jueves, 14 de septiembre de 2017

El Fascinante transporte japonés.

Junto al Shinkansen (Tren Bala)
            Estaba transcribiendo las grabaciones que hice durante mi viaje, algunas de las cuales hacía en plena estación, así que de fondo escuchaba la musiquita que anunciaba la llegada de un tren y me conmovía. :’-)

            En uno escrito próximo voy a hablar sobre el exquisito gusto japonés, una auténtica belleza que hace que tu experiencia en tierras niponas sea una delicia, ya que no estás acostumbrado a tantos detalles tan finos y de buen gusto.

            El transporte en Japón es un fiel reflejo de su cultura: es eficiente, puntual, respetuoso, bonito, interesante, organizado, silencioso y, a primera vista, pareciera sobrio pero, si observas con atención, te darás cuenta de una cantidad de características que atraparan tu corazón.

            El Metro

            Usar el metro en el extranjero es toda una travesía, una aventura dentro de la aventura, es una experiencia diferente cada vez que lo he usado en ciudades como Berlín, Chicago, San Francisco, Nueva York, Londres, Roma y, obviamente, el de la Ciudad de México. Sin embargo el transporte japonés es otro boleto.

            En todos los lugares que anduve use el transporte público, a excepción de un par de días en que Paco y Maki me llevaron en su auto. A primera vista el transporte público es lo mismo a lo largo de Japón pero, sin duda, el que más me gustó fue el de Tokio, aunque también era el más concurrido y caótico.

            La hora pico en la estación Tokyo es una auténtica locura, pero muy bien organizada. Ves caminar un mundo de gente por todos lados, pero con los “carriles” bien delimitados. Por fortuna ya he vivido eso en ocasiones pasadas, así que no me sorprendió del todo pero para alguien que no lo haya conocido antes, puede asustarle o impactarle el enfrentar a tales conglomeraciones.
Anuncio clásico del Metro Japonés

            El metro es, grosso modo, lo mismo en todos lados, pero el de Japón es especial. Hay estaciones de todos los sabores y colores, las hay en donde tienen más de 20 andenes de distintas compañías, y las hay tan sencillas que sólo tienen cuatro, como la que fue mi Base en Tokio (Ichikawa). De hecho en Kioto había una con sólo dos andenes (la de Katsuragawa que también fue mi base).

            Aunque me encantó el metro en Tokio, también tuvo sus detalles que me desconcertaron, como el que a continuación comparto.

            El Anden #1 de la Estación Tokyo

            Me encantó estar en metro, y le fui agarrando cierto aprecio a algunas estaciones, aunque hubo una que me hizo enojar en un par de ocasiones: justamente la Estación Tokyo. Hubo un par de días que intentaba regresar a Ichikawa, así que debía tomar el Tren hacía Chiba. De acuerdo al Google Maps y a los letreros de la propia estación, debía tomar el Andén #1.
Metro en México

            Y ahí estuve, en el andén indicado, pero mi tren no pasaba, así que le pregunte a uno de los encargados y resultó que había “otro” andén #1 “¿Eh? ¿Cómo puede haber dos andenes #1?” Por más que busqué, nunca encontré el otro Andén #1.

Al otro día lo volví a intentar, nuevamente llegué al Anden #1 “Equivocado”, nuevamente volví a preguntar a otro encargado y, otra vez la misma respuesta “Vaya al ‘otro’ anden #1” Y otra vez no encontré el otro mentado Anden #1.

            Desde ahí, a la hora de regresar a casa, evitaba la estación Tokyo en la medida de lo posible y, para regresar a Ichikawa, mejor lo hacía desde Shinagawa o desde Akihabara, mismos que no tenían andenes clonados ¬_¬U.

            Civilidad japonesa en el transporte

            La cultura japonesa se ve fielmente reflejada en la civilidad que muestran en el transporte público. Para empezar tienen la tendencia de irse hasta el fondo, ¿para qué? Para que se acomoden más fácilmente los que van llegando tarde y optimizar el tiempo y el espacio.

