domingo, 2 de julio de 2017

Vivencias, observaciones y conclusiones sobre Italia (Segunda Parte)

Así se supone que se debe ver Cinque Terre (pero es mentira)
            La primera parte de este escrito la pueden leer en esta liga. En la primera entrega empecé a tirarle a los italianos, pero no todo puede ser malo ¿cierto? Voy a empezar este segundo escrito con algunos aspectos positivos de ellos.

¿Qué tienen de bueno los Italianos?

En un ejercicio que hago para no amargar tanto mi alma, me he propuesto encontrar aspectos positivos de las cosas que ataco, esto me ayuda a ser más objetivo o, por lo menos, a intentarlo. Les comparto cinco de los más notorios.

1.- Trenes.
 El sistema de trenes de Italia es muy eficiente, rápido, sencillo de entender y muy práctico. En ocasiones puede ser algo caro pero no como lo sería un vuelo entre dos destinos similares. Además los vagones están limpios, el personal es eficiente y normalmente son puntuales (sólo me tocaron dos atrasos en dos semanas).

2.- Alimentación.
Ojo, no me refiero a la comida que, aunque es muy rica, no es la que mayor variedad tiene, ya que están muy basados en las pastas. Pero, justamente por los carbohidratos, me llamó poderosamente la atención que casi no vi gente obesa. Y es que aunque comen mucho y tarde (los italianos suelen desayunar ligero y cenar pesado), están en forma. Con el tiempo observe que comen muy poca carne, en cambio consumen muchas verduras, lo cual es parte de la razón de que no hay obesidad.

3.- Nacionalistas
Este tema podría tomarse como bueno o como malo, pero veamos el aspecto positivo: el italiano está MUY orgulloso de serlo, de su país y todo lo que tenga que ver con su cultura. Ellos creen que son los mejores y, aunque no lo sean, no los sacas de esa creencia. Lo cual está bien porque se preocupan por el bienestar de su país.

4.- Determinados y pasionales.
También se podría leer como “necios” e “intensos”, pero estamos viendo lo positivo. Por esa misma seguridad que demuestran, los italianos están convencidos de sus metas, y siguen así  hasta las últimas consecuencias. Esa misma pasión que ponen al gritar la ponen para vivir. Así que hay que reconocerles los huevos que tienen en su vida, ya que no son timoratos al respecto.

5.-Estética de buen gusto
No sólo me refiero a los templos, frescos, esculturas y demás expresiones artísticas, también a la cuidada estética en ropa, parques, casas y demás. Ciertamente no es mi estilo favorito (prefiero la estética japonesa), pero hay que reconocerles que tienen un gusto muy propio y cuidado en cuanto a la apariencia de las cosas.

Temas Misceláneos

Ahora algunos comentarios de temas varios.

A)    No se bañan.
En mis primeros viajes a Europa, tomaba como un mito eso de que los europeos no se bañan pero, en Italia, corroboré que es cierto, ya que con el calor salía a relucir su falta de higiene. Y no estoy hablando solamente de los italianos, sino de bastantes europeos con un tufo insoportable.

B)     Sin mingitorios.
En dos semanas los únicos mingitorios que vi en suelo italiano fueron los del aeropuerto. En los baños de los hombres siempre había W.C. pero nunca mingitorios. Nunca supe la razón de esto pero me llamó poderosamente la atención.

C)    Sirenas.
No fallaba nunca, sin importar que estuviera en un pueblo perdido o en una gran ciudad, siempre escuchaba sirenas, mínimo tres al día. Era algo increíble. Creo que son tan pasionales que acaban madreándose o les dan ataques de algo. Ser paramédico, o policía, en Italia ha de ser de los trabajos más ocupados que tiene dicho país.

D)    La anunciación.
Ciertamente fui un niño muy devoto antes de dejar la religión, sin embargo, nunca tuve una especial predilección por la escena en la que el Arcángel Gabriel le anuncia a María que va a ser madre de Jesús. Pero, por alguna razón que desconozco, cada vez que me encontraba con dicho pasaje en Italia, le sacaba una foto. Creo que tengo como 50 distintas Anunciaciones en mis imágenes. Es un hecho extraño pero, como no me lo podía explicar, simplemente me limitaba a seguir fotografiándola sin mayor cuestionamiento.

E)     Italia es caro.
¡Pero qué caro sale viajar en dicho país! A pesar de que ya había pagado el vuelo, el hospedaje y el tour a Cinque Terre, me quemé casi todo el presupuesto que llevaba y eso que iba bastante holgado. Entre trenes, entradas, comida y recuerdos el gasto se va arriba de los 100 Euros por día, y lo peor es que ni lo sientes: se te va como agua. Claro que también influye que no me medí y vi todo lo que quise ver. Pero ir en familia ha de ser un gasto brutal.

