domingo, 30 de julio de 2017

Diablo Guardián

En mi carpeta de “Ensayos en Proceso” tengo muchos textos que espero, algún día, publicar. Algunos están más trabajados que otros, unos necesitan su tiempo para madurar y otros que la procastinación me deje terminarlos.

Cuatro años de espera.

           “Estas cosas si las piensas, no las haces, y si las haces ¿ya para qué piensas?”

El libro que originó este ensayo lo leí hace ya cuatro años, de hecho este escrito casi lo hice de inmediato por la gran emoción que me dio esta obra tan brillante. Sin embargo, no podía publicarlo, ¿la razón? Las frases.

A diario comparto frases vía mail, en Twitter y en otro blog que tengo anexo al presente. Sin duda “Diablo Guardián” tiene los diálogos más geniales y auténticos que había leído (ya luego vino “Puedo explicarlo todo”), es más, son tantas las frases que aún no termino de transcribirlas todas.


Según yo, cuando terminara de recopilarlas, iba a redactar este ensayo, sin embargo dos factores contribuyeron a saltarme dicho plan:

A)    Ya publiqué un ensayo sobre otro maravilloso libro de Xavier Velasco (“Puedo Explicarlo Todo”). Ahí aprendí la lección y transcribí las frases el mismo día que las leía, para que no sea una hueva después. Dicha obra me encantó, por lo que le escribí una reseña aún más larga que ésta. Por lo cual, desde mi concepto de justicia, no está bien dejar este escrito en espera más tiempo cuando se originó antes.
B)    Siguiendo con las injusticias, no está bien dejar pasar más tiempo sin rendir homenaje a un gran libro (todo por mi flojera de transcribir tantas frases), así que sólo voy a compartirles, en este ensayo, algunas de las que considero mejores.


Honestamente, sería un desperdicio no conocer todas las demás, así que aquí les dejo esta liga para que puedan leer las que he compartido (hasta el momento) de tan brillante autor.

            ¡Ah! Y otra repercusión de dejar este escrito dormido durante cuatro años, los comentarios van a esta algo desconectados. Y es que en 2013 mi vida estaba bastante desordenada. Además de que en este tiempo mi estilo de escribir ha ido cambiando, no sé si para bien o para mal, pero ya es diferente.

Después de tan larga introducción, empecemos con mis comentarios de tan deliciosa lectura.

La Honestidad ante todo


           “Un miedo que se goza: eso era vida, y lo demás migajas”

Éste es un libro amoral, que dice las cosas tal cual son. No es una lectura para cualquiera, no es para gente mustia, esa que se cree decente o moral. Aunque sería útil que esas personas acartonadas y faltas de imaginación accedieran a esta lectura, porque te ayuda a abrir la mente, a conocer la verdad, ya que te dice la neta del planeta, no lo que “debería ser”. Nos expresa cómo pasan las cosas en este mundo paranoico que nos juzga por ser felices y nos pide acatar reglas que nadie respeta.


            La brutal honestidad con la que escribe Xavier Velasco es un auténtico tesoro, el decir las cosas sin tapujos ni pelos en la lengua, dan como resultado una obra refrescante con un lenguaje políticamente incorrecto.

            El argumento trata de dos almas amorales y solitarias con caminos peculiares y que, al final, se entrelazan en uno solo. Historias con similitudes, sin tener que haber vivido lo mismo pero, como reza el dicho, “Dios los hace y ellos se juntan”. Tanto Violetta como Pig se avergüenzan de sus orígenes pero, conforme se van corrompiendo, se dan cuenta que necesitan de ese origen para tomar fuerzas y salir adelante.

            Los diálogos son simplemente geniales, porque plasman las cosas como generalmente uno las piensa pero que, por educación o pudor, te las tienes que tragar y decirlo de forma “bonita”; así que sólo por los diálogos uno se acaba enganchado de la historia obligatoriamente, por esa creatividad y brillantez.


            La arrolladora Violetta.

