domingo, 1 de octubre de 2017

Regreso a Nueva York (Parte 1)

Llegando al Met
            Tres años y algunos meses pasaron de aquel primer viaje a la Gran Manzana (Mayo 2014) que hice con mi amigo Luis Fuentes, mismo que resultó en una semana agotadora e inolvidable.

Ahora en Septiembre del 2017 regresé con el pretexto de ver el partido entre mis Delfines de Miami y los Jets de Nueva York, así como saldar un par de pendientes, por lo cual sólo fui por tres días. Al final, el partido resulto ser de lo menos importante del viaje, sobre todo porque perdió mi equipo (¬_¬U).

No tenía en mente este par de escritos, ya que he estado algo apático en cuanto a ensayos nuevos, por ejemplo han pasado películas, libros y lugares memorables en los últimos meses y no me han sacado de mi letargo. Y no creí que NY fuese a romper con esa tendencia, ya que no es mi sitio favorito pero, precisamente por esa causa, es que nacieron estos textos, pero ya ahondaré sobre ese tema al final del segundo ensayo.

            Tremendo calor
           
            Como ya mencioné, en el 2014 venimos en Mayo, ya entrada la Primavera, y aunque nos tocó un calorcito agradable, también nos tocó algo de lluvia, viento y, a veces, algo de frío.

            Consulté el clima para los días que iba a estar y los tres estaban con mínimas de 21 y máximas de 32 grados, temperaturas que no me asustan porque son a las que estoy acostumbrado en distintas partes de México.

            Sin embargo, llegando a Nueva York, ¡Ah su puta madre! ¡Pero qué puto bochorno! No sólo era el calor, sino la humedad que lo hacía más intenso. Uno supondría que una ciudad tan norteña no tendría un calor tan intenso tipo Veracruz, pero me equivoque.

            La ventaja es que iba preparado con mis bermudas, las cuales me hicieron el paro, porque con puro pantalón me hubiera cocido en mi jugo. La desventaja es que se me olvidaron la cachucha, el bloqueador y los lentes de sol, así que me asoleé de más y retomé color africano, lo cual no le va a hacer gracia a mi doctor porque se supone que debo cuidarme del sol -_-.

            Así que en el Estadio me fundí al estar algunas horas bajo el sol abrasante y ni una sola nube que nos refrescara por lo que, al medio tiempo, todos nos resguardamos a la sombra.

            Aunque no todo fue malo con el calor intenso, de hecho, fue un precio que pagué con gusto para presenciar un espectáculo impresionante y de alta calidad (H_H)

            Ese cuerpecito que Dios te dio.
Así de guapas (y buenas) las veía

            Bendito calor, ¡Cómo lo ame! Cada vez que veía un shortsito, una blusita, escotes, un minifaldita o algún topsito, me hacía inmensamente feliz. Eso era algo que sabía que me iba a tocar en NY y lo esperaba con ansías: la cantidad impresionante de mujeres atractivas con las que te encuentras en este sitio es un auténtico sueño.

            Por un lado tenemos a todas esas turistas sabrosas que están de visita y aprovechan para lucir todo eso que la naturaleza les dio de manera generosa. Por otro lado, las chicas locales, al tener tanta presión foránea, también cuidan su alimentación y actividad física.

            De hecho NY es de las ciudades gringas en las que menos gordos mórbidos he visto, obviamente también es de las ciudades gabachas en las que se le da una importancia mayor a lo normal a la apariencia.

            En fin, el caso es que no importaba el lugar o la hora, siempre tenía un desfile de belleza ante mí y no imagino mis gestos al ver tanta sabrosura caminar frente mío. Esos gustos gratuitos que te da el viajar a este tipo de sitios H_H

            Misma compañía, mismos vuelos, diferentes países.

            En esta ocasión viaje con Interjet, sólo lleve la maleta de mano y mi lap, lo cual resultó ser muy práctico y cómodo. De hecho es la primera vez que voy a Estados Unidos sin maleta documentada, traducción: Cero compras (y eso también me gusto). Una porque no tenía tiempo ni interés en hacer shopping (tenía tiempo exacto para los lugares a visitar) y otra porque Nueva York es excesivamente caro, de hecho la ciudad gringa más cara que he visitado, sin duda el peor lugar para hacer shopping.

