domingo, 21 de enero de 2018

La Radio a través de mi vida

            No puedo decir que la Radio haya sido fundamental en mi vida, sin embargo mentiría si dijera que no tuvo injerencia alguna. Y eso porque soy Generación X, en el caso de los Millennials, no dudo que muchos de ellos ni si quiera la hayan escuchado de manera convencional, a lo más en línea.

            Hablando de generaciones, la Radio fue más representativa para los Baby Boomers, mismos que conocieron la TV pero crecieron desarrollando su sentido auditivo y, de paso, su imaginación, con el aparatito de transistores en la sala.

            Para la Generación X, la radio seguía siendo importante, pero no tanto como la TV, sin embargo seguíamos escuchándola ya que no podías comprar tantos casetes o discos para escuchar nuestra música favorita, así que nos apoyábamos más en estaciones de radio.

            Universal Stereo y mi niñez


            Mi primera estación relevante fue Universal Stereo, en la Ciudad de México, misma que me moldeó el gusto por música en inglés de los 60’s y 70’s y, cada vez que voy a la capital, trato de sintonizarla para recordar tanta alegría me dio en la niñez.

            De hecho, como comenté en el escrito de Genesis, en dicha estación escuché muchas canciones que me encantaban pero, al no saber inglés, no podía identificar los nombres de las melodías o de los intérpretes. Lo cual fue un descubrimiento divertido a lo largo de los años, al irme encontrando canciones que amaba de pequeño pero que nunca sabía los artistas. El gusto indescriptible de aquellos años en que amaba las canciones de esos artistas anónimos y que hacían mejor mi día.

            En mi infancia pesaba más al TV, podía ver horas y horas de ella sin cansarme así que, en realidad, sólo escuchaba radio cuando iba en el coche con mis papás. Creo que de ahí adquirí mi gusto por manejar y escuchar música: por imitación de mis padres. De hecho manejar a solas sin música es algo tan extraño pocas veces lo he hecho, y no porque no pueda ir en silencio, sino porque irónicamente me concentro mejor con la música como copiloto.


            Tal vez si no nos hubiéramos mudado del (entonces) DF, este escrito no existiría aunque bueno, siendo honestos, tal vez ni siquiera este blog existiría. Sin pretenderlo, la Radio pasó a ser vital cuando me extirparon de la capital para recluirme en un pueblo olvidado de Dios: San Matías Tlalancaleca.

            Mi compañera en tiempos oscuros

            Ya escribí ampliamente de mi desagrado hacia dicha población en la cual, inexplicablemente, mi madre insiste en habitar. No sólo me arrancaron de mi ambiente, mis amigos y mi casa, sino de mis caricaturas y eso, para un niño de la Generación X, era un pecado mortal.

            Cuando era niño no había TV por cable, ni por satélite y, para terminar pronto, no había TV de paga. Lo único que teníamos eran los canales abiertos y, hasta eso, la única opción real era Televisa, ya que la programación de Imevisión (la antecesora de TV Azteca) tenía una programación interesante a nivel intelectual pero poco atractiva para un niño.


            Para mi desgracia, Televisa no se veía en el mentado pueblo, así que sólo me quedaba atenerme a lo que nos daba Imevisión, que tenía una limitada programación infantil. Por fortuna desde pequeño me gustaba la lectura, así que leía bastante pero, de vez en cuando, se te antojaba algo de chatarra audiovisual y la variedad que tenía a disposición era bastante limitada en términos comerciales (sí había programas de calidad de tipo adulto, pero como niño la oferta era poca).

            Ahí me vi obligado a voltear a la Radio. Aunque el pueblo estaba alejado de la Capital, por fortuna, todavía alcanzaba a sintonizar Universal Stereo, así que me refugie mucho en aquella música, misma que me recordaba lo feliz que era en el DF, sobre todo en trayecto de la casa a la escuela o viceversa, y ahí odiaba más ese maldito pueblo en el que me fueron a recluir.

            Radio Altiplano y la Hora nacional.

            También descubrí una estación llamada “Radio Altiplano” de Tlaxcala, misma que es de las mejores que he escuchado, ya que ponían de todo, menos cosas comerciales: tenían música diferente pero muy buena, además de programas para público infantil y juvenil.


            Si tuviera que mencionar a mi mejor amigo durante los tres años de Secundaria, creo que sin duda pondría a Radio Altiplano, por todo el gozo y aprendizaje que me dejó. Y sí, no lo tienen que mencionar, dicha época fue muy triste como para considerar una estación de Radio como mi mejor amiga.

