miércoles, 3 de enero de 2018

Recorriendo la Sierra Gorda Queretana.

En el Mirador de Cuatro Palos no se veía nada
            Era el último día del año en la oficina y, normalmente, nos dejan salir temprano. Como mis Delfines estaban eliminados de Playoffs, opté por no ver sus dos últimos partidos y me fui antes a mis vacaciones de Invierno. Así que ese mismo Viernes inicié mi camino a Peña de Bernal.

            Caminos de Reflexión

            Mucha gente se sorprende que pueda manejar tantas horas por mi cuenta y sin parar, pero el secreto está en la música, ya que sin ella me volvería loco por el aburrimiento. Y es que siempre voy escuchándola cuando voy a solas pero, en el caso de viajes largos, preparo una selección especial de mis canciones favoritas.
 
De incógnito en la Sierra Gorda
            Y así, mientras voy conduciendo, voy cantando y viviendo cada una de esas melodías que me han marcado. Justamente esos recuerdos van haciendo el trayecto más ameno, porque voy recordando la época en que conocí cada canción, cómo era mi presente, qué sentía y cómo veía al mundo, además de las diferencias o repercusiones actuales de las decisiones de aquellos tiempos. Literalmente es una terapia musical que me aliviana bastante el camino.

            Me gusta manejar por el Arco Norte, en primer lugar porque vas en medio de la nada y no llegas a ver población alguna, así que sólo es la carretera y los paisajes. Además es eficiente, con relativamente pocos autos y, por lo mismo, fluido. Ciertamente es caro pero por el tiempo que te ahorra creo que vale la pena pagar de más.
 
Camino al mirador de Cuatro Palos
            La contraparte de mi gusto por el Arco Norte es mi desagrado por la autopista a Querétaro, y es que ésta me estresa, ya que todos van muy rápido y hay demasiados camiones así que, aunque no quieras, debes manejar de prisa. Obviamente prefiero eso a estar atascado en el que el tráfico, pero sí llegan a puntos violentos en el manejo algunas bestias al volante.

            Ahí recordé que cuando empecé a manejar (allá por el 2001) lo hacía muy rápido, incluso llegaba a los 200 km/h en autopista, pero esa etapa me duró como un año, ya que ahora no tengo necesidad de ello. Es por eso que procuro salir con tiempo de sobra para manejar a mis anchas y sin prisas.
El pueblo de Cuatro Palos allá abajo

            Peña de Bernal

            Siendo honestos, a excepción de su magnífica Peña, Bernal es un pueblo al que no le encuentro gran chiste. Pero justamente por ese monolito es que me emociono cada vez que paso por ahí, como si fuese la primera vez. Recuerdo que cuando vi en vivo dicho leviatán, me impactó y, cuando me enteré que se puede escalar y bajarse en Rappel, me prometí subirla, cosa que hice un año después y ha sido de mis recuerdos más gratos.

            Obviamente voy a volver a subirla con mucho gusto, pero no en esta ocasión. En realidad llegué a Bernal como punto estratégico para iniciar mi trayecto hacia mi carretera favorita, tanto por el camino complejo como por sus bellos paisajes: La Sierra Gorda Queretana.
 
Pinal de Amoles
            Salí temprano del hotel y la vista de la Peña bañada por el sol me hizo prometerle “volveré por ti” y me fui con mucha actitud hacia la Sierra Gorda. Me sorprendió mucho que las partes bajas del camino fueron ampliadas, y me dio mucho gusto, porque así va a facilitar que más gente se anime a conocer este tesoro natural de México aunque, siendo honestos, dicha ampliación no va a ser posible en la mayoría del trayecto porque, en realidad, no hay mucho espacio hacia donde hacerlo.

            Aunque más que ampliar, siento que deberían mejorar los caminos de los atractivos que están a lo largo del camino, como el de mi primer destino: el Mirador de Cuatro Palos.
 
Camino hacia el Chuveje
            Paz en la Neblina

            Lo cinco kilómetros de terracería se hacen eternos, y más por los tramos tan deplorables con los que te puedes encontrar. La ventaja es que ya iba preparado mentalmente para dicha situación, pero ayudaría mucho que pavimentaran el trayecto.