            El sitio exacto para cada puerta está marcado en el piso, y la gente se forma de manera ordenada, cuando llega el tren, TODOS se hacen a un lado, esperan a que salga el último pasajero que desciende y proceden a subir de manera ordenada, todo esto con una coordinación casi coreográfica.

Cuando el tren se atasca, ya están todos programaditos, se empiezan a arrimar hacia atrás, y en reversa, hasta que todos están dentro y quedan de frente a la puerta a la hora de salir. Aunque estaban los “empujadores profesionales” (empleados de la estación que empujan a la muchedumbre cuando se atasca) no vi que ejercieran su función ni una sola vez, porque todos los pasajeros se acomodaban por su cuenta.

Resulta increíble que, aunque el vagón esté hasta la madre, la gente encuentra la forma de delimitar su espacio personal. Los pasajeros cuidan el no incomodar a los demás con el contacto físico. Digo, obviamente hay situaciones en las que ya es imposible pero, aun así, procuran no andarse encimando sobre uno.

            Trataba de no irme tan profundo, porque en México tienes que aproximarte a la salida con antelación si no quieres perder tu parada. En Japón no importa que estés hasta la esquina, TODOS te van a dejar pasar, incluso se bajan para que salgas más rápido y NADIE se sube hasta comprobar que ya no hay personas por descender (igualito que en México ¿verdad? ¬_¬)

            En fin, cuando iba apretado y veía que en una estación bajaban como diez personas pensaba “¡A huevo! Un poco de espacio”, pero el gusto me duraba un par de segundos porque subían como 15. Me resultaba inexplicable cómo subían más personas de las que bajaban y siempre había espacio para todos. Sí había un punto en que creía que moriríamos asfixiados por la cantidad de gente que había pero, al llegar a estaciones grandes (Shinagawa, Tokyo, Ueno o Akihabara), teníamos un breve respiro antes de que se volviera a atascar con otra marabunta.

            Existen lugares asignados para gente de la tercera edad, embarazadas o con discapacidad, y hasta los que no están asignados, la gente se para y les ofrece el suyo. Fuera de esos casos, el resto de los lugares están libres, sin importar edad, sexo, raza, creencia o demás. Pero incluso en los casos de la tercera edad llegué a ver actitudes leales, al rechazar el lugar ofrecido diciendo “Ya mero bajo, no se preocupe, siga sentado”, así que tampoco se aprovechan de la amabilidad.

En Japón no existe el concepto de caballerosidad, así que los hombres no les ceden el lugar a las mujeres (y ellas no esperan que lo hagan), lo cual no es “malo” propiamente ya que, en lugar de una amabilidad sesgada, el japonés tiene una especie de lealtad más amplia hacia el resto de pasajeros, también se le conoce como sentido común.

El tema del Machismo y/o falta de caballerosidad en Japón lo trataré en otro escrito en esta serie de ensayos dedicados a la forma de vivir del nipón. Así que volvamos al tema del presente.

A excepción que el tren fuera en verdad vacío, era normal ver mucha gente parada aun habiendo lugares disponibles ¿por qué? Ahí les va la lógica japonesa “No me siento por dos razones: la primera es que en la siguiente estación puede subirse alguien realmente cansado, yo también lo estoy, pero aguanto más tiempo de pie, mejor que descanse alguien que en realidad lo necesite. La segunda es que ya faltan pocas estaciones para que baje, mejor me espero a llegar y que alguien al que le falten muchas, aproveche para descansar un poco”

El japonés es muy educado al momento de viajar en transporte público, es por ello que el celular se mantiene todo el tiempo en vibrador o en silencio (así ni siquiera se oye el sonido del teclado), también llevan puestos los audífonos si quieren escuchar música, vídeos o el audio de sus juegos.