            Pero bueno, el tema no es ése. Aunque volé con la misma compañía, la previa del vuelo fue diferente dependiendo el país del cual salías.   Por ejemplo, te dicen que tienes derecho a llevar 10 kilos entre la maleta de cabina y el ítem que lleves contigo, en este caso mi Lap Top. Cuide ese detalle desde casa pero, al momento de hacer mi check in en la Ciudad de México, nadie pesó mi maleta ni me preguntaron por ella. De hecho me dieron los identificadores, porque así lo pedí.

            Ya en el vuelo de regreso, en el aeropuerto JFK, sí me pidieron pesar ambos objetos y di el peso exacto, de hecho fui el único de los que me tocó ver porque TODOS los que atendieron antes, se habían pasado y tuvieron problemas, así que pagaron de más. Obviamente se enojaron porque en México nadie les dijo nada pero, a favor de la aerolínea, sí lo mencionan en las restricciones del vuelo.

            El tema siguiente no es nuevo, pero sí me llamó la atención porque ahora se pusieron más mamones. Cuando pasas los filtros de  seguridad en México, la cosa es relajada, hasta te pones a platicar con el personal y no son tan estrictos.

            En el JFK se pusieron más estrictos de lo normal, ya sabía que te hacen quitarte los zapatos y pasar por una máquina que te escanea de cuerpo entero, cosa que no me molesta, pero ahora te hacían sacar medicinas, chocolates y hasta libros. ¡Ah! Y me tocó atestiguar cómo fueron mucho más minuciosos con una pareja de árabes, de hecho su revisión fue exhaustiva y, desde mi perspectiva, muy invasiva.

            Finalmente, el vuelo en México salió con unos 15 minutos de retraso, lo cual no afectó tanto porque llegamos a tiempo. Pero en Estados Unidos el vuelo salió en punto. Esto influenciado desde el embarque, ya que en México fue un poco más desorganizado, mientras que en Estados Unidos fue más eficiente.

            Recalco que lo curioso del asunto es que ambos vuelos fueron operados por la misma compañía, con personal mexicano y/o latino, con la diferencia que en un país las reglas son más relajadas y en otro son más estrictas (y si le agregamos su paranoia, pues más).
En el Ala Gringa del Met

            La familiaridad neoyorkina

            Uno de mis sentimientos favoritos es, tras una ausencia prolongada, regresar a un lugar en el que fuiste feliz. El primero de ellos fue cuando me subí al metro rumbo a mi hotel. El metro de NY no es el más bello, pero me gustó volver a trasladarme en él, porque recordé todo lo que viví tres años atrás.

            Aunque mi reencuentro más especial vino de mi lugar favorito de la gran Manzana: Central Park. Salí en la estación del metro del Museo de Historia Natural, el cual me encantó visitar la vez pasada, pero ahora no figuraba en los planes. Desde ahí vi Central Park y me emocioné.

            Mientras me dirigía al Met, caminaba por el parque de mis amores, aquel que recorrí con felicidad durante los siete días de la ocasión anterior. Recordé lo pletórico que estaba mientras lo corría cada mañana, cada hermoso momento que me regaló este sitio se reflejó en la omnipresente sonrisa mientras lo caminaba.

            Veía a los corredores y los envidiaba profundamente. Como sabía que no iba a tener tiempo, ni siquiera traje mis pants pero, a pesar de ello, con gusto me hubiera puesto a correr con ellos.

            Al final se me pasó la envidia porque recordé que tuve mi oportunidad y la aproveché muy bien, de hecho el escrito de Central Park es de mis favoritos, por tantos recuerdos bellos que me dejó dicho lugar, de los pocos que me robó el corazón en NY. :’-)

            El tercer momento de reencuentro se dio dentro del Met, en el ala gringa. Había lugares que iba reconociendo a lo largo del Museo, pero la primera que me dio un gran flashazo fue la American Wing, que al verla me llevó de inmediato a la visita anterior y en automático sonreí. Esa alegría retroactiva de visitar sitios de una felicidad pasada.

            Y ya que toqué uno de los museos más importantes del mundo, hablemos de él.
"The Burghers of Calais" de Auguste Rodin

            Humanizando el Met

            Sabía que tenía que regresar a Nueva York, sobre todo porque tenía algunos pendientes, el más grande de ellos fue saldar una cuenta, ya que el Museo Metropolitano (The Met) era el único que no había acabado, y eso no se podía quedar así, por lo que tenía que sacarme esa espinita.

