sábado, 24 de junio de 2017

Venecia, la balanza a favor.

Vista de Venecia desde la Catedral de San Marcos
            En el escrito de Asís mencionaba que sólo dos sitios en Italia me habían fascinado por completo: el primero el ya mencionado hogar de San Francisco y el otro fue justamente Venecia.

            Con Asís mi anhelo era grande, ya que desde la niñez quería conocerlo y, a pesar de mis grandes expectativas, me fascinó e incluso superó lo planeado. Pero con Venecia la cosa era diferente, ya que era un sitio del cual no esperaba prácticamente nada.  Curiosa es la vida: justo del sitio menos esperado en Italia fue el que más satisfacciones me dio (además de Asís, claro está).
 
El Gran Canal
            Los antecedentes

            A pesar del divertido lugar al cual se referían los Hombres G en su canción homónima, Venecia fue un lugar en que la opinión de mis conocidos coincidía de manera casi unánime: “Está feo, no es para más de un día, sólo ve a la Plaza de San Marcos” y demás comentarios por el estilo. Para estas alturas del viaje, ir con esa actitud de no esperar nada, era lo más sano que podía acontecerme.

            El plan original era ir en Miércoles (para encontrar menos gente), PERO extrañamente los boletos de tren desde Florencia se acababan con inusual rapidez; fue en el único sitio en donde me pasó, porque siempre llegaba a las estaciones y encontraba boletos para cualquier sitio a cualquier hora, menos para Venecia, por eso lo atrase al Viernes.
 
Un Momento de paz
            “Cuando aprendas a aceptar en vez de esperar te llevarás menos decepciones” es un dicho que sigo comprobando y espero que algún día termine de asimilar. Venecia, del cual no esperaba mucho, fue una agradable sorpresa: de los mejores días que pasé en Italia, y auténticamente fui feliz.

            Llegando a la estación de Santa Lucía

            Sabía que iba llegando porque, de pronto, el paisaje en la ventanilla del tren cambió (de árboles, casitas y valles) a mar de ambos lados, lo cual es una sensación extraña: ir en tren pero estar rodeado de agua.

            Bajé del vagón con una excelente actitud, justo había acabado “El Elefante desaparece” de Haruki Murakami y, de una manera inexplicable, me había puesto muy de buenas. Buen Humor más Cero Expectativas es una fórmula perfecta para disfrutar cualquier lugar, así fuese un bodrio que, felizmente, Venecia no resultó ser.
 
Interior de Santa María de Frari
            Antes de salir de Santa Lucía, pasé a comprar un pase para los Museos de la Plaza de San Marcos y me regalaron un mapa de la ciudad, lo cual fue una buena inversión, ya que el mismo te lo vendían en tres euros, así que me ahorre en entradas y conseguí un mapa gratis. No compré el pase completo para todas las atracciones porque sólo tenía unas 8 horas y tenía el presentimiento que esta visita no iba a ser como las otras: por alguna causa sabía que iba a disfrutar Venecia sin carreras.
Santa María de Frari

            Al salir de la estación la vista era grandiosa, ya que te encuentras con el Gran Canal y con el Palazzo Foscari, lo cual te da una postal de bienvenida inmejorable, además de que el sol estaba resplandeciente, otra razón más para estar de excelente humor.

            Y no sólo era yo, veía a la gente a mí alrededor y todos estaban pletóricos, sonriendo a más no poder, auténticamente felices, y yo compartía su estado de ánimo. De las pocas veces que esa famosa magia de Italia me contagió.

            Callecitas, Iglesia y R.E.M.

            De las primeras cosas que me encantaron de esta pequeña ciudad es que no hay lugar para autos: sólo hay embarcaciones en los canales y callecitas para los peatones. Un lugar utópico porque esos pequeños callejones te dan la impresión de ser un gran laberinto.

            Me encantó recorrer los callejones sin una dirección concreta, sabía que me tenía que dirigir al Este, pero los caminos eran tantos que simplemente me deje llevar por la intuición. Así fue que llegué a la Basílica de Santa María de Frari, cuya fachada no es nada espectacular, así que dudé en entrar, sin embargo hacerlo fue una gran decisión.
 