Si alguien osa llamarlos mientras van en el vagón, sólo contestan para decir: “Estoy en el metro, luego hablamos” y cuelgan. ¡Wow! Eso me impactó bastante pero, si uno se pone a pensar, es como debe ser, ya que con tanta gente, sería un caos con todo el ruido de celulares, música, juegos y demás. Y es que muchos van cansados, leyendo o simplemente tuvieron un día difícil como para tener que soportar escándalo ajeno.

Otro aspecto muy marcado en la educación japonesa es que no se come en el transporte local, ya que es desagradable e incómodo. Además, se supone, es un viaje corto y no te vas a morir de hambre por no comer en ese breve período de tiempo.

Fascinante ¿verdad? El problema es que esa manera de respetar al prójimo llega a límites insospechados y que rebasan el sentido común, por lo que caen en actitudes ridículas, como lo explicaré en el siguiente punto.

El exceso de respeto

En Tokio, por cuestión de capacidad, todos los trenes urbanos tienen los asientos pegados a la orilla, para tener más espacio en el pasillo. En Kioto o en Osaka, al atascarse menos, los trenes tienen los asientos como en autobús: formaditos de par en par, perpendicular a las ventanas. Gracias a eso viví un episodio muy peculiar entre Shin Osaka y Kioto.

Como mi trayecto iba a ser corto, me senté junto al pasillo, para salir más rápido cuando llegara mi estación. De pronto el tren se llenó en Shin Osaka, en verdad se atascó, sin embargo NADIE se atrevió a pedirme el lugar de la ventanilla, que estaba libre.

Pasó un minuto y, como veía que nadie me pedía el lugar, opté por moverme al asiento desocupado, dejando libre el asiento del pasillo, para que así alguien pudiera tomarlo pero, para mi sorpresa, NADIE osó sentarse.

Por un momento pensé “¿Apestaré?” pero me olí y no era el caso “¿Acaso serán unos racistas?” Pues lo son principalmente con el resto de asiáticos y hasta a ellos los respetan, así que no creía que fuera por xenofobia o algo así, además el japonés es muy amable con el turista ¿Entonces?

Cuando le conté dicho pasaje a Paco me lo explicó con risas “Es que tienen pena” lo vi extrañado y me continuó explicando “Lo que pasa es que debido a ellos, tuviste que cambiarte de lugar, por su ‘culpa’ te moviste y te incomodaron, así que nadie iba a tomar el asiento libre, porque era como aceptar toda esa responsabilidad, en lugar de compartirla entre todos”. Lo cual me pareció una estupidez pero, recordando lo que pasó en la siguiente estación, me corroboró la veracidad de lo que me había dicho mi amigo.

Al llegar a la siguiente parada, uno de los que recién subían vio el lugar libre y de inmediato se sentó, sin mayor problema ¿Por qué esa persona sí lo hizo? Porque estaba libre de toda culpa, no había visto la escena anterior y no tenía por qué negarse a sentarse ahí.

Lealtad en los Autobuses

En el camión que tomaba para llegar de la casa de Paco a la estación de Katsuragawa (en Kioto), te subías y tomabas un boletito, que indicaba tu tarifa, misma que debías pagar al momento de bajar. Pero, al momento de arrancar, el boletito se metía y ya no podías tomar otro, esto para evitar que hicieras trampa al tomar uno de un trayecto más corto.

Sin embargo, dicho sistema estaba de más, porque el japonés no es tramposo, ya que la mayoría subían e iban directamente con el conductor a pagar su tarifa, sin tomar papelito ¿Por qué? Para ahorrar papel, para ahorrarle recursos a Japón, a ellos no les importa si benefician a la empresa o a la Prefectura, para ellos el beneficio es para el país. No es como acá en México que escuchas “No es mi dinero” “Qué se joda la empresa”. El japonés es solidario y sabe jugar en equipo.