           “Rememoró, más que sus palabras, el placer de soltarlas sin pensar, como sólo se sueltan risas y sollozos”

            Definitivamente Violetta es una hija de la chingada, pero sus expresiones tan auténticas de amor me conmovían profundamente. Se expresaba de manera tan real que me llegaba al fondo del corazón. A pesar que ella no creía en el amor ni quería engancharse con alguien, cuando acababa haciéndolo, lo admitía y hasta lo disfrutaba.

La protagonista se podía expresar de manera violenta, pero no por ello hacia de lado su ternura y veracidad de sentimientos. Y es que prefiero un “Para que veas como te quiero ¡Pendejo!” dicho de manera real a un “¡Te amo!” de manera mecánica.


            Aunque Pig es un tipo con mucha profundidad e interés, Violetta se cuece aparte, ya que es uno de los personajes con más carisma, personalidad, seguridad, desfachatez, autenticidad, profundidad, desparpajo y honestidad que jamás haya conocido. Es por ello que, como lector, agradecí que los capítulos de nuestra “Anti-heroína” hayan sido significativamente más largos que su cómplice porcino. Éste es el motivo por el cual centro más mis comentarios en ella que en él.

            La realidad con que Violetta es planteada es maravillosa, y es que a pesar de las características positivas que pueda tener, eso no le quita lo inmoral, irresponsable, cínica, viciosa y demás. Y, sin importar sus defectos, no me atrevería de tacharla de basura humana, por lo que no puedes dejar de amarla por su autenticidad, a pesar de que se está destruyendo de manera tan irresponsable (pero siempre a su estilo).


            Una ganancia adicional que me dio el libro fue la manera en que la protagonista describe su estancia en NY y las características de dicha urbe, de forma tan profunda, real y exquisita. Lo mismo pasó en su tiempo en Las Vegas, en donde describe con toda claridad, el ritmo tan frenético y al límite de dicho sitio. Así que cuando finalmente conocí dichos sitios, ya traía la introducción que me había regalado esta obra.

            Violetta, la masoquista.

            “Ciertas mentiras dejan de serlo apenas son creídas por quién las concibió”


            Una parte que me estremeció bastante fue cuando Violetta describió cómo se va involucrando en las drogas, los efectos que te provoca, la ansiedad que te crea, la sensación de embriaguez. La misma protagonista reconoce que fue rebasada, que pasó de nivel al probar la cocaína, una decisión muy fuerte y determinante. La forma en que comenta eso, que me impactó bastante.

            La situación que Violetta vive con Nefastófeles es bastante extrema pero, por desgracia, es más común de lo que nos gustaría admitir. De hecho uno se pregunta ¿Por qué tantas mujeres acaban con patanes así? Y Violetta lo explica de manera magistral. Tristemente es algo que ha pasado, sigue pasando y, al parecer, pasará por siempre, pero no podemos culpar a los Nefastófeles, sino a las Violettas del mundo.

Creo que mi fascinación con Violetta radica en que tiene muchas de esas características mexicanas que desprecio abiertamente: es gandaya, tramposa, vividora, irresponsable, sin visión al futuro, enfocada en el corto plazo, inmadura pero, al mismo tiempo es encantadora, con un ángel que te acaba enamorando. Sus aventuras tan extremas, tan bajas, tan ruines e inverosímiles acaban fascinándote aún más, y es que es una delicia el ver cómo está mujer sale de cada embrollo en el que se lía.


Las Raíces de Violetta

           “La tragedia de todos los ojetes es que sus hijos salen más ojetes que ellos”

A todos nos gusta una historia familiar tipo Disney pero, por desgracia, esa no es la realidad. Los problemas que plasman en el libro en verdad son fuertes e, inclusive, feos, pero Violetta los cuenta con tal gracia y personalidad que no puedes evitar que tu curiosidad sea mayor que la angustia experimentada, así que te acabas riendo y esperas, sin importar lo bribona que sea, que salga avante de alguna forma.


La mezcla entre mamonería y naquez es un ingrediente excepcional, mismo que hace tan deliciosos los diálogos de Violetta, matizados con la autenticidad que todos tenemos pero que pocos ejercen de manera constante.