F)     Música en Español.
Primero me pareció una casualidad, luego me pareció curioso y después me resultó todo un misterio. No había día en Italia que no escuchara música en español. Obviamente lo que más se escuchaba era música en italiano y en inglés, lo cual es lógico y natural ¿pero en español? Eso sí era raro. Y llegué a escuchar de todo, desde Marc Anthony a Maná, de Los Panchos a Molotov, pasando por canciones de Reggaeton, Bachata, Salsa y hasta Cumbias, ¡y la gente las cantaba! Les llegué a preguntar a un par de italianos el por qué la escuchaban, pero encontraron mi pregunta ilógica “¿Por qué no habríamos de escucharla?” me respondió uno. A partir de ahí, dejé de cuestionar y simplemente acepté que así es: a los italianos les gusta la música en español.

Este último tema misceláneo me sirve de introducción para el siguiente punto.

Non Parlo italiano
           
            No me gustaba el idioma local, no me nacía siquiera intentar hablar en italiano, lo aprendí a descifrar, pero no me nacía expresarlo, prefería el inglés y a veces el español. Ciertamente entre más los escuchaba más los comprendía (creo que era algo intuitivo) y, supongo, que de habérmelo propuesto hasta pudiera haberme comunicado en su idioma, pero simplemente no me nacía, iba en contra de mi ser. Y no por ser (TAN) mamón, simplemente no me salían las palabras en su idioma, que no es tan distinto al nuestro.

No le presté mucha atención al tema porque sólo venía de visita, no iba a mudarme, así que podía sobrevivir con lo básico dos semanas además, como ya expliqué en el primer escrito, tampoco es como que tuviera extensas pláticas con los italianos.

Lo curioso es que a pesar de que no parezco uno de ellos, la gente insistía en hablarme en italiano, lo cual me llamaba mucho la atención. De hecho me frustraba un poco, porque veía gente que les hablaba en español con toda naturalidad y los locales les respondían en italiano, como si nada,  y la plática fluía como si fuera el mismo idioma.

Por alguna razón estuve bloqueado la gran mayoría del tiempo, cosa que cambió en los últimos dos días (cuando había sacado toda mi ira contra Italia) que pude soltarme y hablarles en español y ellos contestarme en italiano y tener una conversación natural y fluida.

            “¿Para qué vine a Italia?”

            Como ya comenté en el escrito correspondiente, justo a la mitad del viaje, en Pistoya, acepté que estaba odiando el viaje, era la primera vez que me pasaba en mis viajes al extranjero. Me di cuenta que visité Italia porque PARA LOS DEMÁS es un destino maravilloso, cuando a mí sólo me atraía Asís de dicho país.

Me di cuenta que bastante gente en México se emocionó por mí antes, durante y después del viaje, diciéndome que era un sueño ir ahí, diciendo que Italia para ellos es lo que para mí es Japón (aunque no creo que siquiera se imaginen la conexión tan profunda que tengo con Japón). A diario me cuestionaban que había hecho y querían que les mandara fotos.

Muchos días me enojaron esos mensajes, no por la gente que amablemente me escribía, sino por mí al cumplir lo que, se supone, todos debemos de querer. Por esa estúpida postura estaba en un viaje que no estaba disfrutando. Honestamente no sabía por qué tanto alboroto a un país tan ordinario, una cultura que no es tan especial como te quieren hacer creer.
           
Pero nadie me puso una pistola para venir, así que también debo admitir que fui a Italia porque creí que era un “must”, y ciertamente vi cosas muy chidas. Sólo regresaría a ciertos lugares (Asís, Verona, Venecia, etc.), pero ya no regresaría a muchos otros como Roma, Pistoya, Lucca, Cinque Terre y demás.

Una ventaja de que no me haya encantado Italia es que, al no quedar fascinado, puede abarcar mucho en pocos días, ya que pocos sitios me apasionaron, así que no perdía el tiempo embobándome y era más eficiente con mi itinerario.

Gracias a Italia me quedó claro es que no voy a visitar España ni Francia en MUCHO tiempo. La razón de esto es que, al igual que Italia, son culturas que sé que son muy atractivas para el mundo en general, pero que no me atraen especialmente. Así que ya no voy a complacer al mundo visitando lugares que se supone debería anhelar conocer.

            “Pero ¿Por qué no te gustó Italia?”

            Ya han pasado varias semanas que dejé atrás dicho país, y ahora tengo claro que me decepcionó porque no cumplió con lo prometido. Te lo venden tan alto que me acordé de la otra ocasión en que me pasó algo similar: Costa Rica.

Antes de visitar el país tico, leí bastante información en que te lo vendían como el paraíso en la tierra pero, cuando finalmente fui, vi con decepción que eran exageraciones. Y no es que Costa Rica no sea bello pero, como mexicano, no me ofrecía nada que no tuviera en mi país.  El único sitio al cual regresaría en Costa Rica sería a las aguas termales del Tabacón, para todo lo demás tenemos opciones de mayor calidad (y mucho más baratas) en México.

            Italia me pareció un caso similar: te lo venden como la octava maravilla del mundo y, para mi gusto y personalidad, pocos lugares cumplen con esas descripciones de maravillosas.
Mi hermoso Japón :-)

            Hablando de personalidad, le decía a una amiga que me gustaron más Japón, Inglaterra o Alemania antes que Italia, y ella me dijo que era natural, ya que mi personalidad es más ordenada, por no decir cuadrada. Así que puede ser que tuviera razón, pero después dijo algo que me prendió mucho: “Es que Italia no es para todos”.