            Conforme iba avanzando la neblina se expandía y sabía que no iba a ver mucho, pero de todas formas iba a subir, ya que no había ido desde tan lejos para no conocer el lugar. Cuando llegas al pueblo de Cuatro Palos no das un peso por él, de hecho ese día se ve que no esperaban a nadie, porque la caseta de entrada estaba vacía (tuve que avisarles que ahí estaba para que me cobraran).
 
Los árboles hacia el Chuveje iban perdiendo sus hojas
            La primera parte del ascenso es relativamente pesada, yo que tengo buena condición me canse algo, pero el resto del camino ya es más accesible. El caminito rural es sencillo pero bello, y la neblina le daba un toque místico. Se ve que hay quien ve esa esencia mágica del lugar como algo siniestro, porque algunos visitantes pusieron una foto antigua de niños embrujados, así como colocaron un maniquí para que aparentara ser un cadáver al lado del camino. Pero, a pesar de estar totalmente solo en el sitio, me causo más gracia que miedo (aunque si hubiera sido de noche, la historia sería otra).

            Desde el camino la empezaba a sentir y, cuando llegue al punto más alto lo acabe de confirmar: sentía una paz absoluta y profunda. El lugar estaba silencioso y el aire olía diferente, una fragancia que no percibía desde la Isla del Ángel en San Francisco, tal vez la brisa de la bahía se asemejaba al aire serrano del sitio.
 
La belleza de paisajes que enamora
            Con esa paz total, me senté un rato y contemple el blanco profundo de la neblina. Empecé a reflexionar que ese estado de comunión con la naturaleza es lo que deberíamos experimentar siempre pero, gracias a esta civilización de capitalismo extremo, en el cual valoramos más las cosas materiales que estos sitios y sensaciones, es que nos estamos corrompiendo como humanidad y, por lo mismo, estamos destruyendo el mundo.

            Al darme cuenta de ello me pregunte ¿qué va a pasar con esta gente cuando el destino nos alcance? Estas personas que viven tan lejos de la insensatez citadina en la cual más gente anhela vivir, aunque nos torne locos. No me pude responder y, me parece, aunque encontrara alguna respuesta, al final no importaría, ya que la humanidad va a seguir arrasando con el planeta hasta que acabe con su propia existencia.

            El camino de regreso me fui agradecido por esa paz que me dio el estar allá arriba, la consciencia de que debo cambiar muchas cosas para recuperarla plenamente y cierta tristeza de que cada vez menos personas experimentan ese vínculo con la naturaleza por estar enajenados con sus smartphones, compras y demás. Por fortuna allá arriba no hay señal de nada, en una ventaja que te permite disfrutar el sitio a plenitud.
 
El camino por sí solo es una maravilla
            Sacrificio y visitas rápidas.

            De ahí partí a la Misión Franciscana de Bucareli (mi cariño por San Francisco de Asís influyó en este destino) pero, al ver el camino tan deplorable, y considerando que mi auto no es un Jeep, desistí a los 5 kilómetros. Porque una cosa es transitar 5 kilómetros de un camino pésimo y otra cosa que sean 26. Aún tenía sitios que visitar y el tiempo limitado, así que prefería sacrificar esta visita y esperar a otra oportunidad en la que tuviera más tiempo o que el camino esté pavimentado (que ya están en ello).

            De ahí pase a la Puerta del Cielo, un trayecto que ya conocía pero que no sabía que así se llamaba, en donde hay otro mirador muy padre pero, al igual que en Cuatro Palos, la neblina no dejaba ver mucho.

            Más adelante está Pinal de Amoles, un pueblo pintoresco y con un toque de nostalgia, gracias al frio y la neblina que inundaba el ambiente. Aunque está bella la población, me queda claro que se le considera pueblo mágico por sus alrededores, no por el pueblo en sí. Así que mi visita fue en realidad breve (ni una hora pasé en él). Creo que en la próxima ocasión me daré tiempo para conocer Jalpan, que fue el pueblo que me salté.
Mucha paz y mucha belleza

            Algo que noté diferente en la carretera, respecto a dos años atrás, fue la cantidad de anuncios promocionando los atractivos naturales del lugar, algo que me pareció un gran acierto por parte del gobierno estatal, y es que la Sierra Gorda es tan bella que es un crimen que no sea tan promocionada ni conocida en el resto del país. Y mi siguiente destino es un ejemplo de ello.

