domingo, 7 de enero de 2018

La Huasteca Potosina, Mi segundo Hogar (Día 1: Xilitla)

Mi amiga la mariposa monarca en Xilitla
            ¡Qué alegría me da llegar a Ciudad Valles! Es especial a las Oficinas de Ruta Huasteca, porque seguro encuentro a alguien conocido a quien saludar. Esa tarde de Sábado, tras haber recorrido la Sierra Gorda Queretana, tuve la fortuna de saludar a ChaaK, JJ y Charly, con los cuales estuve platicando un buen rato antes de partir a la Aldea.

            Ahí me enteré que no iba a ver a Borre (que estaba en Europa), Marco (que no vino esta temporada), Amayrany (que estaba lejos con un grupo), Chicú (que ahora era encargado del Transporte), Pony (que andaba guiando a una familia) y demás que me fui enterando con el paso de los días.

            Bienvenido a la Aldea
 
Le tengo un cariño especial a Ciudad Valles
            Ya en la Aldea Huasteca, al asignarme mi Bohío, me dieron uno bastante amplio y fresa (hasta baño tenía), de hecho les pregunté si no había un error, porque me conformaba con el bohío pequeño que me dieron las dos visitas anteriores, pero no, me dijeron que era correcto que me tocara uno tan grande.

Incluso, una vez instalado, hasta me habló Brenda de la oficina para ver si todo estaba en orden. Por detalles así es que me encanta este lugar: el interés de la gente para que te la pases bien.

Aquella noche me recibió efusivamente el buen Villalobos (que andaba con un grupo grande) y me presentó a su paisano Martín, un chavo con una esencia tan serena que te contagia, por lo cual platicas muy a gusto. También saludé al buen Ivanovich, que era el que amenizaba las noches de fogata.
 
El grupo que fuimos a Xilitla
En la cena Villalobos le decía a Martín de mí: “Su trabajo es bien afortunado, porque le da para viajar y conocer varios lugares”. Es verdad, tengo mucha fortuna de estar en donde estoy. También reflexioné que hay algo mal en el mundo cuando la actividad de un guía es más cansada, más demandante y no reciben la misma paga que yo, cuando ellos se dedican a darle felicidad al mundo con su trabajo. Por eso la propina la doy con gusto, porque es mi manera de hacer este mundo un poco menos injusto.

Después de saludar y cenar me fui a la cama feliz por dormir en mi querida Aldea Huasteca. También me informaron que mi primer día iba a ser en Xilitla.
 
Los Jeroglíficos detrás del cuarto de Edward James
¿Hebert, acaso eres tú el problema? (Parte 1)

La realidad no es otra más que nuestra percepción de ella.

Al final de este primer día recordé por qué mi necesidad de venir a desintoxicarme: porque hay cosas en mi vida laboral que debo cambiar, lo cual me ha estado afectando y no me he sentido pleno.

A pesar de la plática tan padre con Villalobos y con Martín, no disfrute del todo la primera cena y el primer desayuno porque, aunque la comida seguía siendo deliciosa, no la gozaba con la misma pasión de veces pasadas. Ya desde ahí iba con una pequeña nubecita en mi cabeza que me afectó el primer día.
 
Conociendo otros rincones de Xilitla
Creo que esa nubecita se incrementó un poco cuando vi que no me toco algún guía que hubiera conocido previamente, y eso no demerita el trabajo de León y Juanpi, porque manejan esa buena vibra de Ruta Huasteca, en realidad era yo el problema porque a fuerzas quería a alguien conocido para Xilitla.

Pero sí tuve mi cara conocida ya que, en una parada rápida en Ciudad Valles, tuve la oportunidad de abrazar al buen Peña, lo cual me dio mucho gusto. Dijimos “Luego nos vemos”, cosa que no volvió a pasar en esta estancia, pero aun así fui feliz de saludar al buen Peñatron.
 
Las pocitas para nadar
Xilitla a solas.