            Los domingos en la noche eran los más aburridos. De día devoraba mi NFL con gusto, pero el partido nocturno no lo transmitían, así que regresaba a la Radio, misma que, al tener poca audiencia, se esmeraba en una programación libre que disfrutaba bastante.

De pronto, llegaba “La Hora nacional” y todo valía madres. Como no había nada más que hacer, y todavía no tenía sueño, me ponía escuchar dicho programa y ¿saben algo? ¡No era tan malo! de hecho aprendí a apreciarlo. Sé que mucha gente se quejaba (y lo siguen haciendo hasta nuestros días) de dicha emisión semanal pero, en mi caso, fueron horas que aprendí a querer.


            MTV y W-FM

            Al entrar a la Preparatoria, las antenas parabólicas se pusieron de moda y mi papá Antonio se apiadó un poco del aislamiento en que vivíamos y nos compró una. Volvía a tener acceso a Televisa, pero eso ya no importó, porque ahora tenía canales más chidos, variados y gringos. Entre ellos, tenía a mi disposición el Santo Grial para cualquier adolescente de mi época: MTV (cuando realmente transmitían música, cuando MTV era bueno).

            Ese reencuentro con la TV comercial afectó mi relación con la Radio; seguía escuchando Universal Stereo y Radio Altiplano pero con poca frecuencia, ya que algo había cambiado, mis prioridades eran otras. Así como un niño va dejando sus juguetes atrás por otros intereses, dejé de lado esas dos estaciones que fueron vitales para solventar el suplicio de tres años que duró la secundaria. Ahora tenía un “nuevo amigo” que se adecuaba a mi “época MTV”, un nuevo rey había venido a tomar el trono de mi Radio: W-FM.


            W-FM fue otra estación chilanga que llenó mis días de un gozo diferente, tenía música en inglés pero más actual, tan nueva que estaba a la moda con las tendencias en Estados Unidos, no en México, canciones que veía en el MTV gringo (faltaban un par de años para que naciera MTV latino). W-FM me permitía ser “cool” entre mis compañeros de Preparatoria, porque ya sabía las canciones “chidas” antes de que siquiera fueran conocidas en nuestro círculo. Y como el conocimiento es poder, eso me ganó cierto aprecio entre mi círculo social.

            Pero no sólo era la música, sino que los conductores eran lo máximo. Y es que me divertía con las bromas telefónicas del Burro Van Rankin y Esteban Arce, los chistes del Chiflagoras, las corrientes vulgaridades de Eduardo Videgaray y el Estaca Brown (José Ramón San Cristóbal), así como las sexys voces de Charo Fernández y Martha Debayle.

            Pero, si tenía la Parabólica, ¿Por qué no enfocarme en MTV únicamente? ¿Por qué debía auxiliarme en una estación de radio? Para empezar, la antena parabólica de principios de los 90 (o por lo menos la que compró mi papá), sólo te permitía sintonizar un canal a la vez en un solo aparato y como éramos cuatro en la casa (mi mamá, mis hermanos y yo), no podíamos monopolizar la TV de manera egoísta. Por otro lado, pasaba mucho tiempo atendiendo la papelería de mi mamá y, como no había TV ahí, acompañaba las horas que la cuidaba con W-FM.


            Universidad sin radio

            Al entrar a la Universidad, y ya que me habían explotado lo suficiente, mi madre cerró la papelería (como se le fue el chalán estrella, prefirió cerrar ¬_¬). Mi relación con la Radio se disminuyó bastante, ya que sólo la escuchaba cuando hacia mi tarea, pero ya no las horas diarias que le dedicaba durante secundaria y preparatoria.

Además no tenía dinero para comprarme un Walkman y, aunque lo hubiera tenido, la señal de mis estaciones se perdía en San Martín Texmelucan, ya no digamos en Puebla.


            Obviamente seguía habiendo radio presente en mis días: a través de las estaciones “guapachosas” que ponían en el transporte público. Pero que hubiera o no música en el camión era lo de menos, porque si no era de mi agrado la bloqueaba al no ponerle atención, así que mejor me ponía a repasar apuntes mientras llegaba a mi destino.

            Fase alternativa adulta: Radioactivo.

            Cuando empecé a trabajar en VW retomé mi relación con la Radio. Ya había un acceso más democrático al Internet y, para no andar cargando CDs de ida y vuelta, descubrí que podía escuchar Radioactivo a través de la Red. Aunque seguía siendo música en inglés, dicha estación era más alternativa que W-FM ¡y me gustaba!


            Conocí la irreverencia y puntos de vista tan auténticos de Olallo Rubio, el Sopitas, el buen Rulo, el Argen, Ilana Sod, la Reclu entre otros. Sus programas eran tan profundos como divertidos y modificaron mi manera de ver muchas cosas.

