sábado, 14 de octubre de 2017

La comida en Japón

En Kamakura
A pesar del gusto que le he agarrado al viajar, tengo claro algo: no soy un turista culinario. Es raro que me vean probando cosas raras a los lugares que voy. Obvio sí como lo típico que ofrece cada lugar, pero tengo mis límites y/o niveles de riesgo. Sin embargo, al ser Japón el país de mis amores, adopté una actitud totalmente diferente respecto a la comida.

Y es que me la pasé tragando como cerdo, ya que en todos lados (y a todas horas) me la pasaba comiendo y probando diferentes cosas, siempre acompañado de su debido postre, de hecho nunca había comida tantas crepas ni helados en un período de dos semanas ¿Por qué (casi) no comí dulces típicos japoneses? Más adelante lo comentaré.
 
Este Tako Yaki me calcinó la lengua en Odaiba
            Comer lento

            Lo maravilloso de la comida japonesa es que tienes la impresión que es abundante, quedas satisfecho cuando, en realidad, comes mucho menos que en México o en Estados Unidos, además de ser más saludable. Pero no sólo es el tipo de comida, sino la manera en que la comen.

            La comida en Japón te la sirven excesivamente caliente por lo que alguien atascado, como yo, inevitablemente se quema la lengua, pero también tiene su razón de ser. Por ejemplo, en Odaiba fui a la sección de Yaki Tako (o Tako Yaki) y me sirvieron el pulpo en bolitas con distintas presentaciones. Se veía tan bueno que cuando empecé con mi clásico ritmo atascado, me di una santa quemada, así que tuve que ingerir de manera pausada, algo que te hace disfrutar mucho el plato.
 
Esta delicia la comí en Odawara
            Ahí está el meollo del asunto: la comida japonesa está hecha para que la degustes poco a poco, que tu paladar la vaya saboreando bocado a bocado, y al comer lento disfrutas más tus alimentos. La cocina nipona no se presta para que te atragantes, es por eso que comen con palillos, o por lo cual son tan afines a los fideos y al arroz, para que engullas lento.

            Por esa misma cultura de comer lento, no es muy común encontrar porciones grandes. Eso lo comprobé al momento de comer una hamburguesa endémica de la isla.
 
Me hubiera gustado probar una de éstas
            Porciones pequeñas (Mos Burger)

Cada vez que regresaba a casa de Paco en Ichikawa, pasaba por un local de hamburguesas llamado “Mos Burger”, que es una cadena local de comida rápida. Así que decidí salirme un poco de los Teppanyaki, Okonomiyki, Sushi y Gyuudon, para probar una versión asiática de algo que forma parte de mi status quo occidental.

Así que cuando llegue pedí el paquete “Súper especial” el que contenía la hamburguesa más grande con las papas más generosas. A pesar de ser una cadena de comida rápida, la verdad se tomaron su tiempo para prepararla. Luego me enteré que esto es normal, ya que no tienen nada precocinado, todo lo hacen al momento del pedido.
 
Okonomiyaki en Kioto
Cuando me la sirvió el muchacho la verdad me sentí muy decepcionado: la hamburguesa era de tamaño estándar al igual que las papas. Antes de reclamar, observe al resto de comensales, y vi que sus hamburguesas eran como de tamaño infantil, así que era obvio que yo tenía la más grande.

Y ahí entiendes las versiones tropicalizadas de los productos según el país: así como en México tenemos hamburguesas con guacamole, chilaquiles o huevo, en Japón adaptan el producto a su idiosincrasia mesurada y eso se refleja en los tamaños más pequeños.
 
Okonomiyaki en Nara
El sabor estaba bien, nada del otro mundo, y por lo menos me quite un pendiente de encima respecto a su comida rápida. Después le pregunte a Paco si era lo mismo en McDonald’s o Burger King y me corroboró que esas mini hamburguesas es el standard en todos lados de la Isla.

Los Buffets

Al ser un pueblo mesurado, el concepto de Buffet es algo que de inmediato te intriga y tuve la oportunidad de estar en un par de ellos.

