sábado, 17 de junio de 2017

Verona, una agradable sorpresa

La Plaza de las Hierbas vista desde las alturas
            Todo el mundo me hablaba maravillas de Verona, sin embargo también lo hacían de Roma la cual no me encantó. Este destino lo tenía pendiendo de un hilo, ya que dependía en gran manera que avanzara en huequitos restantes a Florencia para liberarle un medio día, lo cual me alegró por un lado al conocer tan maravilloso lugar y, por el otro, me entristeció al no poder dedicarle más tiempo.

            Primeras impresiones

            Saliendo de la estación de tren vi que el centro histórico estaba a un par de kilómetros, mismos que caminé con gusto ya que me fui por el Corso Porta Nuova, una calle que no será propiamente un atractivo turístico como el resto de la ciudad, pero me sentí muy feliz de recorrerla y es que, sin razón alguna, me acordé de Omotesando en Tokio y eso me puso de muy buen humor. Se podría decir que ambas calles son relativamente parecidas y de ahí se me disparó el recuerdo de mi amado Japón.
 
Interior del Anfiteatro
            Llegué a la Plaza Bra y, tristemente, no había muchos Bras exhibiéndose (y me sé peores), pero lo que resalta a simple vista es la Arena Verona, un Anfiteatro de la época romana muy bien conservado, MUCHO mejor cuidado que el propio Coliseo en Roma.

Está en tan buenas condiciones que aún siguen presentando eventos en dicho lugar, incluso tiene gradas y toda la logística para eventos multitudinarios. Sin duda asistir a una función ahí debe ser especial, al sentarte en un auténtico lugar histórico a ver tu espectáculo, PERO como visitante, no es tan chido ver ahí las butacas, alfombras y escenarios. Aun así es bueno entrar y ver esta construcción tan bien cuidada.
 
Exterior del Anfiteatro
De ahí recorrí la calle Mazzini y ahí me di cuenta que Verona olía bien. No sé cómo explicarlo, pero la ciudad olía a limpio (además de que efectivamente estaba limpia). No es que las otras ciudades olieran mal (bueno Roma sí y Nápoles por supuesto), pero Verona me olía especialmente bien, a pesar de haber tanta gente. Como que olía a fresco.

La Casa de Julieta

Llegué a la Casa de Julieta misma que parecía un manicomio ya que estaba hasta la madre de gente, y no sólo es que estuvieran ahí, sino cómo se comportaban. Había algunos escribiendo en una pared (bastante desagradable por cierto) que, según la leyenda urbana, las parejas que ahí plasman sus nombres tendrán un amor eterno como el de Romeo y Julieta (o sea que van a valer verga jóvenes y así no morirá su amor, si se ponen a pensarlo con calma).
 
La estatua de Julieta
Pero ahí no acababa el mal gusto de los visitantes ya que la “atracción” principal es la estatua de Julieta o, mejor dicho, su seno derecho, ya que todo el mundo se muere por sacarse fotos con la pobre estatua y agarrarle el seno, hay incluso quien le agarra la vagina y demás estupideces que le hacen a la pobre figura.

Todo porque hay más leyendas urbanas que dictan que si le manoseas la chichi derecha vas a encontrar al amor de tu vida y, adicionalmente, vas a regresar a Verona (clásica actitud humana de creer primero en supersticiones que en la voluntad propia para lograr las cosas). De hecho me costó mucho trabajo sacarle foto a la estatua porque el acoso del que era objeto era impresionante.

Sobra decir que todo el lugar está pintarrajeado por adolescentes hormonales que creen en eso del amor eterno y entonces le escriben sus nombres, ponen los famosos candados, dejan cartas y vandalizan todo lo que está alrededor, incluso la tienda de enfrente (que ni las debe ni las teme). Supongo que para los que ahí trabajan (tiendas y el Museo de Julieta) debe ser un auténtico Pain in the Ass tener que vigilar a estos “delincuentes del amor” para que no rayoneen sus negocios.
 
