sábado, 10 de junio de 2017

Siena y San Gimignano

La hermosa Catedral de Siena
            Desayuné rápido ya que mi tren salía a las 8:10, el dueño del Hotel (un señor súper amable, atento y culto) me pregunto el destino del día. Al escuchar mi respuesta la omnipresente sonrisa en su rostro creció aún más, diciéndome que hoy iba a ser un gran día, cosa que me animó aún más.

            El Señor Crocini (que no sabía si así se llamaba pero, supongo, le puso al Hotel su apellido) me recomendó irme en camión porque, para Siena, era más rápido y con mejores vistas, ya que el tren era viejo en esa ruta.
 
San Domenico en primer Plano y el Duomo en segundo.
            Normalmente me cuesta trabajo ser flexible cuando ya tengo una decisión, pero acepté su propuesta por una sola razón: la estación de tren de Siena está a fueras de la ciudad y la de Autobús me dejaba a tiro de piedra. Y como no estaba para desperdiciar tiempo, tomé gustoso dicha propuesta.

            Llegando a Siena

            Algo que también me dijo mi anfitrión es que el paisaje por el autobús valía mucho más la pena que el del tren, cosa que corroboré al ver las bellas postales toscanas en mi trayecto de Florencia a Siena.
 
Santa Maria Della Scala
            Al llegar a la terminal de autobuses de Siena, cerca estaba la Catedral de San Domenico, así que ahí empecé mi itinerario. La construcción está enorme y tiene una estética exterior distinta a la iglesia que comúnmente ves en Italia.

            El lugar es relativamente fácil de recorrer con ciertos detalles sobresalientes pero, a excepción de un par de vitrales, no había nada que valiera la pena fotografiar, lo cual estaba bien porque, inexplicablemente, no te permitían tomar fotos (por lo menos no te cobran la entrada).
 
La Nave de los Frescos
Y eso es algo que jamás terminé de entender, no sólo en Italia, sino en el mundo en general: si son las mismas obras y las mismas cámaras, ¿en qué consiste que en algunos lugares te dejen sacar fotos y en otros no? Creo que moriré sin saber la razón del porqué de criterios tan distantes en una misma situación.

            De ahí me trasladé al centro histórico de Siena, mismo que es patrimonio de la Humanidad de la Unesco y es donde se encuentran la gran mayoría de sus atractivos turísticos. El recorrer esas callecitas o callejones en la Toscana es una delicia que te despierta mucha nostalgia. Tal vez por eso a las mujeres les encanta Italia, por ese toque de romanticismo antiguo, con ambientes que recuerdan a Romeo y Julieta.
 
Arte diferente
            Santa María della Scala

            Llegué a la Catedral, misma que tiene una fachada espectacular y, como buen templo importante en Italia, es enorme. Pero me llamó la atención que había una larga cola para entrar porque aún no habían abierto.

            Personalmente encontraba ridículo perder mi tiempo en una cola para ingresar a un lugar tan amplio, por tal motivo decidí irme (ahí al ladito) al Museo de Santa María della Scala que abría a la misma hora y para el cual no había nadie, ni visitantes ni visores de seguridad, literalmente lo tenía para mí solito.

Así que mi visita fue un auténtico lujo en el cual tuve puras fotos limpias. No sé si dicho Museo en verdad es tan bueno o si lo disfrute más al tenerlo en exclusividad; precisamente por ello me gusta viajar en temporada baja, pero no contaba que Mayo es temporada alta en Italia.
 
Me la pase muy bien :-)
Por tenerlo para mí solo, fue el Museo que más disfrute en mi estadía en Italia. Las esculturas estaban muy padres y la sección de los niños es tan creativa como entretenida.

El lugar, que fungió como hospital, orfanato, hostal y demás, debe su nombre en gran parte a una sección excepcional de frescos, mismos que están en una gran nave, que resulta muy vistosa e impresionante. Y nuevamente pensé “Estos Frescos sí merecen promoción, no como los sobrevalorados de la Capilla Sixtina
 
La Sección infantil de museo estaba bella
            La sección subterránea del lugar es un laberinto sencillo, el cual está dividido en un par de exposiciones que te muestra restos arqueológicos de la zona, de una forma muy atractiva. De hecho me divertí más recorriendo los pasillos (por la misma distribución) que los objetos expuestos en ella.

            Me la pasé tan bien que hasta el arte sacro de este lugar me encantó, ya que había una representación de una iglesia y te dejaban meterte a donde tienen los santos y a los aposentos de los sacerdotes.
Una exposición fotográfica muy interesante

            Ya al salir fui encontrando a los primeros visitantes después de mí, pero ya no me importaba, porque ya había disfrutado mi tiempo personalizado en dicho lugar. Al final pasé a una exposición temporal llamada “Diez años y 87 días”, que consiste en una colección MUY buena de fotos y mensajes de condenados a muerte en Texas.

