domingo, 3 de diciembre de 2017

Regreso al Mundo Maya (Parte 2: Campeche)

La impresionante Estructura II de Calakmul
            Tras haber pasado dos noches en Chiapas, pueden leer más al respecto en esta liga, me dirigí al vecino estado de Campeche, el cual fue el único que pase de ida y vuelta en este Viaje.

            Camino de Chipas a Campeche

            Me levante a las 4AM y media hora después ya estaba en camino hacia Campeche.

            Y yo que me quejaba de las carreteras en Veracruz y Tabasco. El tramo de carretera que me tocó en Chiapas estaba horrible, con una cantidad de baches brutal y, el problema mayor es que estaba oscuro y sin iluminación, así que tenía que ir con cuidado. Había tramos que, de plano, los camiones se iban en sentido contrario, aprovechando que había poco tráfico, con tal de evitar los baches.


            Pero eso no fue lo que más me llamó la atención del camino.

            Comprendí las razones de tantos retenes en el sur porque vi bastantes camionetas sospechosas con gente de origen humilde, misma que se veía muy asustada y ahí me di cuenta: ¡eran indocumentados centroamericanos!

            Aunque la gente no se metía conmigo, de hecho iban en sus asuntos, me sentí extraño, incómodo, con una mezcla de miedo, compasión y enojo. No lo sé, era un sentimiento extraño de expresar el darte cuenta que están entrando a tu país de manera ilegal.
Estructuras en excelente estado

            Sin llegar a niveles de Trump, creo que por un momento alcancé a entender esa animadversión que sienten los gringos hacia la inmigración ilegal de mexicanos a su país.

            En fin, conforme iba avanzando, el camino se volvía más decente, además de que coincidía que estaba amaneciendo, así que el trayecto se tornó mucho más fácil cuando ingresé a Campeche, dejando atrás baches, camiones de carga e indocumentados.

            El hermoso amanecer me cargaba de ánimos al enfilarme a uno de mis sitios estrella de este viaje.

            La Señora de Calakmul
           
Subiendo a lugares a donde no debería subir -_-
            Llegué a la entrada a Calakmul alrededor de las 7:30AM y el chavo de la entrada, al regresarme el cambio de mi acceso, me dijo: “Disculpe joven, ¿podría llevar a esta señora a la zona arqueológica? Ella trabaja ahí”. “Transportes Gutiérrez Morales” fue lo que pensé al acceder, y es que llevaba tres días de viaje y en todos estaba dando Ride a distintas personas.

Al otro día Chano, en Mahahual, me explicaría que en el sur es muy común que la gente pida Ride, ya que el ambiente es más seguro y relajado. Algo que en el ambiente del Centro, en donde vivo, es muy peligroso: tanto para el que da Ride como para quien lo pide, porque nunca sabes a qué peligro te arriesgas.
 
Pirámides enormes en medio de la Selva
Pero bueno, un punto positivo de compartir el auto con extraños es que algo puedes aprender, inclusive de una persona tan negativa y miedosa como la de Calakmul. ¡Ah su puta madre! Pero qué señora tan negativa, creo que de cada 10 cosas que me contaba, 11 estaban mal.

Lo bueno que había puntos en que el camino estaba tan bonito, que me distraía y no le prestaba del todo atención porque, de lo contrario, supongo que la hubiese bajado a la primera oportunidad. Y es que, de la entrada a la zona arqueológica “sólo” son unos 40 kilómetros pero, por las condiciones del camino, te lleva unos 50 minutos.
 
Poca gente lo visita por estar tan alejado de la civilización
            El trayecto de entrada se sentía diferente, ya que no estaba tan deplorable como el año pasado. Tal vez el camino estaba mejor o tal vez la sensación era diferente ya que, al llevar yo el control, le quitaba estrés, ya que la vez pasada iba siguiendo a Spayro y él maneja mucho más rápido que yo.

            Volviendo con la señora, su negatividad me enseñó algo: con la edad mucha gente empieza a tornarse muy precavida y, de ahí al miedo enfermizo, es muy fácil caer. Así que llegue a la conclusión que debo seguir viajando y haciendo cosas extremas, con tal de ganarle algo de tiempo a mi edad porque, invariablemente, uno empieza a perder facultades y, en consecuencia, el miedo se empieza a incrementar y haces menos cosas. Además de que yo empecé tarde a vivir pero, por lo menos, empecé.
 
Pirámides que sobresalen de la Selva
Calakmul, un regreso necesario.

            Llegamos a Calakmul y la señora bajó de inmediato porque tenía mucho trabajo por hacer, como trabajaba en intendencia, tenía que limpiar todos los baños del lugar. Para mí fue un alivio deshacerme de ella, lo cual incrementó mi gusto por llegar a las mejores ruinas que he visitado en mi vida.

