martes, 16 de enero de 2018

La Huasteca Potosina, Mi segundo Hogar (Día 4: Tanthut y Huahuas)

Con los guías en Huahuas
            Sin duda alguna las expediciones de Tamul y Puente de Dios son excelentes y muy valiosas, obligatorias para una primera visita a la Huasteca Potosina, mismas que he disfrutado, cada cual, las dos visitas pasadas pero, por primera vez, iba a prescindir de ellas.

            ¿Tanthut?

Un mes antes de ir a la Huasteca, Amayrany me escribió para recomendarme vehementemente una nueva atracción que está muy chida: Tanthut. Con la emoción con la que me la describió, me quedó claro que debía hacerla, así que decidí sacrificar actividades muy chidas (pero que ya había hecho) por una totalmente nueva.

Tanthut es una vía Espeleoferrata que, a diferencia de una Vía Ferrata normal, que es al aire libre, está dentro de una cueva, de las cuales hay pocas en el mundo: Además de la de la Huasteca, me parece que hay una en China, otra en Francia y la última en Chile.
Dentro de la Cueva de Tanthut

Este lugar es producto del intenso scouteo que hace Ruta Huasteca para encontrar nuevas atracciones (de esa forma descubrieron el Rappel en Xilitla). La cueva de Tanthut se encuentra dentro de un ejido así que, literalmente, pasas por campos de cultivos y de ganado para llegar a ella.

Este scouteo dio como resultado un “ganar-ganar” tanto para el dueño del ejido como para Ruta Huasteca. Y es que existía el riesgo de expropiar esos terrenos para hacer un complejo turístico muy comercial, lo cual dañaría mucho los alrededores y, al montar Tanthut, cumplían con un proyecto turístico (no invasivo) en funcionamiento, lo cual evitó la expropiación, para dejar la montaña en su estado natural y no modificarla.

Aunque el recorrido es relativamente rápido (menos de una hora si quitamos las pláticas de seguridad, montaje y desmontaje de equipo de seguridad), el colocar todo el circuito les tomó varios meses a los de Ruta Huasteca y, honestamente, les quedo muy padre, ya que es muy divertido recorrerla.
 
Ya en el interior de la Cueva
Claro, la compañía también tiene mucho que ver al momento de hacer estas actividades.

La dosis judía del día

No lo voy a negar, ya estaba tan acostumbrado a “mis” judíos jóvenes que me extrañó que no me acompañasen en el último día de actividades, puesto que ya nos habíamos echado los primeros tres juntos. Digo, eran mamones, creídos y/o fresas pero, de alguna manera ya les había tomado cariño.

Y cuando fui conociendo a sus sustitutos, los extrañé aún más.
 
Listos para empezar la escalada
Fuimos a recoger a los (otros) clientes a un hotel fresón en Ciudad Valles: una familia de judíos (sip, otra vez) compuesta de papá, mamá y dos hijas. Al inicio se veían agradables pero, conforme avanzábamos en el camino, empezaron a sacar el cobre.

“¿Qué hice para merecer esto?” fue lo que pensé cuando empezaron las quejas, sobre todo por la señora “¡No nos dijiste a qué nos traías!” “¡Nos estás poniendo en riesgo!” “¡Tengan en cuenta que no somos profesionales como ustedes!” “¿Aquí tiembla?” “¿Tienen equipo de primeros auxilios?” y demás preguntas y quejas que la mujer expresó vehementemente, tanto a su esposo como a los guías, cuando se enteró de que se trataba la actividad.
 
Hasta parezco una especie de Súper Héroe
La verdad es que los guías demostraron una paciencia infinita, contestando siempre de la manera más cortes, segura, servicial y amable. Pero no sólo fue la señora, su esposo se la pasó hablando por teléfono con sus socios durante el camino, sin poner atención a las explicaciones de Omar (el Trip Leader), así que tenían que repetir nuevamente todas las indicaciones. Eso sin contar que el señor tenía una actitud algo mamona al inicio del viaje.