Esos diálogos son como una bofetada a esta mustia sociedad porque, absolutamente TODO lo que ella expresa, ha pasado por la mayoría de nuestros pensamientos, seguramente no con la misma carga moral o inmoral pero la mayoría llegamos a pensar cosas similares o en un tono parecido, pero casi nadie se atreve a expresarlo de manera abierta.


Ideas que no se expresan por el miedo a ser señalados por esta “intachable e inmaculada” sociedad; lo irónico es que la misma está conformada por gran cantidad de gente con pocos escrúpulos que piensan eso o incluso cosas peores, pero son los primeros en condenar al prójimo. Esa reputada sociedad termina siendo más corriente que la propia Violetta, misma que se expresa con verdad y congruencia, a pesar de ser una prostituta.

Un poco de reconocimiento a Pig

            “Los dos sabían, cada uno a su modo, que sus trenes corrían en direcciones opuestas, pero sólo Mamita debía entender que, llegado el momento, se descarrilarían juntos”


Por el lado de Pig, sus diálogos son más elegantes, a veces cayendo en lo rebuscado y a veces en lo artístico pero no dejan de ser geniales. Aunque nunca al nivel de Violetta, Pig también el maneja una honestidad bárbara, pero con otro estilo de brutalidad al expresarse.

Ciertamente Violetta es mi favorita, y por mucho, pero hay que reconocer que los diálogos de Pig serían las estrellas en otra obra con personajes no tan excelsos como la prostituta. Tal vez sea injusto que no valore en su debida medida las líneas del Porcino, pero no se puede competir con las de la meretriz.


Todo el amor que demuestra Pig, al momento de expresarse de Violetta, con toda esa fe ciega, cariño incondicional y sentimiento profundo, es algo que me toca el alma porque, cuando leí el libro, estaba pendejamente enamorado, así que comprendí plenamente la fascinación tan vital que el porcino tenía con su musa.

El profesar amor incondicional por alguien y adorarla hasta límites insospechados, es un placer un poco desgastante, pero que todo el mundo se debería permitir en la vida (esta última línea la escribí hace cuatro años y, en honor a la historia, la deje tal cual, aunque ya no estoy de acuerdo en ella). Me sentí identificado con Pig, a pesar de que nuestros lenguajes son distintos, el sentimiento detrás de las palabras, es el mismo.


Dos almas solitarias

            “¿De verdad quieres que yo sea tu problema? ¿No te parezco demasiado gorda para problema y, aparte, demasiado flaca para solución?”


Sin duda el máximo atributo o tesoro de esta obra son los dos personajes principales. Dos antihéroes que son muy auténticos y, de alguna manera, víctimas de las circunstancias pero, por otro lado, ellos también se convirtieron en dichos demonios en plena consciencia. Pero son monstruos carismáticos, que resultan más deliciosos y atractivos que personajes acartonados que fingen llevar una vida decente (como la familia de Violetta).


Caracteres que han decidido su camino, cierto que las circunstancias los llevaron por el mismo, pero con la complicidad de cada cual, tal vez no estén felices, pero sí conformes, incluso orgullosos. Es factible que estén sumergidos en mierda, pero así lo quisieron y se saben desenvolver. Dentro de esa infelicidad han encontrado una razón para existir: porque terminaron encontrándose el uno al otro, a pesar de todos los infiernos que estuvieron viviendo, justo antes de que sus caminos se cruzaran.

Era obvio que los capítulos de Violetta duraran más que los de Pig, aunque éste es también protagonista de esta historia, en realidad acaba siendo un escribano, un canal que nos va a servir para contar la historia de la verdadera estrella de esta novela: la majestuosa Violetta. Misma que con toda su brutal verdad se acaba robando el argumento y el corazón de los lectores (por lo menos se robó el mío).


Dos almas tristes, solitarias y desadaptadas, tratando de interactuar en un mundo lleno de apariencias, intereses ocultos, con gente ridícula y estúpida. Dos almas geniales que aprendieron a jugar el juego de la sociedad, pero muy a su estilo. Aprendiendo el reglamento para saber cómo romperlo con sigilo y gracia, así logran que los demás los festejen y admiren de manera secreta ya que, abiertamente, es imposible por el omnipresente “¿Qué dirán?”