La Plaza de las Hierbas
No entré al Museo porque, hasta donde investigué, no valía la pena y, honestamente, con tal multitud, tampoco se antojaba entrar. Lo que sí se me hizo un detalle inteligente de su parte, fue poner un pequeño balcón en donde las chavas suben soñadas (pagando su respectiva entrada obviamente) para que su “Romeo” le tome fotos y le declare su amor desde el patio.
 
Otra vista de la Piazza delle Erbe
Y ahí comprendí que Italia es tan popular por este tipo de mamadas. Sí, lo siento, ya tiene tiempo que regresé a mi estado natural de Grinch contra todo lo cursi y ridículo de la humanidad, que es bastante por cierto ¬_¬U.

La Plaza de las Hierbas

De ahí me fui a la Plaza de las Hierbas (Piazza delle Erbe) que está ahí al ladito, que me pareció una belleza, creo que fue lo que más disfrute de Verona. Ahí había un mercadito en donde te vendían recuerdos, comida, accesorios y demás chucherías. Me compre una rica Macedonia que degusté tranquilamente mientras deambulaba por la plaza y sus negocios.
 
Interior de la Catedral de Verona
Fue un momento padre y tranquilo, sólo duró como cinco minutos pero, por ese breve tiempo, pretendí que no tenía prisa por llegar a algún lado, ni que era turista ni que debía regresar a mi trabajo algún día.

Simplemente disfrute el momento y fui feliz al desconectarme de todo lo que me agobiaba (porque siempre tengo algo que me está estresando, de lo contrario no estoy satisfecho). La placita tiene un efecto relajante sobre las personas, sólo con ver a los que están ahí te das cuenta de ello. Creo que es de los pocos lugares en donde sentí esa “magia” que dicen que tiene Italia y que sólo experimenté en contados sitios.
 
El Río Adigio
El Duomo

Recorrí las callecitas hasta el Duomo mismo que no es una maravilla PERO, a diferencia de muchos otros templos, me encantó la actitud hacia los visitantes, porque sólo te cobran 2.50 Euros, te dejan sacar fotos y hasta guía auditiva te dan, la verdad que muy conscientes a comparación de otros lugares en donde te cobran las perlas de la Virgen.
 
Verona vista desde el Castillo de San Pedro
Dentro tenían unos frescos bellos y (¡por fin!) de un estilo diferente, lo cual me encantó ya que el 90% del arte sacro que vi en Italia era muy similar, así que resultaba refrescante ver obras con un toque distinto, aunque siguiera siendo religioso.

La Catedral es grande pero no la más grande que visite, aunque sí muy agradable, muy relajada y con pocos visitantes. Lo único malo es que estaban en mantenimiento, así que no pude sacar las fotos panorámicas que me hubiera gustado.
 
La hermosa Verona
El Puente de Piedra y el castillo de San Pedro

Salí del Duomo y seguí recorriendo las callecitas hacía el puente de Piedra, el cual es bello pero lo mejor del lugar son las vistas que obtienes de Verona junto al Río Adigio, mismas que resultan relajantes al ser tan hermosas.
 
La Fachada de Santa Anastasia
El puente te lleva directo a un caminito empinado por el cual subes hacia el Castillo de San Pedro, mismo que no estaba abierto pero la vista de Verona desde arriba ya vale la pena.

Esto sin contar que el camino tiene su propio encanto con casitas muy bonitas, árboles, y uno que otro restaurant. Allá arriba se está tan tranquilo que la visión de la ciudad la gozas en silencio con el aire meciéndote el cabello.
 
Uno de los Jorobados
Ya de regreso en el centro histórico, y para no perder tiempo, me comí una Pizza “al taglio” (por rebanada) en un puestecito, misma que estaba deliciosa ya que sus ingredientes sabían diferentes. Aunque cabe la posibilidad de que, otra vez, haya sido el hambre que me hizo disfrutarla más.

