domingo, 19 de noviembre de 2017

La Tercera es la Vencida: Barranca Grande.

Los integrantes de esta aventura
            “La Tercera es la vencida”, sé que sonará estúpido, pero es el pensamiento que me invadió cuatro días antes de la aventura y es que muchas coincidencias se dieron: el grupo se formó de último momento por un cuarteto de chilangos que se incorporó en la semana, Chava nos canceló el mismo día que Gabriela se animó, el clima decía que iba a llover y no lo hizo. Todo eso iba incrementando mi esperanza de que (ahora sí) iba a acabar la expedición de Barranca Grande como se debía.

            El Viernes salimos tarde de la oficina así que nos fuimos por la autopista y, por obras en Xalapa, llegamos por un camino que jamás había conocido; ese día me desengañé, ya que creía que sólo se podía llegar por una única vía a Jalcomulco, pero me equivoque. Tal vez suene tonto, pero ese pequeño detalle de llegar por un camino distinto me dio certeza “Ahora sí lo vamos a acabar”
 
Antes de iniciar el descenso
            Tal vez fuera esa esperanza, el cansancio de la oficina o el stress de salir tarde pero esa noche disfruté una de las cenas más deliciosas que he tenido aunque, también cabe la posibilidad, que el sazón de Veracruz es algo que siempre llena mi alma de gozo. Mi estómago sabe identificar el sabor del hogar.

            Antes del Río

            Al otro día nos levantamos muy temprano, más que las ocasiones anteriores puesto que ahora no íbamos a quedarnos en “Las Juntas”, así que desayunamos a las 6AM  y media hora después ya estábamos en camino a Barranca Grande.
 
El inicio del trayecto
            Pasamos por el antiguo campamento de Raft México, el cual ya sólo da servicio como Hotel ecológico “nice”. Los recuerdos que ahí viví me invadieron y sentí, paralelamente, mucha tristeza y agradecimiento hacia todo el Staff original con los que inicié en este maravilloso mundo: Dario, Tío Memo, Shaná, Pitico, Alfa y demás guías que me parecían muy cool y me inspiraron a seguir en esto.

            Esa nostalgia que te inunda al recordar los buenos tiempos que pasaron. Pero cada cual siguió su camino, y en eso no hay nada que reclamar ni que ofrecer disculpas, simplemente es la vida que continua. Ahora era muy feliz de estar con los de Armonía Rafting, que manejan un nivel de profesionalismo y buen ambiente que nada tiene que pedirle a aquella otra empresa con la cual empecé.
 
Listos para empezar junto con Nico

            Antes de entrar al río, la diferencia entre nuestras balsas era notoria en el nivel de sofisticación: ya que unos llevábamos licras, cámaras, relojes, calzado especial y demás, mientras que la otra balsa sólo con sus shorts y sus playeritas, y está bien, porque así empezamos todos en esto del Rafting.

            La indumentaria no era la única diferencia, ya que en nuestra lancha remábamos como vikingos (aunque según yo los que remaban eran sus esclavos) y en la otra remaban como chinamperas de Xochimilco. Por eso pienso que Chevy (el líder de Armonía Rafting) se fue con ellos, para lidiar con una balsa que no remaba nada, y lo comprobé al ver que nos mandaban de avanzada en los rápidos más fuertes: para salvar a los de la otra balsa si caían. Aunque Chevy la pasó difícil con un grupo sin fuerza al final la libró bien.
 
Una linda postal desde un río bello

            A pesar de todo ello, y a que no socializamos mucho con la otra balsa, les estaré profundamente agradecido, porque gracias a que se animaron (sin experiencia, ni equipo, ni energía) se juntó el grupo y pudimos hacer esta expedición, sin importar nuestra sofisticación, técnica o energía. Lo cual demuestra que en este mundo todos dependemos de todos y hasta seres que consideras que nada te pueden dar, al final pueden serte de gran ayuda.

            Sección Barranca Grande

            Comencé algo nervioso, todavía recordaba que dos años antes nos quedamos atorados en los primeros rápidos, por lo cual caí al río y tenía muy presente el santo madrazo que me puse en el muslo aquella vez. Por eso le estuve preguntando a Nico (que también fue nuestro guía la vez pasada) en dónde había sido, ya que (aunque no lo decía) tenía miedo de volver a caer. Creo que Nico se dio cuenta, ya que no me dijo dónde fue, hasta que lo pasamos, y ahí me relajé un poco.
 
Había rápidos que teníamos que caminar
            Haciendo un lado el cansancio de remar unos 45 kilómetros en seis horas, el trayecto se me hizo muy tranquilo, no quiero sonar mamón, pero incluso fácil. Obviamente influyó que estábamos remando con fuerza, además de tener un guía experto.