En verdad me cagó su afirmación, como si todos tuviéramos la obligación de que nos encante dicho país, como si los que tenemos gustos diferentes estuviéramos mal o, de alguna manera, fuésemos inferiores.

Por ejemplo, me encanta Japón, y no me molesta que haya gente a la que no le guste es más, no me interesa, porque yo amo a la Isla, sin importar que poca gente comparta mi opinión (mejor, así hay más para mí).

Lo único en lo que sí me esmero en defender es cuando los llaman “chinos”, porque hay un mundo de diferencia entre ambas culturas pero mucha gente es tan ignorante de esas latitudes que, como los ven a todos con el ojo rasgado, creen que son lo mismo.

Vuelo de regreso

Mi trayecto de regreso fue toda una aventura, pero no por los que creía que iban a ser los culpables más lógicos. Volé de Roma a París para tomar el avión de regreso a México y, honestamente, pensé que los italianos se iban a atrasar, y me iban a poner en aprietos con la conexión. Para mi sorpresa no sólo salieron a tiempo, sino que llegamos 15 minutos antes de lo programado, mismos que eran oro molido porque sólo tenía 70 minutos para el vuelo de AirFrance.

El problema con los franceses es que te hacen salir a la zona de documentación ya que, al salir del Área de Schengen, debes pasar otra vez por migración. Y pasas por el mismo trámite sin diferenciar a los que abordan ahí con los que vamos de conexión, lo cual resultó un proceso muy tardado.

La cola era enorme y, aunque avanzaba rápido, el tiempo lo tenía muy justo. A diferencia de la gente en Ámsterdam que tenía más criterio, los franceses no me querían ayudar “Sí le da tiempo” decían, aunque sólo quedaban 15 minutos para que saliera mi vuelo.
Ya no era el mismo

Cuando pasé por el oficial de migración corrí como loco. Por fortuna el vuelo se atrasó otros diez minutos, así que pude mantener el invicto al nunca haber perdido un vuelo  (¡Yei!). Ahí me volví a prometer ya no tomar vuelos con menos de dos horas para la conexión. El problema es que el destino me sigue poniendo vuelos baratos con conexiones cortas (y seguiré con esta adicción a la adrenalina en los aeropuertos ¬_¬U).

¿Qué me dejó este viaje?

            Tomé el tren expreso de Roma Termini a Fiumicino, en donde iba a pasar la noche antes de mi vuelo; el trayecto era el mismo de la llegada pero había algo extraño: era el mismo paisaje de quince días antes atrás pero todo lucía muy distinto.

Me di cuenta que el Hebert que había llegado dos semanas antes ya no estaba, todo lo que había vivido me había cambiado, era como si tuviera otros ojos. No disfrute el viaje a Italia como lo tenía contemplado, pero eso no significa que no haya sido productivo: Había mucha rabia en mi interior e Italia me ayudó a purgarla.  Regresaba a México más tranquilo, más seguro de los pasos que debía dar, no sin miedo, pero conocedor de las consecuencias.

            Una gran ventaja de salir de viaje es que tu esencia interna se expande y siempre (SIEMPRE) aprendes a ver el mundo con otros ojos. ¿Qué demonios pasó en Italia? Para empezar, aunque suene mamón, con cada viaje que pasa resulta más difícil complacerme; obviamente no es la obligación de Italia (ni de nadie) complacerme, como tampoco es mi obligación fascinarme (natural o artificialmente) con un país que no me atrapó.

            Creo que eso de ver cosas “nuevas” se cumplió medianamente, al ver tantas cosas de mi país reflejadas en otro. Normalmente en un viaje acabo encantado en cada jornada con lo que veo; al ver tantas cosas parecidas, además de que no eran tan maravillosas como me lo habían prometido, me decepcionaba. Pero también eso es aprendizaje, ver realidades que se suponen diferentes pero son parecidas a la tuya, te hace ver ese país y el tuyo con ojos distintos.

            Y eso es algo de lo que me dejó este viaje. Aunque no lo crean, cada país que conozco me hace valorar más el mío y a quererlo más, sin importar que cada vez le encuentro más defectos. Sin ignorar lo malo, me doy cuenta que es el mejor país para mí  (en este momento de mi vida). Vivo en México más feliz, por chocante que pueda sonar, aunque cada vez me resulten más claras sus imperfecciones tras regresar del extranjero.

Cerrando con Italia, al final me gustó visitarlo, no porque me encantara del todo, sino precisamente porque no lo hizo, eso también fue una experiencia diferente y me ha servido. Aún no logro identificar del todo para qué me va a ser útil  este viaje pero sé que, con el tiempo, lo terminaré de averiguar.

Honestamente no creo volver, a pesar de que me faltaron lugares como Milán, Bolonia, Capri o Sicilia. En verdad debería estar muy enculado y/o la chica estar excesivamente buena para lograr convencerme de regresar (como bien dicen “Jalan más un par de tetas que un par de carretas” ¬_¬).


            Hebert Gutiérrez Morales.

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