            Por cierto, ya que mencioné a Ileana Rodríguez (La Reclu) hace un par de años experimenté un episodio como de dimensión desconocida. Por mera curiosidad sintonice la Hora Nacional en lo que preparaba mi ropa para el otro día cuando, sorpresivamente, ¡Oí a la Reclu! Fue algo muy raro, escuchar a esa voz que descubrí en Radioactivo a través de un medio de gobierno. Me sentí raro y extrañamente viejo aunque, no lo voy a negar, también fue relativamente divertido.

            Así que escuche a la Reclu cada Domingo durante un par de meses hasta que, inesperadamente, dejo el programa y, con ello, mi segundo idilio con la Hora nacional terminó. Pero volvamos a Radioactivo.


Radioactivo también me deleitaba con “Las Aventuras de Kaliman” un show que me enganchaba con mucha facilidad, sobre todo los fines de semana. Radiactivo lo escuchaba entre semana y en fin de semana ya que, como era Trabajópata, me la pasaba en la oficina también los Sábados y Domingos. El problema es que después la vendieron y la transformaron en algo infumable.

Fase Fresa adulta: Alfa Radio.

Radioactivo sólo lo podía escuchar en la oficina, a través de Internet pero, de manera simultánea pasé a otra etapa de mi vida, ya que empecé a tener auto y, sin pretenderlo, ahí se fue gestionando otro cambio en mis gusto radiofónicos.

            Como ya mencioné, la señal de W-FM y Universal se perdía a partir de Texmelucan, así que encontré otra estación chilanga que sí alcanzaba hasta el trabajo, y me ofrecía música en inglés de actualidad mientras manejaba: Alfa Radio.


A pesar de que Alfa Radio era música comercial, le tengo un especial afecto, ya que me acompañó todo el enamoramiento con Harumi (que fue por quién saque el Auto) hasta que ella se fue y, pocos meses después, me mude definitivamente a Puebla a iniciar una de las etapas más miserables de mi existencia.

            Adiós a la música moderna.

            Con la excepción de Radioactivo (que escuchaba en la oficina hasta el día que desapareció) cuando me casé dejé de escuchar la radio, en parte porque mi Exbrujer siempre tenía algo que decir y porque el tiempo que duramos juntos, no volví a estar solo y, sin ese espacio de sana soledad, también mi felicidad disminuyó bastante: dejé de hacer ejercicio, fue la temporada que menos NFL vi y fue la etapa en que menos música escuché. Definitivamente uno de los tiempos más tristes de mi vida (sino es que el más triste de todos).


            Después del divorcio no escuchaba mucha radio, ciertamente ya vivía más tranquilo, pero estaba agotado tras una relación desastrosa. Me alcanzó para sacar un auto sin Stereo (lo cual fue una tortura) y en casa no escuchaba radio porque normalmente sacaba a pasear a Osa y Dori o me dedicaba a leer.

            Ahí empezó una etapa muy larga sin escuchar Radio, por lo que empecé a escuchar mis CDs de manera regular durante varios años. De hecho a partir de ese matrimonio me amargué un poco y adelanté, por algunos años, la etapa en la que te deja de gustar la música moderna, oficialmente a partir del 2004 (con la muerte de Radioactivo) dejé de escuchar música nueva y, si llegaba a ver canales de música, era VH1 Classic, porque el resto me parecía una porquería.

            Muy de vez en cuando llegaba a sintonizar Radio Altiplano, para corroborar que seguía siendo una excelente estación o, las contadas veces que iba a la Ciudad de México, sintonizaba Universal Stereo. Aunque ahora eso es raro porque ya llevo toneladas de mi música favorita en un USB.


            Conociendo otras realidad radiofónicas.

            Hubo unos años que empecé a escuchar algunos Podcast que, aunque no son propiamente Radio, ocuparon su lugar de manera satisfactoria. En especial escuchaba el de Olallo Rubio, mismo que me regalaba muchas carcajadas y momentos de reflexión.

            Cuando empecé a viajar, y me tocaba rentar auto, escuchaba la música de las estaciones locales y, pude corroborar, que la Radio en Alemania  y en Estados Unidos (que es donde me ha tocado manejar) es muy superior a la oferta en México.

            Incluso en México hay diferencias grandes, ya que la oferta entre la Capital y Puebla es muy distante, y es que en el exDF la variedad es amplia y de mayor calidad que en la ciudad en la cual vivo. Y algo así pasa en otras partes de la república, en donde a veces, por curiosidad, busco alguna estación que valga la pena y es difícil de encontrar, y es cuando prefiero regresar a mi música en el USB.


