domingo, 3 de septiembre de 2017

Kioto: El segundo día

Fushimi Inari Taisha
            Después de un sábado muy intenso (que pueden leer en esta liga), continuamos a un ritmo similar para el segundo día. Empezamos muy tempranito porque el primer destino es inmensamente popular, además de que era Domingo antes de día festivo, así que el sitio iba a estar a reventar.

            Arashiyama

            Llegamos a través de callecitas, cruzamos un puente no muy espectacular pero extrañamente bonito, pasamos a una zona comercial muy pintoresca, en donde estaba el estacionamiento en donde dejamos el coche de Paco, y nos enfilamos hacía uno de los destinos más fotografiados de Japón.
Arashiyama

            No es un secreto que amo Japón con todo mi ser, y aunque disfruté cada aspecto de mi visita, de admitir con el dolor de mi corazón que Arashiyama es un lugar cuya fama es mayor de lo que en realidad es (algo así como Chichen Itzá o Roma).

            El mismo Paco me decía que en China, o incluso en otras partes de Japón, hay verdaderos bosques de Bambú y que eran más impresionantes. Y no es que Arashiyama no sea bello, pero al ver todas las fotos que se publican en Internet, tienes la impresión de que es algo más majestuoso e imponente. Es el mismo efecto que te pasa cuando conoces la Estatua de la Libertad, llegas con gran expectativa para que, cuando finalmente la conoces, te surja del alma “¿Esto es todo?”.

El minibosque está relativamente bonito, eso sí, con exceso de gente. Si es que quieres sacar fotos “limpias” como las que aparecen en internet, debes ir alrededor de las 6 de la mañana y aprovechar que el sitio está desolado. A cualquier otra hora, siempre tendrás gente en tus tomas.
Paco llegando a la Pagoda

Sin embargo, era un sitio al cual tenía que ir y contemplar con mis propios ojos, para que nadie me contara y me quitara un pendiente de la cabeza. Pero aun así fue una buena visita, porque de ahí fuimos a un sitio mucho más bello y con muy poca gente.

Jojakkoji

Normalmente, al templo al cual debes ir cuando vas a Arashiyama es al Tenryu-ji, el cual tenía una fila de acceso enorme (recordando que era Domingo). Paco y Maki me dijeron que en realidad no iba a ver algo diferente a lo que había visto un día antes en los Templos de Plata y Oro.

Así que, mientras Maki se iba a pasear por los tiendas con Shinji, Paco y yo fuimos a un sitio que ni mi amigo conocía: el Templo Budista de Jojakkoji.

Llegamos a pie desde la entrada de Arashiyama, a través de pequeñas callecitas en donde había casas de gente real, lo cual hizo el camino más rico. Para los que ahí viven ha de ser un pain in the ass tener a tanto pinche turista por el Bosque de Bambúes, a pesar de ello me pareció un hermoso lugar para vivir.
Hermoso lugar

            “¿Cómo encontraste este lugar?” me preguntó Paco, a lo que no le pude contestar con claridad, porque cuando planee mi viaje a Japón estaba en éxtasis, así que consulte una cantidad enorme de sitios en Internet. Y me alegro de haber dado con este hermoso templo.

            Primer punto a favor, casi no había gente, lo cual era una maravilla considerando las multitudes que había cerca de ahí. En segundo lugar está la distribución de un templo viejo, pero no decrepito. Un lugar que está bonito pero que sientes muy auténtico, precisamente por la cantidad tan pequeña de visitantes.
Me encantó este templo con sus jardínes

            El pasear por sus jardines, el contemplar cada detalle del templo, de sus construcciones, sus escaleras, sus caminitos, sus estatuas y sus hermosos jardines, hacen que tu estadía sea una verdadera maravilla.

            Sé que esa sensación la he mencionado mucho en los escritos de Japón, pero la certeza de estar viajando al pasado es automática. El templo está a faldas del monte y rodeado del bosque, así que la comunión con la naturaleza es inevitable, así como la paz que te invade.
Y también me divertí

            Ciertamente a lo largo de mi viaje vi lugares más bellos, construcciones más imponentes, estanques más cristalinos o jardines mejor cuidados, pero la autenticidad y sencillez de Jojakkoji es difícil de igualar.

            Me sentí orgulloso de haber incluido este lugar en mi lista, porque ciertamente este sitio es un regalo para las contadas almas que se atreven a buscar más allá de los sitios populares. “Cuando venga mi hermana la voy a traer” me dijo Paco y eso, en el fondo, me hizo muy feliz.
Un metro muy mono

            Ese fue otro plus de este sitio: lo visité con Paco. Aunque estoy acostumbrado a viajar solo, me dio gusto compartir este bonito lugar con mi amigo y anfitrión. Tal vez no fuimos juntos al Museo Ghibli como estaba planeado, pero también aprecié cada sitio que se tomó la molestia de acompañarme (¡Gracias Paco Kun!)

