domingo, 9 de julio de 2017

Tetris y Pizza Italiana (Rompiendo paradigmas)

            Además de llevar mi lap y libros, antes de un viaje largo suelo instalarme uno o dos juegos en el celular, para momentos en los que no pueda escribir, leer o simplemente quiera distraerme un rato del viaje porque sí, aunque suene ridículo, uno también se cansa de tantas cosas nuevas en el día.  Ya cuando regreso a casa, de inmediato desinstalo aquel juego, porque de por sí ya tengo muchas actividades como para enviciarme con un videojuego.

Basado en mis experiencias con los juegos escribí “Reglas para el juego de la vida”, uno de mis ensayos favoritos cabe mencionar, en donde hacía analogías entre el mundo real y los juegos que me apasionaban en aquel momento.

Pero en esta ocasión no sólo fue el Tetris, juego elegido para mi viaje por Italia, sino que se conjuntó con un famoso platillo que me hizo ver las cosas de manera distinta: la pizza.


Así que voy a dividir lo que aprendí del juego y lo que reflexioné con el platillo italiano.

Lecciones del Tetris

A)    Nuevas formas de hacer las cosas.
Esta versión de Tetris que me instalé fue muy diferente, ya que no sólo se trataba hacer líneas horizontales de abajo hacia arriba, también podía hacerlas arriba, a la derecha o a la izquierda, sin importar el orden.

Al inicio jugaba como un tetris normal, haciendo mis líneas de arriba para abajo pero, aprendí a abrir mi horizonte y cuando rompí mi “jaula de abajo hacia arriba”, disfrute más el juego al ser más libre de accionar hacia donde quiera.


Esta analogía es fácil, ya que en ocasiones aprendemos a hacer las cosas de cierta manera y, sin importar que los demás tengan otras formas de resolverlas, nos casamos con esa forma que nos dio resultados en un inicio, sin dar oportunidad a otras opciones, mismas que descalificamos por ser diferentes aunque, es posible, estemos desperdiciando energía al no usar opciones más productivas y fáciles.

B)    Inversiones a futuro
            Una tentación en la que caía mucho era en la posibilidad de hacer líneas de inmediato pero, con esa actitud, era más seguro que el juego terminará más pronto, ¿por qué? Porque carecía de visión futura, y por completar una línea, se me hacían tres huecos un par de minutos después.


            Así que aprendí a ser paciente, a ir ordenando las piezas pensando en un bien mayor, para completar tres o cuatro de golpe. Al inicio las piezas quedaron en una posición no tan “sexy” como lo es completar una línea de inmediato pero, un par de movimientos después, esa paciencia rendía frutos y completaba varias líneas de golpe.
           
            Lo ideal es ir construyendo a largo plazo, si una pieza queda mejor en una posición menos atractiva al momento pero que, en un par de movimientos va a ser más provechoso, es mejor ser sabio e invertir para el futuro. La paciencia da premios más jugosos si sabes invertir y esperar.

C)    Hay que saber atacar
            Aunque la paciencia normalmente da buenos resultados, en ocasiones el juego me ponía la pieza ideal para la situación ideal, y por estar en la actitud moderada, en ocasiones dejaba pasar esa oportunidad única.


            Poco a poco fui identificando esas oportunidades que te van a dar grandes rendimientos de inmediato. Como no se dan tan seguido no eran fácil de identificar pero, cuando lo hacía, no dudaba en atacar y llevarme el botín de líneas.

            ¿Cómo identificar cuando atacar y cuando invertir prudentemente? Eso sólo te lo da la experiencia de ir errando y aprender de ello. Porque así es la vida, casi siempre tenemos otra oportunidad, tal vez no para resolver la misma situación, pero sí un problema similar en otro tiempo.

D)    Un error no es el fin del mundo
            A veces cometía errores muy tontos que, en su momento, lamentaba mucho. Sin embargo, jugadas después, resultaba que era justo el movimiento que necesitaba, y me sentía afortunado por aquella coincidencia.

Ahí aprendí que, en los juegos como en la vida, no siempre hay que tomarse todo en serio, no todo puede salir perfecto todo el tiempo ya que, eventualmente, vas a cometer un error, y así será hasta el final de nuestros días, porque no somos perfectos y exigirnos perfección sólo nos arruinará la fiesta.


Así que está bien relajarse de vez en cuando y dejar que fluya el mundo. Si ya cometiste un error, no tires todo a la basura, sigue jugando con el mismo compromiso y ya te llegará otra oportunidad.

Lo ideal es no distraerse aunque, eventualmente, lo harás. Así que cuando pierdas la atención y cometas un error, no te desmoralices, sigue jugando y alcanzarás un punto en donde esos errores se van a borrar o dejarán de ser importantes, incluso es posible que te llegué una segunda oportunidad para enmendarlos. Aquí lo vital es seguir adelante y no rendirse por una sola falla.