El Giacometo
            Aunque no se veía muy impactante, la entrada sólo cuesta tres míseros Euros, así que me arriesgué. Ya recorriendo el lugar empecé a encontrar detalles en sus obras que me hicieron ver que los tres Euros era un precio muy barato: sus pinturas y monumentos son muy bellos y con una estética que, de primera impresión, se parecen al resto de Iglesias pero tiene un toque muy propio.

            Seguí recorriendo las callecitas cuando vi un local de Pizzas ENORMES, la masa era gruesa y se veían muy aparatosas. La verdad me llamó mucho la atención y, aunque aún era temprano para comer, decidí echarme una rebanada.
 
El Puente del Rialto
Dentro tenían un vídeo con los éxitos de R.E.M. así que, aunque no fue una pizza excepcionalmente rica, sin duda fue la que más disfrute con la música y el ambiente del lugar. De hecho, cuando llego a escuchar “The Great Beyond” o “Imitation of Life” (que fueron las que me tocó escuchar), en automático recuerdo la pequeña pizzería veneciana :-). Así que salí aún más feliz a seguir mi búsqueda por la plaza de San Marcos (Por cierto, estaba tan pletórico que olvidé mi preciado mapa en el local -_-U).
 
El Gran Canal desde el Puente del Rialto
            Chachareando con los amables venecianos.

            Venecia está llena de restaurantes, tiendas de souvenirs, artesanías, ropa, joyas, tours y demás negocios enfocados al turismo ¡y todos tienen gente! Las mercancías eran muy variadas y a muy buen precio, así como la comida. Así que baboseaba por ellos comprando magnetos, playeras y otros recuerdos.

            De hecho Venecia fue el único lugar en donde encontré corbatas “endémicas”, mismas que estaban padres, baratas y de buena calidad. El puesto pertenecía a un señor muy amable en un extremo del puente del Rialto.
 
Fachada de la Catedral de San Marcos
Lo que me llamaba la atención es que en todos los sitios les hablaba en español (por fin me animaba a hacerlo sin tapujos) y me contestaban en mi idioma perfectamente. Eso me impactó bastante, de hecho en una de las tiendas me atendió una señora muy amable, cuyo acento no acertaba a descifrar, así que le pregunté de dónde era ¡y me dijo que era veneciana!

La señora me comentó que su dialecto es más parecido al español que el italiano, y que fue Marco Polo el que lo llevó a España y que por eso hablamos parecido. De hecho la gente de ahí no se considera italiana, sino veneciana (ahí me cayeron mejor los locales). Su acento me gustaba, era diferente, casi neutro. Ella sí adivino (por mi acento) que era mexicano así que platicamos brevemente de los italianos, los mexicanos, los mexicanos que se creen gringos, que quienes son más insoportables si los italianos, argentinos, españoles o mexicanos (no llegamos a una conclusión).
 
El Palacio Ducal (reflejado en los lentes) ;-)
Fueron menos de diez minutos pero fue una delicia de plática que se dio por comprar unos simples imanes y bolsas. Ahí me di cuenta que el resto de venecianos,  a los que les había comprado antes, eran muy cálidos y amables, sin esa arrogancia del italiano promedio que me había tocado durante gran parte del viaje.

Llegando a San Marcos por el Rialto

            De ahí pase a San Giacomo del Rialto, también conocida como Giacometo, esto por su tamaño, ya que llamarla Iglesia es algo pretencioso, más bien es una capillita, de hecho micasa es más grande que este lugar. Pero además de ser un sitio bonito tenían una breve exposición de instrumentos musicales y de fondo tenían música clásica, por lo cual mi alma se llenaba de gozo al estar ahí. Ahora sí que no importa la cantidad de obras, sino tener una alta calidad en lo poco que tengas y con las melodías de fondo, dicho sitio era una delicia de visitar.
 
Interior del Palacio Ducal
Hasta ahí había visto turistas, pero no la cantidad enorme como para que se acabaran los boletos de tren con tanta anticipación. Sin embargo, cuando llegué al puente del Rialto, ya los empecé a encontrar: ¡Estaba hasta la madre de gente!

