domingo, 22 de octubre de 2017

Mesura, ecología e higiene japonesa

En Itsukushima (Miyajima)
            El japonés tiene una relación especial con el planeta, ciertamente son muy criticados por pescar/asesinar Delfines y ballenas, hecho que yo mismo censuro e incluso alguna vez escribí a la embajada japonesa reclamando al respecto (mail al cual no recibí respuesta alguna).

            Pero por un hecho aislado (importante, eso sí) no borra todo lo bueno que sí hace el nipón, cuyo Status Quo de respeto se refleja en su relación con el ambiente, y que es un pueblo excesivamente limpio.

Japón casi tiene la población de México (126 millones de ellos contra 129 millones de nosotros), pero tiene poco espacio ya que, aunque tiene una superficie similar a la de Alemania, la mayoría de su terreno es montañoso o está en islas deshabitadas, así que en realidad el territorio habitable es mínimo, de ahí la disparada densidad en sus poblaciones; tan sólo Tokio y su zona conurbada tienen más de 35 millones de habitantes (la más poblada del mundo).

Cuando lo pones desde esa perspectiva, entiendes parte de la razón por la cual son tan civilizados ya que si fueran como los mexicanos, habitar esa Isla sería imposible. Parte de esa civilidad es su actitud ante la generación y el manejo de residuos.


            Menos botes de basura = Menos basura.

Encontrar un bote de basura público en Japón es casi imposible así que, como no los hay, eres responsable de tus desperdicios hasta que llegues a casa. De hecho, el único que encontré a lo largo de dos semanas fue en un centro comercial de Odaiba, y no es como que hubiese varios, sólo era uno en todo el lugar. En Occidente es distinto, porque tenemos en cada esquina, según nuestra perspectiva, para que esté más limpio.

            Los japoneses están muy bien educados y, aunque no hay cestos, ves todo impecable, sin alguna basurita en la calle. Es más, está tan limpio que si te llegas a encontrar alguna, ¡tú mismo la levantas! Sin importar si es o no tuya. Ésta es una fuerte declaración sobre la cultura de respeto y responsabilidad que asimilan desde pequeños.

Con la lógica nipona cada cual se hace cargo de su desperdicio y, como es una monserga, tratas de generar la menor cantidad posible. Al inicio, como occidental, te resulta chocante que no haya botes en ningún lado. Sin embargo, cuando te adaptas al sistema, le encuentras la lógica.


Si andas cerca de una zona residencial, es factible que encuentres los contenedores en donde ponen los desperdicios pero, como tienen días asignados para cada tipo (y los ponen muy temprano o muy noche), es probable que los encuentres vacíos, así que seguirás cargando tu basura. Adicionalmente, es tanto el respeto nipón, que no es correcto andar poniendo “tu” basura en “sus” contenedores, para eso tienes los propios en casa: para “tu” basura. Suena extremo pero es real.

Siguiendo con la educación y respeto, ambos temas contribuyen a la limpieza del país ¿por qué? Porque no les gusta dar molestias, empezando con los que recolectan la basura “¡Qué pena con los señores si genero muchos desperdicios!” (Suena a broma, pero créanme que así piensan), por otro lado está ese sentido común, vital para habitar un lugar tan pequeño, en donde eres consciente que estás afectando a TODOS si tiras algo en vía pública.

Ésa es una postura muy loable del japonés y resulta mucho más productiva que el Gabacho, mismo que también recicla, pero su actitud es diferente: “¡Vamos a generar mucha basura, para luego reciclar mucho! ¡Pero qué buenos somos con el planeta!”. La postura del nipón es más productiva: “Generemos poca basura y, lo poco que queda, vamos a reciclarlo” Ésa es una auténtica actitud ecológica, y no las fumadas gabachas (aunque ya quisiera que mi país tuviera la mitad de cultura ecológica que tiene los gringos, ya no digamos la de los japoneses).

Y no pasó mucho tiempo para que me llegará el Reality Check de lo que hacemos de este lado del mundo. De regreso a mi continente pasé una noche en Los Ángeles; en los dos lados que comí recordé el gran volumen de basura que generan los gringos (bolsas de papel, de plástico, popotes, tapas, vasos, platos, cubiertos, papel aluminio, servilletas, cajitas, etc.) y, como tienes botes por todos lados, no le das la mayor importancia; esta actitud te hace generar cantidades descomunales de desperdicios. No exagero al decir que entre la cena y el desayuno generé más basura que lo acumulado en la primera semana de comidas en Japón, en donde fueron casi nulos.