            Al tener sólo tres días, mi itinerario estaba definido, y el sábado estaba dedicado 100% al Met, de hecho analicé con calma el mapa del Museo e hice mi estrategia para optimizar el tiempo. Adicionalmente los sábados cierran hasta las 9pm, así que iba a tener tiempo extra para recorrerlo en su totalidad.
"El Invierno" de Houdon

La única desventaja que no pude prever era el cansancio acumulado que llevaba de los días previos, ya que siempre hubo una causa que me hizo dormir entre dos y tres horas menos por noche durante toda la semana previa, además de que sólo dormí cuatro la noche anterior (en el vuelo), así que iba molido físicamente.

Esa falta de descanso la tuve que reponer con comida, que dentro del Met es cara, pero era la única forma de recargar energías y acabar tan enorme Museo, así que hice las tres comidas dentro.

El Museo es enorme, aunque no tanto como lo recordaba. Esto debido a que, con los años, he ido acumulando visitas a este tipo de lugares y ahora tengo más experiencia, y no sólo por los museos sino por los viajes en sí.

            Mientras lo recorría me di cuenta que mi visión del mundo ha cambiado imperceptiblemente en estos tres años, que ahora estoy menos pendejo e ignoro un poco menos de cosas.

Entre esas cosas es que mi gusto por el arte, por más mamón que suene, se ha ido refinando y ya no me cuezo al primer hervor. Y no es que ahora sea un experto, sólo que he visto tanto y tan diverso que ya soy un poco menos burdo en su contemplación. De hecho mi gusto por el arte ha cambiado al igual que mis prioridades.
"Tables for Ladies" de Edward Hopper

            Por ejemplo, cuando veía imágenes de Florencia, Venecia o Roma, me daba cuenta que ahora tenían un significado especial para mí, y la vez pasada no reparaba en ellas más de lo normal. Continuando con el país de la bota, en el Met seguí con mi obsesión con “La Anunciación” que inició en Italia. Me di cuenta que mi manera de ver las obras ha ido evolucionando después de visitar otro grandes Museos en Londres, Italia, Japón o dentro de Estados Unidos (Chicago, Washington o San Francisco).
"The Lighthouse at Two Lights" de Edward Hopper

Para mi sorpresa, aprendí a apreciar el arte de culturas que normalmente no les destino mucho tiempo, como la china, la egipcia, la árabe o la hindú. De hecho me sorprendí a mí mismo cuando le dedicaba a esas exposiciones más atención de la que normalmente les doy.

También vi muchas pinturas y esculturas de artistas famosos y otros cuyos nombres  no me eran tan conocidos. Lo que sí se mantiene sin cambio es la emoción que siento cada vez que encuentro una obra de mi pintor favorito: Edward Hopper, cuyas obras despiertan una sensación cálida en mi pecho difícil de explicar.
Mural "America Today" de Thomas Hart Benton

            Ciertamente es un museo enorme, con infinidad de exposiciones, mismo que acabé a un ritmo frenético en poco más de 8 horas, ni siquiera tuve que hacer uso del horario extendido ya que termine pasadas las 6pm, y eso que estaba cansado. Y ahí me pregunté, ¿Por qué no lo acabé la primera vez?

            En aquella ocasión recuerdo que primero visitamos el Guggenheim, que resultó un desperdicio de dinero y tiempo, además de que con Luis no podía tomarme más tiempo del planeado porque teníamos un itinerario muy apretado.
En la sección egipcia

            Tres años después tenía claras mis prioridades, y la primera era acabar el Met. Además, al venir solo, tenía todo el tiempo y energía a mi entera disposición. También ayudó que había secciones que ya conocía, mismas que de todas formas volví a recorrer, pero el trámite fue más rápido.

Cuando lo terminé me di cuenta que había otros museos que había disfrutado más, como el de Albert y Victoria o el British Museum (ambos en Londres) o la Alte National Galerie en Berlín, pero para saber eso tenía que acabar el MET neoyorkino y así desmitificarlo.

            Durante tres años viví con la creencia que el Met era mi museo favorito, pero era más por esa mística que le di al no poderlo acabar. Ahora que lo humanice y le quite ese velo de imposibilidad, lo he bajado de su pedestal.

Ciertamente es un museo que está entre mis favoritos y, sin duda, uno de los mejores del mundo pero también debo aceptar que me gustan más los museos europeos. Y que incluso hay otros dentro de Estados Unidos que también tiene un muy buen nivel. A pesar de dicha desmitificación, el Met seguirá teniendo un lugar muy especial en mis recuerdos.
"The Organ Rehearsal" de Henry Lerolle

Y una gran ventaja de haberlo acabado a buena hora es que me quedo tiempo para una visita no planeada, pero que con gusto hice, a uno de mis lugares favoritos de Central Park.