A la entrada de la cueva hay una cruz y (obviamente) vino la pregunta paranoica “¿Qué es esa cruz? ¿Quién murió aquí? ¿Acaso corremos peligro?” (ya para entonces no me explicaba cómo podía ser alguien tan paciente como los guías porque yo ya estaba hasta la madre de esta familia ¬_¬).
 
Subiendo como equipo
Omar les explicó que en esa cueva la gente del pueblo va a hacer oración cuando es el Santo Patrono, así que entran ponen velas y rezan en su interior. Que nadie había muerto ahí, ya que era un trayecto muy seguro. Y así empezamos nuestro descenso.

Ya dentro de la cueva, les tocó el turno de quejarse a las hijas “¡Huele feo! ¡Hay una araña! ¡Un ciempiés! ¿Qué criatura es eso? ¡Está muy alto!” entre tantas y tantas quejas y gritos a lo largo de la actividad. “¡Bitch! ¡Please! ¡Estás en una cueva! ¡No te la van a poner bonita y pulcra!” es lo que pensaba pero me contuve porque ya de por sí estaban muy estresadas.

En teoría la distribución era de tres guías y cinco clientes, sin embargo, al ver lo latosa que era la familia, cada cual tomó a una persona bajo su manto y, literalmente, los cuidamos de manera personal. A mí me tocó la hija mayor, así que le iba diciendo dónde pisar, hablarle, tranquilizarla y animarla (y eso que también era mi primera vez en el lugar).
 
Listo para la pequeña Tirolesa
La actividad en sí

Haciendo a un lado a nuestra latosa familia judía, la actividad era espectacular. Primero te metes a una cueva con un nacimiento de agua, ahí empiezas a subir por las “manijas” hasta llegar a “La gusanera” que es un túnel estrecho por el cual debes pasar para llegar a una bóveda más grande arriba.

El circuito es muy emocionante y sí te exige físicamente ya que, aunque estábamos dentro de una cueva fresca, acabas empapado de sudor por el esfuerzo físico. De hecho ChaaK me comento que todos los que trabajaron en el montaje de Tanthut perdieron entre 5 y 14 kilos en un lapso de tres meses, por lo demandante que resultó montar toda la vía ferrata dentro de la cueva.

Pero todo ese trabajo repercutió es una experiencia emocionante, ya que no sólo es la escalada, sino que también llegas a puentes tibetanos (constituido de cables que debes cruzar de orilla a orilla) y hasta una pequeña tirolesa dentro de la cueva. Obviamente siempre estás con dos y hasta tres puntos de seguridad, así que la actividad es muy segura sin dejar de ser divertida.
 
Ya pasando lo más difícil
En la parte final llegas a una bóveda en dónde puedes apagar las lámparas y estar en oscuridad total, lo cual es una experiencia muy padre para mantener el silencio y meditar un rato hasta que una voz neurótica y mandona (la señora) rompió la armonía y dijo “¡Qué meditar ni que madres! ¡Ya vámonos de aquí!” ¬_¬U.

Antes de terminar pasas a una caverna en donde están dormidos los murciélagos y, cómo debía de ser, vino la queja automática “¿Y no estamos en peligro?” Se le explicó a la señora que esos pequeños seres se alimentaban de fruta, no de sangre, así que no corríamos ningún riesgo pero, de cualquier forma, se recomienda no molestarlos.
 
Empapado en sudor pero feliz
Conforme fuimos avanzando en el camino, y se daban cuenta que sus miedos eran injustificados, la familia se fue relajando y hasta lo disfrutaron. Tanto que al final de la actividad estaban muy agradecidos y hasta ofrecieron disculpas por ser tan latosos y/o escandalosos.

Salimos unos metros más arriba de la entrada y, mientras bajamos a nuestro punto de partida, ya empezaron las bromas y el ambiente de la familia recuperó su buen ánimo, mismo que se mantuvo el resto del día (cosa que los guías y yo lo agradecimos).