En nuestros países te olvidas del desperdicio cuando lo depositas en el bote, pero es basura con la que el mundo tendrá que lidiar tarde o temprano; y ésta no es una crítica única para los gringos, sino para todos los países agringados que estamos de este lado del mundo (sobre todo México). La postura japonesa de mesura me parece bastante sabia al respecto.


Pero no sólo es emitir pocos desperdicios, porque ellos tienen una actitud de reciclaje muy profunda en el inconsciente.

Reciclaje antes del reciclaje

Como ya mencioné arriba, tienen una cultura de reciclaje muy fuerte, todos separan los pocos residuos que generan y los depositan en el contenedor el día correspondiente. Pero, como dice el título de esta sección, no voy a hablar de ese reciclaje, sino el que se da antes de ese paso.

Habrá quien, a simple vista, vea ciertas cosas que son poco ecológicas, sin embargo, si observas con atención, te darás cuenta que el uso que ellos le dan sí es ecológico.

De esto me di cuenta desde el vuelo en ANA. Acostumbrado en otros vuelos internacionales, cada vez que me servían un jugo, agua o café, pasaban con la bolsita y tiraba los vasitos. Empecé a notar que mis compañeros de asiento (ambos nipones), no cambiaban de vaso y ahí me di cuenta que tomaban siempre lo mismo y, por esa razón, no lo cambiaban.


Justo ahí sentí mucha pena de mí mismo, ya que había pasado medio vuelo y había desperdiciado algunos vasitos. Así que la segunda parte del trayecto, me mantuve con el mismo y respetar así la postura ecológica de mis anfitriones. Cuando les dije a las señoritas que no me lo cambiaran y me sirvieran en el mismo, de inmediato noté que su semblante adquirió un gesto de amabilidad más auténtico y amable (y que conste que SIEMPRE fueron amables, sólo que ahora las sentí más serviciales con ese pequeño detalle). Este mismo pasaje me sirvió en Akihabara.

Iba fascinado recorriendo tiendas en Akihabara, a pesar de la lluvia. En cada negocio, a la entrada, te ofrecen unas bolsitas para que metas tu paraguas y no les escurras el lugar. En el mismo mueble en que tomas las bolsitas, hay otra sección para que las dejes cuando abandones el sitio.


Como en la sexta tienda noté que una chica llegó y tomó de las bolsitas usadas y, un momento después, entró otra que llevaba su propia bolsita. Eso me llamó la atención, así que empecé a imitarlas, por lo que ya sólo utilice una bolsita el resto de la noche, además ellas no eran casos únicos, porque observé que ningún nipón tomaba de las bolsitas nuevas, porque preferían reutilizar las que había dejado alguien más.

¡Wow! Eso es eficiencia y respeto. Los negocios ponen a tu disposición las bolsitas, pero la gente no se aprovecha de la situación y no se les acaba el mundo por reutilizarlas. También observaba al resto de Gaijin, pero ellos, al igual que yo en un inicio, tomaban bolsitas nuevas en cada negocio (y luego no queremos que no  nos digan “Baka Gaijin!” ¬_¬).


Si sólo te quedas en la superficie, podrías criticarlos por el despilfarro de recursos en pro de la limpieza y orden, como las bolsitas para los paraguas o el cambio de vasitos constantes en ANA. Pero ya cuando observas su actitud ecológica, te das cuenta que el que desperdicia recursos eres tú pero ellos, por educación, los ponen a tu disposición, ya que tú contamines es decisión propia.

Fumadores

Hablando de contaminación.

            Ya es algo generalizado, alrededor del mundo, que no se fume en sitios cerrados. Ya es algo de sentido común de hecho, así que mucha gente opta por hacerlo en sitios abiertos sin ninguna restricción.

En Japón en realidad hay pocos espacios disponibles para fumar, obviamente en espacios cerrados no hay chance alguno, pero eso no quiere decir que en sitios abiertos el fumar sea libre.


De hecho, aún en sitios abiertos, hay pequeñas “islas” diseñadas exclusivamente para fumadores. Así que no se puede hacerlo libremente por la calle. Lo curioso del asunto es que, a pesar de dicha restricción, en el metro encontré a muchas personas con tufo a tabaco, y olor penetrante. Tal vez porque no estoy acostumbrado al olor a cigarro, pero se ve que el nipón fuma fuerte.

Horario de Verano

Para ser un país tan avanzado y tan consciente en el uso de los recursos, me llamó la atención que Japón no tuviera horario de Verano, a pesar de que sí lo aplicaron algunos años.