            El Inter

            Regresamos a la zona comercial, donde nos reencontramos con Maki y con Shinji. Paco les platicaba del lugar que visitamos y lo bello que estaba. Recorrimos un poco el lugar, viendo la estación de tren tan mona que tenían, las tiendas de souvenirs, y caminamos un poco junto al bello río.
Es el Puente en el que llegamos a Arashiyama

            Volvimos a la zona urbana y comimos en la Estación de Kioto, que es un gran centro comercial con todo tipo de negocios. Así que degustamos un delicioso Okonomiyaki (y fui tan feliz porque ésa fui mi primera vez), para después dejar a Maki y a Shinji en casa. Para ellos había sido día y medio muy intenso, pero nosotros aún teníamos otro lugar muy importante en el itinerario y nos dirigimos a él.

            Fushimi Inari Taisha
Estaba pletórico de felicidad

            Arashiyama fue una pequeña decepción, pero fui compensado (y con creces) en la visita de la tarde. Tenía muchas ganas de conocer Fushimi Inari Taisha y, a pesar de mis altas expectativas, disfruté este lugar mucho más de lo esperado.

            Al ser domingo por la tarde, había una cantidad impresionante de gente en la puerta del cerro en el cual se encuentra el camino de Torii que te lleva a la cima del monte. Me llamó mucho la atención que abajo están todas las construcciones grandes y elegantes y, conforme vas ascendiendo, los santuarios se tornan más sencillos y austeros.
Paco también se divertía

            Es increíble como unas simples puertas de madera que flanquean el camino te den una sensación tan especial. Para mí es como sentirme niño y meterme en un pasaje mágico que me iba a llevar a otro mundo.

            Cuando empezamos a subir, habían muchas personas pero, conforme avanzábamos, menos gente iba apareciendo, esto porque necesitas tener una buena condición física para subir al monte o una ilusión muy grande para llegar a la cima. Yo tenía ambas, así que ni siquiera me despeine para llegar arriba.

            Veía que las Torii tenían nombres grabados así que le pregunté a Paco la razón, y me explico que distintas compañías patrocinan las puertas, ya que el Santuario con ello los bendecirá y les traerá mucho éxito. Incluso llegamos a ver empresas extranjeras representadas en dicho lugar. El costo de las Torii varía en cuestión la ubicación, el tamaño y la posición de la puerta.

            Pero no todas las puertas están bonitas, ya que hay algunas desgastadas e incluso destruidas, y es que cada empresa debe dar el mantenimiento a su puerta, eso sí, respetando el diseño y colores del resto.
Las Torii y las figuras del Zorro para tu prosperidad

            En los pequeños santuarios que encontrábamos en el ascenso, había muchas figuras de zorros, mismos que representan a la deidad del lugar (recordar que el Sintoísmo tiene miles de Dioses basados en elementos de la naturaleza). En dicho templos también podías comprar una Torii a escala, ponerle tu nombre y dejarla en los Zorros, esto para asegurar tu prosperidad y/o éxito laboral y/o económico.

            En la cima del lugar, en donde termina uno de los caminos con Torii, hay un santuario un poquito más grande, pero hay una cantidad enorme de lámparas, puertas a escala y figuras de Zorrito. El lugar en sí es irreal, y es una meta digna de disfrutarse al llegar a la cima. El recorrerla es como otro mundo, así que mi sensación inicial fue correcta: fue el pasaje a otra realidad.
Arriba es otro mundo

            Iniciamos el descenso por otro camino flanqueado por Toriis, mismo que al inicio estaba custodiado por dos figuras de zorros. Esa otra sección es menos transitada, menos iluminada y menos producida. A todas luces era la zona menos popular para subir a la cima, sin embargo, no dejaba de ser bella.

Ciertamente las puertas no estaban tan bien cuidadas como en la otra sección, pero la presencia de la naturaleza estaba más presente, así que la sensación de este camino no le pide nada en el gozo al de subida. Como aclaración, uno puede subir y bajar por el camino que quiera, no hay un sentido establecido.
Los Zorros que escoltaban el camino de regreso

            De bajada también habían otros santuarios pequeños, mejor cuidados y, con el plus de que lucían más con el marco de tanto árbol a su alrededor. El camino de subida lo sentí un poco más deforestado y, por ende, menos verde, que el de bajada.

            Llegamos a un mirador muy chido y popular, porque ahí ya había gente y tiendas, en el cual puedes gozar de una buena vista de Kioto y en él contemplamos la puesta del sol.
Atardecer en Kioto

            Ya al bajar nos encontramos con otros pequeños santuarios con una variedad muy interesante de estatuas y, como ya habían cerrado los recintos, no había nadie, así que pude sacar fotos de manera tranquila.

            Y así terminó otro día intenso pero feliz en Kioto, así que Paco y yo regresamos por Maki y Shinji para ir a cenar al Aeon Mall, en donde tonteamos un rato y cenamos en un bufete delicioso.
Tonteando hasta el final del día

            El tercer y último día dedicado a Kioto lo haría por mi cuenta, ya que mi amigo también tenía derecho a disfrutar de sus días libres en familia. Sobre ese tercer día podrán leer en la tercera entrega que está publicada en esta liga.


            Hebert Gutiérrez Morales.

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