Ante los demás lograban lo que querían, aunque por dentro se los estuviera llevando la chingada. Dos almas que no se tomaban nada en serio y, sin embargo, lograban una dignidad impresionante en dicho sendero sin dirección, a pesar de sus circunstancias. Dos seres que sabían lo que querían, a pesar de que no era lo que los demás querían para ellos, pero eso no les importó a nuestros protagonistas, mismos que tenían claro el camino a seguir, tal vez no la meta, pero sí el camino.


Sentimientos auténticos

           “Existe una soberbia mojigata remojada en pudores melancólicos detrás de la sospecha de que cuanto escribimos hace pocas semanas nos hace ver como unos cursis infumables: pornógrafos del sentimiento”

Cínicos o no, los sentimientos de Violetta y de Pig son tan auténticos y profundos como los de cualquiera, incluso uno siente una ternura que podría ser chocante en personajes tan rudos pero que, de alguna manera que no alcanzo a comprender, cuadra con ellos a la perfección.


Durante la lectura solté varias carcajadas auténticas pero, al mismo tiempo, también me conmovieron hasta las lágrimas en bastantes ocasiones. Comprendí cabalmente su necesidad de ser amados en un mundo que parecía que nadie podía quererlos y aceptarlos tal cuales eran.

Cada personaje por su lado me conmovió, pero eran las interacciones entre ambos las que me llegaron de manera más profunda. Ambos, en sus respectivas desgracias, me tocaron profundamente, pero mantuvieron la dignidad y la seguridad suficiente para salir relativamente avante de sus problemas, aunque algo mancillados.

Uno de los momentos que más me tocaron fue cuando Pig le dijo, con un tic tac de por medio, que no la iba a desamparar nunca. Esas líneas fueron muy importantes, sobre todo al conocer el pasado y las circunstancias de ambos.


Recuerdos de Violetta

           “La felicidad consiste en no querer moverse de donde uno está”

Me gusta mucho la lucidez o claridad de Violetta, ésa de la que hace gala al relacionar hechos actuales con experiencias que tuvo en su niñez o juventud. Tiene muy claro el trasfondo de sus decisiones, los sentimientos o traumas relacionados y su sed de redención. Este detalle te permite de conocer de manera más profunda al personaje, sin que se te cuente una historia lineal, es como la vida, puedes ir conociendo a una persona en el presente y, poco a poco, conocer su pasado aunque no hayas estado presente para atestiguarlo.


La única parte lineal fue la vida de Violetta en New York, pero los flash backs no sólo son al pasado, inclusive también los hace posteriores a ese periodo para mencionar el papel que un (en ese entonces) ausente Pig iba a jugar. Uno de esos episodios es cuándo ella le preguntaba dónde demonios se encontraba él en el peor momento de ella, dos años antes de conocerse. Violetta menciona que justo en ese punto es cuando su vida cambió de rumbo y se enfilaba a conocer a Pig. Una vivencia que te ocurre y que sabes que después de ella nada va a ser igual, todo va a cambiar pero no sabes hacia dónde te encaminas.


Sus puterías

           “¿Sabes lo que es sentir que el pudor se te sale por los poros? Tener escalofríos y no moverte. Querer salir corriendo pero también querer quedarte por los siglos de los siglos así, toda desnuda”

Hablando más allá de la prostitución, me sorprendía mucho el nivel de puterías que hacía Violetta, todas esas acciones que tuvo que realizar para alcanzar sus fines y, aun así, no la juzgo; de hecho la entiendo y hasta la admiro. Tal vez sea su desfachatez, su cinismo o su valentía, todo por obtener lo que quería y sin pretender ser otra cosa. Ella siempre fue auténtica y no andaba de mustia fingiendo ser algo más.


Desde pequeña, ella sabía que quería ser puta, ¡y vaya que lo logro! No le importó que fuese algo cuestionable moralmente, porque ella fue buena en lo que quiso y disfruto lo que quiso y cómo lo quiso. Definitivamente siempre vivió al límite pero, al final, fue su vida y la disfrutó al máximo, que es mucho más de lo que se puede decir del humano estándar, ese que transita su vida, más no la vive, de manera timorata.