El Jardín del Conservatorio: dejando la inocencia atrás.

Dice Fernando Delgadillo que nunca regreses al lugar de tus viejas alegrías ¿La razón? Porque corres el riesgo de ver otras realidades.
El Jardín del Conservatorio

Hace más de tres años, aquel último día en el cual me despedí de Central Park, fueron unas horas memorables. Era una hermosa mañana de Sábado con un sol resplandeciente, el cual era un marco inolvidable, aunado a la nostalgia de la partida, por lo que (tal vez) mis recuerdos son más dulces que la realidad que los generaron.

Llegué al jardín al atardecer, todavía había luz pero no ese sol resplandeciente de media mañana. También hay que mencionar que iba cansado después de 8 horas enclaustrado en un Museo y de falta de sueño durante la semana. Y, quiéranlo o no, la inocencia se te va mermando con los años.
Uno va perdiendo la inocencia

Objetivamente, el jardín seguía igual de bonito que la vez anterior, les puedo decir que nada había cambiado en él y que seguía igual de bello que la primera vez que lo visité. Así que era obvio que el que venía diferente era un servidor.

Lo recorrí, pero ya no era la misma emoción o ilusión de tres años atrás. Eran los mismos lugares, los mismos sitios que me encantaron aquel sábado que me despedía del hermoso parque, pero ya no las mismas sensaciones.

Y ahí reflexioné que somos muy dados a culpar a los demás (personas o situaciones) de que han cambiado, que ya no nos llenan como antes cuando, en realidad, gran parte de esa decepción nos pertenece a nosotros que ya no somos quienes solíamos ser.

Me despedí por última vez del precioso jardín y le ofrecí una disculpa silente por haber regresado, tal vez lo mejor hubiese sido que no lo hubiera hecho y que se hubiesen quedado mis recuerdos con toda esa magia y alegría con que lo recordaba de la vez anterior. Y, a la distancia, también le ofrecí disculpas al maestro Delgadillo, por no seguir al pie de la letra sus consejos tan sabios. :’-(

            The Jane

            En mi primera visita a Nueva York, nos quedamos en el Hotel más fresa que he conocido: Un Hilton a un par de cuadras de Central Park, de las pocas cosas buenas que me dejó la pésima decisión de tener un tiempo compartido. Aquel hotel era inigualable e hizo la estancia más confortable para Luis y para mí.

            Dejé de echarle más dinero bueno al malo, por lo que ya no tengo el tiempo compartido. Así que ahora busqué hotel como cualquier otro mortal. Encontré uno que resulta acogedor y ubicado en una zona muy atractiva para Hipsters, ya que se encuentra en Greenwich, de las zonas más populares para los jóvenes alternativos y la gente con alma bohemia.

            The Jane es un hotel con toque histórico, mismo que se inauguró a inicios del siglo pasado y que sirvió incluso para hospedar a los sobrevivientes del Titanic. Inicialmente fue diseñado para albergar a marinos que venían de paso, así que las habitaciones son minúsculas, al estilo de camarotes de un barco, traducción: te hospedas en un cuarto minúsculo, con el espacio esencial para dormir y cambiarte.

            Ahí es donde te das cuenta lo caro que es Nueva York, ya que por esa minimadre de espacio pagué, ya con impuestos, 125 USD por noche, lo cual es una barbaridad pero, si comparas el precio de los hoteles en Manhattan por un par de noches, verán que es de lo más accesible que puedes encontrar (sin contar hostales, claro).

            Obviamente, con tan poco espacio, los baños y duchas son compartidos, pero la verdad están muy bien diseñados, además de estar limpios y ser bastante funcionales. Nunca tuve que esperar a nadie para ir al baño, ducharme o lavarme los dientes.

            La ubicación del hotel me gustó mucho, el personal del mismo resultó muy amable y profesional, el WiFi funcionaba bien, la TV tenía buena oferta de canales, el restaurante algo caro y, sin duda, el dueño ha de sacar muy buena lana a los seis pisos de cuartos diminutos. Eso es aprovechar el espacio en una de las urbes más caras de Estados Unidos (junto con San Pancho).

            Hasta aquí el primer día en este regreso a la Gran Manzana. En la segunda entrega les cuento el cierre de este viaje incluidas mis conclusiones sobre Nueva York y mis razones para no volver a esta famosa urbe. Ese segundo escrito lo pueden leer en esta liga.


            Hebert Gutiérrez Morales.

1 comentario:

Jose Antonio Hernandez Morales dijo...

Celina y yo vamos a ir en unos años.