Después de estar dentro de la cueva y salir empapados en sudor, con gusto nos dimos un rico chapuzón en el nacimiento de agua que viene de la cueva. El agua estaba deliciosa, con ese azul turquesa bello de la Huasteca Potosina. Incluso hasta un pequeño salto de unos tres metros pudimos dar al agua desde la rama de un árbol.
Ya hacia la salida

Los guías.

            Los tres guías que me acompañaron mi último tour de esta visita ya los había visto en los tres días anteriores.

            El Trip Leader era Omar, con el cual ya había coincidido en el Rappel de Xilitla, pero ahora pude convivir más con él, un chavo muy alivianado y con una esencia muy confiable. Es natural de Xilitla y se nota muy orgulloso de su tierra, ya que nos habló mucho de ella y se ve que conoce su historia y tradiciones de manera extensa.

            A Medley recién la había visto un día antes, ya que había estado con el grupo de Micos y Minas Viejas pero, al ser un grupo más pequeño, pudimos platicar más. Ella es de Ciudad Valles y era practicante, ya que recién tenía 17 años, aunque su actitud se notaba más adulta.
 
La Bestia emergiendo de su madriguera
            Y el tercero era el buen Morgan, mismo que había visto en el Rafting, aunque no como guía, sino como chofer de alguna de las Vans. Él es uno de los integrantes de la legión nayarita de Ruta Huasteca. Aunque apenas había regresado a la empresa, ya que había pasado un par de años trabajando en Estados Unidos. Morgan me recordó un poco al buen Peña, ya que son tipos bastante grandes pero, más allá de la enorme percha, se nota que son de gran nobleza interna.

            Huahuas.

            Después de Tanthut, nos llevaron a un restaurant de la zona con un menú delicioso (sé que sueno redundante, pero TODA la comida en la Huasteca es suculenta), para después ir por unas nieves exquisitas. Llegamos temprano a la entrada del Sótano de las Huahuas y, como íbamos con buen tiempo, la subida se hizo con relativa tranquilidad.
 
Impactado por el Sótano de la Huahuas
            Ya en el Sótano, la familia que nos acompañaba estaba pululando por el lugar, en espera que llegaran las aves. Conforme pasaba el tiempo, empezaban a llegar los grupos de otras empresas pero, juntándolos a todos, no alcanzaban a igualar los grupos que traía Ruta Huasteca.

            Me di cuenta cuánto lo mucho que ha crecido Ruta Huasteca porque allá arriba nos encontramos con otros cuatro grupos de la empresa (en total éramos unos 60 clientes). En uno de esos grupos vino un guía alto al cual no reconocí, pero él a mí sí y se me acercó con una gran sonrisa.

            Cuando me dijo que estaba en la oficina la vez pasada que fui no podía creerlo y pregunté “¿Jonathan?” a lo cual respondió afirmativamente. No lo reconocía porque ahora se veía más rudo y más fuerte, además de que ahora es guía. La última vez que lo vi era un tipo más delgado, más afresado y todo propio. Ahora se veía más relajado, más libre y, definitivamente, se le veía más feliz en esta nueva versión. Me dio mucho gusto volver a verlo y sobre todo tan pleno.
 
Al final terminó aliviándose nuestra familia judía
            Y así fueron llegando los grupos y se fueron acumulando los guías, hasta tener una pequeña reunión de Ruta Huasteca en el Sótano de las Huahuas. Aunque el espectáculo de las Aves es algo increíble, por fortuna ya lo había visto, así que preferí pasármelo en la chorcha con los guías, y fue genial.

            Esa plática con los guías, me dejo claro que vengo en gran parte por ellos. Obviamente también vengo por las actividades, los paisajes, las comidas y conocer gente nueva. Pero la energía que me regalan los muchachos es incomparable, es algo que aprecio y valoro mucho por la carga tan positiva que me llevo de regreso a casa.
 