Y me brincó el hecho porque, en el Mes de Marzo, amanecía muy temprano (Alrededor de las 5AM) y también anochecía muy pronto (alrededor de las 6PM). Con el horario de verano hubieran ahorrado mucha energía, lo cual va acorde con sus actitudes ecológicas.


Sin embargo los japoneses, que sí lo aplicaron en su momento (cuando los gringos tenían el control de la Isla), tuvieron varios argumentos en su contra, por lo cual no lo volvieron a implementar. A continuación sus razones:

A)    El nipón tiene una hora de comida uniforme (de 12 a 1pm) y el cambio les afectaba el organismo. Clásico de gente tan dogmática ¬_¬U.
B)    Por otro lado argumentan que las horas de salida y puesta de sol son muy variadas a lo largo de su territorio, lo cual traería ventajas para unos y dificultades para otros. Ya que en unas escuelas entrarían aún a oscuras mientras que otras lo harían algo tarde.

C)     Un tercer aspecto son las horas extra que hacen en la oficina, muchas de las cuales se ven influenciadas por la luz de día así que, con más sol, el empleado se quedaría a trabajar más (y de por sí ya traen un problema para que no trabajen tanto).
D)    En Japón los veranos son muy calurosos, así que una hora más de día les traería una hora más de aire acondicionado, así que no hay un ahorro sino una pérdida.
E)     Finalmente, en el aspecto cultural, hay actividades (como festivales, fuegos artificiales o ver a las luciérnagas) que se dan de noche, por lo que el cambio de horario haría inconveniente dichos eventos al hacerlos más tarde.

Así que Japón tuvo argumentos muy puntuales y endémicos para no aplicar el horario de verano. Algo que me pareció  muy interesante ya que en muchos lados escucho quejas en su contra pero nunca hechos tan contundentes.

A pesar de no aplicar el horario de verano, son muy ecológicos. Así que resulta indispensable, en un país tan limpio, analizar los hábitos de higiene que muestra el nipón.


Higiene japonesa

            Para empezar, NO, no me tocaron baños estilo oriental, sí los llegué a ver pero, por fortuna, siempre había una opción occidental, así que no sufrí con ese aspecto en particular. Superado ese tema, hubo otras situaciones que pude observar al momento de ir al sanitario en dicho país.

            Para el japonés eso de baño “público” se lo toman muy literal, porque era común que los servicios quedaran muy a la vista del exterior; por ejemplo se veían los mingitorios desde afuera y a nadie parecía molestare, esto a pesar de que cualquiera en el exterior podía ver como orinabas ó_O.

            Lo mismo pasaba con algunos sanitarios de las mujeres pero, por fortuna, tenían puertas aunque podías verlas saliendo de las mismas. Y es que así como los japoneses son pudorosos para algunas cosas, son desinhibidos para otras. Por ejemplo, en esos mismos baños públicos, las señoras que los aseaban no se sentían amedrentadas porque hubiera hombres usándolos, de hecho ellas como si nada y los usuarios también. En México normalmente se esperan las señoras a que salgan todos los usuarios o los hombres esperan a que la de limpieza termine su trabajo.


            Eso sí, sin importar a cual entraras, ya fuera en el metro, en un templo, en un parque, en una tienda, un restaurante y demás sitios públicos, TODOS estaban limpios, con papel sanitario y con agua, algo que no siempre encuentras en México en sanitarios de acceso libre.

            Con tanta higiene algo que en verdad me resultaba chocante es que no había jabón ni papel en el lavamanos, en verdad fueron contados los sitios en donde encontraba lo necesario, además de agua, para lavarte las manos (creo que menos del 10%). Es por ello que el nipón se lava únicamente con agua y se seca con un pañuelo de su propiedad.

            ¿Acaso es antihigiénico? Desde su perspectiva no lo es.

            Supongamos que te lavas con agua y jabón, por lo que tus manos ya están limpias pero, al agarrar el pomo de la puerta ya se volvieron a ensuciar (éste suele tener más suciedad que los propios WCs), incluso tocas tu celular y tiene más bacterias.


            Para el japonés no es gran asunto tener las manos sucias ¿La razón? No acostumbran el contacto físico: no hay abrazos, apretones de mano o besos en la mejilla; además tus artículos son personales, por lo que nadie debe estar tocándolos así que, técnicamente, no estás afectando a nadie.

Por otro lado, antes de comer, siempre te dan una toallita húmeda para que te limpies correctamente, en una manera eficaz de tener las manos pulcras ya que, al ir al baño y lavártelas, no garantiza que lleguen limpias para ingerir tus alimentos.

            Así que, si lo ves fríamente, al ahorrar papel, jabón y agua, es una manera de ser ecológicos, típica en esta sociedad tan enfocada en economizar ante la falta de recursos naturales.