Santa Anastasia

Mi siguiente punto fue la Iglesia de Santa Anastasia, que también resultó ser una visita muy cómoda y diferente al resto de templos. Para empezar te reciben dos columnas de agua bendita que tenían como base a dos jorobados, mismo toque que nunca me había imaginado encontrar en un templo. Las estatuas están muy bien hechas y, aunque el aspecto de los jorobados no era bello, estaban muy bien detallados.

Al igual que el Duomo, los Frescos de esta Iglesia tenían un estilo diferente a lo normal en Italia, más burdo pero más real, sin tanta idealización, como más “democráticos”, más del pueblo, sin tanta faramalla y, para los que no entienden, no tan mamones pues.
 
El famoso Pisanello
Por otro lado, también tenían de los frescos “Bonitos” pero, a pesar de ello, seguían siendo diferentes a lo que normalmente encontraba, con un estilo más agradable (¿O sólo será que por ser diferentes me gustaron?)

La atracción principal de este sitio era un fresco llamado “El Pisanello” en honor a su artista, y que representa el pasaje entre San Jorge y la Princesa sin embargo, a pesar de ser la atracción principal ¡No lo encontraba! Lo cual me frustraba. Es más, casi me voy sin verlo hasta que, al llegar a la salida, vi un poster con su ubicación y me regresé a presenciarlo (estaba muy alto, por eso no se ve tan fácil). El fresco está bonito pero ya está algo dañado, sin embargo aún se nota algo de su majestuosidad original.
 
Verona desde la Torre dei Lamberti
Al final salí satisfecho, por el arte y estilo del lugar, además también eran muy conscientes con la entrada, ya que también te cobran 2.50 Euros por entrar.

Galleria de Arte Moderno (en la Torre dei Lamberti)

Volví a la Plaza de las Hierbas, con la misión de subir a “la torre del día”, en esta ocasión era la Torre dei Lamberti, misma que en su base tiene a La Galería de Arte Moderno de Verona.
 
Estatua de Dante en la Piazza dei Signori
Aunque también había arte sacro, no era el típico que estaba acostumbrado de encontrar, así que el estilo diferente que exponían lo aprecié como visitante. Bueno, por el hecho de ver algo diferente, incluso agradecí ver las clásicas rayitas, manchitas y demás mamadas sin sentido de las cuales me quejo sobre el “arte” moderno; obvio no por ello les debía sacar fotos, pero por una vez me gustó verlos.
 
Arche Scaligere
Pero las obras que más valoré de dicho museo fueron las pinturas “normales”: paisajes, retratos, escenas cotidianas y cualquier otro tema que no tuviera que ver con la religión. Ese arte que en Italia parece escasear, ya que la mayoría se centra en la Iglesia Católica y sus creencias.

Después del museo, fui a mi dosis diaria de escalones al subir a la enorme Torre dei Lamberti que, no sé si por el cansancio acumulado, pero fue la que más me pesó subir, y bueno, después de casi dos semanas caminando, creo que no se me podía echar nada en cara.
 
Arco de la Costa con la supuesta costilla del Diablo
Ya arriba se me olvidó el cansancio, y es que ya se me había hecho una costumbre llegar a los puntos más altos de cada sitio que visitaba para sacar mis fotos panorámicas. De pronto no valía la pena una visita si no veía la ciudad desde las alturas y, haciendo memoria, siempre me subí a torres, campanarios, miradores y cúpulas cada vez que se me presentaba la oportunidad.
 
El escudo de la ciudad
Varios

Baje de la Torre y ahí al lado está la Piazza dei Signori, misma en la que se encuentra una estatua muy  padre de Dante Alighieri. Ahí cerca se encuentra el Arco de la Costa de la cual cuelga un hueso que se decía que era la costilla del diablo aunque, en realidad, sólo era el diente de una ballena.