Durante el camino, mientras León nos daba la plática previa al Jardín, noté que ahora la explicación era más realista, hablando abiertamente del homosexualismo de Edward James, cuando en ocasiones anteriores, no se trataba tanto y se centraban en su vida familiar y la bailarina que se aprovechó de él.

El Jardín surrealista me encanta pero, tras haberlo visitado un par de veces, ya no quería ver lo mismo que las veces anteriores. Así que los de Ruta Huasteca me permitieron recorrerlo por mi cuenta, así que tenía dos horas de libertad para ir a donde quisiera, en lo que llevaban al resto del grupo al tour establecido.
 
El Sarcofago
Mi primera parada fueron las pozas en las que se puede nadar, algo que no iba a hacer porque estaba fresco el ambiente y porque tenía el tiempo contado. Las pocitas están padres y, a pesar del clima, había gente nadando, tal vez porque el marco era inigualable con las estructuras detrás.

Y con los tips que me dieron los de Ruta Huasteca y el Staff del jardín, encontré muchos lugares padres. Por ejemplo, detrás del cuartito de Edward James, hay una sección en la cual hay jeroglíficos estilo egipcio, más adelante encontré el sarcófago del dueño, y ahí me di cuenta que el inglés era chaparrito (media como 1.65mts.), también vi expuesta una foto de James en sus últimos años, disfrutando el clima de Xilitla.

Lo único que no pude visitar fue la parte alta de la cascada del Coronel porque hubo deslaves y estaba cerrado el paso. Ciertamente me entristecí un poco pero, al final, disfruté mucho yendo por mi cuenta, ya que me di cuenta que la zona principal no es tan grande.
 
La mariposa en mi cuello
Llegué a escuchar algunas explicaciones de distintos tours que me parecieron interesantes, como por ejemplo que Edward James no era el genio, sino su carpintero, mismo que hacía los moldes de sus figuras con las visiones del inglés, pero el que al final los ejecutaba era el empleado, no el patrón.

De todo lo nuevo que vi, lo que más disfruté fue la pared de bambú, no porque tuviera espectacular, sino porque ahí tuve un par de mariposas monarca que estuvieron revoloteando alrededor mío y hasta se me posaron encima. Me sentía tan feliz y tan en paz que con gusto que me quedé inmóvil cuando estaban sobre mí.

            El crecimiento de Ruta Huasteca

            Durante la comida, en “La Huastequita” (restaurante de contrato exclusivo con Ruta Huasteca), me enteré con gusto que la empresa ha ido creciendo, por eso mis guías de ocasiones anteriores ya tomaron otras responsabilidades: Chicú en la división Transporte; Anahí, Peewee y Borre en el departamento de Fotografía; Alice en el departamento de Finanzas; ChaaK de por sí era el director operativo.
 
La única foto que Ruta Huasteca me alcanzó a tomar en el Jardín
            Pero esto no era lo único, otros de mis guías consentidos ya eran responsables de grupos grandes, como fue el caso de Amayrany, Pony o Villalobos. Por lo mismo que ha crecido la cantidad de visitantes, abrieron bases adicionales en Tamasopo y en Xilitla, lo cual me da mucho gusto, porque empresas tan honestas, profesionales y generosas, merecen seguir creciendo.

            Después de la deliciosa comida, nos dieron unos 15 minutos en el tianguis dominical en el Zócalo de Xilitla para después partir a hacer Rappel.

            Rappel en Xilitla
 
La hermosa vista desde donde hacíamos el Rappel
            Ésta fue de las nuevas actividades que vine a hacer a la Huasteca. El Rappel de 50 metros en Xilitla está padre, la pared está uniforme y el paisaje muy bonito, incluso te da para saltar mientras bajas.

            Algo que siempre confirmo, en este tipo de actividades, es la fuerza que me da contemplar el miedo ajeno. En esta ocasión hubo una chava que se vio aterrorizada por la altura y, a duras penas, logró bajar. Cuando veo a esa gente que se deja dominar por el miedo recuerdo por qué sigo haciendo esto: para mantenerme consciente que soy más fuerte que mis temores.