            Y también tuvo que ver la experiencia, porque el conocimiento es poder. Ahora veo esas mismas olas que te pegan de frente, pero ya no me impactan como las primeras veces, o los rápidos los veo más “lentos”. Obviamente me sigo asustando, pero sé que vengo con un equipo de seguridad y que, si llego a caer, lo más probable es que de unos moretones no pase.
 
En Plena acción
            A la hora de la comida, a medio río, les comentaba a mis amigos de mi primer rafting, en Amacuzac, y hubo un momento en que dije “Aquellos fueron mis primeros rápidos y los últimos de Lesly”, ahí sentí una especie de tristeza y profundo agradecimiento hacía mi querida amiga por haberme introducido a este tipo de actividades.

            Al llegar a “Las Juntas” comprendí por qué muchos pasan pernoctan ahí: porque ya vas cansado después de 40 kilómetros remando (Gabriela ya se iba durmiendo) pero me sentí feliz de no pasar la noche ahí. Cuando planee esta tercera visita a Barranca Grande tenía algo claro: ya no quería pasar a “Las Juntas”, y no porque sea un mal sitio, sino porque ya tenía ligado ese lugar con la experiencia de no acabar la travesía.
           
Una tortita a medio río sabe deliciosa
Así que sólo faltaban 5 kilómetros, difíciles, pero realizables. Estaba un poco nervioso porque sabía que venían los cuatro Cuatros, así como el clase 5, pero ahí me di cuenta de por qué se me hizo un trayecto fácil: Nico no nos mencionaba la clase de cada rápido (si eran clase tres, cuatro o cinco), sólo hasta que los pasábamos. En lugar de eso sólo nos daba indicaciones de lo que íbamos a hacer, con mucha calma, sin miedo alguno.

Definitivamente eso ayudó a que estuviera tranquilo, bien dicen que la ignorancia es felicidad y si no sabes de qué tamaño viene la pedrada, es más fácil estar tranquilo y evitar angustia y/o sufrimiento previo. El único que nos anuncio fue el clase 5 pero, como remamos con fuerza, lo pasamos relativamente fácil.
 
Hacer rápidos te llena de vida y felicidad
“¡Qué diferencia!” Pensé mientras pasábamos esos últimos rápidos, esto comparándolo con lo que viví ahí mismo cuatro años atrás, ya que el río estaba muy bravo, así que fue de mis episodios más intensos en esto del rafting.

Y así llegamos al Puente Pescados y un sentimiento de profunda calma y satisfacción me invadió mientras decía hacía mis adentros “¡Por fin!”. Al otro día nos íbamos a echar la Sección Pescados, pero ésa ya es como de casa, ya que es el Río que más he recorrido. Así que nos llevaron a las instalaciones de Armonía Rafting para relajarnos.
 
Nico remándole chingón y nosotros posando para la foto ¬_¬
Temazcal genérico

            Algo de lo que me caga de vivir en este mundo Millennial es que cada vez se le da en la madre a la esencia de las cosas, ya que la comodidad y lo políticamente correcto nos está volviendo un mundo putito.

            Cuando llegamos del río nos llevaron a tomar un Temazcal, lo cual me emocionaba ya que, como he mencionado otras veces, es una práctica que me inculcaron desde pequeño y que disfruto mucho cada que tengo oportunidad, pero en esta ocasión no fue el caso.
 
Un lugar muy bello de nuestro México
            En lugar de hacer el Temazcal clásico con cuatro puertas y unas dos horas, ahora se hizo de una sola puerta y unos 40 minutos de duración. Honestamente me sentí defraudado y es que, como dirían por ahí, ni me despeine.

            Mi tristeza pasó a fastidio al ver que la gente ignorante que nos acompañaba en el Temazcal estaba soñada de su “ruda experiencia”. Aunque tal vez me cagaron desde antes con sus comentarios tan huecos y pendejos de que “vienen de la gran ciudad a experimentar estas costumbres salvajes”.

            Ahí comprendí por qué hacen estas versiones genéricas de nuestras tradiciones: porque la gente ahora quiere cosas fáciles, sencillas, prácticas, que no requieran gran esfuerzo ni inversión de tiempo, que no los aleje mucho de sus celulares y que les permita presumir lo mucho que experimentan del mundo.
 
Además de los Rápidos, los paisajes valen la pena
            Posteriormente les expresé mi sentir a los de Armonía Rafting esperando que, para la siguiente ocasión, me puedan dar un Temazcal como se debe y no esas versiones comerciales para turistas tetos.

            Mi querido Pescados.

            No será el río más bonito, extremo, ni largo que he recorrido, es más ni siquiera inicié en él pero Pescados es mi río favorito para hacer Rafting. Tal vez por ello es el que más veces he hecho, si no me fallan las cuentas ésta fue la sexta vez. Pero ahora fue diferente mi sentir.

            Lo hice con una tranquilidad impresionante, no porque no emocionara, sino por una especie de paz interna que me invadía al saber que había logrado algo que por años tuve pendiente. Así que navegué Pescados con esa familiaridad del visitar a un viejo amigo que te recibe con los brazos abiertos cada año.
 
