sábado, 9 de septiembre de 2017

Dinero en Japón

De perfil en la Torii de Moto Hakone
            Me gusta la economía, no la que llevé en la escuela (que de alguna manera logré aprobar) sino la práctica, la que la gente entiende, y sus repercusiones en la existencia individual y colectiva.

            Esto no pretende ser alguna especie de estudio académico ni reportaje aburrido (si acaba siendo lo segundo, ésa no era la intención -_-). Escribo sobre este tema porque vivo en un país en vías de desarrollo (una manera bonita de decir país jodido y sin disciplina que jamás saldrá del tercer mundo).


            La realidad económica a la que estoy acostumbrado consiste en constantes devaluaciones, inflaciones, fraudes y demás fluctuaciones de un país corrupto y desordenado. Mi status quo está acostumbrado a una economía que, justo cuando parece que va a dar el siguiente paso, recibe su Reality check y retrocede todo eso que había avanzado (incluso más).

            Japón es una sociedad muy sui géneris, hasta en el dinero, ya que aunque son una potencia capitalista, su población no es consumista en lo absoluto, de hecho tienen algunos aspectos que podrían ser tildados de socialistas.

            Aunque eso de que no son consumistas es relativamente nuevo, ya que al recuperarse de la segunda guerra mundial, hubo un boom económico que los hizo gastar bastante, pero ya escribiré de ello líneas abajo. Hoy son muy mesurados y no llegan al nivel de consumo que tenemos en México, ya ni mencionar Estados Unidos (porque nadie es tan consumista como los Gringos).


Más valor por menos precio
                                  
En Kioto, Paco y Maki me llevaron a una tienda de 100 Yenes, lo que equivaldría a las Tiendas de a Dólar en Estados Unidos. A diferencia de sus contrapartes occidentales, en este negocio encontré mercancía de excelsa calidad para el precio que estabas pagando, no te venden basura como las tiendas del mismo rubro en este lado del océano, y es que el japonés es tan orgulloso y comprometido con su trabajo, que dudo que ofrezca algo chafa en productos ni en servicios.

            A pesar de lo excelentes que son en los negocios, la manera en que fijan sus precios me parece algo desconcertante, especialmente en las entradas. Por ejemplo, en Tōdai-ji, en donde se encuentra el Buda más grande del país, sólo te cobran 500 Yenes (unos 4 USD), lo cual es una tarifa ridícula para tan impresionante estatua y la estructura que la alberga. Sin embargo, te cobran lo mismo por entrar a un templo chiquito sin mayor chiste al cual ni siquiera te dejan sacar fotos.
 
Nikkō
            Lo más caro que pague de entradas fue el Tōshōgū en Nikkō, en donde me cobraron 1600 Yenes (unos 13USD), y aunque fue la entrada más alta que pagué (y por mucho) resultaba barata para todo lo que veías. De igual forma encuentras templos que son gratis (como Zouzouji) y uno que otro que te cobran la entrada y no vale la pena. En general las entradas estaban baratas: entre 50 y 100 pesos (el año pasado que fui, porque el peso se sigue devaluando), lo cual es nada a comparación de las bellezas que contemplas.
 
Miyajima
            Me resultaba increíble que había transportes más caros que entradas, como el camión de Odawara a Moto Hakone o el Teleférico en Miyajima, ambos valían 1000 Yenes (unos 8 USD), lo cual era excesivo para los estándares japoneses. Ahí aprendí que cuando un japonés te dice que algo está caro, normalmente suele ser objetivo al respecto.

            Otra entrada relativamente cara fue el Museo del Manga en Kioto (800 Yenes) pero, la verdad, siguió siendo muy barato, o tal vez lo fue para mí como fan, al recapitular todas las emociones que recibí.
 
La gandayez no sólo se da en México
            ¿Por qué se me quedaron tan grabados los precios de las entradas?  Cuando viajo a alguna ciudad, trato de encontrar un multipase, o sea comprar en conjunto entradas a sitios populares, y así ahorrarme algo de dinero. En Japón eso no existe, porque en su cultura no existe el concepto de “atascado” (o mayoreo, si gustan).

En cambio, el japonés no suele ser gandaya porque los precios son normalmente bastante sensatos. Hasta en eso se ve el respeto japonés: no ves precios exorbitantes o descabellados (por lo menos yo no los vi). Me parece que el nipón es muy leal, no tiene ese concepto de codicia occidental, ciertamente se obsesiona pero, casi siempre, será una cuestión de honor o excelencia, antes de algo tan bajo como poseer por poseer.


Un ejemplo pequeño, pero significativo de esa actitud decente y honesta es que Japón ha sido el único país (junto con Islandia) que me ha regresado los impuestos por compras. Si los Estados Unidos hicieran eso, ya sería millonario $_$.

Una actitud muy loable si consideramos el gran trauma económico que los marcó en los 90s.