            La chica era parte de un cuarteto de judíos jóvenes BASTANTE mamones, dolorosamente pesados y creídos. Así que sus compañeros le daban ánimo para tampoco eran tan empáticos. La chica fue la última en bajar, con muchas dificultades y coacheada por un guía.
 
Los que hicimos el Rappel
            Para colmo de males, el mismo descenso lo hizo un niño de unos 8 años e incluso su mamá (nada atlética por cierto) de unos 40. Y lo hicieron bastante bien y sin dificultades, lo cual demuestra que la actividad no es cuestión física sino mental.

             “Es que entre más grande eres más miedo tienes”, justificaba uno de los judíos mamones, y es que los otros tres han hecho estas actividades desde pequeños. De hecho, mientras bajaba su amiga, la “Chica del maquillaje perfecto” (hablaré más de ella en el día de Micos), decía que ha hecho tantas actividades extremas que ya es difícil que algo le cause emoción.
       
Entrando a la cueva
    
            Mientras estábamos en la Cueva, al terminar el Rappel, me quedé pensando en la chica del maquillaje perfecto, y no sólo porque estuviera buena y se me antojara . . . .  ejem . . . como iba diciendo, tal vez ella fue afortunada y por los recursos familiares tuvo chance de viajar y hacer muchas cosas desde pequeña.

            Sin embargo la comprendía.

¿Hebert, acaso eres tú el problema? (Parte 2)

Aunque ya habían pasado varias semanas, seguía preocupado por mi falta de emoción tras haber terminado Barranca Grande. Por un lado Paco y yo coincidimos que el nivel del Río estaba muy bajo, por eso resultó tan fácil. Pero no me era indiferente que mis dos intentos fallidos me dieron más emoción que la ocasión exitosa.
 
Saludos desde la cueva
Y eso me preocupaba, porque creía que ya no iba a encontrar la misma magia de las primeras veces. Creo que eso pasó en Barranca Grande y, tras el primer día, parecía que eso me estaba pasando en la Huasteca Potosina, esto a pesar que hice cosas nuevas el primer día.

Aunque platiqué chido con León y Juanpi, mi mal humor me impidió conectar a los niveles chingones que había logrado con otros guías, y todo gracias a esa pésima actitud que llevaba.

Por un momento pensé que en la cena de Navidad todo se iba a arreglar, ya que iba a ver a todo el staff de Ruta Huasteca y me iba a recargar con toda su energía. Pero resulta que sólo me puse de peor genio.

La sorpresa desagradable que me lleve es que, a diferencia de mis dos primeros años, no había vino el Staff de la empresa a la cena navideña de la Aldea: puro huésped y los guías de guardia, así que el ambiente era nulo. Y extrañé más a mis amigos de Ruta Huasteca, porque no me inspiraba convivir con el resto de extraños.
 
Graffiti en el pueblo de Xilitla
Seguramente la edad tiene algo que ver porque, quieras o no, te vas amargando de a poco con los años (y más con los daños), vas perdiendo ilusión e inocencia o tal vez, como la sabrosa de párrafos arriba, ya no estoy sintiendo la misma emoción, ni la misma adrenalina ni la misma novedad.

Debido a esa pésima actitud que acarreaba, preferí cenar rápido e irme a dormir de inmediato, en lugar de forzar la convivencia con gente que no me inspiraba. Estaba tan desmotivado por mi actitud que, al checar el vídeo de la GoPro, no se grabó mi Rappel en Xilitla ¿y saben algo? No me importó en absoluto, para comprobar que la energía que emite uno determina su destino.
A punto de descender

Siendo objetivos, analizando los hechos con unas semanas de por medio, en verdad no hubo nada malo aquel día, de hecho, fue uno memorable con muchas cosas buenas y, a pesar de ello, en el momento lo percibí como el peor que tuve en la Huasteca Potosina, pero no por lo que viví, sino por la manera en que lo percibí. Me fui a dormir con la esperanza que el siguiente día sería mejor cosa que, por fortuna, así fue.

De ese segundo día pueden leer en esta liga.


Hebert Gutiérrez Morales.

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