En mi primer día en Tokio, en la calle Takeshita, vi un Buffet de pastas y, como ya tenía hambre, opté por entrar. Lo primero que note es que había un letrero que te anunciaba que tenías 50 minutos para comer todo lo que pudieras a lo que pensé “Bitch, please! Denme 30 y como el doble que ustedes”

Aunque el lugar era tipo estudiantil, había bastantes extranjeros en el mismo, supongo que por esa necesidad de comer más de lo que te sirven a la carta en los restaurantes. A pesar de ser un lugar juvenil, el ambiente era bastante elegante, ya que todo estaba impecable, bien arreglado y bien producido. Hasta me sentía fachoso para el sitio, sin embargo el resto de comensales también iban de la misma forma.
Nikuman que comí en Kamakura

A diferencia de los megabuffets que puedes encontrar en Estados Unidos y en México, el Buffet Japonés es más pequeño, por lo que no tienen tantos platillos, por lo que todo es más pétite, además de que está arreglado muy mono, tanto que hasta pena te da tomar del plato porque no les quieres desacomodar.

Tal como había pronosticado, en media hora ya había acabado con todo y postre, así que su restricción de 50 minutos me hizo lo que el viento a Juárez. Igual y esa limitante de tiempo es efectiva con los locales, acostumbrados a comer lento y degustar sus alimentos, pero para tragones profesionales de occidente (como yo), el tiempo no es factor al momento de tragar como marrano.
 
Shabu shabu
Después me di cuenta que el límite de tiempo también es para que se les desocupen lugares y es que, como el nipón come de manera pausada, los podrías tener comiendo un buen rato y no fluirían los comensales en cada local.

El segundo Buffet que visité fue en Kioto, en compañía de Paco y su familia, fuimos a comer Shabu Shabu, un platillo de origen coreano en el que te dan lonchas delgadas de carne para que las frías frente a ti, todo esto mientras te sirves el resto de guarniciones para acompañar.
 
Mi Plato con el vasito coqueto de Té Verde
Al igual que todos los Buffets en Japón, tienes un tiempo límite (en esta ocasión era una hora) pero de todas formas mi capacidad de tragar me aseguró un buen botín sin siquiera rasgar el tiempo máximo. En resumen, creo que los Buffets nipones deben sufrir cuando reciben a un occidental.

Las bebidas

El japonés está delgado y sano no sólo por lo que come, también por lo que bebe. No sé si sea por ley o por costumbre, pero en todos los restaurantes te dan agua simple de manera gratuita y en algunos otros, incluso te dan té verde sin costo alguno.
 
Así como Audrey, los nipones disfrutan su té
En mis dos semanas no vi a ningún japonés tomando refresco, sólo a los extranjeros. Pero el evitar el refresco no sólo es bueno para su salud, también lo es para su economía, ya que te ahorras mucha azúcar en tu sangre y algunos yenes en el bolsillo al tomar agua simple o té verde.

Aunque no todo puede ser ventajas, ya que el exceso de Té verde contribuye a que los nipones tengan los dientes chuecos, y es que es casi imposible encontrar a uno con la dentadura perfectamente alineada y, me parece, eso lo encuentran muy estético (cosa que no entiendo).

Se dice que los viajes lo cambian a uno y yo, que no acostumbraba a tomar té (y mucho menos verde), al regresar de Japón se me quedó la costumbre y ahora tomo una taza a diario en el trabajo.

Para cerrar el tema de las bebidas, algo que siempre me ha fastidiado en el extranjero es a tomar agua del grifo, es algo a lo que simplemente no me acostumbro, pero es de ahí de donde se toma la mayoría del agua en Japón. Obvio te venden agua embotellada, pero ya será por decisión propia, no por necesidad además, no es de extrañar, los que compraban el agua embotellada eran los Gaijin, no los locales.
 
El horrible Dango con caramelo
El paladar japonés.

A través de su comida me di cuenta que el paladar japonés es muy distinto al mexicano. Y es que puedes encontrar muchos sabores agradables, sutiles, muy finos de degustar, incluso exquisitos. Pero, de igual forma, llegas a encontrar sabores en exceso fuertes, desconcertantes y bastante desagradables.