Payaseando un rato en Huahuas
            Cuando le mostré mi foto con los guías a una amiga en el trabajo, de inmediato dijo “¡Están bien chiquitos! ¡Y te ves tan feliz!” Y sí, es la verdad. Ahí recordé algo que extraño de mi clase de Jazz: convivir con gente joven, porque uno se acaba nutriendo de esa vibra y energía interminable, por esa alegría de vivir.

            Despedidas

            Después de dejar a la familia en su Hotel, pasamos a dejar a Omar y a Medley. Me despedí de Omar diciéndole “Nos vemos el otro año” y me respondió “Tal vez no nos veamos, porque estoy en mi preparación de guía de río y es factible que esté en otro lugar” a lo que conteste “No te preocupes, seguramente nos encontraremos aquí o en otro lado” Antes me entristecían estas despedidas, ahora las tomo como lo más natural, respetando esa esencia libre de los guías.
           
Con la camiseta de Ruta Huasteca bien puesta
            Ya no me duele irme de la Huasteca Potosina, porque sé que aquí tengo un hogar y sé que voy a volver y, si no lo hago, sé que con todo el cariño que he recibido en estas tres visitas, me llevo de regalo una gran energía positiva.

Así que si no vuelvo, no me quejaré, porque he recibido mucha alegría cada vez que tuve la oportunidad de venir a un lugar tan mágico, bello y especial como lo es la Huasteca Potosina.

            Un hogar que no conocía

            Habían pasado dos semanas desde que había regresado a mi vida cotidiana; era Viernes, había salido del trabajo molido moralmente cuando me entró una llamada con el código de Ciudad Valles. Era Laura, la Gerente General de Ruta Huasteca, misma que me habló para agradecerme los escritos de este viaje.
 
Rappel en Xilitla
            Fue una plática de no más de 15 minutos, pero muy padre y entretenida y, por ese breve espacio de tiempo, regresé a Ciudad Valles y me sentí querido, lo cual me levantó mucho el ánimo, porque me recordó que existe un lugar al norte del país en donde soy bien recibido y me siento en casa. Ese detalle de la llamada me resultó muy relevante y reafirmó mi vínculo con Ruta Huasteca.

            Me encanta la Huasteca Potosina porque, como ya mencioné en el escrito anterior, es de los pocos lugares en los que realmente me siento auténtico, en que no interpreto un personaje, en el que en realidad soy yo. Y ése es un sentimiento que se vuelve muy raro en este mundo de apariencias en el que habitamos.
 
Platica de seguridad antes del Rafting
            Soy orgullosamente jarocho, y siempre lo presumiré pero, sin pretenderlo, he encontrado una tierra adoptiva en la Huasteca Potosina y en el equipo de Ruta Huasteca una segunda familia. Ciertamente es una familia que va cambiando de integrantes año con año, pero la buena vibra, la honestidad, el profesionalismo, la generosidad, el humor y el cariño están siempre presentes. Cuando estoy con mis amigos de Ruta Huasteca es como si estuviera en otro plano existencial, en el cual no debo preocuparme de nada, porque sé que estoy con el mejor equipo.

            Aquel Diciembre del 2014, mi primera vez en la Huasteca Potosina, vine sanando heridas sentimentales (algún día sacaré los escritos pendientes de aquella visita), y qué mejor manera de curar los males del corazón con el apapacho cálido y sincero de una familia enorme que a todos acepta con una gran sonrisa que te llega al alma, ésa es mi segunda familia: la Familia de Ruta Huasteca.
 
Rappel en Minas Viejas
            Sé que esto no va a durar para siempre porque, algún año, va a ser mi última visita a dicho lugar pero, mientras tenga la oportunidad, iré con gusto para convivir con toda esa gente que me hace sentir especial.

            Muchas gracias por todo a la maravillosa Huasteca Potosina y, en especial, a toda la Familia de Ruta Huasteca, mismos que me han dado un Segundo Hogar, y siempre les estaré agradecido por ello. :’-)


            Hebert Gutiérrez Morales.

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