            Una década después: el reencuentro con la Radio.

            ¿Cuándo volví a escuchar Radio con alguna regularidad? A partir del pasaje en que corrí por las oscuras calles de Cholula a la 1AM. Ahí me di cuenta que ya no podía confiar en mis instintos, ahí me compré un radio con despertador.

            Así que ya tiene unos años que tengo unos 20 minutos diarios de Radio, que escucho mientras me voy arreglando para ir a la oficina, el problema era encontrar una estación decente que sintonizar en ese breve tiempo. Y es que la oferta a las 6AM es limitada porque (casi) en todos lados están pasando noticieros y, honestamente, no quiero amargarme el día tan temprano.

            Encontré una estación llamada Mix FM (primera estación poblana que sintonice con regularidad) que, en teoría, pasan música viejita lo cual es cierto en la mayoría de las ocasiones. Sin embargo, cuando notas que hay música que no conoces y que ya es considerada clásica o, lo que es peor, que es música basura, te das cuenta que tu status como radioescucha ha pasado a otra etapa.


            Pero no sólo era la música basura “nueva”, ciertamente pasaban música de los 80’s y 90’s pero con un gusto muy sesgado y comercial, ya que hay muchas obras que me gustan y que ahí no pasan ni pasaran u, otro pecado, pueden pasar canciones clásicas pero, por cuestión de tiempo, las recortan.

            Ahí me di cuenta que ya hacía más corajes por escuchar una estación que mutilaba canciones, con una selección muy corta o con canciones “clásicas” que para mí no lo son. Y no estaba para empezar el día indignado por tonterías.

Opté por regresar temporalmente a Radio Altiplano, lo único “malo” es que a esa hora pasan programas infantiles, pero seguía siendo mejor contenido que las otras estaciones con sus noticieros y canciones mutiladas. Después encontré una opción más adulta pero de igual forma de calidad alta.

            Así es como llegué a Radio Universidad de la Buap, misma que me recuerda mucho la esencia de aquel Radio Altiplano de mi juventud. Su programación a las 6AM es muy ecléctica, con música latinoamericana nada comercial, rock clásico, música instrumental y demás repertorio que jamás me aburre ni me indigna. Por el momento estoy feliz con esta estación, así que vamos a ver cuánto tiempo más estaré con ella antes de que venga el siguiente cambio en mi vida.


            Una compañía de casi toda la vida

            Originalmente este escrito iba a ser un breve homenaje a la Radio de mi juventud y, al redactar, me he dado cuenta que este medio de comunicación ha estado presente a lo largo de mi existencia. Ciertamente ya no tiene la importancia que solía tener pero, a pesar de la TV y del Internet, ha sobrevivido y demostrado su vital importancia para todas esas personas que no tienen otra forma de distraerse o informarse.

            Siendo honestos, la Radio nunca ha sido mi prioridad sin embargo, cuando he necesitado de ella, ahí ha estado. Tal vez su oferta no siempre sea lo que he buscado pero, de alguna manera nos acabamos adaptando el uno al otro. A diferencia de la tirria que le tengo a la TV, a la Radio le tengo mucho agradecimiento, sobre todo en esos momentos de soledad en que me acompañó fielmente.

A veces, por simple curiosidad, sintonizo Alfa Radio o W-FM, y ya no es lo mismo, ya las encuentro muy escandalosas y huecas. Radioactivo dejo de existir hace mucho tiempo, ahora existe Convoy, un servicio de Podcast al que estoy analizando suscribirme. Creo que las únicas que se mantienen fieles a su esencia son Universal Stereo y Radio Altiplano que, aunque han adaptado su oferta conforme a la época, no han dejado esa sustancia que las hace exquisitas al escucha.


            Obviamente también he cambiado como escucha, ya que no es lo mismo un chico de 13 lleno de complejos que un adulto de 41 años lleno de complejos . . . . ejem . . . . lo que quise decir es que, la percepción de la realidad (externa e interna) va cambiando con los (d)años y, a pesar de ello, es reconfortante que siempre puedas encontrar aunque sea una opción que se adapte a tu forma de percibir el mundo.

            Es factible que un día me anime a escuchar YouTube en esos 20 minutos del día, o que empiece a escuchar los Podcast de Convoy y deje de escuchar radio para siempre, uno nunca sabe. Sin importar qué pase, siempre le estaré agradecido a la Radio por todos los años de compañía de calidad e, indirectamente, ayudar a formar mi personalidad y gustos musicales.


            Hebert Gutiérrez Morales.

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