Eso me hizo recordar Cuba, cuando probé su bebida de “Malta” o algo así, que ha sido de las cosas más asquerosas que he degustado, pero a los cubanos les encantaba. Un sabor así encontré en los Dango de caramelo nipones, mismos que seguramente a los cubanos les encantaría al igual que lo hace con los japos pero, hasta donde sé, a los mexicanos que conozco que lo han probado, nos ha resultado bastante desagradable.
 
Pues sí, con lugares así el paladar debe ser distinto ¬_¬U
Y ahí recordé que a Paco le había ofrecido llevarle botellas de Salsa Valentina y, con todo el dolor de su corazón, me las tuvo que rechazar: “Ya mi estómago no aguanta ese picante, me irrita demasiado”.

Uno podría decir “¡Qué mamón!” pero el metabolismo se va adaptando al lugar en donde vives. Por ejemplo, me encantó el Shabu Shabu que mencioné líneas arriba pero, casi al terminarlo, tuve que ir directo al baño porque me resultó una especie de laxante (y eso que era carne roja, mi razón para existir). Y es que tu organismo está adaptado a un ambiente, así que toma tiempo que se adapte a otro.


Volviendo al paladar nipón, en teoría, los japoneses no comen picante (aunque sí encontré algunos ingredientes muy parecidos) pero, al mismo tiempo, tienen complementos con sabores muy fuertes, como el auténtico Wasabi, el original, no el genérico que nos dan en México, o el jengibre (igual, el original).

A pesar de que estoy acostumbrado a comer chile, y aunque le echaba cantidad mínima de Wasabi a los Sushi, siempre me sacaba lágrimas por lo potente que estaba, así que cada vez le echaba menos, pero el efecto era el mismo. Lo malo es que no podía dejarlo, porque ese sabor fuerte crea adicción.

Ese mismo efecto adictivo me ocurría cuando comía Gyudon en Yoshinoya, porque me hice fanático del Jengibre que, aunque Paco me dijo que era para matar el sabor entre platos, yo le echaba con singular alegría a mis platillos, cual si fueran rajas o cebolla que le echas a los taquitos.


Eran sabores diferentes a lo que estoy acostumbrado pero igual de fuertes que nuestros condimentos así que, se dice por ahí, “a falta de pan, tortillas” y me paladar agradeció tener acceso a estos sabores potentes.

Como sé que los japoneses no comen cosas raras (por ejemplo perro, gato, rata o víbora como sí hacen los chinos), hubo un punto en el cual deje de fresearme y empecé a probar platillos sin saber del todo qué era o qué llevaba. Así que ya no analizaba qué comía, sólo lo pedía y ya, por lo cual encontré algunos sabores extraños y otros deliciosos.

Generalmente el sabor, textura y presentación de su comida me encantó, aunque la calidad de sus ingredientes la aprecié hasta que regresé. En mi estancia en la Isla, cada vez que iba al baño, todo “fluía” de manera excelente (de por sí tengo buena digestión), así que no tuve nada de qué quejarme.
 
Desde siempre los nipones han sido delgados
Cuando llegué a Los Ángeles y cene allá, más tarde comprobé que los ingredientes de acá tienen más conservadores, son menos naturales o más industrializados, además de tener más grasa y ser menos sanos. También por eso los japoneses están delgados, sanos y viven más.

Los Sushis en barra

En Kioto, Paco y su familia me llevaron a un restaurante que se podría calificar de popular, porque Shinji se emocionó mucho al enterarse que íbamos a comer allá. Por desgracia se me olvidó el nombre, pero recuerdo perfectamente la característica del sitio.

Por lo mismo que era un lugar popular, llegamos y tuvimos que esperar a que se desocupara un lugar. El restaurante era enorme, por lo menos unas cincuenta mesas para cuatro personas y por cada mesa pasaba una barra con sushis preparados los cual podías ir tomando y el sistema iba registrando tu cuenta.


Los pocos meseros que había estaban para las bebidas o la cuenta, ya que la comida te llegaba por la barra. De hecho, si no estaba el sushi que buscabas, podías pedirlo a través de un dispositivo en tu mesa y, mediante la misma barra, te lo hacían llegar.