            La bella Cascada del Chuveje

            El siguiente destino me causaba mucha emoción ya que, aunque es un lugar muy sencillo, tiene una gran belleza: La Cascada del Chuveje. De igual forma el trayecto del sitio es terracería pero, a comparación de Cuatro Palos o de Bucareli, el camino del Chuveje es como una Autopista porque es más accesible.

            Antes de llegar a la Cascada, había unos anuncios que indicaban que estaba cerrada por deslaves, lo cual me entristeció pero, al igual que en Cuatro Palos, no había venido de tan lejos como para no visitar un sitio tan bello.
 
Las hojas cayendo me hacían muy feliz
            De hecho, al llegar a la entrada, estaba el mismo anuncio en la reja “Cascada cerrada por deslaves” así que, antes de pagar, se lo hice evidente a la señora pero me dijo “No se preocupe joven, sí hay entrada a la Cascada”. Al escuchar eso pensé escépticamente “Si está abierta ¿por qué no quitan los anuncios?”, aun así pagué y entre. Más adelante comprobaría el porqué de esta situación tan extraña.

            Es increíble cómo un mismo lugar te puede ocasionar diferentes sentimientos, en distintas visitas, aunque ambas hayan sido en las mismas fechas (Diciembre). En mi primera visita parecía que fuese Verano por el sol resplandeciente, el calor y las mariposas que revoloteaban por el lugar.
 
Las cascada y yo
Ahora la sensación era muy otoñal, ya que las hojas estaban cayendo por todo el sitio, en gran parte por un viento sutil pero constante, así como el aire frío; todos estos factores le daban un aspecto totalmente diferente al lugar. Así que, como mi estación favorita es el Otoño, iba pletórico de felicidad con el hermoso paisaje.

Seguí mi trayecto hacia la Cascada y, confirmando mis temores, el camino estaba cerrado con un gran letrero indicando como motivo los deslaves. Me sentía indignado, así que iba a reclamar en la entrada porque me dijeron que estaba abierta. Sin embargo, al cruzar el puentecito, vi que había una cartulina indicando un camino alterno, el cual seguí con gusto.

La Cascada sin mí

Cuando llegué a la altura del deslave (pero del otro lado del riachuelo) vi que el sí había estado cabrón, así que el cierre del paso era justificado. Ahí entendí algo: Protección Civil del estado habían cerrado la Cascada pero los del Ejido hicieron su camino alterno para no perder el negocio. Por tal motivo no podían quitar los letreros de la Cascada cerrada.

            Sin embargo no sentí que el camino alterno fuese peligroso, así que agradecí que los del Ejido se las ingeniaran para abrir paso hacia tan bonita cascada, misma que merece ser disfrutada por todos, además del hermoso camino hacia ella que te llena de postales imperdibles.

            Me fui muy feliz de la Cascada del Chuveje, parada obligatoria siempre que pase por la inigualable Sierra Gorda.

            El tramo final

            Mi última parada oficial del día era Landa de Matamoros y es que la vez pasada, debido a una boda, no pude ver bien la iglesia franciscana, misma que se ve muy bella. En esta ocasión el pueblo estaba vacío, de hecho no me cruce con otra alma en los minutos que estuve ahí, lo cual me encantó ya que, con el clima frío y nublado, me sentí en otra dimensión, así que pase a mis anchas por toda la iglesia y su placita. Lo mejor de la Iglesia es su fachada, ya que por dentro no es nada espectacular.
 
Landa de Matamoros
            De ahí dejé Querétaro y pasé a San Luis Potosí, en concreto me encaminé a Ciudad Valles, y es que nunca paro en Xilitla porque dicho lugar voy con mis amigos de Ruta Huasteca, mismo que visitaría al siguiente día, pero de eso comentaré en el siguiente escrito.


            Hebert Gutiérrez Morales.

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