Llegando a casa la tendencia es otra, porque son súper pulcros. La Limpieza en el hogar es vital para el japonés, de ahí la costumbre de quitarse los zapatos a la entrada, ya que no quieren que el calzado que estuvo en la calle toque el espacio que ellos habitan. Y es que, al tener espacios tan pequeños, es importante tenerlos impecables.
           

            Esa limpieza me habla de un profundo amor propio, ya que aunque tengan una vivienda pequeña, se tienen el suficiente respeto para tenerla limpia, porque merecen habitar en un lugar pulcro y, de preferencia, sobrio.

            Y vaya que se toman en serio el tema. Al estar en hogar ajeno, procuraba dejar todo limpio, para dar las menos molestias posibles sin embargo, aunque trataban de pasar desapercibidos, alcanzaba a ver cómo Paco y Maki todavía limpiaban lo que en teoría yo ya había limpiado (y eso que me esmeraba). Igual y eran detalles muy pequeños, pero si alguien se fija en ellos son precisamente los japoneses.

La sana Mesura en sus compras

La mesura es algo en común entre los japoneses y alemanes. Ambas sufrieron tiempos MUY difíciles después de la derrota de la segunda guerra mundial, por lo que se volvieron muy conscientes con los recursos y, aunque hoy en día son prósperos, se les quedó tatuada esa actitud de medirse.


            Aunque sean la tercera economía del mundo, la mesura es algo omnipresente en el nipón, ya que es parte de su esencia, resultado de muchos factores: la escasez tras la guerra mundial, son una Isla con (relativamente) pocos recursos naturales, el poco espacio para habitar, entre otras. Es por ello que el japonés no acumula a lo bruto, así que tienen el buen gusto, e inteligencia, para tener lo estrictamente necesario.

            La suma de todos esos pequeños detalles evidencian el porqué de la alta calidad de vida que tienen: porque respetan el compromiso consigo mismos, el medio ambiente y su prójimo. Es una cultura tan sui géneris que, a pesar de ser parte integral del capitalismo, no han perdido su identidad mesurada. Es un pueblo tan contradictorio que resulta muy atractivo para el resto del mundo, y es que no hay lugar como Japón.

Por ejemplo en Tokio, donde Paco vive entre semana, cuando abrí su Refri vi que había demasiado espacio, estaba muy escueto, solo con lo vital para sobrevivir. Ya en Kioto, en donde vive con su familia, el Refri estaba lleno, pero mantenía todo muy bien distribuido en los espacios.


En el centro comercial, al comprar mis víveres, me di cuenta que no era algo de mi amigo, sino el pueblo nipón. Aquí la gente va al súper y compra poquito, por lo que acaba yendo un par de veces a la semana (o más). “Pero gastan más gasolina” dirá alguien, lo cual se “mata” con que normalmente compran en negocios que les quedan de camino de regreso o, de no ser así, llegan a casa y van a hacer la compra a pie o en bicicleta.

Por esa misma actitud de medirse, no ves presentaciones “Jumbo” de las cosas, todo está en cantidades pequeñas o medianas, es muy raro ver presentaciones muy grandes. Y es que tampoco tienen mucho espacio en la cocina o en el Refri para estar almacenando mercancía que no van a usar en meses: el espacio es un bien muy apreciado en Japón, por lo cual tener una casa es excesivamente caro (cinco veces más de lo que cuestan en México).


Por esas razones el japonés no es atascado como el mexicano, ya ni mencionemos al gringo que tiene su propia categoría. No ves a nipones cargados de bolsas, ni consumiendo a lo loco. A pesar de tantas cosas bonitas que ves, el japonés hace compras inteligentes, de hecho nunca capté a alguno haciendo compras inconscientes o impulsivas. De igual manera, aunque nadie me lo dijo estoy seguro que captar a alguien con esa actitud consumista extrema debe ser mal visto en Japón (y con lo que les importa la opinión de la Sociedad, mejor ni les cuento).

En México, gracias a la influencia gabacha, desperdiciamos mucha comida, esto motivado por el exceso de recursos y la desigualdad social, que resulta una vida barata a comparación de otras naciones. Es por ello que estamos agringados y las presentaciones de nuestros productos son cada vez más grandes, mientras que las de Japón son pequeñas.


Y es que decimos que la vida en Japón, Alemania, Inglaterra y demás naciones avanzadas es cara cuando, en realidad, tiene el precio justo (para el salario que tienen). Obviamente para nosotros como mexicanos, vemos sus precios de agua, luz, gasolina, comida y demás y nos escandalizamos, pero eso es lo que deberían de costar, lo que pasa es que, basados en la pobreza de la mayoría de la población, estamos malacostumbrados a que el costo de vida en México es barato (de clase media para arriba, claro está).