            En esta ocasión me cambiaron la ruta para recorrer el sitio, ya que las dos primeras secciones no las reconocía, de hecho, antes de darme cuenta que era un camino diferente pensé: “Está bien que ya estoy envejeciendo, pero tampoco es que tenga tan mala memoria como para no reconocer un lugar del año pasado”

            De por sí Calakmul no recibe muchas personas pero, al ser Lunes en la mañana, había mucho menos de lo normal, así que el 90% del tiempo estuve solo, únicamente en las pirámides grandes llegue a encontrar gente, incluso a un compañero del trabajo (aunque de otro departamento) que estaba de vacaciones con su familia.
 
Una ciudad Maya imponente
            Y como tuve casi todo el sitio para mí solito, me la pasé de lujo. Hace un año también me la había pasado muy bien con Spayro pero, definitivamente, tenía que vivir Calakmul por mi cuenta y en solitario; y en verdad lo disfrute bastante, con muchos momentos de silencio y reflexión. Intercalando pensamientos de mi existencia con lo increíble que debió resultar vivir en ese lugar con los mayas.

            En esta ocasión se podían escalar estructuras que la vez pasada estaban cerradas pero, en contra parte, había otras cerradas que la vez pasada no lo estaban pero, como de por sí nadie me veía, de todas formas me subí (malas costumbres que adquirí en Tívoli).

            Según yo me iba a echar el sitio en dos horas como máximo y, en realidad, fueron tres y media, sólo en el sitio, sin contar el trayecto de entrada y salida, así que fácilmente la visita duro cinco horas.


Y eso que no me detenía más que a contemplar un momento y sacar mis fotos, pero es que el subir y bajar pirámides definitivamente te va quitando tiempo. Y es que, para mí, si no subes todas las estructuras permitidas, entonces es como si no contara la visita, es una prerrogativa que tengo desde niño: sube cada pirámide que se te cruce en el camino.

Me fui muy satisfecho de Calakmul, no sabría cómo explicarlo, pero me hacía falta venir a solas a este sitio. Y le estaré eternamente agradecido a Spayro que el año anterior me hizo cambiar mis planes para conocer esta maravilla increíble del mundo maya.
El Símbolo de Calakmul

De ahí inicie mi camino a Bacalar, pero de ese sitio hablaré en el siguiente escrito, dedicado al estado de Quintana Roo, así que vamos a saltarnos unos días y comentaré mi breve visita a la capital del estado, misma que comparte el nombre.

            Campeche Capital

            Salí embelesado de Uxmal e inicié mi trayecto a Campeche capital. Al recorrer el malecón, me quedé embelesado porque recordé al Veracruz de mi infancia (sí, lo sé, muchas cosas me recuerdan a mi hermoso puerto, pueden llamarlo un amor que llevaré en mi corazón el resto de mi vida, aunque no viva en él de nuevo).
 
Desde este fuerte se combatían a los piratas
            En lo poco que vi, me pareció que Campeche era una ciudad linda, limpia y decente, con atracciones turísticas interesantes pero su mercado es más del tipo nacional, porque no creo que muchos extranjeros se aventuren a este sitio, aunque sí llegué a ver algunos. Sobre todo porque el poder turístico de Yucatán y Quintana Roo es brutal.

            Fui al fuerte que hay en la parte alta de la ciudad, el cual estaba bonito pero nada del otro mundo, aunque te daba una buena visión del mar. De ahí pasé al Zócalo, el cual es chiquito, bonito y pintoresco.
 
El mar campechano
Entre a la Catedral y me di cuenta que Italia me acompañará el resto de mis días cada vez que ingrese a un recinto católico. Y es que después del país europeo, va a ser difícil que alguna otra Iglesia me vuelva a impresionar, aunque debo reconocer que la de Campeche tenía sus detalles monos, como el pequeño panteón que tenían en el interior.

Un hecho, probablemente insignificante pero que no me agradó en absoluto, fue la cantidad de negocios chinos que vi en Mérida y en Campeche. Sé que va a sonar xenofóbico, porque lo es (para qué cuidar apariencias), no me gusta que el número de chinos esté creciendo en mi país, porque son una cultura sucia corrupta y desagradable (aún más de lo que somos en México). No por eso soy Trump y, aunque tuviera el poder de mantenerlos fuera, no lo haría, pero eso no impide que me moleste el hecho.
 
Zócalo de Campeche
En fin, lo quería mencionar, sólo para dejar evidencia de la basura de persona que soy ¬_¬U.

De ahí me fui a Champotón a comer unos ricos mariscos, lo cual tenía ganas desde la vez anterior. Según yo, al ser un pueblo-ciudad de paso, y al estar ubicados junto al mar, el comer mariscos en dicho lugar iba a resultar barato pero no. Ahí me di cuenta que los precios en toda la península de Yucatán, por lo menos en la comida, se han vuelto muy caros, lo cual no era así de alto hace cinco años, pero en el último lustro la escalada de precios ha sido brutal.

En fin, como ya era mi penúltimo día, me dedique a disfrutar mis mariscos y encaminarme a Villahermosa, escrito del cual leerán en la última entrega de esta serie de cinco ensayos.


Hebert Gutiérrez Morales.

1 comentario:

Jose Antonio dijo...

Cuando fui con mi mamá no conocimos calakmul sera para la otra.