sábado, 20 de enero de 2018

Zacatecas (Día 1 de 3)

Parroquia de Nuestra Señora de Fátima
            Salí tempranito de mi amada Huasteca Potosina y me encaminé a Zacatecas.

            Camino a Zacatecas

Recordé aquella primera vez que regresé a casa, de noche y, para colmo, di mal la vuelta y tomé la federal de Ciudad Valles a San Luis Potosí. Ahora que iba de día, me di cuenta todo el desgaste que me hubiera ahorrado al irme por pista, misma que es muy cara para el tramo que es pero, si es de noche y por seguridad, vale la pena pagarla.

            Pasé la capital del Estado y avancé hacia mi destino. Durante el trayecto vi muchas paradas de autobuses en pueblitos a lo largo de la carretera, mismas que recuerdo similares en otros estados y es sorprendente como, a pesar de lo diferente que es cada sitio, el sentimiento de dichas paradas y los que están esperando su transporte, te da la misma impresión, o por lo menos a mí me parece interesante el lenguaje corporal de la gente mientras espera su camión.

            Cuando llegue al (primer) letrero que te da la bienvenida al estado de Zacatecas me sentí muy feliz, sobre todo por conocer un lugar nuevo de México, en especial uno al que tenía en la mira desde hace tres años.
Interior del Museo Manuel Felguérez

            Dentro del auto tenía algo de calor pero, durante una parada técnica a media carretera, comprobé que el viento estaba bastante fresco y que, con unos grados más abajo, te calaría hasta los huesos. Supe que unas semanas antes había nevado, así que iba preparado con suéteres y ropa térmica por si las dudas que, felizmente, sólo lleve a pasear porque no hicieron falta.

            Llegué a mi hotel alrededor de las 2PM, aún era temprano para el Check-in, pero ni falta me hacía, sólo requería dejarles el auto y empezar a conocer la ciudad. Mi primer destino era una recomendación especial del buen Memo en la Huasteca Potosina.

            Museo de Arte Abstracto Manuel Felguérez.

Este cuadro sí me gusto (Águeda Lozano)
            Manuel Felguérez es un artista zacatecano que ha tenido muchas exposiciones alrededor del mundo. Tan importante ha sido que, en vida, se abrió un Museo en su honor y, definitivamente, es un lugar bastante interesante. Y conste que, como he comentado en diversas ocasiones, no soy amante del arte abstracto porque, en su gran mayoría me parecen rayones sin chiste que, vender eso como arte, es una tomadura de pelo.

            Ciertamente en este sitio hay mucho de ese (a mis ojos) mal llamado arte, sin embargo, encontré muchos aspectos valiosos en esta visita. Primero me llamaron la atención unos murales que se expusieron en Osaka, durante 1970, todos de artistas mexicanos. Las obras eran impresionantes y casi todas me gustaron aunque, debo admitir, eso fue más porque tengo una especial predilección por las pinturas enormes. Ahí es donde me dejo abrumar por la cantidad y no por la calidad.

Bellos Ventanales
            Algo que empecé a notar mientras avanzaba por los pasillos, y que reprobaba en absoluto, es que muchos artistas abusaran del “Sin título” para nombrar a sus obras y pensé “¡Por Dios! Y luego no quieren que los tachen de charlatanes. Si tuviste la suficiente ‘creatividad’ para hacer tus rayones sin sentido, por lo menos deberías tener la decencia de nombrar al engendro que tienes el descaro de presentarnos como arte”.

            A pesar de tanta charlatanería, encontré obras que me gustaron y/o llamaron la atención, en especial del artista zacatecano que le da nombre al museo y la forma en que presentan su arte. La mayoría de sus pinturas están creativamente presentadas a lo largo de tres pasillos, en tres distintos niveles, los cuales llevaban a distintas celdas (porque esto solía ser una cárcel).

Hasta el catalogo de la Comercial Mexicana tenían
La presentación fue muy llamativa, ya que nunca había visto algo así. En la parte de abajo se pueden ver artículos personales y de las exposiciones alrededor del mundo que ha montado.

            La Cárcel

            Pero, más que todo el arte que vi en dicho lugar (que sí hubo algunas pinturas que realmente me gustaron), lo que más me fascinó del lugar fue el edificio que alberga el Museo, mismo que sirvió en su momento como seminario y luego como cárcel.

            La arquitectura actual del lugar hace impensable que haya sido otra cosa que un museo, y es que la verdad el diseño es exquisito (sí, lo sé, ya me estoy volviendo (aún más) mamón al utilizar palabras como “exquisito” para definir la arquitectura de un lugar ¬_¬U).

Muy bello el Museo Felguérez
            El impacto de ver cómo vivían los reos es brutal. Como ya mencioné, dejaron algunas celdas montadas como las tenían sus inquilinos, y en otras se contaba la historia de la Cárcel, tanto en textos como en fotos.

            Aunque ya había visitado otra cárcel muy famosa como Alcatraz, el sentimiento entre un lugar y otro es distinto. Porque a los reos mexicanos los dejan expresarse más pero, al mismo tiempo, los trataban peor. Así que era más fácil engancharse con los presos nacionales.

            Ver los mensajes de (des)esperanza en las paredes, que iban desde religiosos hasta pornográficos, sentir la impotencia, la debilidad, lo infrahumano y lo decadente de la situación de los internos me conmovió profundamente.