Una cuadra más al fondo se encuentra el Arche Scaligere, que es un grupo de cinco tumbas de la familia con dicho apellido (Scaligere), mismos que están delimitados por una reja pero, al ser tan grandes, la vista vale la pena.

Ahí al ladito se encuentra la supuesta Casa de Romeo, misma que no estaba abierta al público pero, al igual que la casa de su amada, estaba vandalizada por adolescentes hormanales.

Regresé a Piazza Bra y me saqué foto a una cabezota estilo estatua romana que usaban para obras de teatro, misma que estaba al lado del Anfiteatro. Y es que, aunque no fuera real, la estética que le daba al sitio era una maravilla.
 
Entrando a donde se encuentra la famosa Tumba
La Tumba de Julieta

Aclarando un punto con la casa de Julieta, la casa de Romeo y la tumba de Julieta. Los personajes de William Shakespeare son ficticios, SIN EMBARGO, de acuerdo a los registros históricos, las Familias Capuleto y Montesco sí existieron en Verona y, de acuerdo a otras fuentes no tan confiables, sí existieron realmente Romeo Capuleto y Julieta Montesco.
 
Algunos frescos dentro del lugar bien conservados
Personalmente creo que, para fines turísticos, se certifica la veracidad de dichos personajes a través de dichas historias, esto para seguir explotando una de las historias más populares del mundo. Y está comprobado que al humano le encanta creer, sin importar lo inverosímil del hecho (Santa Claus, la Democracia, Pie Grande, el Amor, las Sirenas, Dios, el chupacabras y demás ejemplos que nadie ha visto pero que a todos les gusta creer).
 
El sarcófago en cuestión
En fin, a pesar de ello fui a la nombrada última morada de Julieta, más por curiosidad que por un auténtico anhelo de conocer la tumba de dicho personaje, y es que reconozco que nunca he leído la historia y, sinceramente, no me interesa leerla.

La tumba no está tan cerca del Centro histórico y, ya estando ahí, no vale tanto la pena entrar. Hay algunas pinturas que están chidas y la supuesta tumba de Julieta podría ser de la hija del vecino, pero vamos a creerles que es de ella (para validar mis 5 Euros de entrada ¬_¬). Además había un bonito jardín y algunas estatuas que no tienen nada que ver con Julieta pero que están padres.

Arrivederci Verona

Caminando de regreso a la estación de trenes, escogí un camino menos transitado, común de hecho, esto adrede para disfrutar un poco más de Verona a solas, tal vez no fuera por una calle con atractivo turístico, pero esa vía tranquila fue el cierre perfecto para un sitio del cual no esperaba mucho y resultó ser una sorpresa agradable.
 
Dos chiquillas platicando en el jardín
Ya me habían dicho que entre más al norte, Italia se torna más bella, más civilizada e incluso más entrañable, y los que me dijeron eso tenían razón. No es casualidad que los frescos en Verona fueran distintos al resto de Italia, sino que había otros detallitos diferentes. 

Por ejemplo, creo que fue el primer sitio en donde la Piazza del Duomo no era el centro principal de la ciudad. Tampoco volvía ver una avenida como Corso Porta Nuova, y creo que las entradas en este sitio fueron las más baratas que me encontré. Y ahí recordé que un día antes, en Pisa, me encontré con los precios más caros y pocas atracciones fuera de la Torre.
 
El Castillo de San Pedro visto desde el Puente de Piedra
La relación Calidad-Precio de Verona fue insuperable, además de la gran cantidad de sitios interesantes y de buen gusto que hay que visitar. Me sentía feliz de haber ido a una ciudad que originalmente no estaba planeada.

Me di cuenta que justamente el estándar de Verona es el que me esperaba para toda Italia pero, tristemente, en este país es más fácil encontrar lugares como Roma, Pistoya, Pisa, Cinque Terre o Lucca en lugar de las maravillas tipo Florencia, Verona, Siena, Venecia o Asís, mismas que no se dan en macetas.


Hebert Gutiérrez Morales.

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