Una vida como la Violetta siempre será más deseable que la de alguien bueno y mesurado pero que, al final, se muere uno de nada. Por eso admiro a Violetta: sin importar lo que diga la gente, ella disfruto cada momento, sólo importándole la felicidad propia, a pesar de que sabía que se estaba aproximando a un precipicio, nunca dejo de acelerar.


La íntima complicidad entre Pig y Violetta

            “No debería estarte diciendo estas cosas. Soy una pendeja. Eso de ‘No debería estarte diciendo’ lo dicen solamente los pendejos. Yo debería estarte diciendo que soy maravillosa, pero como creo que tú ya te diste cuenta de eso, digo estas cosas para confundirte, para jugar contigo, para que seas mi muñequito ¿Checas las dimensiones de mi egoísmo?”

Comprendí, compartí y me caló profundamente la desesperación que Violetta expresaba al pedirle a Pig que acabara con su existencia, sabiendo que había sido muy intensa pero, al mismo tiempo, muy destructiva. Muy auténtica pero poco productiva. Ella quería un nuevo comienzo, lo cual se entiende considerando la existencia de porquería que había experimentado desde que tenía uso de razón. Creo que todos merecemos perdonarnos y dejar atrás todos esos demonios que nos atormentan para, por lo menos, intentar encontrar algo parecido a la felicidad en los días que nos queden.


Me deja pasmado la facilidad con la cual Violetta se desnuda ante Pig suplicándole, rogándole y pidiéndole que hiciera algo peligroso por ella: “No tienes por qué hacerlo pero te pido, por favor, que lo hagas” Demuestra una intimidad profunda y honesta en donde muchos ven cinismo, ella es tan auténtica y humilde en su petición que no podría negarme, al igual que Pig no lo hizo.

Sobre el final

           “Quería darme el lujo de hablar con alguien de mi vida sin tener que decir puras mentiras”

            El único defecto que tiene “Diablo Guardián” es que no tuvo un final acorde al resto del argumento pero, sin duda alguna, el 95% de la publicación es altamente recomendable.


Honestamente, odio los finales abiertos. Pensaba que todas las peticiones que Violetta le hacía a Pig se iban a llevar a cabo pero, al final, no fue así. Hay un detallito en las últimas líneas que te da indicios de un “Final feliz” pero, desde mi punto de vista como escritor amateur, creo que hay que tener la suficiente personalidad y valentía para acabar una historia y definirla como autor, no dejar la postura cómoda de que el público decida cómo acaba todo. Para mí, esta obra sería excelsa de no ser por el final. Obvio he leído finales peores (como “El Psicoanalista” de John Katzenbach).


El intento de final que nos proporcionó Xavier Velasco estuvo medianamente aceptable pero, en mi opinión, se pudo haber alcanzado un final soberbio para redondear una publicación de dicho calibre, pero el final no estuvo a la altura del resto del argumento.

La lección aprendida.

            “Hay gente que tiene un plan y gente que está jodida”
 
Mis respetos a tan magnifico Autor
Así como aprendí con este libro a transcribir las frases el mismo día, también me queda claro que el escrito que haga de un libro debe ser al momento, y es que reconozco que mi reseña no está a la altura de lo genial que resulta la obra, así que me disculpo con el autor por no plasmar toda la magia que me regaló con dicha lectura. ¡Maldita procastinación que echa todo a perder!


Hebert Gutiérrez Morales.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Leí el libro hace un par de años y la semana pasada encontré el audiolibro, narrado por Xavier Velasco, ¡me encanto! Te lo recomiendo, su voz cuando se enoja, grita, se burla, simplemente me encanto. Tienes razón, los finales abiertos no me hacen feliz, y en este caso me quede con una sensación de insatisfacción. Violetta mi anti-héroe favorita, se cobró con creces cada una de las ofensas. Este es uno de los pocos libros que he repetido! Supe que en México hicieron una serie, después del libro, no creo que se me antoja verla. Gracias Hebert! Tamara Rubio

Anónimo dijo...
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