Y no sólo ahí, la plaza de San Marcos estaba a reventar, y eso que es ENORME. Dicho sitio es una auténtica mamada, es impresionante. La Catedral de San Marcos tiene una de las fachadas más bonitas que he visto, diferente a la de Florencia pero al mismo nivel en belleza.
 
Siempre viendo hacia arriba
Por cierto, ahí corroboré algo que había leído: Venecia se está inundando. Durante toda mi estancia notaba que el piso por todos lados era irregular, ya que había partes que se iban hundiendo. En la plaza de San Marcos esto era más que evidente ya que había muchas filtraciones de agua. De hecho llego un punto en que la gente se quitaba los zapatos y caminaba con ellos en las manos para circular por los charcos. Es una pena que un lugar tan bello y mágico como Venecia esté destinado a desaparecer tragado por el agua T_T.

El Palazzo Ducale

Como había cola para entrar a todos lados, fui a buscar algo que no tuviera tanta fila, así que me encontré con que el Palazzo Ducale estaba libre y me dirigí a él. Por fuera el gran edificio cúbico tiene una apariencia sobria, sin nada que te llame la atención pero ya dentro, OH MY FUCKIN’ GOD!
 
Salones espectaculares
Es impresionante, sobre todo las salas con pinturas y frescos en todos lados. Tiene salas tan grandes como el Palacio Vecchio en Florencia e igual de imponentes, con frescos enormes en las paredes y en los techos, ahí me volví a acordar de la Capilla Sixtina (Sí, lo sé, he hecho mucha referencia a ella, pero es que en verdad me quedé muy encabronado) y me volví a enojar que se le dé tanta promoción a algo tan inferior a estos sitios.
 
Belleza imponente
El Palacio Ducal está lleno de elegancia, de historia, de buen gusto, de un diseño arquitectónico muy vanguardista para su época además de que el edificio sigue sólido sin importar su antigüedad. Tienen una exposición de armas y armaduras muy completa a pesar de ser sólo dos salas. En la zona de calabozos pasé por el famoso puente de los suspiros, así que pude verlo por dentro y por fuera.
 
vista DESDE el Puente de los Suspiros
Salí muy feliz del Palacio Ducal, ¡y los charcos seguían creciendo! Y no sólo eso, también las colas para la catedral y el campanario, así que tuve que rodear la plaza para llegar a mi siguiente destino: El Museo Correr.

Exposiciones diferentes en Museos antiguos.

En el Museo Correr había una muestra muy elegante de cómo eran los palacios venecianos en la antigüedad en cuanto a sus ornamentos y muebles. Este sitio está enfocado a la historia veneciana, con pinturas y esculturas previas al momento en que Italia los absorbió.
 
Fachada interna del Palacio Ducal
El museo está conectado con el Museo Arqueológico. Siempre que veía “Museo Arqueológico” en algún lugar, ya sabía que iban a venir piedritas, platitos y tacitas con una que otra estatua madreada. El Museo arqueológico de Venecia fue distinto. O sea, si había vasijas, platitos y estatuas, pero pocos y en buen estado (bueno, las estatuas sí eran bastantes), pero lo mejor es que había expresiones artísticas alternativas e interactivas.
 
Encima de "Verstige" de Enki Bilial
La primera que me encontré fue de un artista de Cómics Francés llamado Enki Bilial, que eran unos dibujos en papel y en un tapete, sobre una estructura de cristal y acero. El encargado me dijo “Te puedes subir, pero sin zapatos”, esto me tomó desprevenido, pero me animé porque casi no había gente joven en el Museo que lo hiciera (no es que yo lo sea del todo, pero era de los pocos visitantes que no eran viejitos y que además me vea ágil).

Me quite los tenis y me subí al artefacto llamado “Verstige”, al pararme en un punto exacto, el aire sopló sobre mí y empezó una especie de discurso en francés con una voz muy bien caracterizada de personaje sobrenatural. Fue muy divertido y me sentí feliz de haber subido, con un gusto de toque infantil al sentir algo diferente.
 
Encima de la Caminadora
Luego vino una caminadora con un título que decía “11156327 metros” de Francesca Montinaro, que justo ese día se inauguraba la exposición, y de hecho la misma artista me invitó a contribuir a su obra. Ésta consistía en subir al aparato y recorrer unos metros para lograr la cifra meta, misma que fue la que recorrió una chica llamada Ashra desde el Subsahara hasta la costa italiana. Nunca pensé subir a una caminadora dentro de un museo.