El japonés no es atascado en ningún aspecto. Es muy reservado, muy mesurado y consciente de sí mismo y su entorno ya sea comiendo, hablando, caminando, comprando y, en general, el respeto a los demás.


Independientemente que la vida es cara en la Isla, históricamente no han tenido muchos recursos naturales y, si agregamos la sobrepoblación, es fácil ver por qué se comportan así. Por eso son medidos con el té, la comida, las compras, la despensa. Mucho del buen gusto que tienen se basa en esa tendencia mesurada, ya que al ser cosas breves y pequeñas, procuran que sean elegantes, finas o de alta calidad. Ya que si va a ser algo chico, por lo menos que sea de buen gusto.

Esa actitud económica del japonés, ante la falta de recursos, les dará una idea de un país austero, y hasta apagado. Nada más alejado de la realidad. Es un país que te la impresión de ser muy vasto, de que te puedes atiborrar de lo que quieras, sin límite. Y como extranjero estás dispuesto a intentarlo pero, como japonés, no tienes esa necesidad de atascarte, así que hay disponible todo lo que quieras pero, al ser tan medidos, sabes qué tomar y que no, aunque lo desees, sabes que no lo necesitas. Al final, la muestra de una cultura desarrollada y más cerebral que sentimental en su diario acontecer.


Por lo mismo que tienen poco espacio, no van y compran cantidades industriales como nosotros cuando vamos a Sam’s o Costco. Por esa actitud de mesura, quería visitar Costco en Kioto, para ver cómo su cultura mesurada influye en la clásica tienda del atasque gringo. Sin embargo nunca nos dio tiempo de ir (la cerraban muy temprano).

Fechas de caducidad y calidad de la comida

Esa misma actitud mesurada afecta la presentación y caducidad de sus productos. Los alimentos en Japón tienen una caducidad extremadamente corta. Un ejemplo, en México la leche en Tetrapack tiene unos tres meses (o más) de caducidad  y que antes de abierta no requiere refrigeración. En Japón no vi dichos envases, sólo cartones estilo antiguo con 7 días como máximo, y siempre en refrigeración. O unos dulces rellenos de mermelada (que compré en Kioto), que en México te durarían unos tres meses, en Japón si te dura dos semanas, eres afortunado.


Eso habla bien del pueblo nipón, ya que no usan muchos conservadores para mantener la comida artificialmente durante largo tiempo. Por esa lealtad que tienen entre ellos, sus alimentos son más frescos, más naturales, sin conservadores, por eso duran lo que tienen que durar. El problema lo tenemos nosotros con alimentos en teoría sanos (como leche de arroz, de coco, de almendra o pechuga de pollo, salmón o atún enlatados) que van desde seis meses de caducidad hasta cuatro años.

Tal vez se nos haya olvidado con la costumbre, pero el sentido común dicta que un alimento natural y sano no debería durar tanto tiempo sin echarse a perder. Y no sólo era la leche, TODO los alimentos que vi tenía una fecha de caducidad corta: dulces, pan, bebidas, botanas, etc.

            Breve conclusión.

            Como se pudo leer el pueblo japonés es muy educado y solidario, lo cual es la raíz de su éxito. Tal vez en México podríamos implementar las mismas acciones que ellos y no tendrían éxito ¿Por qué? Por la falta de disciplina, educación y lealtad que priva entre nosotros.


            A veces me imagino qué pasaría si intercambiáramos de país las poblaciones mexicana y japonesa, y el resultado me daría miedo. No tengo duda que en un espacio tan pequeño y con tantas limitaciones, los mexicanos acabaríamos matándonos por el caos que tendríamos. Por otro lado, no me imagino el país tan bello que sería México con gente tan respetuosa como la nipona.

            O tal vez tenga otra lectura ese hipotético cambio.

            Al vivir en un lugar tan pequeño y con pocos recursos, tendríamos que aprender a comportarnos con civilidad y respeto. Por otro lado, ante tal abundancia, es factible que el nipón con el tiempo se volvería despilfarrador.

            Definitivamente el ambiente en el cual te desenvuelves afecta tu identidad individual y nacional. Tal vez somos un desmadre de país e irresponsables como personas por la abundancia en la cual vivimos, mientras que los japoneses se han vuelto muy civilizados porque no les queda de otra ante la estrechez de sus recursos y espacio.


            Hebert Gutiérrez Morales.

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