El título de dicha muestra es el tiempo promedio entre el que un condenado a muerte es juzgado y ejecutado. Los testimonios recogidos por la artista (Luisa Menazzi Moretti) junto con las fotos que los ilustra, son muy íntimos y duros.
 
Impresionante por dentro y por fuera
Independientemente del factor emocional, ya que algunos testimonios están “llegadores”, dudo que todos hayan sido inocentes; obviamente algunas personas murieron de manera injusta pero seguramente muchos fueron ejecutados de manera justificada.

Terminé muy satisfecho mi visita y, al salir, vi con alegría que la entrada a la Catedral estaba vacía (tontería resultaba hacer cola para ingresar a ella). Así que me enfilé hacía dicho templo.
 
Pequeños detalles bellos
            Catedral de Nuestra Señora de la Asunción

            Exceptuando Asís, claro está, de todas las iglesias, basílicas, catedrales, capillas y demás templos católicos que visité en Italia, creo que no me había divertido tanto como en la de Siena, y no porque sea un parque de diversiones o algo por el estilo, sino porque tiene detallitos diferentes que te hacen la visita más amena.

            La fachada es imponente, con un estilo gótico muy marcado, además impresionantemente conservada considerando que fue construida en el siglo XIII. El interior es igual de bello que el exterior.

            Además de las sobresalientes pinturas y esculturas que hay en cada pared, los Frescos en el techo son muy bellos, hecho que hay que reconocer porque después de haber visto tantos, ya era difícil que me llamaran la atención. Hacia arriba ya estaba acostumbrado a voltear así que fue una gran sorpresa tener que ver hacia abajo; y es que había mosaicos enormes y muy bien elaborados en el suelo.
 
Mosaicos impresionantes en los suelos
            Uno de los detalles diferentes que encontré fue un Cirio Pascual con rinocerontes en lugar de motivos religiosos, lo cual le da un sabor más relajado, ecológico y hasta más amigable al bajarle a tanta solemnidad.

            Dentro de la Catedral está la Biblioteca Piccolomini, misma que está adornada con una serie de frescos muy bellos de un artista llamado Pinturicchio. La gente queda tan embelesada con los frescos que hasta hay alguien asignado para movilizar a los embobados espectadores que normalmente estorban en la entrada.
 
La Biblioteca Piccolomini
            Finalmente, la tienda de Souvenirs está tan completa y divertida que ni parece que sea una de iglesia, ya que tiene mucha variedad de productos creativos relacionados con Siena y el Catolicismo, bueno hasta unas calaveritas de goma me compré. Salí muy feliz de la catedral y aún no “desquitaba” todos los lugares de mi boleto de entrada.

            El Museo Dell Duomo
Piazza de Campo vista desde el Museo Dell Duomo

            Como cada museo que visité con este nombre, estaba dedicado a las obras artísticas históricas de las catedrales que los patrocinaban. Es un edificio alto, muy bien distribuido y con diversas opciones para entretenerte.

            Se recomienda empezar de arriba abajo, iniciando con el Mirador que tienen en el techo, desde el cual obtienes buenas tomas de Siena (aunque las mejores las iba a conseguir después).
Vitral en el Sotano del Museo

            Gracias a la distribución del museo no sientes que haya mucha gente, ya que está muy amplio y es de fácil recorrido. Las pinturas son bellas en los pisos altos y las esculturas lo son en el Sótano. También estaban los restos de algún santo del lugar, resguardados en una urna algo tétrica. Pero lo mejor del sitio son los ventanales, en especial uno gigantesco en el fondo del lugar.

            La Cripta y el Baptistero
Urna en el Baptistero

            Para acabar la visita a la Plaza de la Catedral, hay dos visitas breves pero interesantes. La Cripta y el Baptistero son de pequeño tamaño pero infestado de frescos y arte.

            Ahí me di cuenta que lo malo de ver tantos y variados Frescos es que uno ya termina por ser inmune a su belleza, por lo que ya no los valoras como deberías aunque, estaba seguro, con el tiempo los iba a extrañar.

            En el Baptistero también hay frescos muy bellos pero lo más llamativo es una gran urna, con pasajes bíblicos en cada una de sus caras, muy bella e imponente. Me había gustado mucho todo lo que vi en la Piazza dell’Duomo, pero ya estaba algo congestionado de tanto arte, así que me hacía falta tomar aire fresco y el lugar ideal era mi siguiente destino.

