muy angosta y, típica en estas construcciones, la escalera de subida es la misma de bajada, así que debes pegarte a las paredes para que pasen en ambas direcciones.

            Es divertido porque me encanta subir escaleras, para lo que sea, así que cuando llego a la cima mi corazón late por el esfuerzo pero también por la emoción. Las vistas de allá arriba son similares a las de la Torre del Palazzo Vecchio, con la desventaja que en el Campanario hay una reja para que no vayas a cometer suicidio, algo que no había en el Palazzo Vecchio (supongo que ahí les vale madre nuestra vida ¬_¬). Al Domo no pude subir porque hay que hacer reservación y la más próxima era para el Lunes, y aunque la hice, ese día ya no llegué a tiempo desde San Gimignano -_-.
 
El Techo del Baptistero
            Finalmente, me metí al Baptistero de San Juan que está frente a la Catedral, el cual tiene un techo de mosaico dorado impresionante, que representa en parte el Juicio final. El mismo fue colocado desde el Siglo XIII y lo han mantenido en buen estado.

            Museo Galileo (Storia della Scienza)

            Lo voy a admitir, pagué los 8 Euros de la entrada para ver un solo objeto de manera morbosa: los dedos de Galileo, mismos que le fueron cortados y los mantienen en pequeños frascos para su exposición en el museo que lleva su nombre.
 
Los dedos de Galileo
            El Museo no es muy grande, pero lo siento completo en cuando a las antecedentes de muchos avances de la ciencia, como la electricidad, la astronomía, los nacimientos, la navegación, la medición del tiempo y hasta los alquimistas.

            Me gustan mucho los museos pero, en esta ocasión, tenía claro mi objetivo y no me enganche con ninguna exposición aunque, supongo, para los amantes de la ciencia, igual y puede resultar un lugar muy interesante.

            Basílica de la Santa Cruz

            Ésta fue otra Iglesia de “no putas mames” o, como yo diría en italiano, “No mami”, ya que la fachada también es una belleza. La diferencia con la del Duomo es que en su interior sí hay más sustancia y que también había cuatro “atracciones” en las que mi visita estaba enfocada: Tumbas.

            Esta Basílica me cayó bien porque es Franciscana, de hecho se inició su construcción mientras vivía el buen San Francisco. Incluso, dentro de los objetos expuestos, puedes encontrar una de las túnicas originales del Patrono de Asís.
 
La Basílica de la Santa Cruz
Dentro de tantas monerías que tiene la misma es que aquí se originó el Síndrome de Stendahl, que te da cuando ves obras tan hermosas que te hacen perder la tranquilidad emocional. En la Iglesia hay vitrales, frescos, estatuas y demás obras bellas pero, en mi opinión, lo único que pudo provocar es síndrome fue la fachada del lugar.

            En fin, volviendo a las Tumbas, dentro de esta Basílica hay muchos monumentos funerarios de italianos ilustres. En específico estaba buscando la de cuatro individuos: Maquiavelo, Galileo, Miguel Ángel y Dante (este último no está enterrado aquí, sólo está el monumento en su honor). Me gustaron todos y cada uno de dichos monumentos funerarios, cada cual muy ad hoc a la personalidad y legado de cada uno de estos personajes.
 
"La última Cena" de Girogio Vasari
            Ya en los claustros del lugar, hay unos pequeños jardines muy sencillos pero agradables. Además de más vitrales bonitos y una gran cuadro de la última cena, pero no la mundialmente conocida, sino una versión distinta (y más real desde mi perspectiva) de Giorgio Vasari, misma que me gustó mucho por ser diferente a la imagen que todos tenemos grabada.

            Ponte Vecchio
 
El Ponte Vecchio cruzando encima del Río Arno
            El Puente Vecchio lo vi desde que iba caminando desde el hotel, pero preferí dejarlo al final. Este puente medieval es uno de los símbolos de Florencia y está lleno de tiendas de joyas ¿por qué de joyas? Honestamente no lo sé, supongo que son los únicos que pueden pagar las altas rentas que ha de significar rentar en ese lugar.

            El puente está a reventar de gente y sólo lo encontraba relativamente vacío cuando pasaba muy tempranito porque iba de paso a algún otro lugar. De no ser por las fachadas de las joyerías, el sentimiento que te provocaría dicho puente es de un viaje al pasado, por su construcción, su estética y ese diseño medieval tan característico.
 
Tumba de Maquiavelo
            La Cena

            Había caminado más de 8 horas prácticamente sin parar, así que disfrutaba una pizza frente al río Arno de manera tranquila tras un día que había aprovechado muy bien.

            Me di cuenta que aunque caminé desde temprano sin parar, mis pies no me dolían tanto como en días anteriores y, según mi lógica, sólo había dos razones: cuando veo algo que me gusta el cansancio físico pasa a segundo término o mis pies ya estaban acostumbrados a la brutal rutina.

Leo esta reseña y reconozco que está escueta para todo lo que vi, ¿Por qué? ¿Acaso no había pasado un gran día? Creo que seguía acarreando la decepción de Roma y no supe disfrutar mi día en Florencia o, mejor dicho, sí disfrute esta hermosa ciudad, sólo que me di cuenta de ello retroactivamente.

Por fortuna, con el paso de los días, aprendí a valorarla.
 
Saludos desde el Palazzo Vecchio
            El hotel Crocini

Regresé al hotel a eso de las 7pm. Mi habitación era mucho más grande que la de Roma, con la desventaja que compartía baño con el cuarto de al lado, unos españoles mayores que no dieron mucha lata.

No es la primera vez que me toca compartir baño, y no se me acaba el mundo pero si me dan a escoger entre espacio en la habitación y mi propio baño, siempre tomaré el baño.

Y así terminó este primer día en Florencia, lo cual prometía ser una semana más memorable que la anterior. En gran parte dependía de mí que así fuera (que de hecho así fue).

Para leer la segunda parte de este escrito, pueden acceder a este liga.


Hebert Gutiérrez Morales.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hace doce años conocí Florencia, pero solo estuvimos un día. Esta ocasión iremos 5 y con tu escrito me da más ideas para dar prioridad a nuestra visita. Por cierto, que bella foto panorámica de Florencia, me encanto!! Tamara.