Otro ejemplo que me contó Paco y que me pareció muy interesante es con los autobuses nocturnos. Cuando mi amigo viaja de Tokio a Kioto el Viernes en la noche, el camión se hace unas seis horas de recorrido. Eso quiere decir que llegaría a altas horas de la madrugada.

Es por ello que los autobuses nocturnos, dependiendo el horario, hacen paradas de un par de horas para llegar a un tiempo más accesible a su destino ¿La razón? Evitan horarios inapropiados en las ciudades, así los pasajeros duermen bien y, además, no llegan cuando no hay transporte público, por lo cual evitan riesgos o costos adicionales (taxis) a los pasajeros y a los que van a recogerlos.

A eso se le llama tener una consciencia colectiva y solidaria.

El tono dulce en su transporte

El transporte en Japón es muy musical, y es que te ponen distintas melodías para cada situación: para anunciarte que llegas a una estación, para avisar que ya se van, para que sepas en qué línea estás, para las indicaciones y demás. Todo esto tanto en el tren como en la estación misma, pero no sólo es la música, la forma de decirlo también es “linda”, lo hacen con ese tono tan amable y dulce que tienen los japoneses.

Por ejemplo, en cada estación, al momento de subir o bajar las escaleras eléctricas, había una grabación con voz muy amable y dulce que te decía que tuvieras cuidado. O cuando llegabas a cada estación, las voces te anuncian con singular alegría tu destino, y no es exageración, en verdad te pone de buenas escuchar algo con tanto ánimo.

Otro detalle que parecerá muy infantil o burdo, es que no sólo te anuncian la estación con gusto, sino que lo hacen dos veces, en una especie de cantaleta. Y es que el japonés habla muy cariñoso, muy amable, con un tono casi maternal.

El JR Pass

Los nipones son tan generosos y decentes que tienen una opción para que el turismo use su transporte público a un excelente precio. El JR Pass una maravilla, es un pase al cual sólo tienes derecho si vives en el extranjero. Con él tienes acceso a todos los transportes de la Compañía Japan Rail (JR) que es la principal y más extensa del país. Puedes escogerlo desde una semana hasta un mes de vigencia.

Usas metros, trenes bala, camiones e incluso transportes tan especializados como el Ferry a Miyajima o Monoriel al Aeropuerto de Haneda. Y es que, a pesar de lo barato que se ha vuelto Japón, el transporte no es propiamente económico, en especial el Tren Bala que es bastante caro.

Así que el JR Pass te aliviana bastante, además te da la posibilidad de llegar prácticamente a cualquier lado de Japón. En mi caso fueron contadas las ocasiones que tuve que utilizar otra compañía. Además, ya con el hecho de usar el Shinkansen se paga solo este pase, y lo comprenderán al final de la siguiente sección.

El Shinkansen (Tren Bala)

Si viajar en el transporte público nipón es otro boleto, el Shinkansen está un nivel más arriba. Obviamente aquí no puedes ir parado, ya que es un viaje prolongado entre dos sitios distantes, los compartimientos están más elegantes y espaciosos, incluso hay asientos que tienen conexión para tus aparatos eléctricos, así como mesitas para leer o trabajar, además de que ahí sí te permiten comer en el vagón.
Detalle en la estación de Metro en Hiroshima

Aunque hay más libertades en el tren bala, las buenas costumbres siguen estando presentes. Ya que la gente sigue sin hacer ruido, por ejemplo hay un anuncio de que tengas cuidado de no teclear muy fuerte tu lap top, para no molestar al pasajero de enfrente.