Luego había una exposición de pantallas intercaladas con estatuas antiguas, de mujeres que se sentaban en cada pantalla y te daban un mensaje contra la violencia femenina.

Y así continúe disfrutando el museo con obras pachecas pero creativas como imágenes distorsionadas de Venecia, retratos hechos entre el 2004 y el 2011, fotos de gente en blanco y negro junto con un video que te invita a actuar, no solo a hablar para evitar la violencia contra los inmigrantes (The Home of my eyes de Shirin Neshat).
 
Mujeres en vídeo en contra de la violencia
Todas estas exposiciones modernas estaban intercaladas con obras antiguas, lo cual hacía la visita muy agradable para los sentidos. Pero incluso las obras antiguas denotaban esa personalidad veneciana distanciada de la italiana, ya que había expresiones diferentes a las que normalmente vi en esas dos semanas a lo largo de Italia lo cual, a pesar de ser arte sacro, acabé apreciando.
 
Obras Pachecas pero con idea
Era la primera vez que me tocaba presenciar unas muestras mezcladas y, como espectador, resulto un deleite sensorial. De ahí iba a ir a la Biblioteca Marciana, la cual estaba cerrada por mantenimiento (¡Malditos!). A pesar de esta última decepción, salí muy feliz de la visita diferente a estos museos.

La Catedral de San Marcos y su Campanario
Cuanto sufrimiento de los de atrás

Como seguían creciendo los charcos, la entrada a la Catedral ya estaba despejada, así que me quite los tenis y calcetas para ingresar a ella a través del agua. Para el ingreso no te cobran un céntimo, aunque no te dejan tomar fotos; ya dentro te cobraban por ver el tesoro, el altar y el museo interno. El tesoro resultó ser dos cuartos, por lo que no valían los tres Euros, así que no quise ver el altar, porque tampoco me dejaban tomar fotos.

Al que sí entré con gusto fue al Museo de la Catedral, sobre todo por la vista privilegiada hacia la Plaza de San Marcos que te daba el estar en la fachada del Templo. Adicionalmente, y de manera “fortuita” dentro del museo nadie vigilaba, así que los que ahí estábamos empezamos a sacar fotos del templo: Lo sé, nos va a cargar la chingada y seguramente vamos a terminar en el infierno (que, por cierto, no existe), pero era una oportunidad que no podíamos desperdiciar.
Interior de la Catedral de San Marcos

Y no es que los vigilantes no se dieran cuenta, simplemente optaban por hacerse de la vista gorda, como ya habías pagado tu entrada, de manera extraoficial, ya te dejaban fotografiar lo que quisieras. ¿Para qué caer en dobles morales si lo podemos hacer bien? Mejor que cobren y dejen sacar fotos desde el inicio (digo, si de todas formas eso se va a hundir en el agua, mejor que nos dejen plasmarlo en imágenes).
 
El Palacio Ducal visto desde la Catedral
Al salir, el Campanile también estaba despejado, así que aproveché para mi dosis diaria de escaleras, lo cual no se pudo dar. Resulta que en este campanario las escaleras están cerradas, así que debes subir por el elevador, lo cual fue triste porque, por primera vez, no iba a subir una torre por mí mismo, y eso me frustraba.

Mi tristeza se mitigó un poco con la vista panorámica de tan hermosa ciudad, para después me volví a entristecer al recordar que la misma va a acabar inundada en menos de 50 años.
 
La (encharcada) Plaza de San Marcos vista desde la Catedral
El camino de regreso

Se terminaba el día y ya tenía que regresar a la estación de Santa Lucía, no vi ni la mitad de atracciones de Venecia, pero sí las más importantes, así que no me regresaba molesto sino agradecido. Me di cuenta que este sitio es para dos días por lo menos, sin contar las islas de alrededor.

Emprendí el camino de regreso por el laberinto de encantadores callejones, pasando puentecitos encima de los canales. El trayecto fue totalmente diferente al de ida lo cual me encantó porque vi otros rinconcitos de este bello lugar. Incluso llegué a encontrarme algunas plazas, mismas que no son tan comunes, porque no abundan los espacios abiertos en esta ciudad peatonal.
 