            Piazza del Campo y la Torre del Mangia (Palazzo Pubblico)
Torre del Mangia del Palazzo Pubblico

            Algo que me gustó de Italia es que la gran mayoría de las atracciones de cada población estaba muy cercanas unas de las otras. Así que llegue relativamente rápido a la enorme Plaza del Campo.

            La Plaza es una gran explanada rodeada de restaurantes y cafés. Como el lugar está tan bello, amplio y soleado, hasta se antoja tomarte un café o comerte una pizza, así que aproveche para relajarme un rato y echarme un cafecito con un pastelillo, mientras veía a la gente pasar o relajarse.
Piazza del Campo

            Aunque me la había pasado muy bien en la Plaza de la Catedral, ya no quería más museos ni frescos ni esculturas, ya sólo quería subir a la torre y sacar más postales de la ciudad.

            Ya a esas alturas había perdido la cuenta de a cuántas torres, campanarios o Domos había subido, es más parecía que por lo menos subía uno al día, y eso ya lo sentía en mis muslos: Aunque ya no sintiera el dolor en los pies, no quiere decir que no estuviera cansado.
El Duomo visto desde la Torre Mangia

            A pesar del desgaste, la emoción de subir a la Torre Mangia era mayor, además a esas alturas ya era experto en la técnica para subir y dejar pasar a la gente en sentido contrario.

            Arriba el viento soplaba rico, el día estaba muy soleado y las tomas espectaculares. No había tanta gente arriba lo cual me hacía más agradable la vista. Fueron unos momentos de tranquilidad que valoré mucho en la cima de la torre: me encontraba muy feliz en Siena.
San Gimignano desde las alturas

            Siena es tan bonita que, por lo menos, merece que le inviertas un día entero. En mi caso, aunque sólo hayan sido unas 5 horas, llegué a Siena en el momento indicado, porque fue un lugar que disfrute bastante, sin ningún “pero”. Si algún día regreso a Italia, lo cual dudo, le dedicaré una jornada completa a tan bello y relajado lugar.

            San Gimignano

            Con ese sentimiento más agradecido, me dirigí a San Gimignano en camión desde Siena, trayecto que duró hora y media (por las paradas). Durante el camino me sentí relajado: a diferencia de lo que pasó en Roma, en la Toscana me la estaba pasando bien; de hecho recordaba el tiempo en la capital italiana como algo muy lejano, como si hubiera pasado hace mucho tiempo. Y ni qué decir de mi vida en México, misma que parecía una ilusión, como la existencia de alguien más.
Algunos Frescos rescatables

            La única manera de llegar a San Gimignano es por carretera, lo cual es maravilloso porque, al ir subiendo por la colina, el lugar te va recibiendo con una bella estampa toscana: los campos verdes, el cielo azul y la silueta de la población amurallada con sus torres que te dan la impresión de ir viajando al pasado.

            Ese tipo de paisajes que me parecía irreal presenciarlos en persona, ya que los había visto muchas veces en películas, programas o revistas, pero verlo con tus propios ojos es un sentimiento especial.
Plaza de la Cisterna

            Decidí no comer en Siena para ahorrar tiempo, por lo que llegué a San Gimignano muriendo de hambre así que, aunque juraba que ya no quería comer más pizza, fue lo primero que se me atravesó, pero no fue mala elección porque fue una delicia o, tal vez, sólo estaba hambriento.

            Para ser las 3 de la tarde de un Lunes, la cantidad de visitantes en este pequeño pueblo era impresionante, tanta que me daba pavor imaginármela en fin de semana. Y es que no es para menos, ya que es un pueblo medieval auténtico que luce impresionante con sus murallas bien conservadas, por lo mismo parece sacado de una película o de una máquina del tiempo. Por tal motivo es que el centro histórico de San Gimignano es también considerado patrimonio de la humanidad por la Unesco.
Detallitos medievales deliciosos

            Al igual que Asís, está el pueblo clásico y el pueblo “moderno”, aquel que queda fuera de las murallas, mismo que no es tan llamativo pero es donde los locales viven. Y es que dentro de las murallas casi todo es de índole comercial: restaurantes, tiendas de souvenirs, galerías de arte, heladerías, y demás negocios enfocados al turismo, así como museos, placitas, castillos, torres y demás atracciones turísticas.
Uno de los frescos dentro del Duomo

            A pesar de estar infestado de negocios, estos mismos se han adaptado a la esencia del pueblito y no desentonan con su estética, así que se mantiene esa mística dentro de las murallas, por lo que siempre encontrarás una vista que te conquiste. Y es que hay algo fascinante dentro de las murallas: no hay autos, así que es un pequeño pueblo netamente peatonal.