Otro detallito que me encantó fue con los checadores de boletos mismos que, justo antes de abandonar el vagón, se volteaban y te hacían una reverencia, esto para no darte la espalda y, al mismo tiempo, despedirse o agradecerte. Tal vez para los locales ya es algo imperceptible, pero como extranjero, valoras mucho esa cortesía.
Anuncio del Shinkansen de Evangelion

El Tren bala fue un verdadero lujo porque, hasta que estás allá, te das cuenta que usarlo es un privilegio que no todos los japoneses se permiten, y el JR Pass te lo incluye en la tarifa. Por ejemplo, en Marzo del 2016 pague 5600 pesos mexicanos por mi JR Pass para dos semanas (al cual le saque provecho a más no poder). Para que se den una idea, tan sólo un viaje de ida entre Tokio a Kioto en Shinkansen costaba $3500 pesos, por un trayecto de 500 kilómetros y 3 horas y media.
Otaku de por vida

Soy afortunado porque use el Shinkansen en una decena de oportunidades, conociendo distintos modelos, unos nuevos y otros más viejos. Todos limpios y en perfectas condiciones pero, de acuerdo a la frecuencia y cantidad de pasajeros, varía el tipo de modelo que te da el servicio. Además los tienen tuneados, como el de “Evangelion”, pero de ése ya comenté en este otro escrito.

Las calles niponas

            A excepción de Nagoya (sede de Toyota), en donde las avenidas son relativamente nuevas, y de las vialidades principales a lo largo del país, las calles en Japón suelen ser MUY estrechas, además de que no tienen banqueta, sólo una línea que delimita el camino para el peatón (y a veces ni eso).

Resulta curioso que las banquetas las llegas a encontrar con mayor frecuencia en sitios turísticos o incluso en Pueblos (como Nikkō, Odawara o Moto Hakone) en donde no tienen tanta restricción en cuanto a espacio.

            Esto es natural en un país milenario que fue cimentado en la época en que sólo transitaban carretas, y el ritmo de vida era muy tranquilo, así que no necesitaban mucho espacio. Si a eso le sumamos la necesidad del japonés de aprovechar el espacio, las calles son en verdad estrechas.

Esto me lleva al tema de los Autos.

            Autos Japoneses

            Obviamente nadie había previsto el uso de los coches cuando las ciudades fueron creciendo, y de manera tan extensa, aunque en Japón no son tantos autos como se podría imaginar. Obviamente hay bastantes, pero también son muchas las personas que se mueven en transporte público, de lo contrario sería un caos.

            Por tal motivo, para que tengas un auto debes demostrar que tienes en dónde guardarlo, además de que en las grandes urbes no hay espacios gratuitos para estacionarte, en realidad todo espacio para colocar tu auto tiene un precio, ya sea automatizado o por alguien que te cobre en el sitio.  Por cierto, los estacionamientos automáticos llevan el control subiendo un tope debajo de tu auto, para que no te vayas sin pagar.

            Otra cosa que me llamó mucho la atención, y me indignó al mismo tiempo, fue el costo de la gasolina, que es relativamente barata (alrededor de 100 Yenes el litro o unos 16 pesos), lo cual es una ganga para un país que no tiene petróleo y debe importar todo. Y de ahí vino mi indignación, ya que tiene un buen precio en la gasolina y no tienen un Pemex que, en teoría, asegura un abasto suficiente y a buen precio a los mexicanos.

Lo curioso del precio de la gasolina japonesa es que va oscilando, no sólo de estación a estación, o de marca a marca, sino que va cambiando durante el día, como la bolsa de valores. Obvio no te lo cambian cada hora, pero no es raro que con el que amaneció no sea el mismo para el medio día o que sea distinto en la noche. Como consumidor es maravilloso porque tienes varias opciones de dónde elegir.

            Regresando al auto en sí, todos conocemos lo poderosa que es la industria automotriz japonesa, por lo que uno esperaría un desfile de autos modernos a lo largo de las calles con los últimos avances tecnológicos haciendo gala en cada esquina.

Sin embargo, fiel a su esencia mesurada, la realidad japonesa en los autos que comercializan localmente es otra. Obviamente sí hay carrazos circulando por las calles, pero son escasos, de hecho ves más autos de lujo en México que en Japón.