El Espejismo de la Burbuja

Japón lleva más de veinte años en Deflación, producto de una crisis que vivieron a inicios de los 90,  lo cual ha tenido sus repercusiones en el inconsciente japonés. En realidad el nipón quedo muy traumatizado por la burbuja de prosperidad que terminó de reventar en 1990, en donde su economía quedo dañada, alcanzando “altos” niveles de desempleo. Entrecomillo lo de altos, porque ya quisiera que mi país sólo tuviera un 5% de desocupación, pero eso para el nipón es una debacle enorme.

Pero empecemos por el inicio.


Desde los años 50 hasta los 70’s hubo un boom de la economía japonesa, en los 80’s entraron en un espejismo económico, un crecimiento artificial que estaba sostenido con alfileres de optimismo, hasta que en el 89 reventó dicha burbuja.

Los japoneses gastaban con singular alegría, compraban cada madre que les ponían enfrente, ya que había dinero y trabajo de sobra, de hecho las empresas se peleaban por ti y te ofrecían sueldos cada vez más jugosos por tus servicios.

Gracias a esa prosperidad de una economía boyante, se endeudaban con confianza con créditos masivos de casas o autos al fin que, eventualmente, los iban a pagar. Justo en el pico de esa actitud gastalona e irresponsable, se reventó la burbuja de los 80’s.
 
Esto es crisis y no mamadas
Del 90 al 95 hubo algo de inestabilidad en su economía, regresando a la realidad, lo que para el punto de vista japonés sería una crisis (Bitch! Please! Que vivan en México para que vean lo que es una Crisis de verdad ¬_¬).

Ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre

Con lo dogmáticos que son los japoneses, que nos les gusta la inestabilidad, el trauma fue fuerte y dejaron de gastar para empezar ahorrar. Los nipones son tan disciplinados que ahorraron a tal punto que los bancos ya les daban 0% de tasa de interés, lo cual no los desmotivó, porque siguen acumulando ahorros para estar blindados ante cualquier eventualidad.
 
Una vejez digna H_H
Así que cambiaron las palabras “gasto” y “lujos” por “Ahorro” y “Mesura”. Hoy en día el japonés no gasta más que en lo necesario, y es muy raro que se dé un lujo fuera del presupuesto.

El japonés estándar no tiene una ambición desmedida, de hecho se conforma con mantener un nivel de vida decente, algo seguro, un status que le permita alcanzar una vejez sin contratiempos.

Gracias a esa postura generalizada es que los precios se vuelven más baratos año con año, un hecho increíble y único en el mundo llamado “Deflación”. Hasta donde tengo entendido, Japón es de los escasos casos de Deflación en la historia, además de ser el único que la ha mantenido durante más de 20 años de manera constante.

Dos décadas de Deflación


Debido a la apatía económica del local, los precios han disminuido en Japón con tal de promover el consumo interno. Sin embargo, esa tendencia enfocada en los locales ha traído un beneficio a los foráneos.

Tras más de 20 años de deflación constante, un país que antes tenía precios prohibitivos, de pronto, se volvió accesible al turista. Obviamente Japón siempre ha sido un destino turístico MUY atractivo por toda esa mística que emana su cultura, pero antes sólo los ricos podían darse el lujo de visitarlo.

A nivel mundial era conocido que Japón era un país excesivamente caro pero ahora que tiene precios competitivos, se ha abierto por completo al turismo. Y es que los visitantes sí estamos dispuestos a gastar lo que el nipón no, lo cual es muy positivo para su economía. Por eso mismo, a pesar de haber ido en temporada baja, casi en todos los lugares en los que estuve había visitantes extranjeros para echar pa’ rriba.
 
Fidel Castro en el Memorial a Lincoln
Ahora, no es que Japón se haya vuelto tan barato como México, ya ni digamos Cuba, pero sí se han convertido en un destino más popular al ser más accesible que Europa y, en mi opinión, ya está al nivel de Estados Unidos (o tal vez menos) en cuanto a precios.

Economía sólida, sin lujos

A pesar del “negro” panorama, Japón sigue siendo la tercera economía del mundo (detrás de China y Estados Unidos), producen bastante, casi no tienen desperdicios, exportan a lo cabrón, son muy eficientes en sus costos e inversiones.

Por eso aun ocupan ese lugar importante a nivel mundial: por sus exportaciones. La gran diferencia con Estados Unidos, que también exporta a lo bruto, es que la economía gabacha está basada en el consumo, algo que le encantaría al gobierno japonés pero el pueblo nipón es muy mesurado en la administración de su dinero.


            Por un momento, y sólo para satisfacer mi morbo, me puse a investigar cómo sería trabajar en Japón (aunque ya sabía que no me iba a ir para allá). Resulta que su PIB per cápita ha estado bajando los últimos años, y no ganan tanto como uno podría pensar, obviamente ganan mucho más que en México pero, si uno ve el costo de la vida allá contra el de acá, nos va mejor por acá (hablando de la clase media, aclaro).