            Al llegar a la plaza principal, mi primera parada era obvia (y mis piernas lo sabían), ya que me iba a subir a la torre más alta del lugar: la Torre Grossa (mis muslos ya me la mentaban, pero ya no escuchaba lamentos). La vista desde allá arriba es espectacular, no sólo para apreciar el pequeño pueblo, sino para embelesarte de la hermosa Toscana, tan llena de verde, paisaje que con el suave viento que te besa el rostro, te pone en automático de buen humor.
La Plaza del Duomo

            Después pasé al Museo de la Ciudad, algo pequeño, con algunas obras bonitas y uno que otro fresco que estaba OK pero, para la cantidad y calidad de los que veía a diario, no me provocaron la menor reacción, y es que a esas alturas ya tenía el ojo entrenado en este tipo de pinturas.

            El Duomo (o Catedral) es de las cosas que más valen la pena de los puntos turísticos, ya que la totalidad de su nave esta tapizada con frescos de buena calidad (no los mejores que vi, pero de buena calidad considerando su antigüedad y lo bien que los han conservado). El problema es que los muy mamones no te dejan sacar fotos, cosa de la cual me enteré cuando les dijeron a un grupo guiado, pero ya había tomado algunas.
Rincones entrañables

            Después pasé a la Plaza de la Cisterna a comerme el helado más delicioso que había probado desde Roma, mientras me sentaba un rato a disfrutar de la esencia del lugar, lo que no se podía del todo porque estaba lleno de turistas ¬_¬.

            Fui a otro par de museos pero no hay mucho que comentar al respecto de sus pinturas y exposiciones, una que otra obra se salvaba, pero bien pude ahorrármelas (lo bueno que no eran caras ni extensas las visitas). Y es que ya había un punto en que me decía “¿Cuántas versiones de la misma escena voy a ver?” Los pintores del pasado no tenían mucha imaginación, por lo menos los que se dedicaban al arte sacro.
           
            Honestamente, si ya llevas algunos días recorriendo Italia, de los puntos turísticos de San Gimignano sólo vale la pena entrar a la Catedral y subir a la Torre Grossa, por las vistas del Pueblo y la Toscana. Sobre los demás museos, exposiciones, iglesias, frescos y demás, ya habrás vistos cientos de versiones mejores en otros sitios del país.
Un Pueblo muy comercial pero bonito

            Y es que San Gimignano no es para visitar sus breves atracciones tipo museos o Iglesias, que lo puedes hacer porque no te quita mucho tiempo. En realidad es para recorrer sus callecitas, echarte un café o un helado o comer en la Piazza della Cisterna  en la Plaza del Duomo. Este lugar es para respirarlo, ver pasar a la gente y sentir el ambiente toscano. Y así, sin que te des cuenta, en un abrir y cerrar de ojos se te pueden ir tres horas, como las que se me fueron sin darme cuenta por lo embelesado que estaba con el pueblo.
Callejones salidos de cuentos

Ahora, personalmente, si comparo pueblos medievales, sin duda me quedo con Asís ya que lo siento más auténtico y real que San Gimignano. Claro que ambos están bien conservados, ambos tienen mucho atractivo turístico pero, en mi sentir, Asís aún mantiene esa esencia original del pueblo que alguna vez fue, mientras que a San Gimignano ya lo siento como un lugar exclusivo para turistas, algo así tipo Disney o Las Vegas (perdón por los ejemplos pendejos, pero esa sensación me dio).

Y es que está bonito San Gimignano, pero siento que ya sólo es la “cáscara” de lo que alguna vez fue. Sé que soy injusto, porque Asís tiene un soporte cultural y religioso más robusto que le permiten mantener mucha de la esencia original, algo que creo que San Gimignano ya no tiene. En fin, a pesar de eso, la visita sin duda vale la pena tan sólo por las postales que obtienes del lugar y de la Toscana.
Bello pueblo medieval

            El camión de regreso a Poggibonsi ya fue más rápido, o tal vez esa fue la impresión que me dio. Supongo que el cansancio y la expectativa cumplida hacen que ya no vivas el camino con el mismo interés que lo sientes de ida. De Poggibonsi regresé a Florencia en tren y sí, como me dijo el Sr. Crocini, el paisaje era mejor en autobús.
La Piscina dello Stupore (Sergio Vacchi - 1973)

En el camino reflexioné que, aunque me gustó mucho más Siena, sin duda la visita a San Gimignano también había valido la pena. Mi tren iba medio vacío, lo cual me quedaba bien, porque iba muy cansado como para soportar a los escandalosos italianos. Aunque creo que no me hubiera importado aguantar su bulla un rato más, ya que iba muy satisfecho por haber tenido un día tan feliz y completo, gracias a dos maravillosos lugares dentro de la hermosa Toscana.


            Hebert Gutiérrez Morales.

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