Ahora pasemos a la segunda parte de este escrito porque, sin ser tan complejo como un juego, a veces se puede aprender mucho cuando te presentan algo conocido (como la Pizza) en otra versión.


Reflexiones con la Pizza Italiana

            De primera instancia se ven iguales y, si no tienes un paladar muy refinado, hasta podrías decir que saben iguales. Sin embargo, los creadores de la Pizza tienen una forma diferente de presentar su platillo a como nos lo han delineado los gringos a nivel mundial.

            ¿Por qué menciono a los gringos si la pizza es un platillo conocido en todo el mundo? Porque mis vecinos del norte han puesto muchas reglas que casi todo el orbe se han adoptado respecto a la Pizza, a excepción de Italia que, orgullosos como son, mantienen el platillo fiel a su origen.

            1.- Tamaños
            En los pocos lugares que conozco en el mundo, se sirven tres tamaños de pizza: individual (o chica), mediana y grande (o familiar), también hay quienes manejan medidas tipo extra grande o jumbo pero, grosso modo, esas son las tres presentaciones que se manejan.


            En Italia sólo hay un tamaño que vendría siendo como una mediana, misma que normalmente es para dos personas. Allá no existen otras medidas de pizza o, si los hay, no los vi en las dos semanas que estuve en dicho lugar.

Así que más te vale acabártela porque no ven con buenos ojos que la pidas para llevar, cosa que nunca me pasó (ventajas de tener buen diente), pero veía la molestia de la gente en los restaurantes cuando otros viajeros pedían su comida para llevar.

            Pero hubo otra gran diferencia que me abrió los ojos.

            2.- No vienen en rebanadas
            Algo que me sorprendió desde el inicio es que la pizza no viene dividida, viene completa y te dan unos cubiertos para que tú mismo la vayas cortando. ¿Comer Pizza con cubiertos? Eso me resultaba muy extraño, ahí comprendí lo que Anthony sintió cuando Candy lo llevó a comer Hot Dogs (referencia de infancia de Generación X).


Así que, para adaptar esa realidad a mi paradigma, cortaba rebanadas con los cubiertos, y me las comía con la mano que, hasta ese momento, era la única manera conocida que tenía de comerla.
           
Probablemente me veía ridículo (Cortar rebanadas para comerlas con la mano), pero ahí recordé el Tetris, y cómo cambió mi percepción del juego cuando me cambiaron la versión.

            Eso me hizo comprender que la pizza no me la tenía que comer forzosamente a rebanadas, que podía hacer cuadritos o circulitos y, gracias a eso me di cuenta que la realidad es la que queremos creer o nos han enseñado a creer, y que va cambiando de acuerdo a cada cultura.

            A pesar de todo lo que me quejé de Italia, he de reconocer que aprendí algo nuevo respecto a los paradigmas y las distintas realidades que tenemos en nuestros países. Cortar la Pizza diferente fue otra forma de conocer Italia.


Me di cuenta de las diferencias profundas en algo tan sencillo como un platillo, y no quiere decir que está mejor o peor, sólo  es diferente. Cuando no te cierras y aprendes de ello, te formas una visión más completa de la realidad, no tu propia realidad sesgada, sino la realidad mundial.

            3.- Comida, cultura y versiones tropicalizadas.
            Algo que me encantaba cada vez que veía la carta era que NO había pizza hawaiana, misma que los italianos (y muchas otras personas en el mundo) consideran una aberración culinaria. Afortunadamente tampoco vi ningún Pizza Hut, Domino’s Pizza o Papa John’s, lo cual habla de lo leales que son los italianos con su gastronomía.

Pensaba en esos dos hechos, mientras degustaba mi pizza, cuando una verdad invadió mi cerebro y empecé a sudar frio.

Así como yo, hay muchas personas alrededor del mundo que creen que es natural que la pizza tenga tamaños diversos, venga en rebanadas o que la hawaiana es un sabor estándar. Por fortuna vine a Italia y conocí la verdadera pizza.

Pero justamente eso me dio terror: que el mundo pensara que la comida Tex-Mex es la auténtica comida mexicana, así como el resto del mundo creemos que las Pizzas de Domino’s o Pizza Hut son como las originales italianas.

Eso me entristeció y me indignó (¡Pinches gringos!) y es que hay que admitir que su alcance cultural es mucho más amplio que cualquier otro país, así que “sus” versiones de comida son las más conocidas a nivel mundial.

Eso me pareció injusto, porque la comida mexicana es de las mejores del mundo (sino es que la mejor) y me encabrona que, por los pinches gringos, la gente se quedé con una idea errónea de nuestra gastronomía.


Por fortuna México es de los países más visitados así que, por lo menos, algunos millones al año se irán desengañando de esa versión basura que los gringos les venden de nuestra comida y conocerán la original (la chida), así como yo me desengañé con la pizza italiana.

Esa es una gran ventaja de viajar: desengañarte de lo que creías que era una verdad absoluta y completar tu visión para que comprendas que no existe tal cosa como una verdad absoluta.


Hebert Gutiérrez Morales.

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