Era un espectáculo tan patético como artístico, tan cruel como humano, tan justo como brutal. No lo sé, me resultó imposible permanecer impávido ante sentimientos tan potentes, ante mensajes tan sublimes como ridículos, tan grotescos como íntimos, en verdad fue un gran acierto dejar constancia y/o evidencia de la vida carcelaria en dicho lugar.

El techo caído de la cúpula
No es una exposición larga la de los presos pero, después de ver eso, me queda claro que prefiero morir a pasar mi vida en prisión, porque lo que ahí se experimenta, literalmente, no es algo digno ni humano. No digo que las personas de ahí fuesen inocentes o culpables de los delitos que se les achacaban (seguramente había de ambos), sólo digo que ningún humano debería recibir un trato tan indigno que te haga caer tan bajo en tu plenitud existencial.

Honestamente vale mucho la pena la visita a este museo, tanto por el arte, el edificio y las historias que ahí alberga.

Museo de las Máscaras Rafael Coronel

De ahí me fui caminando al museo de las Máscaras Rafael Coronel, mismo que está ubicado en las ruinas de un convento franciscano, lo cual hace especial la visita. Para empezar puedes entrar a la nave principal con la cúpula caída, en una visión tan extraña como fascinante.

Los Duendes o magos
Pero no sólo es la cúpula, los jardines resultan muy bellos, y no porque estén bonitos, sino porque van ad hoc con el ambiente en ruinas del lugar. En esas mismas zonas verdes hay repartidas estatuas de una especie de duendes o magos ancianos, que pueden resultar algo tétricos y, al mismo tiempo, divertidos, dándole un toque de misticismo al sitio. Recorrer dichos jardines a través de los caminitos es una maravilla, resultando un placer cuasi infantil, como ir recorriendo laberintos o las ruinas de algún castillo mágico.

Al igual que el museo anterior, me fascinó más el recipiente que el contenido y es que, aunque las máscaras estaban relativamente interesantes, nunca me encantaron al mismo grado que el edificio que las contenía. Además, aunque suene a chiste, creo que falto una sección de máscaras de la lucha libre mexicana que, aunque no son tan antiguas como las que se muestran en el museo, creo que son parte importante del Folklore mexicano. Personalmente creo que se podría incluir alguna muestra con dichas máscaras y no demeritaría la exposición en sí.

Jardines bellos y acorde al lugar
Lo que sí los Zacatecanos son muy estrictos en el orden en que debes visitar las salas, ya que es la primera vez en que mi dicen que no puedo pasar a cierta sala hasta haber visitado otra cuando, normalmente, en los museos te dejan visitar las exposiciones en el orden que quieras. Aunque creo entender su lógica, porque quieren que visites todo y no te vayas sin ver algo.

Lo que recordé, tras tanto tiempo de no verlos, es lo mucho que me desagradan los títeres, y es que hay una exposición relativamente grande de ellos en el museo que, en mi opinión, perfectamente se podrían ahorrar y poner las máscaras de los luchadores en su lugar ;-P

Pecados urbanos

Chulada de Iglesia
Como ya eran las 5pm, hora en la que cierran la gran mayoría de Museos, fui a recorrer el Centro histórico, el cual comprobé que es muy bello, a diferencia del resto de la ciudad. Y es que, al llegar a Zacatecas, vi los mismos pecados urbanos de muchas urbes en México: lotes de casas hechas en masa, basura, contaminación visual y demás pero, por lo menos, el centro histórico está pletórico con su gran variedad de lugares bellos que visitar.

Hice mi primer intento por visitar la Catedral pero, como estaban en Misa, no te dejan tomar fotos, así que la deje para un día posterior. Así que fui a una visita similar para llevarme la sorpresa más grande del día.

La Parroquia de Nuestra Señora de Fátima

Pensé que después de Italia iba a estar cabrón que encontrara una iglesia que me sorprendiera pero, al ver la soberbia Parroquia de Nuestra Señora de Fátima, con mucho gusto comprobé que estaba equivocado. ¡Pero qué bruto! No recuerdo haber estado tan embobado con una Iglesia en México, y es que este lugar es tan hermoso que todo el tiempo me estuve maravillando de tanta perfección y belleza.

El interior también es bello
Está hecha con cantera muy fina, muy estética, el diseño es tan perfecto y bello que enamora, los vitrales no desentonan en lo absoluto con la elegancia del lugar, mismo que no es una mole pero sí lo suficientemente grande como para sorprenderte.

Fue tal mi embelesamiento con dicho lugar que rompí mi prerrogativa de no sacarme selfies con Iglesias (por mi profundo desprecio a la religión en la cual me críe), pero no pude evitar retratarme con un sitio tan perfecto y que pudo superar mis prejuicios religiosos para que reconocerla como una obra de arte arquitectónica. En verdad que me fascinó tan hermoso lugar, nunca creí llevarme una sorpresa tan grande.

Con ese sentimiento tan feliz, tan pleno y tan padre me regresé caminando a mi Hotel. Este primer medio día en Zacatecas había resultado muy productivo, y al día siguiente debía ver aún más lugares.

Sobre ese segundo día pueden leer en esta liga.


Hebert Gutiérrez Morales.

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