El restaurante era como viajar al futuro y la comida, además de nutritiva, en verdad estaba muy buena. Tal vez es porque estaba en Japón, pero el Sushi sabe diferente allá, se dice que por los ingredientes, ya que el pescado es selecto así como el arroz con el cual lo elaboran.

En este restaurante probé el famoso pez globo aunque, siendo honestos, no me pareció la gran maravilla. Ciertamente tiene un sabor fuerte y muy particular el cual encuentran exquisito los japoneses. Aunque no lo volvería a probar, puedo decir que ya lo comí y no me morí envenenado.


Aunque disfruté mucho este restaurante, la verdad es que mi sitio favorito para comer fue uno más tradicional, con comida deliciosa, a un precio bastante barato.

Yoshinoya

La noche que Paco y yo llegamos a Kioto me dijo “Te voy a llevar al equivalente de unos taquitos al pastos aquí en Japón”, y me llevó a un localito a la vuelta de su casa.

Yoshinoya es una cadena de restaurantes de comida japonesa que encuentra por toda la isla. Su carta es relativamente breve, enfocándose en la comida más práctica, nada muy elaborado pero con un sabor y calidad excesivamente altos aunque, siendo honestos, es difícil encontrar algo en Japón chafa o mal hecho, sí lo hay, pero es raro encontrarlo.
 
Mi amado Yoshinoya
Por la sencillez de su menú, Yoshinoya es considerado un restaurant de comida rápida con la salvedad de que es nutritivo y saludable. Suelen ser locales pequeños, algunos llegan a tener algunas mesitas pero generalmente comes en la barra.

Me encantó la comida de dicho lugar, tanto que comí en distintos Yoshinoya a lo largo del viaje, incuso mi última cena en Japón la hice en uno de estos locales dentro del aeropuerto de Haneda, de hecho casi lloro de la emoción cuando encontré mi amado restaurante en un rincón escondido.
 
Mi última cena en Japón :'-)
El anhelo del anime

Ya lo he comentado ampliamente en otros escritos pero, sin duda alguna, la fuerte influencia que la animación japonesa ha tenido en mí contribuyó mucho a que me arriesgara a probar infinidad de platillos.

Por esa influencia comí de todo: shabu shabu, sushi, tonkatsu, Ramen, Teppanyaki, Omanjuu, okonomiyaki, Nikuman, Momiji y demás, mismos que había visto en distintos anime así que, cuando los comía, casi se me salían las lágrimas al cumplir esos anhelos pendientes.
 
Momiji
Los Dulces

Hubo dulces o postres que me gustaron mucho en Japón, como el Momijii, otros dulces muy monos que me compré en Kioto o incluso el pan de melón (en México la conocemos como Concha) que degusté en Sensouji. De igual manera compre Kit Kats de sabores exóticos como Matcha, Sakura y Te Verde.

Esas fueron las experiencias buenas, pero hubo otras (como el Dango de Caramelo) que me hicieron más precavido, ya que el sabor horrible de este último fue algo que no quise repetir.

De hecho eso ya lo sabía desde mis días de clase de japonés, porque nuestros Sensei nos traían dulces típicos japoneses y, la verdad, les faltaba sabor, les faltaba punch o no eran dulces en absoluto. A partir de entonces comprendí que el paladar nipón era muy distinto al mexicano.

Aun así me arriesgaba en los Seven – Eleven, cadena que nació gringa pero que ahora es de capital japonés, lo cual se nota porque hay por todos lados. Al momento de comprar dulces o botanas, a veces leía el hiragana tratando de descifrar qué demonios me iba a comer, en otras ocasiones me arriesgaba y compraba a ciegas algo diferente. Muchas veces me salía algo que sabía feo, así que me dejaba de arriesgar por un par de días y compraba cosas conocidas.
 
Mi Pan de Melón
Carne, leche y verduras.

El nipón consume muchas verduras en su comida. A pesar de ello, a diferencia de lo que muchos puedan pensar, no lo calificaría como un país para vegetarianos, ya que la carne está presente en casi todos sus platillos, primordialmente el pescado y el marisco, pero también hay una presencia representativa del pollo y la carne roja.