Venecia desde las alturas
Por cierto, no me subí a las Góndolas, porque no me era importante, en realidad lo veo como una atracción cursi para parejas. Tampoco me subí a los vaporettos, porque me gusto más recorrer este hermoso lugar a pie por sus callejones en lugar de hacerlo por barco.


            Fue un gran día y estaba tan buenas que, ya en el tren, me tocaron unos chamacos de Secundaria en mi vagón y más que desesperarme, los estuve escuchando y recordé mis años escolares. Los chicos eran de Roma y habían ido a conocer Venecia.
 
El León alado: el símbolo de Venecia
            Junto a mí se sentó una niña llamada Sara. Al escuchar la plática con sus amigas me di cuenta que los chicos a esa edad son iguales en todos lados, por lo menos en México y en Italia son muy similares. Parecían que esas pláticas estaban salidas de chicas mexicanas.

            Y supe que iba de buen humor porque al otro día, en el tren de Florencia a Roma, me volvió a tocar con una excursión de chamacos de prepa y la verdad fue una hora y media insoportable.
 
Una Ciudad muy concurrida
Venecia: la que divide opiniones.

            Durante mi estancia en dicho lugar, recalqué esa certeza de que soy un contreras, porque me acordé de todos los comentarios decepcionados de mis amistades que decían que no era lo que habían pensado. Gracias a esos prejuicios me quite todas las expectativas de Venecia y me dejé sorprender por ella.

            Pero también recordé algo que me dijo el Sr. Crocini, el cual admitió que Venecia es muy popular, pero que no es del agrado de los Italianos, porque no la consideran como ellos, es diferente (lo cual concordaba con lo que me había dicho la vendedora veneciana). Y ahí entendí porque me había gustado tanto la ciudad norteña: porque no era como el resto de Italia, ya que tenía una personalidad diferente que me encantó.
 
Detrás mío el Campanile y la Columna con el León alado
            Cuando la gente veía mi foto de perfil de Venecia en el Whatsapp, la duda que más se repetía era “¿Y no apesta?”. Me llamó la atención que dicha pregunta me llegara de personas distintas “¿Por qué habría de apestar?” les contesté, ya que no había captado algún hedor en particular. “Es lo que dicen” fue la respuesta más común.

            Comprendí que había una especie de animadversión con Venecia por una razón, por el mismo motivo que terminé odiando Roma: por no cumplir las expectativas.
 
Esa tranquilidad que inspira el Mar
            Recuerdo claramente el Casino/Hotel llamado “El Veneciano” de Las Vegas, en donde todo está muy bonito y perfecto, en una adaptación idealizada de Venecia y es que, ahora que lo conocí en vivo, no hay comparación: El agua no está cristalina, las calles no están parejas, no está perfectamente pintado, los gondoleros no parecen modelos y muchas otras características que la versión Gringa evidencia de lo que espera el resto del mundo de Venecia.

            Venecia no es perfecta, de hecho tiene bastantes imperfecciones. Y ése es el pecado de dicha ciudad: que no cumple las altas expectativas que el visitante promedio tiene (en especial las mujeres). Las féminas quieren un lugar perfecto, limpio y romántico, en el cual puedan subirse a su Góndola (de 80 Euros por media hora) y ser amadas por la eternidad (¡Qué mamada!)
 
Nunca te olvidaré Venecia
            De no haber sido por toda la descalificación que recibí previamente de Venecia, seguramente algo similar a Roma hubiera pasado en mi ser y la hubiera odiado por no ser lo que me prometieron. Pero como ya sabía que era un “bodrío” (según las reseñas que me hicieron con fervor), terminé amando Venecia por esas imperfecciones que la hacen más entrañable, más real, más familiar e íntima.

            Finalmente, unificando la experiencia de Asís con la de Venecia, la balanza sobre la visita a Italia finalmente terminó del lado positivo. Y es que, en mi sentir, Italia me la debía, ya que me había dado unas de cal y otras de arena, pero por fin uno de los sitios grandes superó lo esperado con creces (junto con Asís, recalco).


            Hebert Gutiérrez Morales.

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