En general el auto japonés es pequeño, muy austero, con línea cuadrada y con un motor rendidor. Así no tienes que buscar un gran espacio para estacionarlo, en casa no te ocupa mucho lugar, no gastas mucha gasolina y te lleva de manera eficiente. Eso se adapta a la perfección a la ideología nipona de la discreción, del ahorro, de la mesura y la sensatez.

Obvio esos cochecitos también tienen tecnología, como cámaras de reversa, asistente para estacionarte, cámara frontal y demás accesorios dignos de los autos grandes súper equipados, pero en Japón lo importante es la eficiencia, no la elegancia. Y, a pesar de ello, sus coches están muy monos aunque, ciertamente, los más llamativos los exportan.

Por cierto el japonés, al igual que el alemán, es muy nacionalista con sus autos, por lo que fue difícil que llegara a ver una unidad que no fuera de marca nipona aunque, de vez en cuando sí llegaba a ver un VW o un Audi :’-) y conste que no me creo alemán, sólo que me sentí orgulloso de los productos de la empresa en la cual trabajo.
Los Autos son chiquitos y sus placas muy cortas

En Japón no hay tantos autos como se cree por dos factores: uno es su transporte público tan eficiente y el segundo lo trato en el siguiente punto.

Bicicletas

Hace tiempo lleve a reparar mi bici fija y, mientras el señor hacía los ajustes necesarios, me puse a platicar con él, así que le cuestioné sobre las ventas “Uy Joven” me dijo “Si viera que ya casi no se venden las bicicletas, cálculo que ahora se vende un 10% respecto a hace 20 años. Ahora los chamacos quieren un teléfono con el cual idiotizarse antes de salir a pasear en Bici”.

Siendo justos, no sólo es culpa de los Smartphones que no se vendan tantas Bicis, también el aumento del parque vehicular y la falta de infraestructura para circular en Bici ha desmotivado a los padres de sacar a sus hijos a la calle, esto sin contar la inseguridad en la sociedad en general. Adicionalmente, la gente en México se ha vuelto muy floja y, por ende, muy gorda, lo cual contribuye a la disminución en el uso de las famosas “biclas”.

En Japón la realidad es distinta.

La infraestructura para los ciclistas es impresionante, teniendo todo tipo de caminos y señalamientos para que puedas circular con tu bicicleta, ya sea en la ciudad o en el campo. De hecho hay estacionamientos, caminos, negocios y gran cantidad de accesorios para ellas.

Aunque Japón es un pueblo avanzado tecnológicamente, eso no impide el amplio uso de este vehículo. Y esa actividad contribuye a que se mantengan delgados, además de la alimentación obviamente, ya que muchos están en constante actividad al llevar la bici.

Por ejemplo, Paco llegaba a la estación de Ichikawa en Bici, la estacionaba en la misma y, en la noche, cuando regresaba del trabajo, también lo hacía en ella.

Por tal motivo es impresionante la cantidad de negocios que venden, reparan o “tunean” bicicletas, además de la cantidad de accesorios tan monos que encuentras para las mismas. En Japón su uso es muy común, económico y bueno para tu salud. Y eso habla muy bien del pueblo japonés, que le invierten más a una bici que a su auto.

Comentario Final.

Voy a obviar la educación que el japonés muestra como peatón y conductor, porque ya sería redundar tras dar tantos ejemplos de su civilidad. Pero créanme que son muy respetuosos de las reglas y de los demás.

La esencia de un pueblo se refleja plenamente en cada detalle de su sociedad. Como pueden leer suelen ser muy pulcros, respetuosos, eficientes, eficaces y leales al momento de transportarse, ya sea de manera privada o de manera pública.

Al ser un país con más de 120 millones de habitantes, han comprendido que el espacio es poco y que deben de hacer un esfuerzo conjunto para convivir de manera ordenada. Y es que el nipón pasa mucho tiempo en el transporte, lo menos que puede hacer es comportarse con decencia e inteligencia, algo que han superado con creces.


Hebert Gutiérrez Morales.

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