La carne roja tiene relativamente poco tiempo que la consumen de manera generalizada: con la occidentalización que hizo Estados Unidos en la Isla después de la Segunda Guerra Mundial es que el nipón empezó a incorporar la carne roja a su dieta con mayor frecuencia. Sin embargo, hay un elemento bovino que no han terminado de adaptar: la leche.

El japonés no está acostumbrado a tomar leche por eso mismo, y por el alto consumo de té verde, tienen los dientes feos. Además de eso, por el bajo consumo de leche no hay mucha variedad de cereales, es por eso que las Zucaritas, Cheerios, Choco Crispís, Froot loops ni Capt’n Crunch ni ninguna otra de esas maravillas está disponible en Japón o, por lo menos, no las vi.
 
Dulces fresones de Kioto
Ahí es donde te explicabas que estaban tan chaparros hasta la segunda guerra mundial porque sin carne y sin leche ¿Cómo demonios iban a crecer? Y eso se veía en los edificios antiguos en donde los pasillos, pasajes, puertas y demás estaban adaptados para gente de baja estatura.

A partir de 1945 hasta el presente, el japonés ha subido su estatura promedio en más de 20 centímetros, primordialmente por el aumento en la ingesta de carne roja (con todas sus hormonas), aunque el consumo de leche sigue pobre y, por lo mismo siguen con los dientes feos aunque, por otro lado, casi no tienen obesidad.

Costumbres

Una delicia de la cultura japonesa es esa conciencia de estar agradecidos con lo que tienen, producto del gran trauma que vivieron tras la culminación de la gran guerra en 1945, y es que se vieron muy apretados y eso los marcó de por vida a nivel cultural.
 
Tonkatsu que comí en Nakamise
Así que, invariablemente, vas a ver al japonés agradecer por sus alimentos, no importa que coman solos o acompañados, siempre muestran esa gratitud por tener esos deliciosos platillos que degustar.

El ver comer a los japoneses es algo antropológicamente interesante, y es que pueden ser muy pulcros, muy cuidadosos e incluso elegantes al momento de ingerir sus alimentos. Por otro lado, ves detalles como que comen directamente del plato y lo levantan de la mesa. Obviamente eso allá no es mal visto, pero resulta curioso para lo que se entiende como buenas costumbres de este lado del planeta.


Regresando a la comida mexicana

Tan sólo pasaron dos semanas y mi cuerpo se adaptó plenamente a la dieta japonesa, misma que puede resultar muy saludable, con muy poca grasa. Pero también tienen sus opciones engordantes, así que puedes comer tan saludable como tú quieras o tan engordante como desees.

Pensándolo con calma, esa regla es válida para todo el mundo, incluso en México con nuestra comida tan engordante, con un poco de disciplina, puedes comer muy sano pero, la voluntad no nos distingue mucho, ya que nuestro tragón país es primer lugar mundial en obesidad.

A pesar de que disfrute mucho la comida en Japón durante las dos semanas que estuve, ya en los últimos días anhelaba comerme unos taquitos al pastor, una birria, unas enchiladas o una cochinita pibil.


Cuando regresé a México ví los beneficios de la dieta japonesa, ya que había bajado cinco kilos en mis dos semanas, además los primeros días comiendo en mi país, me di cuenta que me llenaba más rápido, y que ingería menos de lo que normalmente hacía hasta antes del viaje.

Ya después todo valió madres, porque recuperé mi apetito normal y, con ello, el peso perdido. Aunque me quedó la consciencia que soy capaz de cambiar mis hábitos alimenticios e incorporar nuevos elementos, como el caso del té arriba mencionado.

No hay como la comida mexicana, y eso nunca lo he puesto en duda, pero la comida japonesa fue una grata sorpresa para mí que siempre he sido de comida engordante y, por dos semanas, me di cuenta que puedo comer rico y saludable.


Hebert Gutiérrez Morales.

1 comentario:

MEMORIES dijo...

Excelente relato ! Irene