Un salto de cinco metros a mitad del río
            El día anterior los de Armonía Rafting me quitaron una idea del Pescados, y es que sus 16 kilómetros sólo duran 90 minutos. Había vivido engañado que duraba de dos a tres horas. Ahí se demuestra que el tiempo corre más lento cuando te la estás pasando bien.

            Sin importar las veces que lo haya hecho, Pescados me sigue pareciendo un río muy divertido, que tiene rápidos muy padres, que te deja nadar y hasta hacer saltos. El único punto triste fue que no pudimos hacer la Bruja Blanca, que es uno de mis rápidos favoritos, pero tenía un árbol atravesado y era muy peligroso intentarlo.
 
Siempre había querido cruzar el puente colgante de Jalco
            Terminada la travesía llegamos caminando a Armonía Rafting en donde nos bañamos y comimos. Nos despedimos felices de nuestros anfitriones y empezamos el camino de regreso con toda esa buena vibra que te da visitar un lugar tan auténtico y divertido como Jalcomulco, sin duda alguna, uno de mis lugares preferidos del mundo y, mientras pueda, regresaré las veces que me sean posibles.

            Reflexiones finales sobre Barranca Grande.

            Al terminar Barranca, un pensamiento me invadió: “Igual y lo sigo haciendo porque no es tan terrorífico después de todo”. Esto haciendo referencia a lo que experimente hace un año en Mahahual, en donde una especie de pánico me atacó y decidí hacer mi gira de despedida de actividades extremas este año. Obviamente hay que tenerle respeto al río, pero con los profesionales con los que normalmente voy, sé que voy a estar bien.
 
Hacer rafting ha cambiado mi vida
            A pesar de lo bien que me lo pasé, no sé si vaya a volver a hacer Barranca Grande, obviamente si se juntan todos los factores (fechas, nivel de río, grupo, disponibilidad y ganas) es factible que lo vuelva a hacer, pero ha dejado de ser una prioridad para mí.

Ahora podré relajarme y regresar a Jalcomulco cada año a hacer Rappel, Tirolesa, Canopy y demás actividades, además de mis descensos al Pescados y Antigua. Incluso buscaría hacer Pescados y Antigua de un solo golpe, si los niveles del río lo permiten.

            Barranca Grande ciertamente es una especie de “Must” para los que nos gusta el rafting, ya que es un río muy técnico y entretenido. No es una sección muy comercial, ya que es muy largo, muy sinuoso, muy angosto y no tienes muchas opciones para jugar, pero sí es un logro relevante en esto del rafting, así como una especie de gusto egoísta. Por lo mismo no es para cualquiera, y por ello es tan difícil armar los grupos, y eso incrementa la sensación de satisfacción y logro.
 
Las dos balsas que tomamos esta aventura
            Barranca Grande fue un gran “Check”, el quitarme un pendiente de encima y, si vuelvo a tener la oportunidad, con gusto lo haré. Pero si no lo vuelvo a hacer, será una expedición que guardaré en mi corazón, y no sólo esta tercera (que fue la exitosa) sino las dos anteriores que se quedaron inconclusas ya que, al final, también tuve vivencias muy extremas que me han formado en esto del mundo del Rafting.

            Ya superado Barranca Grande, ahora buscaría hacer la Sección Alemania del Río Copalita o incluso buscar rafting en el río Urique en las Barrancas del Cobre o el Lacanjá en Chiapas. Además de una expedición de tres días a la que le eché el ojo en Cuzco, Perú.
 
Gracias a este equipo logré mi cometido
            Barranca Grande fue algo significativo en mi vida pero, honestamente, ya no era la misma ansiedad ni los mismos nervios de las primeras veces. Claro que había emoción, pero ya no las ansías del pasado y, por lo mismo, tampoco era el mismo miedo.

Al terminar me sentí satisfecho, pero no sentí la misma euforia que hubiera sentido cuatro años atrás. Fue un logro especial pero, con lo que he vivido los últimos cuatro años, he ido aprendiendo a poner las cosas en perspectiva y tratar de no perder la cabeza por nada.

Gracias por todo Barranca Grande y Armonía Rafting
Creo que ahora lo experimente como una alegría más adulta, con un poco menos de ilusión y entusiasmo, pero con un poco más de contemplación y agradecimiento. Me gustaría creer que he madurado un poquito, así que ya no me estresaba al mismo nivel porque sabía que, eventualmente, iba a lograr terminarlo, si no era este año, iba a ser el siguiente o el siguiente o alguno en el futuro.

            Por eso mismo hice este escrito, para dejar en los anales de mi historia esta conclusión de la Saga Barranca Grande, para emitirle un breve homenaje y recordarme que la perseverancia al final rinde frutos.


            Hebert Gutiérrez Morales.