Un ejemplo de ello son los costos obscenos para comprar una casa, pero con Deflación o sin ella, ese aspecto no va a cambiar, ya que la tierra habitable en Japón es escasa ya que el 80% de su territorio es montañoso.
 
Acaban muertos después del trabajo
Volviendo a los sueldos y la calidad de vida, está cabrón ganar tan “poco” en un trabajo que, literalmente, a cambio te exige tu ser completo, esto mediante tu tiempo diario, tu libertad y, si se te ocurre deshonrar a la empresa, serás presionado (de manera implícita) al suicidio o a abandonar tu mundo para volverte indigente.

Para mí, dicho precio es desleal para toda la entrega, profesionalismo, seriedad, pasión, e incluso, obsesión con la que el japonés cumple sus obligaciones. Se le pide mucho para darle tan poco a cambio. Yo que fui un trabajópata ahora entiendo la desgracia que es malbaratar tu vida por unas cuantas monedas. Por eso no trabajaría en Japón: cuando te acostumbras a un buen nivel de vida, no lo quieres dejar.

Aunque, siendo honestos, tampoco es tan fácil irse a trabajar a al país del sol naciente, ya que hay muchas trabas como extranjero para emplearte allá, empezando por el idioma: porque una cosa es el japonés que usas para turistear y otro el que usas para la vida cotidiana, ya no digamos el que usas para trabajar.


            Irónicamente, eso que tanto evitan, es lo que necesitan: extranjeros en su economía.
           
El Gaijin salvador

Voy a ahondar en estos temas sociales en otros escritos, pero ahora los voy a tratar superficialmente, para explicar el tema económico.

El japonés ya no está teniendo hijos, justamente por el costo de vida tan apretado que resulta criarlos, además de la inversión de tiempo que significa. Es más, ya no digamos tener un hijo, porque ya hay una tendencia muy fuerte a mantenerse solteros. Por esta situación la población ha ido envejeciendo paulatinamente.

Siguiendo dicha tendencia, su población va a disminuir de los 127 millones actuales hasta 60 millones, o menos, en el año 2100 (que honestamente tampoco creo que lleguemos a ese año como “civilización”). Ya no va a haber jóvenes, la gran mayoría van a ser viejos. De hecho desde hace algunos años, la población ha empezado a disminuir ya que las muertes han superado a los nacimientos.


¿Y cuál es el problema con esto? De entrada no hay quien produzca y mantenga dinámica la economía. Digo, por más robotizados que puedan estar, eventualmente necesitan alguien humano para supervisar, instalar y reparar las máquinas, así como algún humano que consuma lo producido. Aunque bueno, éste último punto lo “matan” con la exportación.

Así como los japoneses son obstinados en seguir ahorrando aunque el banco no les de nada (y de hecho les cobre comisiones anuales), así son con los extranjeros: no quieren que entren aunque se estén extinguiendo.
 
Niños nipones en peligro de extinción
El japonés es muy cálido para abrir los brazos al turismo, pero es muy estricto para permitir que un extranjero se vaya a trabajar a su país. Sus leyes no son tan amigables con los trabajadores foráneos, empezando por el hecho de que la nacionalidad japonesa se da por sangre no por nacimiento (para los hijos de extranjeros) y terminando con que no les aseguran su pensión tras la jubilación.

Los japoneses temen que su raza (la más homogénea del planeta) se acabe por el mestizaje, así que preferirían extinguirse antes que dejarle el país a los Gaijin pero, para su desgracia, si las tendencias poblacionales siguen así, va a haber un punto en el cual se van a tener que abrir y dejar entrar a los Gaijin.
 
Desde mi punto de vista, sería mejor que lo hicieran desde ahora de manera controlada porque, de cualquier manera van a tener que permitir el mestizaje, y mejor ahora que todavía hay japoneses jóvenes con los cuales hacerlo en lugar de que los Gaijin “puros” se queden con su país. Pero, obviamente, no lo van a hacer.

            Recalco, estos dos temas (no tener hijos y rechazo al extranjero) son MUY profundos, y los voy a tratar en otros dos escritos independientes. Esto sólo fue una probadita de lo que tienen que ver ambos temas para la economía japonesa.

Comentario de cierre

            Como pudieron comprobar, el desarrollo económico de un país acaba influyendo en el comportamiento social de su población. Es muy padre visitar templos, ir a festivales, recorrer jardines o comer Teppanyaki mientras visitas Japón, pero hasta que no empiezas a comprender estos temas (periféricos para ti como turista, pero vitales para ellos como residentes) no entenderás realmente su manera de pensar y por qué son como son.


            Y es que ya escribí de todo lo maravilloso que vi en cada lugar, pero estos temas son igual de interesantes. Así que ya vendrán otros escritos en donde iré desmenuzando los aspectos de su vida cotidiana y que terminó por hacerme aún más fascinante ese país que tanto amo.


            Hebert Gutiérrez Morales.

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